Rebeldía ante el despojo: ella es Marichuy, la mujer indígena que va por la presidencia en 2018
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Rebeldía ante el despojo: ella es Marichuy, la mujer indígena que va por la presidencia en 2018

María de Jesús Patricio Martínez, aspirante indígena a la presidencia en 2018, recuerda que su abuelo le inculcó la rebeldía contra la hipocresía de los políticos. "Vengo de esa parte del pueblo, de los que no estamos de acuerdo en que se nos despoje", dice la mujer del pueblo Nahua.
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Por Francisca Garay y Paris Martínez
7 de agosto, 2017
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María de Jesús Patricio Martínez, “Marichuy”, es una mujer indígena del pueblo Nahua. Es vocera del Congreso Nacional Indígena (CNI), organismo que reúne las voces de 44 pueblos originarios del país, y es, también, la mujer nominada  en conjunto por el movimiento indígena y por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional para ser candidata en las elecciones presidenciales de 2018.

Marichuy es originaria de Tuxpan, municipio ubicado al sur de Jalisco, región en la que hace 50 años, cuando ella era apenas una niña, aún se preservaban las mismas formas de opresión contra los pueblos indígenas que se habían instaurado, 500 años antes, durante la conquista española.

“Yo lo viví –narra, rodeada de otras representantes del Congreso Nacional Indígena–: la discriminación, pues. Me acuerdo que, cuando mis abuelitos tenían que salir a otra comunidad, tenían que rentar un traje, porque los obligaban a quitarse la ropa tradicional, la que usaban en la comunidad”, relata.

Se trataba de los años 60 del siglo XX, pero para los indígenas, recuerda, era un tiempo en el que “no podían entrar a otro lugar (más allá de sus poblados), vistiendo la ropa tradicional. Si lo intentaban, no los recibían, eso me tocó a mí… y también me tocó que en las escuelas se les obligaba a los niños indígenas a que no hablaran la lengua materna. A mí, ese tiempo me tocó vivirlo: cuando se le sancionaba, pues, a quien hablaba la lengua nahua”.

Hoy, con 57 años de edad, Marichuy compara el México del pasado con el México del presente, a partir de la realidad cotidiana en la que se desenvolvió, como indígena, como mujer, como pobre, y al final de su recuento de despojos, manipulaciones y violencia, ambas realidades terminan siendo la misma, sólo con variaciones de forma y nunca de fondo, tal como si el tiempo siguiera detenido.

“Desde que yo abrí los ojos –explica la aspirante indígena a la Presidencia de la República–, pues ya estaban el PRI, y el PAN, me acuerdo, y en conjunto hacían el despojo”.

Leer: Siete frases para conocer a Marichuy

Hace 50 años, narra, “en Tuxpan ya estaba una fábrica papelera, que es la que vino a talar muchas áreas tan importantes de bosque que se tenían ahí, y que quedaron muy deforestadas”.

Luego, cuando los volúmenes de madera menguaron hasta niveles no productivos, la papelera se fue, pero los reductos de bosque sobrevivientes y las parcelas de cultivo de los pueblos nahuas de la región, siguieron tomándose como botín, entregado por la clase política ahora a un nuevo interesado: el sector agroindustrial, que vio en los territorios de Tuxpan, y de otros municipios al sur de Jalisco, una zona idónea para desarrollar el cultivo de aguacate a gran escala.

“Ahora –señala Marichuy–, el principal problema que se tiene en la región nahua del sur de Jalisco son los invernaderos que han llegado de fuera, las aguacateras, que llegaron diciendo que querían rentar las tierras ejidales. Y a quienes no se las quisieron rentar, los obligaron con amenazas, hostigándolos, diciéndoles ‘si no me las rentas, ya sé dónde vives, cuántos hijos tienes y a qué horas entran y salen'”.

De esta manera, lamenta, el sector agroindustrial arrebató sus tierras a los ejidos de Tuxpan, con contratos de renta que tienen una duración que va de 20 a 30 años, para su uso en procesos productivos que no sólo volverán estas tierras inútiles en el futuro, por el empleo intensivo de agentes químicos, sino que desde ahora afectan el ciclo del agua, y su disponibilidad.

“Ahora, las familias que fueron obligadas a rentar sus parcelas ya no saben ni dónde está su tierra, porque las aguacateras quitaron las marcas, los alambrados, y crearon una sola gran parcela. Y ahí están abriendo pozos de agua, extrayéndola, y esa es agua que hace falta para la población. Y tienen también unos cañones que llaman ‘Antigranizo’, y cuando se ve que ya viene el agua, que está la nube bonita para llover, de pronto se oye un trueno y la nube desaparece”.

Mediante estos métodos, afirma la aspirante indígena  a la presidencia y zapatista, el sector agroindustrial no sólo se ha apoderado de las tierras y el agua que yace debajo, sino también del agua que cae del cielo.

“Con esos métodos están destruyendo la tierra, porque están destruyendo el ciclo de cultivo de las comunidades indígenas, y han venido a perjudicar el cultivo del maíz, que es lo que la gente siembra ahí por temporal de lluvias. Entonces, ya ahorita la gente no sabe si sembrar o no su maíz, porque no sabemos si va a llover o no, y yo pienso que esa es otra forma de presionar a la gente, porque le dicen ‘si ya no quieres sembrar tu maíz, réntame tu tierra y yo sí la puedo cultivar poniendo aguacate o poniendo un invernadero”.

Es cierto, reconoce, que hace 50 años “ahí en mi comunidad no había pavimento, y ahora ya hay. No había casi luz eléctrica, en la noche teníamos que salir con un ocote aluzándonos, y ahora ya está todo alumbrado”.

Pero el progreso en la zona, detalla, sólo es aparente.

En los años 80 y 90, recuerda, el número de partidos políticos se amplió, pero no fue para fomentar la conciencia, la diversidad y la participación política, sino para facilitar la compra de votos y voluntades.

“Allá en mi comunidad –recuerda– antes había mucho respeto, respeto en todos sus niveles, por los jóvenes, por los adultos, todos siempre tuvieron su lugar especial. Y ahora ya no. Algo ha venido de fuera, a dividir, a individualizar. Todo esa organización que se tenía al interior de las comunidades fue sustituida por lo que se impuso de fuera, por los partidos políticos, que trabajan sobre todo para asegurar el despojo de las tierras de la comunidad”.

Y tras los nuevos partidos políticos, coordinados con los ya existentes, “llegaron las aguacateras, los invernaderos. Llegó la contratación de mano de obra barata, sin derecho a seguro social, sin prestaciones. Llegó la sequía, el agua cada vez cuesta más trabajo sacarla, por los pozos que están abriendo para el cultivo de aguacate. Llegó la contaminación de los ríos, de donde antes comíamos cuando íbamos a la parcela y nomás sacábamos un pescado y poníamos ahí nuestra olla, y ahora ya no, ahora pasa pura agua negra por ahí, porque las empresas echan sus desechos al río. Y llegó el aumento de las enfermedades, ahora hay más enfermos, ha habido casos de cáncer en la región, por estar trabajando en los invernaderos”.

Leer: Por qué, después de 23 años de insurgencia en México, los zapatistas le apuestan a la política

Heredera, por  enseñanza de su madre y de su abuela, de las tradiciones medicinales del pueblo nahua, Marichuy fundó y dirige desde 1992 el centro comunitario de salud “Calli Tecolhocuateca Tochan”, o “Casa de los Antepasados”, en español, recinto avalado por la Universidad de Guadalajara desde 1997.

Desde este espacio, señala, personalmente ha presenciado los efectos del progreso basado en la explotación intensiva de las tierras arrebatadas a los campesinos indígenas.

“Con esto de los invernaderos –explica– ha aumentado bastante las enfermedades y la falta de los medicamentos, que no hay en los centros de salud. Va la gente y nada más les extienden una receta médica para que vayan y surtan el medicamento en otro lado. Entonces, si hay un picado de alacrán, tiene que conseguir su suero y llevarlo, porque en el centro de salud no hay. Mi trabajo en la Casa de los Antepasados es con tratamientos basados en plantas medicinales, pero a raíz de toda esta descompensación del ciclo del agua, y con todos los fumigantes que echan, hay plantas medicinales que ya se están acabando”.

Estos son, concluye, “los problemas que están llevando a la muerte a las comunidades de donde yo soy, en el sur de Jalisco”, a pesar de los cuales, dice Marichuy, y cuando lo hace sonríe, existe algo que se preserva, y es “la resistencia que se tiene al interior de la comunidad”.

Luego de que en los años 60 comenzó el acaparamiento de tierras ejidales, mediante contratos forzados de renta, “hubo varios en el pueblo que no se dejaron, y yo considero que vengo de esa parte del pueblo, de los que no estamos de acuerdo en que se nos despoje”.

Esa rebeldía, explica, se la inculcó su “abuelito”, quien le enseñó a ver la hipocresía de aquellos políticos que los obligaban a quitarse su vestimenta tradicional para lograr ser recibidos en audiencia privada, pero que en actos públicos les exigía su presencia vestidos a su usanza ancestral, para poder retratarse junto a ellos y simular sensibilidad hacia los pueblos indígenas.

“Mi abuelito me decía: ‘hija, nunca te pongas tu traje para estar junto a un político, porque este traje es sagrado, y ellos lo han usado para acabarnos a nosotros mismos. Tú nunca lo vayas a usar para ir con un político’. Ese era su pensar, y yo escuchaba, y decía ‘sí, tiene razón’, y por eso, de chica entendí que era una responsabilidad grande” portar esa vestimenta, y defender lo que representa.

El pasado 28 de mayo de 2017, el Congreso Nacional Indígena y el EZLN divulgaron un comunicado en el cual se afirma que, al lanzar una candidatura ciudadana a la Presidencia de la República, lo que hacen es “ir tallando la flecha que portará la ofensiva de todos los pueblos indígenas y no indígenas, organizados y no organizados” en contra del “mal gobierno”.

Una ofensiva con la que, subraya el comunicado, “no buscamos administrar el poder: queremos desmontarlo”.

La punta de esa flecha, la vanguardia de esa ofensiva, es María de Jesús Patricio, Marichuy, una serena médico tradicional nahua de 57 años, que va enfundada en una blusa de flores bordadas, el traje usado por las indígenas de Tuxpan desde antes de la llegada de los españoles.

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Movimiento San Isidro: la inusual protesta de artistas cubanos luego de que el gobierno desalojara a jóvenes en huelga de hambre

Cerca de un centenar de artistas, intelectuales y activistas se plantaron este viernes en protesta frente al Ministerio de Cultura de Cuba, un día después de que la policía desalojara por la fuerza a un grupo jóvenes en huelga de hambre.
28 de noviembre, 2020
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Más de 200 artistas, intelectuales y activistas se plantaron este viernes en protesta frente al Ministerio de Cultura de Cuba, un día después de que la policía desalojara por la fuerza a un grupo de jóvenes en huelga de hambre en La Habana.

Los manifestantes se movilizaron a través de las redes sociales en solidaridad con los miembros del llamado Movimiento San Isidro (MSI), que fueron expulsados de su sede y apresados temporalmente tras iniciar la huelga para exigir la liberación de unos de sus integrantes, el rapero Denis Solís.

La prensa oficial de Cuba consideró que Solís tenía “vínculos con terroristas” en Florida, tildó la huelga de hambre de “show orquestado desde EE.UU.” y aseguró que el desalojo fue una medida de seguridad para evitar la propagación de la COVID-19.

En un comunicado publicado a través de las redes sociales, los participantes en el plantón -principalmente jóvenes- indicaron que se reunían en protesta contra lo que consideraron “violaciones de derechos humanos” en la isla .

https://twitter.com/JimenezEnoa/status/1332495036748091393

“Los artistas e intelectuales cubanos repudiamos, denunciamos y condenamos la incapacidad de las instituciones gubernamentales en Cuba para dialogar y reconocer el disenso, la autonomía activista, el empoderamiento de las minorías y el respeto a los derechos humanos y ciudadanos”, indica el texto.

“Nosotros, en solidaridad con nuestros hermanos del Movimiento San Isidro, exigimos que la justicia no se ejerza a discreción. La justicia no puede proteger al Gobierno por encima de los derechos de sus ciudadanos”, agrega.

Protestas de este tipo son muy inusuales en Cuba, un país con un único partido donde la disidencia es sistemáticamente reprimida y los que se oponen al gobierno son calificados de “mercenarios” al servicio de EE.UU.

Según contaron varios de los participantes a BBC Mundo, durante la noche ocurrió un corte de electricidad, la policía rodeo las cercanías del lugar y lanzó gases lacrimógenos a algunas personas que trataban de sumarse a la protesta.

“Nos rociaron con spray de pimienta para impedirnos llegar al Ministerio de Cultura. Éramos decenas de muchachos. Entramos empujando”, relató el periodista independiente Maykel González Vivero.

El MSI, creado en 2018, agrupa a jóvenes artistas, periodistas independientes y académicos que se organizaron para oponerse a lo que consideran medidas represivas del gobierno de la isla.

El grupo ha apostado por una estética irreverente y contestataria: generar controversia al mezclar arte y activismo político, lo que lo ha llevado a numerosos enfrentamientos con las autoridades.

¿Cómo fue la protesta del viernes?

Desde el mediodía del viernes, decenas de artistas, cineastas, editores, críticos de arte intelectuales y jóvenes estudiantes se comenzaron a congregar frente al ministerio para exigir reunirse con su titular y pedir apoyo para los miembros del MSI.

Pero lo que comenzó como un grupo de poco más de 20 personas se convirtió en más de 200 al final de la tarde, mientras los participantes entonaban consignas y canciones, aplaudían o recitaban poesías.

“Ha sido un ambiente muy bonito y muy plural. Aquí hay personas de todas las posiciones políticas y de todos los sectores. Se está cantando, se está rapeando, se está tocando guitarra. Cada 15 minutos se aplaude para levantar el ánimo”, le cuenta a BBC Mundo la activista LGBT Lidia Romero Moreno.

“Como hay músicos y poetas, muchos cantan sus propias canciones o declaman sus propias poesías. También se han dado muestras de solidaridad muy bonitas. Como hay muchas personas que llevan aquí desde temprano en la mañana, los que llegaban después les traían agua y meriendas”, agrega.

Tania

Tania Bruguera
La reconocida artista Tania Bruguera (primera a la derecha) fue una de las primeras en llegar hasta el Ministerio de Cultura.

“Durante varias horas nos nos dejaron pasar porque estaba la policía apostada en las calles, pero estuvimos allí hasta que nos dejaron pasar”, cuenta Romero.

Inicialmente, reconocidas personalidades como la artista Tania Bruguera, el cineasta Mario Coyula y el premio nacional de Artes Plásticas Lázaro Saavedra se unieron a la protesta.

Luego, en horas de la noche, otras nombres relevantes de la cultura de Cuba como el director de cine Fernando Pérez o los actores Jorge Perugorría y Mario Guerra también llegaron hasta que fueron recibidos en la institución.

“Finalmente hicieron un listado de 30 personas, de diferentes sectores artísticos, que fueron admitidos para hablar con las autoridades del Ministerio”, indica Romero.

En la madrugada del sábado, las personas que habían entrado el Ministerio anunciaron que habían llegado a ciertos acuerdos con las autoridades, como iniciar un ciclo de conversaciones que incluirían al ministro, “reunirse sin ser hostigados en los espacios independientes” y la “certeza” de que los manifestantes podrían regresar a sus casas sin ser reprimidos por la policía.

“Todos los puntos fueron extremadamente difíciles de negociar, algunos se postergaron para la semana que viene con el ministro, otros se pasaron a espacios independientes para que los artistas independientes también tengan posibilidad de presentar sus visiones al Ministerio de Cultura”, contó Bruguera.

“Ya no puede decir el Ministerio de Cultura que no sabe la situación hostigamiento que tiene el arte independiente en Cuba, la persecución y la represión que hay contra el arte independiente”, agregó

¿A qué responde la protesta?

La protesta tuvo lugar luego de que en la noche del jueves la policía irrumpiera en la sede del Movimiento San Isidro y se llevara por la fuerza a los miembros del grupo que realizaban una huelga de hambre tras el arresto de Solís.

El gobierno, por su parte, indicó que se trató de una acción de “las autoridades sanitarias cubanas” con el objetivo de “certificar la violación del protocolo de salud para los viajeros internacionales” por la pandemia de covid-19, dado que uno de los presentes había llegado hacía poco del extranjero.

Aunque la mayoría de ellos fueron liberados, dos integrantes -Luis Manuel Otero y Anamelys Ramos- se encontraban en paradero desconocido el viernes, lo que se volvió uno de los reclamos de los artistas frente al Ministerio de Cultura.

protesta

Camila Acosta
Lo que fue inicialmente cerca de 20 personas se transformó en más de 200 en horas de la tarde.

“Nosotros no podemos seguir viviendo en un país donde no hay seguridad para los periodistas, los activistas y los que disienten. Basta de arrestos arbitrarios, de causas creadas a conveniencia y de caprichos desde el poder, que hoy no ha sabido responder al pueblo sino a su propia supervivencia en el poder”, escribieron en el comunicado.

“Hoy nos debemos una Cuba diferente, donde todos tengan la misma posibilidad de participar en el rumbo que tome el país”, agregaron.

¿Qué ha dicho el gobierno de Cuba?

Ni el gobierno ni la prensa oficial cubana se refirieron de manera inmediata a la protesta de los artistas.

Sin embargo, tras el inicio de la huelga de hambre por los miembros del Movimiento San Isidro, Granma, órgano oficial del Partido Comunista, aseguró que se trataba de “un nuevo show, instrumentado desde Washington y Miami” y que formaba parte “de los planes de subversión contra Cuba”.

Por su parte, el portal oficialista Cubadebate consideró que “la idea que ellos (los huelguistas) tienen es entretener a sus contratistas generando dinámicas sociales de desobediencia civil e ingobernabilidad, como reflejan los manuales de la CIA en la llamada ´lucha no violenta´”.

protesta

Claudia Padrón
Una de las protestas este viernes frente a la embajada de Cuba en México.

Sobre el desalojo de la sede del MSI, el portal estatal Las Razones de Cuba indicó que la operación respondió a que uno de los periodistas que se sumó a la protesta que había regresado recientemente de viaje “violó” los protocolos de seguridad del país para evitar la propagación del coronavirus.

“Ante su negativa de cumplir con lo estipulado en las medidas decretadas por Cuba para evitar la transmisión de la covid-19 y que se aplican a las personas que provienen del extranjero, se radicó una denuncia en la Estación de la PNR (policía) de la localidad, por el delito de Propagación de Epidemias, lo que obligó a una actuación inmediata para la extracción de las personas que se encontraban en el lugar”, indica la nota.

El caso ha generado repercusión en diferentes medios internacionales, incluido el estadounidense The Washington Post, el alemán DW o la cadena árabe Al Jazeera.

Mientras, el Parlamento Europeo y organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch pidieron a las autoridades de Cuba la liberación de Solís.

Los gobiernos de varios países, incluidos los Países Bajos, República Checa y Estados Unidos se pronunciaron también contra la represión del grupo en la noche del jueves.


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