Derechos Humanos de Querétaro le inventa un delito a una trabajadora para despedirla
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Derechos Humanos de Querétaro le inventa un delito a una trabajadora para despedirla

El titular de la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro acusó del robo de un auto a una de sus empleadas para poder correrla.
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Por Paris Martínez
3 de agosto, 2017
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En México, el acceso al trabajo en condiciones justas y equitativas es considerado, desde el año 2011, como un “derecho humano”: irrenunciable, no cancelable y, sobre todo, de protección obligatoria para todas las autoridades.

Sin embargo, en el caso de Querétaro, donde vive María Vianney Martín del Campo, el modelo se invierte: aquí, con tal de no reconocer sus derechos laborales, las autoridades encargadas de proteger los derechos humanos en el estado le fabricaron un delito que nunca existió.

A dos años de los hechos, María Vianney, y otras 13 personas despedidas sin justificación por la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro, mantienen el reclamo de ser reinstaladas en sus puestos laborales, de los que fueron retiradas por motivos tales como exigir el pago de horas extra, estar embarazada o, incluso, convalecer de alguna enfermedad.

“Yo era visitadora regional de la Defensoría en el municipio de San Juan del Río –explica Vianney, en entrevista–, tenía personal a mi cargo y contábamos con oficinas. Trabajábamos bien, todos cubríamos el perfil profesional requerido. Pero en los primeros meses de 2015, el entonces titular de la Defensoría, Miguel Nava Alvarado, me pidió que le ampliara el horario al personal a mi cargo, sin ninguna compensación.”

En ese entonces, detalla, “nosotros mismos realizábamos las labores de limpieza diaria de la oficina, no nos daban ni papel de baño, nosotros lo teníamos que comprar con nuestro dinero, y la gente que tenía empleada en la oficina regional ganaba muy poco dinero, como 5 mil pesos. Entonces, me parecía injusto ampliarles el horario hasta las 8 o 10 de la noche, sin un pago de horas extra.”

Pero ese no era el único fundamento para oponerse. “Yo le aclaré a Nava Alvarado que esa decisión ponía en riesgo al personal, porque esa era una zona delictiva, pegada a la carretera, sin iluminación pública, en donde deja de haber transporte público en la noche, entonces, le pedí que al menos gestionara que una patrulla hiciera rondines, para dar seguridad al personal. Pero Nava me dijo que ampliarles el horario era una orden, y me pregunto si la iba a cumplir o no. Yo me negué.”

Cinco días después de esa discusión, el 6 de mayo de 2015, la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro presentó una denuncia penal por “robo de vehículo sin violencia” en contra de Vianney, e inmediatamente después la despidió “por falta de probidad”.

Todo fue un montaje, como después quedaría demostrado.

“Ese día llegamos todos a trabajar, y nos encontramos con que habían cambiado la chapa de la oficina. Nos despidieron a todos, ni siquiera pudimos sacar nuestras pertenencias personales. En ese momento, yo acudí a la Defensoría, para entregar el vehículo oficial que tenía asignado en resguardo, para mis labores como visitadora, pero la gente de la Defensoría no quiso expedirme ningún papel en el que se reconociera la entrega del auto.”

Vianney decidió denunciar ante la Junta de Conciliación y Arbitraje de Querétaro que no les habían permitido acceder a su centro de labores, lo que representaba un despido injustificado de facto, y puso el vehículo a disposición de este tribunal laboral.

Al mismo tiempo, la Defensoría de Derechos Humanos estatal presentaba la denuncia penal en contra de Vianney, por el delito de robo de auto.

Nueve meses después, en febrero de 2016, la juez de control Mónica Esther Razo Mechaca, del Sistema Penal Acusatorio, determinó que nunca existió el delito que se imputaba a Vianney y, por lo tanto, resolvió que no sería sometida a juicio penal alguno.

Al desestimar las acusaciones, la juez subrayó distintas irregularidades en las que incurrió la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro, para fabricar la imputación de robo: en primera instancia, el organismo denunció que el supuesto delito ocurrió el 6 de mayo, sin embargo, la juez demostró que en esa fecha, Vianney aún era empleada de la Defensoría, y por lo tanto seguía vigente el acuerdo mediante el cual le fue asignado el vehículo oficlal para que realizara sus labores.

De hecho, la juez constató que Vianney fue informada oficialmente de su despido más de dos meses después, hasta el 10 de julio de 2015.

En palabras de la juez, Vianney “no fue debidamente notificada (sobre la terminación de la relación de trabajo (…) por lo tanto, se encontraba vigente el contrato laboral que existía entre ella y la parte ofendida (la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro), así como su obligación de resguardar y tener a su cuidado el vehículo”.

Asimismo, la juez comprobó que desde que le fue impedido el acceso a su centro de trabajo, Vianney puso el vehículo a disposición del Tribunal de Conciliación y Arbitraje y, peor aún, confirmó que la Defensoría fue convocada por el tribunal laboral para que recibiera el vehículo, y que el organismo se negó a que la devolución se concretara.

“Tres días antes de la fecha acordada para la devolución –explicó Vianney–, la Defensoría informó que ya no quería la entrega del auto, porque el Ministerio Público estaba conociendo de la investigación, es decir, se negaron a recibir el vehículo, para tener un pretexto para decir que me lo había robado.”

Oficialmente, la falsedad de las acusaciones formuladas contra Vianney quedó demostrada desde el 12 de febrero de 2016, pero un año y medio después, ella sigue esperando “no sólo la reinstalación en mi cargo, sino que se reconozca que nuestros derechos humanos fueron violados por la Defensoría de Derechos Humanos, es decir, que haya un reconocimiento y una reparación del daño”.

El presente

El 17 de febrero de 2016 (cinco días después de que se comprobara la inocencia de Vianney), al frente de la Defensoría de Derechos Humanos que de Querétaro fue nombrada una nueva titular, Roxana de Jesús Ávalos Vázquez.

Con este relevo en la Defensoría, “esperábamos que hubiera una solución –afirma Vianney–, esperábamos que esto se resolviera, porque confiábamos en que no habría interés en encubrir los errores del anterior ombudsman, sino, en todo caso, de corregirlos. Pero nos equivocamos, yo y las otras compañeras despedidas injustificadamente. La actual titular del organismo tampoco ha querido hacer nada.”

Consultada al respecto de estas denuncias, la actual presidencia de la Defensoría informó (mediante un posicionamiento de dos párrafos) que el organismo “tiene 14 demandas laborales ante el Tribunal de Conciliación y Arbitraje del Estado, de las 17 que teníamos, por lo tanto, estamos a la espera de que el Tribunal emita una determinación en cada uno de los asuntos, respetando en todo momento las formalidades esenciales del procedimiento”.

Sin embargo, Vianney desmitió tal disposicion. “Aunque la demanda laboral fue interpuesta en 2015 –explica–, dos años después, el juicio laboral ni siquiera ha iniciado, porque la nueva ombudsman ha empleado una estrategia dilatoria”.

El paso previo para que inicie un juicio laboral, detalló, es que se practique una reunión conciliatoria entre las partes. Y en estos dos años, la Defensoría ha diferido en tres ocasiones esa plática conciliatoria.

Por lo tanto, como ese trámite no se ha cumplido, yo no he podido acceder a mi audiendia de ley, es decir, al inicio formal del proceso laboral.”

Con esta estrategia de la Defensoría, “esto se ha alargado dos años, y aún si iniciara hoy el juicio laboral, no sabemos cuánto pueda durar, y este es tiempo en el que la violación a nuestros derechos se mantiene”.

Además, lamentó, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se negó a investigar si el organismo estatal violó los derechos fundamentales de estas trabajadoras, “y nos remitió al Órgano Interno de Control de la misma Defensoría de Querétaro, que fue el área a través de la cual fabricaron pruebas en nuestra contra. Es decir, para las autoridades del país, la Defensoría de Querétaro debe ser juez y parte, es algo totalmente absurdo”.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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