Migrantes reciben ayuda para librar batallas legales y ser reconocidos como refugiados en México
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Mayela Sánchez, GPJ México

Migrantes reciben ayuda para librar batallas legales y ser reconocidos como refugiados en México

Tan solo en 2017, de acuerdo con Acnur, se espera que un total de 22,800 personas hayan solicitado asilo en México, para tener el estatus de refugiados; organizaciones como Casa del Migrante de Saltillo les ayudan en ese proceso legal.
Mayela Sánchez, GPJ México
Por Mayela Sánchez / Global Press Journal (Ciudad de México)
22 de agosto, 2017
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J.R. intenta no demostrar ninguna emoción, pero está desconcertado. Lleva sus manos grandes y ásperas a su cabeza y se cubre la cara, talla sus ojos. Su solicitud de ser reconocido como refugiado en México acaba de ser rechazada.

J.R., un hombre curtido de 49 años, está de pie afuera de la oficina de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), la entidad gubernamental que maneja las solicitudes de refugio, entre otras cosas. Pero no está solo. A diferencia del casi 90% de las personas que solicitan refugio, J.R. tiene ayuda profesional.

Edith Mei Lai Cuan Corpus, una abogada joven y cándida que asiste a J.R. ese día, le explica con calma que puede apelar la decisión con Comar, o puede llevar el caso ante un juez, una estrategia que ya le ha funcionado dos veces al equipo legal de la Clínica Jurídica para Refugiados Alaíde Foppa, la clínica de la Universidad Iberoamericana donde trabaja Cuan Corpus.

J.R. se esfuerza para enfocarse en sus palabras. Está abrumado. No decide en ese momento cómo procederá.

Anteriormente, apenas un puñado de solicitantes de refugio en México tenían representación legal, pero esto ha ido cambiando con el aumento del número de solicitantes.

Cerca de 14,000 personas buscaron obtener el estatus de refugiados en México entre 2013 y 2016, según estadísticas de Comar, un aumento mucho más grande que el de los años anteriores.

La misma tendencia se puede apreciar en estadísticas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Según datos del Acnur, entre 2013 y 2015 hubo un aumento del 162% en el número de solicitantes de asilo de personas que venían del norte de América Central, y entre 2015 y 2016 hubo un aumento del 175% en el número de personas que fueron reconocidas como refugiados, o que recibieron protección complementaria.

La protección complementaria se le concede a personas que técnicamente no son refugiados, pero cuyas vidas están bajo amenaza. Esa protección ha sido una posibilidad desde 2011, cuando México aprobó la Ley Sobre Refugiados y Protección Complementaria, que también garantiza los derechos de los refugiados a recibir servicios de salud, educación y otros beneficios.

El Acnur cree que, tan solo en 2017, más de 22,800 personas solicitarán asilo en México y que a 11,528 de esos solicitantes se les concederán sus solicitudes de refugio o de protección complementaria, lo que dejará la población de refugiados en el país en 17,500 personas.

La violencia continua de América Latina es la causa principal de esta migración masiva, pero el incremento de las solicitudes de asilo está vinculado a los grandes esfuerzos que han hecho agencias de ayuda, incluido el Acnur, por informarles sobre sus opciones a las personas que se están desplazando.

“Es difícil viajar en ciertas partes del sur de México sin ver afiches del Acnur que dicen ‘Puedes ser un refugiado’ y listando derechos legales”, dice Maureen Meyer, coordinadora principal del programa de México y derechos de migrantes de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés).

Las fronteras de América Latina suelen ser porosas y la gente va de un lado al otro con relativa facilidad. A los extranjeros que quieran solicitar refugio en México se les requiere estar presentes en el país.

Pero una vez que los refugiados están en México, según dicen activistas, se vuelven vulnerables a ser explotados mientras que intentan construir una nueva vida. Pueden tener dificultades para encontrar la representación legal que necesitan para sacar adelante sus casos.

“Cuando tú eres extranjero eso te implica una cierta vulnerabilidad frente al sistema porque no conoces las leyes”, dice Elba Coria Márquez, la directora de la Clínica Jurídica para Refugiados Alaíde Foppa de la Universidad Iberoamericana, que fue fundada en mayo de 2016.

El término “refugiado” usualmente se usa para describir a alguien que está escapando de una situación violenta. En Estados Unidos, alguien que esté solicitando un estatus de refugiado debe probar que ha sido perseguido o que está en riesgo personalmente de ser víctima de la violencia. La ley mexicana hace eco de la definición del Acnur de refugiado, como alguien que está escapando de violencia o persecución generalizada. (Los parámetros de México para definir asilo político se consideran por separado).

No es necesariamente fácil conseguir estatus de refugiado en México, pero las personas que solicitan refugio allí tienen que cumplir con criterios más simples que en Estados Unidos, dice Meyer.

Entre enero y junio, al 42% de las personas cuyas solicitudes de estatus de refugiado pasaron por el proceso completo les fue otorgado, según datos de Comar.

En muchos casos, los solicitantes de refugio escaparon porque no tenían más opción, así que no es sorprendente que pocos tengan representación legal cuando lo piden. Algunas organizaciones legales y de asistencia están intentando cambiar eso.

En 2013, el primer año en el que Comar reunió datos relacionados con la asistencia legal, solo 10 solicitantes de refugio tenían un abogado, según la información que Comar le entregó a GPJ. Para 2016, 1067 solicitantes de refugio tenían asistencia legal experta. Entre 2013 y 2016, el 11 por ciento de los 13,948 solicitantes de refugio en México tenían representación legal. Muchos de esos abogados fueron facilitados a través de 16 organizaciones que trabajan apoyando a migrantes y a refugiados.

Una de esas organizaciones es Casa del Migrante Saltillo, un albergue para migrantes en tránsito hacia el norte. Hace cinco años, ese albergue comenzó a orientar a los migrantes que podían calificar para obtener refugio sobre cómo solicitarlo, dice Diana Castillo, una activista que trabaja en el área de protección a migrantes del albergue.

Ahora, dice, el albergue les ofrece ayuda a largo plazo, que continúa durante todo el proceso de solicitud de asilo, a los migrantes centroamericanos.

“Tener acompañamiento hace que las personas se empoderen de su proceso, que se sientan seguros en las entrevistas, que no se sientan intimidados por la autoridad, y que sepan que tienen el derecho a expresar lo que ellos sienten, lo que les pasó”, dice Castillo.

El albergue asesoró a más de 100 solicitantes en 2016, dice Castillo, y al final de mayo estaba trabajando en aproximadamente 70 casos.

La mayoría de solicitantes de refugio son personas sencillas con un nivel de educación muy básico, dice Francesca Fontanini, una portavoz regional del Acnur. El documento para la solicitud de asilo tiene 16 páginas, dice. Llenarla es una tarea abrumadora para personas que no estén acostumbradas a ese nivel de papeleo.

Preparar a los solicitantes para la entrevista, añade, es vital, pues ahí es cuando tienen su mejor oportunidad de convencer a los funcionarios de que sus vidas realmente están en peligro. Muchas veces, los refugiados han interiorizado la violencia y por lo tanto tienden a minimizar los detalles que son importantes para argumentar su caso de solicitud de refugio.

Las personas con niveles más altos de educación tienden a ser más elocuentes cuando se les pide que declaren las razones por las que escaparon de sus lugares de origen, dice Coria Márquez. En la mayoría de los casos, dice, los solicitantes de refugio tienden a atenuar las razones directas y específicas por las que se fueron.

“Omiten información que es importante para acreditar el temor fundado, para su propia credibilidad”, dice Coria Márquez.

E.O., un refugiado de 35 años, se graduó con un título de abogado en El Salvador, su país natal. Pero incluso con esa preparación, dice que la ayuda de la clínica jurídica de la Universidad Iberoamericana fue crucial.

“Ya te sientes amparado en alguien que te puede ayudar”, dice.

A E.O. se le concedió refugio en marzo y él pidió que solo se publicaran sus iniciales, pues teme estar siendo rastreado por las personas que amenazaron su vida en El Salvador.

Muchas veces, los solicitantes de refugio en México no planean convertirse en refugiados en un principio.

Muchos entran al país con la intención de llegar a Estados Unidos, convertirse en residentes formales o ciudadanos en México, o de vivir una vida extraoficial trabajando en la economía informal. Cuando ya se ven en otro país sin documentos es cuando algunos extranjeros comienzan a pensar en serio en construir un caso para solicitar refugio. En otros casos, los refugiados ni siquiera están al tanto de que tienen la opción de solicitar refugio hasta que alguien en un albergue u otro migrante se los dice.

Eso fue lo que le sucedió a J.R. Él aceptó un trabajo temporal soldando en Honduras en 2012 y descubrió, dice, que sus jefes eran narcotraficantes. Es común que los capos ordenen que las personas que puedan haber visto o escuchado algún detalle sobre sus actividades ilícitas sean asesinadas. J.R. dice que no escuchó ninguna información sobre los posibles crímenes de su empleador, pero oyó a un hombre decirle a otro que lo matara una vez terminara el trabajo de soldadura.

“A medio trabajo salí porque dije yo ‘no voy a quedar para contarlo’”, dice.

J.R., así como E.O., pidió que solo se publicaran sus iniciales por razones de seguridad. Es poco probable que la gente de la que escapó lo esté buscando en México, pero el temor que se ha apoderado de J.R. es tal que se rehúsa a arriesgarse.

J.R. recorrió América Central en autobús, luego entró  a México a través de una balsa improvisada, que es como suelen ingresar los migrantes indocumentados al suroeste de México. Se estableció en Chiapas, el estado más al sur de México, y en 2016 se dirigió al norte. Esperaba llegar a Monterrey, pues había escuchado que había trabajos disponibles ahí, pero oficiales migratorios lo retuvieron el 1 de diciembre, cuando el autobús en el que viajaba paró en un puesto de control migratorio cerca de la Ciudad de México. Alguien en el bus le había dicho que algunos migrantes podían obtener protección de refugiados, así que cuando lo llevaron a un centro de detención, pidió que se le permitiera solicitar refugio. Personal del Acnur lo pusieron en contacto con la clínica jurídica de Coria Márquez.

Pero cuando llegó el momento de defender su caso en una entrevista con un funcionario de la Comar, J.R. se enredó. Parecía que el funcionario del gobierno quería hacerlo contradecirse, según dice J.R.

“A veces me hacía unas preguntas, iba a contestarle y tal vez medio le contestaba y ahí me salía con otra cosa ¿me entiende?”, dice. “Y así, entonces, no sé si lo hacen para que la gente se confunda o la gente se salga sí… la historia uno es el que la tiene, no ellos”, dice J.R.

J.R. sabía que la entrevista había salido mal, así que Cuan Corpus lo animó a pedir otra. Él estaba en el proceso de solicitar esa alternativa cuando se enteró de que su solicitud de refugio había sido negada. No le dieron ninguna razón.

J.R. apeló la decisión con Comar, pero su apelación también fue negada el 30 de junio. Ahora planea llevar su caso ante un juez.

“Nunca había estado en una situación así, pero esto poco a poco tiene que ir agarrando marcha ¿no?”, dice.

Pablo Medina Uribe adaptó este artículo de su versión en inglés.

Esta historia fue publicada originalmente en Global Press Journal.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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