Gobiernos de estados con riesgo de sismo no invierten en señal de alerta para su población
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Jesús Santamaría (@re_ilustrador)

Gobiernos de estados con riesgo de sismo no invierten en señal de alerta para su población

En Oaxaca, Guerrero, Puebla y Michoacán la cobertura de alerta sísmica es parcial, mientras que en Veracruz, Chiapas, Tabasco, Morelos y el Edomex el servicio de plano no existe. ¿La razón? Falta de apoyo de las autoridades al Sistema de Alerta Sísmico Mexicano.
Jesús Santamaría (@re_ilustrador)
Por Paris Martínez
18 de septiembre, 2017
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En México, diez entidades federativas enfrentan riesgos por actividad sísmica, dada su cercanía relativa con la costa del Pacífico, de donde proviene la mayor actividad telúrica de la geografía nacional. Sin embargo, sólo existe cobertura total de la señal de alertamiento sísmico en la Ciudad de México, mientras que en otros cuatro estados (Oaxaca, Guerrero, Puebla y Michoacán) la cobertura es parcial, puesto que sólo beneficia a los habitantes de sus capitales, y con las restantes cinco cinco entidades (Veracruz, Chiapas, Tabasco, Estado de México y Morelos) el servicio de plano no existe.

La causa de que el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano no abarque a la totalidad de la población que reside dentro de estos estados es, básicamente, la falta de inversión pública.

Por esta razón, por ejemplo, en el estado de Chiapas –epicentro del sismo del pasado 7 de septiembre, el más fuerte del país en un siglo– no existen estaciones para detectar temblores, ni antenas que pudieran radiar la advertencia a la población local.

El sismo del pasado 7 de septiembre, de hecho, fue detectado hasta que la onda sísmica llegó al estado vecino, Oaxaca.

Igualmente, la falta de inversión pública es la causa de que en Oaxaca exista cobertura de alertamiento sísmico sólo en 21% del territorio, y el resto de la entidad (incluido el Istmo, la zona más afectada del país por el temblor del 7 de septiembre), no tiene forma de ser avisada sobre la aproximación de una onda sísmica destructiva.

Peor aún: la falta de inversión en el servicio de alertamiento provocó que, el pasado 7 de septiembre, la población de Morelia, capital de Michoacán, no fuera advertida sobre la inminencia del temblor –aún cuando esta ciudad sí cuenta con cobertura de la señal–, ya que el gobierno estatal no pagó y llevan todo el año sin servicio, tal como explicó Juan Manuel Espinosa, director del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico AC, el organismo privado designado por la autoridad para operar la Alerta Sísmica.

“En Chiapas –detalló– no tenemos sensores (instrumental para detectar sismos) porque no ha habido el impulso federal para lograr que la cobertura actual se perfeccione”, y estos equipos también hacen falta en la frontera entre Oaxaca y el sur de Veracruz.

Además, en Chiapas, Oaxaca y Veracruz, (igual que en Guerrero, Puebla, Morelos, y Estado de México) hacen falta antenas para distribuir la señal de advertencia hacia las localidades en riesgo.

Tal como informó el titular del CIRES, este organismo pidió desde 2015, tanto a Presidencia de la República como a la Comisión de Protección Civil del Senado, que se asignaran recursos para completar el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, lo cual, no obstante, no ha ocurrido hasta la fecha.

En concreto, desde hace dos años se solicitaron fondos para instalar 28 sensores sísmicos nuevos en Chiapas, el sur de Veracruz y el norte de Oaxaca.

Además, se solicitaron fondos para instalar siete nuevas antenas transmisoras en Oaxaca, que permitirían ampliar la cobertura actual de la señal de advertencia, del 21% del territorio que hasta ahora cubre, a 80% del estado, lo que incluía la región Istmo.

Aunque desde 2015 las autoridades, y el CIRES, anunciaron que dicha infraestructura ya estaba en construcción, en realidad nunca se otorgó presupuesto para echar a andar la ampliación del Sistema de Alerta, tal como aclaró el ingeniero Juan Manuel Espinosa, en entrevista con Animal Político.

Razones políticas

Tal como explicó el titular del CIRES, las autoridades le han brindado o restado apoyo al Sistema de Alerta Sísmico Mexicano siguiendo sólo cálculos de beneficio político, algo que parece “inevitable”, según sus mismas palabras.

En el año 93, recordó, cuando el Sistema aún era experimental, se logró advertir sobre un sismo a la capital del país, “y en menos de dos horas ya estaba Manuel Camacho (entonces regente de la capital) con Jacobo Zabludovsky (titular del principal noticiario televisivo de la época) anunciando que ya teníamos listo el Sistema”, algo que era falso.

Luego, meses después volvió a salir en televisón, pero ahora para anunciar que el Sistema se suspendía temporalmente, al no detectar sismos subsecuentes.

Otro ejemplo se dio seis años después, en 1999, cuando el entonces gobernador de Oaxaca, José Murat (padre del actual titular del Ejecutivo estatal, Alejandro Murat) aceptó apoyar la expansión del Sistema de Alerta hacia esta entidad, pero sólo hasta que un temblor derribó un templete en el que se presentaría durante un acto público.

Finalmente, José Murat sí realizó el acto, pero para anunciar que ya estaba todo listo para que Oaxaca contara con señal de alertamiento.

Luego, en 2004, las autoridades federales, de Oaxaca y de la Ciudad de México, acordaron reforzar de forma conjunta el Sistema, pero este acuerdo se guardó seis años ya que uno de los firmantes era Andrés Manuel López Obrador.

No fue sino hasta 2010 que dicho acuerdo de modernización fue puesto en marcha, luego del sismo que destruyó la infraestructura de Haití.

“Este Sistema fue creado para detectar sismos fuertes, y éstos ocurren en México cada 30 años aproximadamente –señaló Juan Manuel Espinosa–, y nadie quiere gastar en algo que pasa cada 30 años (…) Lo que falta es la inversión porque, en cuanto a tecnología, ya sabemos qué tenemos que hacer. Les hemos hecho las propuestas (a las autoridades) pero nos dan largas, y es por eso que nos sorprenden los acontecimientos”, como el sismo del pasado 7 de septiembre.

–Si los sensores sísmicos y las antenas difusoras que propusieron instalar en 2015 estuvieran operando actualmente, ¿se habrían salvado vidas ante el pasado sismo del 7 de septiembre? –se cuestiona al titular del CIRES.

–Yo pienso que sí.

Para reforzar el sistema en Oaxaca y llevar la señal de alerta hasta las localidades que se vieron más afectadas por el pasado sismo de 8.2 grados, explicó, sólo se requerían 30 millones de pesos, pero desde 2015 nadie ha querido hacer esa inversión.

Incluso, aclaró, el exgobernador de Oaxaca, Gabino Cué, no pagó por el servicio de alertamiento que se brindó durante 2013 y 2014, lo que generó un adeudo de 17 millones de pesos, más otros seis millones de 2016. “En Oaxaca, ahorita, para 2017, ni siquiera tenemos contrato firmado”.

Eso es ejemplo, explicó Espinosa, de que no sólo se requiere una inversión inicial para llevar el Sistema a las entidades que lo necesitan, sino un flujo de recursos permanente que permita mantenerlo andando.

“En la Ciudad de Oaxaca pusieron altoparlantes para que la gente se enterara de la alerta sísmica, como se hizo en la Ciudad de México. Pero en Oaxaca esta vez no funcionaron, porque no le pagan a la Comisión Federal de Electricidad y les cortan la luz a los altoparlantes. Y se nos critica porque no suenan, cuando no están a nuestro cargo”, dijo.

En Morelia, el pasado 7 de septiembre tampoco hubo alerta sísmica porque tampoco han pagado. Pero aún cuando la señal de alertamiento sí hubiera sido activada, no habría sido escuchada por nadie, ya que oficialmente se ignora el paradero de los 200 receptores de la señal de advertencia que, en 2012, fueron entregados al gobierno estatal para su instalación en inmuebles y espacios públicos.

“Y aún falta cubrir (con el servicio) Veracruz, Tabasco y Chiapas”, es decir, todo el territorio nacional enmarcado por la costa del Pacífico y el Paralelo 18. Dentro de este perímetro de alcance de las ondas sísmicas destructivas, cabe destacar, también están Puebla y Morelos.

El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, lamentó, “es como un carro Fórmula 1, pero no hay un Checo Pérez que lo maneje”.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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