PGR investiga presunta negligencia en la atención de denuncias por desvíos de Duarte
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PGR investiga presunta negligencia en la atención de denuncias por desvíos de Duarte

La investigación interna de la PGR es por posible omisión al atender las denuncias presentadas por la Auditoría Superior de la Federación, respecto a desvíos de al menos 22 mil mdp, durante el gobierno de Javier Duarte; son 57 denuncias de la ASF, y ningún caso ha sido resuelto.
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Por Arturo Angel
28 de agosto, 2017
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La Procuraduría General de la República (PGR) inició una investigación interna por posibles hechos de omisión o negligencia, en la atención de las denuncias penales que desde hace varios años ha interpuesto la Auditoria Superior de la Federación (ASF), por el manejo ilegal de al menos 22 mil millones de pesos de recursos federales en el gobierno de Javier Duarte, y de las que hasta ahora no se ha resuelto ni una sola. Incluso, algunos casos fueron cerrados sin justificación.

Autoridades federales indicaron que, a través de la Visitaduría General de la dependencia, se inició esta indagatoria interna y por lo menos un agente del Ministerio Público, cuyo nombre no se dará a conocer por ahora, habría sido separado de su puesto hasta que termine la revisión de los casos.

La indagatoria se inició luego de que la propia Auditoria Superior de la Federación tuvo que promover una demanda de amparo ante un juez federal, en contra de la PGR, así como una queja ante la Visitaduría.

Lo anterior luego de que la Subprocuraduría Especializada en Delitos Federales de PGR, a través de la Fiscalía Especializada para Delitos Cometidos por Servidores Públicos (responsable de las indagatorias), le dio “carpetazo” a 13 de las 56 denuncias que se habían interpuesto hasta el cierre del año pasado.

Ahora ya son 57 denuncias, luego de una nueva que se acaba de presentar este año.

El “argumento” de la PGR fue que la competencia era de la Fiscalía General de Justicia de Veracruz, ya que los delitos que se podían configurar eran del orden local. Esto ocurrió antes de que concluyera la administración del propio Javier Duarte.

Los expedientes terminaron en manos del entonces fiscal de aquel estado, Luis Ángel Bravo, quien en un día resolvió que los hechos denunciados ya habían sido investigados por la Contraloría de Veracruz, la cual no encontró delito, por lo que dio por terminada la investigación.

El argumento principal que la Unidad Jurídica de la Auditoría Superior de la Federación expuso, tanto en su queja como en la demanda de amparo, fue que la determinación de la PGR violaba el derecho de acceso a la justicia, toda vez que era de su total responsabilidad y de nadie más indagar los hechos denunciados, ya que los recursos mal manejados o desviados son todos del orden federal.

El equipo legal de la ASF también señaló la omisión de la Procuraduría en no notificarles oportunamente su decisión de remitir 13 carpetas de investigación a la Fiscalía de Veracruz, pese a que los auditores son coadyuvantes en todos estos casos.

Cabe señalar que la administración de Luis Ángel Bravo en la Fiscalía de Justicia de Veracruz, a la que la PGR remitió los expedientes de la ASF, se encuentra ahora bajo investigación del hoy fiscal de Veracruz, Jorge Winckler, debido a posibles omisiones en varias investigaciones y a hechos de corrupción, incluyendo el pago de 36 millones 401 mil pesos a empresas fantasma.

El sueño de los justos

Hasta diciembre del año pasado la Procuraduría General de la República (PGR) había iniciado 56 averiguaciones previas y carpetas de investigación por las denuncias que la ASF ha presentado, derivado de malos manejos y el posible desvío de recursos federales en la administración de Javier Duarte.

Estas denuncias son el resultado de auditorías y facultades de comprobación que la ASF lleva a cabo de las cuentas públicas de cada año, y en específico de los recursos federales que se otorga cada año a los estados para distintos programas y subsidios.

Lo denunciado penalmente por los auditores representa un posible daño patrimonial a la Hacienda Federal que asciende a los 21 mil 76 millones de pesos. Esto sin tomar en cuenta que sigue la revisión de por lo menos 35 mil millones de pesos más observados pero los auditores, y que de no ser comprobados también serán objeto de nuevas denuncias.

Los casos reportados por la auditoría a la PGR abarcan prácticamente todos los fondos que se han transferido a Veracruz, desde los apoyos para salud, educación y obras públicas, hasta los subsidios federales destinados a programas de seguridad pública.

Un común denominador en muchas de las irregularidades denunciadas es la retención por parte de la Secretaría de Finanzas de Veracruz de los recursos, sin que estos sean invertidos, pero tampoco regresados a las cuentas de origen.

A eso se suman simulaciones que se han hecho del ejercicio de los recursos, o la falta de comprobación en productos y bienes supuestamente contratados.

Pero todas estas denuncias que se interponen en contra de los funcionarios que resulten responsables continúan sin ser resueltas.

El pasado 2 de junio Animal Político publicó que ninguna de las averiguaciones iniciadas había sido consignada ante algún juez, con el argumento de la PGR de que continuaban en análisis. La situación es prácticamente la misma hasta ahora.

De todos los recursos mal manejados por los estados del país, que la ASF ha denunciado formalmente ante la PGR, Veracruz concentra la mayor parte. Los 21 mil 76 millones que corresponden a la administración de Javier Duarte, equivalen al 60.8 por ciento del monto total denunciado.

Nueva denuncia

Datos de la Auditoría Superior de la Federación arrojan que el pasado 12 de junio se interpuso una nueva denuncia de hechos ante la PGR, por irregularidades confirmadas en el manejo de recursos federales durante el gobierno de Javier Duarte. Se trata de la primera denuncia formal contra Veracruz que presenta este año la ASF, pero ya es el caso número 57 que se inicia ante la PGR.

Este nuevo caso es el resultado de la auditoría número 731, que forma parte de la Cuenta Pública 2012, y que corresponde a recursos federales transferidos a Veracruz a través de Subsidios para Centros Educativos.

Los resultados de esa auditoría arrojaron , entre otras cosas, un posible fraude que asciende a los mil 773 millones de pesos que originalmente fueron entregados al gobierno de Duarte como pago de este subsidio, pero que dicha administración dice habérselos gastado como complemento al pago de nómina de los maestros. La situación es irregular porque para el pago de nómina el estado ya contaba con recursos derivados del denominado Ramo General 33.

A lo anterior se suman 215 millones de pesos de los que no hay datos de haber sido invertidos, pero que tampoco fueron devueltos a la Tesorería de la Federación. Es decir, la Secretaría de Finanzas del gobierno de Veracruz simplemente se los quedó.

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'Aunque pegue o mate, marido es': testimonio de expareja de traficante de drogas de Guayaquil

Marta se enamoró, se casó y tuvo un hijo con un microtraficante de Durán, uno de los cantones más violentos de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil. Cansada de la miseria y el abuso, lo abandonó para descubrir cómo valerse por sí misma.
11 de noviembre, 2022
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En este testimonio narrado en primera persona, Marta* cuenta cómo se enamoró y tuvo un hijo con un traficante al menudeo en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil.

Tras una larga historia de maltrato y sumergida en la pobreza, lo abandonó para evitar que su hijo estuviera expuesto a las actividades de su padre.


“Cuando tenía 13 o 14 años, vacilé con un chico que era bien duro de los pandilleros. Cuando tienes un novio que es rey (líder de una banda), ganas el respeto de la gente. Todo el mundo me respetaba. Yo era adolescente y pensaba que andar con el más malo me haría popular”.

—¿Tú eras novia de un rey? ¿Cuál rey? —interrumpe su hijo de 12 años— Era ladrón.

Marta y su familia celebran la ocurrencia a carcajadas en la sala de su casa en Durán, uno de los cantones más violentos de Guayaquil, al suroeste de Ecuador.

—Es que suben de rango. Primero ingresan a la pandilla…— retoma Marta.

—Son principiantes —corrige su hijo.

“Son principiantes, van subiendo, van subiendo y son rey. El rey le da charlas a los de recién ingreso.

Cuando andaba con él conocí a muchos pandilleros. Yo tenía amigos muy cercanos que no eran tan batracios (delincuentes). Me gustaba el rap, y algunas de esas personas a veces improvisaban. Yo me quedaba ahí escuchándolos. Nunca me gustó que hablaran de pistolas y de matanza. Me gusta el rap que habla de la vida, de lo que les pasó.

Incluso me dijeron para ser pandillera, pero esas cosas no me gustan porque en la pandilla hay reglas: hay que reunirse a las 8:00 de la noche, hay que hablar de ciertas cosas. Y yo no tenía tiempo porque estudiaba, mi papá no me dejaba salir.

Este chico decía que era mi novio porque me daba piquitos. Pero no es que me iba a la cama con él.

Era el rey de aquí de los Latin King, tenía 18 o 19 años. En sí yo nunca supe lo que era la pandilla, solamente escuchaba. Y de un momento a otro comenzaron a integrarse mujeres también.

Con el tiempo me fui enojando. Incluso una vez fui llorando a pedirles que devolvieran los zapatos que le robaron a mi amigo del colegio. Les dije: ‘¿Por qué ustedes les roban las cosas si son personas que estudian?’.

Me fui apartando porque tenían unas reglas estúpidas. Que no tuviera amigos por aquí, por allá. Se van a la mierda conmigo porque yo sí voy a tener amigos, yo soy muy amiguera. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer.

Yo no consumía, y esa es una de las cosas por las que me admiro, por ser una persona pensante. En ese tiempo yo no escuchaba de la H (heroína). En el año 2009 en mi colegio no había H, solamente hablaban de la marihuana. En mi adolescencia no probé ningún tipo de cosas”.

Mamá a los 16

“Ya me había separado de este chico cuando conocí al papá de mi hijo. Yo salía de la escuela y lo vi afuera en una bicicleta. Él es muy guapo y me enamoré de él. Parecía Daddy Yankee.

Una amiga me dice: ‘Este chico te quiere pedir el número’. Ahí me puse rojita, y al día siguiente se lo di. De ahí conversamos, me llamaba al convencional. Incluso venía con el papá a la casa.

Me entregué a él, fue mi primer hombre. A los 16 años perdí mi virginidad. Él tenía 21 y pertenecía a otra pandilla, era ñeta (de la banda de Los Ñetas).

Yo tengo esa suerte de andar con pandilleros.

Todo el mundo se enteró de que yo estaba embarazada, hasta los pandilleros. Fui mamá a los 16 años. Abandoné el colegio y me centré. Ya no salía y él no podía quedarse aquí porque un poco de gente quería pegarle. Él era un ñeta y esto era territorio de los Latin King”.

“¿Por qué, Dios?”

“En cuanto me hice esposa de este chico y me convertí en mamá, vi la realidad de la vida. Al irme aparte me di cuenta de que me metí a un mundo diferente.

La mamá de mi esposo era alcohólica, y luego se hizo cristiana. Ella no es mala persona, tiene cuatro hijos de diferentes maridos. Es muy humilde, con buen corazón, pero la ha marcado su pasado.

El papá de mi hijo era borracho. En donde yo crecí, por lo general, nadie hacía bulla, era diferente la forma en la que me criaron a mí a como lo criaron a él.

Eran como las 2:00 de la mañana y las rockolas a todo volumen. La gente chupando (bebiendo) en la sala, y yo con mi hijo chiquitito arriba, en un altillo tan bajo que tocaba el techo.

Estaba agobiada, lloraba y decía: ¿Por qué, Dios? Vivía en una casa de piso de tierra y con el niño, lejísimos de aquí. Puro lodo, el baño no era ni baño, era un hueco, no podía ni hacer mis necesidades. Todos los fines de semana terminaban en botellazos y yo ahí metida.

Él era un hombre irresponsable, la pasé mal. Pero dije: ‘Esto es lo que me busqué y tengo que aceptarlo'”.

Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Policías y militares hacen redadas en las calles contra las bandas del crimen organizado.

Robar para comer

“Hubo un tiempo en el que no teníamos con qué comer y un día me dice: ‘Mónica, tengo que ir a robar’, y se fue con un hermano que era súper adicto.

Salían a las 5:00 de la mañana en moto y robaban a las personas que salían de mañanita, que hay mucha gente. Llegaban con hartas carteras, dinero, tarjetas, teléfonos, perfumes, y luego lo revendían para la comida. Eso lo hicieron durante casi una semana.

Yo le decía: ‘¿Y vamos a vivir así toda la vida o qué? Un día te van a agarrar’. Y él decía: ‘Ya, ya’.

Hubo un tiempo en que no teníamos nada, pero él ya no salía más a robar. Y me decía: ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Ese día fuimos a una tienda de esas que tiene rejas en la puerta. Pedimos un pollo, aceite, una libra de arroz, huevos, como cualquier cliente… La moto estaba prendida y arrancamos por la desesperación de no tener comida.

Pero cuando venía a casa de mis abuelos a comer, mi abuela me decía: ‘Aunque pegue o mate, marido es'”.

Bloques de coca

“Con el tiempo construimos una casita chiquita, de cemento. El hermano vivía con nosotros, pero estaba demasiado perdido porque era consumidor. A veces tenía los ojos abiertotes y me decía: ‘Mira, mira, el hombre que está allí parado’. Y no había nadie. Estaba alucinando, subía las escaleras, bajaba las escaleras.

Y el papá de mi hijo no conseguía trabajo. Un día le dije que no aguantaba más porque no cambiaba. Incluso vendía droga, era microtraficante. Yo lo que pensaba era: ‘Mi hijo crece y está viendo ese ejemplo del padre’.

Paquetes de cocaína

Getty Images
El exesposo de Mónica escondía paquetes de cocaína en casa.

Yo no sé qué hacía con la plata. Creo que no tenía porque consumía también. Una vez me dijo para probar eso. Tenía una mesa grande donde cocinaba eso. Pero yo, cero drogas.

Cuando iba al baño, alzaba la tapa del tanque (del lavabo) y encontraba fundas, bloques blancos, bloques de coca. Él vendía por cantidad, vendía bastante. Ya veía pistolas.

El man hacía las funditas, las pesaba”.

Nuevo empleo, nueva mentalidad

“Conseguí trabajo en KFC y ya cuando trabajas, empiezas a juntarte con otra clase de gente y tu mentalidad cambia. Yo siempre pensé en grande.

Comencé a conocer a otro tipo de gente, personas que estudiaban en la universidad, y me gustó más ese ambiente que seguir en esa vida con él. Con ellos conversaba de cosas interesantes, con él no conversaba de nada.

Yo trabajaba a los 13 años con animaciones de fiestas infantiles, con un payaso, por hobby. Pero luego lo retomé y tenía mis contratos. Él veía que yo hacía las cosas bien y él no podía cambiar.

‘¿Hasta cuándo?’, le decía yo. ‘Tu ves que me saco la madre trabajando y tú, nada’. Yo iba a mis animaciones, invertí en un parlante.

Yo era muy histérica. Le gritaba y él me daba una cachetada. En la cara nunca me hinchó, pero sí me daba en el cuerpo. Yo le decía: ‘No te vayas, no te vayas a la calle’. Y él me decía: ‘Ya, cállate, chucha ‘e tu madre’. Maldecía, me insultaba mucho.

‘Entiéndeme que estoy trabajando’, me decía. ‘Si yo salgo de noche es para traer plata a la casa’. Se iba en la noche y venía al siguiente día, supuestamente vendiendo su droga. Y me dejaba sola con mi hijo.

Él no consumía mucho, no andaba por la calle sucio como el hermano”.

Plata sucia

“La gota que rebasó el vaso fue un día que yo estaba acostada y tocaron la puerta. Tocaban a la 1:00, a las 2:00, a las 3:00 de la mañana.

Era gente que le llevaba prendas y él le daba la droga. Yo no tenía paz. Una vez salí cabreada y les dije: ‘¡Me tienen harta, lárguense de mi casa! Si los vuelvo a ver aquí, les tiro agua’. Eran personas adictas.

En ese momento, mi hermano empezó a consumir. Y yo lloraba, le decía: ‘¿Tú no entiendes? Dáte cuenta que mi hermano hace la misma mierda. A tanta gente le estás haciendo daño‘. Él se quedaba callado.

Guayaquil

Donald Díaz / BBC
Guayaquil se encuentra bajo estado de excepción por la violencia.

Me regalaba relojes y yo se los devolvía porque era plata sucia. Yo no iba a lucir algo que venía de una cosa que le habían quitado a otro.

Yo tenía mi plata, tengo casi 10 años trabajando en KFC. Él era muy tacaño. Si me llevaba a comer alguna vez, medía hasta el último centavo.

Cuando me iba a trabajar, metía mujeres en la casa porque me contaban los vecinos. Yo no quería que me tocara, me daba asco. Venía de la calle con un olor feo, olía a droga.

Cuando no quería tener relaciones, se ponía bravo. Una vez me obligó. Y yo me dejé, no puse fuerza. Pero el amor se me fue apagando”.

“Hasta aquí te aguanto”

“Poco a poco fui abriendo los ojos.

Llegaba a casa después del trabajo a las 11:00. Una noche mi hijo no estaba. Le pregunté a mi suegra, que en ese tiempo ya era hermanita, y me dijo: ‘Se lo llevó por allá’.

Caminé hasta una casa donde había un poco de mujeres de lo último, hombres fumando, y mi hijo adentro. Estaba con otro niño que no tenía ejemplo de madre y padre, era grosero, malcriado.

Agarré a mi hijo y le dije delante de todos sus amigos: ‘Mira, si quieres perderte, piérdete tú. Pero a mi hijo no lo traigas a esta porquería. Eres un mal ejemplo, me das asco’.

Ahí entendí que no quería estar con un hombre que no me iba a dar un buen futuro.

Después de estar 8 años con él, lo dejé. Fue una pelea grande, me insultó horrible, pero le dije: ‘Hasta aquí te aguanto’. Le dejé todo lo que teníamos, que lo había comprado yo.

Y en estos 4 años en que hemos estado separados, solo me buscó cuando supo que yo estaba con otra persona. Ahora estoy con alguien que es trabajador, quiere a mi hijo, no toma, no sale, es amoroso.

Al papá de mi hijo hace poco le dieron tres balazos y se fue a Chile. Él empezó como un pandillero, pero ahora es mafia, es droga.

Él tiene buena relación con mi hijo. Yo nunca le digo nada malo de él. Es su padre y ama a su hijo. Pero desde que nos alejamos de esa vida, me siento mejor.

Ahora estoy pagando la mensualidad para terminar el colegio porque quiero ir a la universidad. Voy a estudiar para ser profesora.

Y quiero que todo el mundo sepa lo que viví. Ya no lloro porque tengo amor propio y me superé“.

*Pidió mantener su identidad anónima por seguridad.


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