Quiénes están detrás de In a Heartbeat, el corto sobre dos niños homosexuales que se hizo viral
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Tomada de YouTube.

Quiénes están detrás de In a Heartbeat, el corto sobre dos niños homosexuales que se hizo viral

In a Heartbeat, el corto de ficción de dos estudiantes de animación de una escuela de arte y diseño de EU ya superó las 15 millones de reproducciones en YouTube.
Tomada de YouTube.
Por Liman Lima // BBC Mundo
5 de agosto, 2017
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La adolescencia que llega, un niño que se enamora por primera vez, los miedos, el sobresalto, el corazón que late de una forma nueva, diferente. Nada extraordinario, ningún motivo aparente para que In a Heartbeat, el corto de ficción de dos estudiantes de animación de una escuela de arte y diseño de Estados Unidos, haya superado las 15 millones de reproducciones en YouTube en los últimos cinco días.

Salvo por un detalle: el miedo, los sobresaltos, el corazón que late de una forma diferente son porque un niño se enamora por primera vez de otro niño.

Son Sherwin y Jonathan, los protagonistas de la tesis de graduación del Ringling College of Art and Design de Florida del mexicano Estaban Bravo y la estadounidense Beth David, que se ha vuelto viral en internet por abordar un tema controvertido: la homosexualidad de los niños y las elecciones sexuales en edades tempranas.

In a Heartbeat se trata de una de las primeras aproximaciones al tema dentro del mundo de los animados, de ahí las controversias que ha generado desde su publicación.

La estadounidense Beth Davis y el mexicano Esteban BravoJEREMY EDELBLUT
La estadounidense Beth David y el mexicano Esteban Bravo estudiaron juntos en el Ringling College de Sarasota, Florida, desde 2013.

“Nuestro objetivo con In a Heartbeat fue trasmitir un mensaje de amor y aceptación para los niños que sienten que no encajan en el patrón sexual que la sociedad les impone, hacerle ver al mundo que todos, desde pequeños, tenemos el derecho de amar y de elegir a la persona con la que queremos estar y no debemos tener miedo por eso”, explica Davis a BBC Mundo.

El corto, de apenas cuatro minutos, sigue las carreras, literalmente, de Sherwin detrás de su corazón que se dispara, desbocado, hacia Jonathan.

Habrá, como ha de esperarse, un corazón roto. Pero mejor no adelantar en qué termina la carrera.

El proceso

Bravo, de 24 años, cuenta que todo comenzó cuando tuvieron que plantearse un tema para su trabajo de graduación del Ringling College.

Una amiga les propuso la idea de hacer un corto animado con un niño al que se le salía el corazón e iba detrás de una niña que le gustaba.

cortoCORTESÍA DE ESTEBAN BRAVO
El proceso de creación se extendió entre enero de 2016 y abril de 2017.

Sin embargo, cuando lo pensaron bien, la idea perdió sentido para ellos.

“Yo creo que cuando uno cuenta una historia, también debe sentirse identificado con ella. Beth y yo somos gays y sentimos que si contábamos la historia desde nuestro punto de vista, tendría más sentido para nosotros, sería más honesto y alcanzaría una dimensión mayor”, contó Bravo a BBC Mundo.

“Beth y yo sabemos muy bien qué es lo que se siente al vivir con ese temor a tus sentimientos y a que todos los demás sepan. Al personaje lo vemos corriendo para huir, se esconde incluso en un basurero. En eso nosotros dos nos identificamos, porque era lo que hubiéramos hecho con nuestros sentimientos: los hubiéramos ocultado, hubiéramos corrido de ellos”, afirmó.

cortoCORTESÍA DE ESTEBAN BRAVO
El corto sigue las carreras de Sherwin y su corazón que se va detrás de Jonathan.

Una vez con la historia, empezó el proceso de producción: el guión, la creación de los personajes y el diseño en computadora… tardaron en eso un año y cuatro meses: de enero de 2016 hasta abril de este año.

Salvo la música y el sonido, todo el trabajo estuvo en manos de ellos dos. No hubo una productora detrás de la historia, no hubo un gran equipo, no hubo publicidad.

Los fondos para la producción se recuperaron a partir de una campaña de recaudación por internet y, desde entonces, tuvieron la primera sorpresa: los US$3.000 que calcularon necesitar para terminarlo, se volvieron casi US$14.000 en donaciones.

cortoCORTESÍA DE ESTEBAN BRAVO
El corto ha tenido hasta este viernes más de 15 millones de vistas en YouTube, un promedio de cinco millones de visualizaciones por día.

En abril, cuando presentaron el trabajo de grado terminado, consiguieron el premio de oro del Jurado del Ringling College. Pero ese fue solo el inicio.

El video ya ha sido aceptado en más de 20 festivales de cine y, desde el 31 de julio pasado, cuando lo subieron a internet, se colocó entre los cortos de animación más vistos en lo que va del año, según estadísticas de YouTube.

Pero, ¿por qué?

Controversias tras In a heartbeat

In a Heartbeat no ha escapado a las controversias desde su publicación, entre los que resaltan el valor de explicar desde una mirada sensible y natural la sexualidad de dos niños, promover la tolerancia y el respeto, hasta quienes lo acusan de difundir la homosexualidad entre los menores o elegir un tema como este para generar polémica y audiencia.

“De cualquier manera, la discusión estaba servida desde la misma elección del tema y nosotros éramos conscientes de eso. Pero creo que ahí mismo radica la importancia de nuestro trabajo”, asegura David.

“Casi me dejaron ciego por escoger a la persona que amo”: el dramático relato de parejas gay que fueron brutalmente atacadas

Lo cierto es que, probablemente, si los realizadores se hubieran quedado con la idea inicial, la historia del corazón del niño que sigue a una niña, el video no hubiera tenido igual impacto.

Bravo, aunque es consciente de esto, coincide que ahí radica la fortaleza de la propuesta.

cortoCORTESÍA DE ESTEBAN BRAVO
El corto ha sido criticado por promover la homosexualidad entre los niños.

“Cuando leo los comentarios que dicen que estamos promoviendo la homosexualidad, me pregunto si acaso una historias entre un hombre y una mujer promueve la heterosexualidad. Yo no me convertiría en heterosexual por ver una historia entre un hombre y una mujer. Por una sencilla razón. Uno es, uno no se convierte”.

El realizador, nacido en Ciudad de México, asegura saber dónde vienen esos comentarios, porque dice que nació y creció en una sociedad donde ser homosexual podía hacerlo sentir culpable.

Por eso, cuenta, no confesó a nadie su orientación sexual hasta hace dos años.

“Creo que por eso es importante este corto, porque nunca ha habido una representación así entre los medios y nosotros, que somos dos estudiantes, tratamos de hacer la historia que nos hubiera gustado ver cuando éramos pequeños, para entender que no había nada malo con nuestros sentimientos, que no había razones para ocultarlos”, dice.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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https://www.youtube.com/watch?v=5BNNcz1-soc

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