Sus casas están en riesgo de colapso, familias viven otra tragedia tras el sismo
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Cuartoscuro

Sus casas están en riesgo de colapso, familias viven otra tragedia tras el sismo

Aunque sus casas no se cayeron, varias familias viven la desesperación de no poder entrar a sus hogares por riesgo del colapso.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Nayeli Roldán
23 de septiembre, 2017
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En la calle Hacienda de la Escalera, a unos metros de la escuela Rébsamen, donde hasta el momento van 21 niños y 4 adultos hallados sin vida tras el sismo, un hormigueo de gente entra y sale de un edificio de cuatro plantas, cuya entrada principal está sellada con unos plásticos que advierten que está prohibida la entrada por peligro de derrumbe.

Raquel Vázquez lleva entre los brazos un cuadro con la imagen de ‘La última cena’ y lo deja con cuidado junto a una lavadora y una pantalla de televisión. Por unos segundos, la mujer respira hondo y con las manos en la cintura observa las escalofriantes grietas con las que el sismo marcó su hogar para siempre.

“Ya nos dijeron que el edificio está inhabitable –dice Raquel, que explica que aunque la fachada no se ve tan dañada, el mayor daño lo sufrieron los muros de carga, por lo que el inmueble aún se sostiene de pie porque permanece recargado junto a otro edificio vecino.

“Ya nos dijeron que tenemos que desalojar de inmediato, porque ya no se puede vivir ahí. Protección Civil nos dijo que con una réplica fuerte, o con otro sismo, el edificio se viene abajo”, dice, y con ambas manos hace un gesto como si una piedra se desplomara y cayera al suelo.

-¿Y ahora qué va a hacer usted sin casa? –se le pregunta.

Raquel se seca el sudor de la frente y vuelve a observar el cuadro de ‘La última cena’.

“Protección Civil nos ha dado oportunidad de sacar, al menos, las pertenencias más básicas de nuestras casas. Sabemos que nos estamos arriesgando al meternos a un edifico que está al borde del colapso para sacar nuestras cosas –admite la mujer-. Pero hasta que el gobierno nos diga qué pasará con las ayudas, este es ahora el único patrimonio que nos queda”.

No le creen a Protección Civil

María Elena Tapia rentó un departamento en el tercer piso del edificio de la calle Leonor, en la colonia Nativitas, hace cinco meses. Ahí vive con sus tres hijas y su mamá. Hace dos días decidió abandonarlo porque las niñas ni siquiera podían dormir. Por la madrugada escuchaban que las paredes crujían y sentían que el inmueble se movía sólo por el paso de un camión en la avenida.

“Mami, mami, no te duermas, quién nos va a cuidar”, le decía su hija más pequeña.  Después del sismo del martes, no pudieron vivir tranquilas. Aunque el edificio resistió ese día, tuvieron miedo de seguir ahí, dice Lizeth, de 16 años.

“El edificio no se ha caído pero se va a caer. Las escaleras están inclinadas, los vidrios de otros edificios están rotos, el techo se está cayendo, por eso varias personas se empezaron a salir de sus departamentos, pero todavía quedan algunos que no tienen a dónde ir”, explica la joven.

El martes por la noche, personal de Protección Civil revisó el inmueble, pero “sólo por fuera, no entró a los departamentos” y además no había luz. Aun así, les dijeron que el edificio podría seguir siendo habitado. María Elena insiste, “se siente como se mueve la calle, como si se quisiera abrir el pavimento”.

Por eso, después del temblor, buscaron cualquier lugar para pasar el día pero las siguientes dos madrugadas estuvieron en vela escuchando los ruidos del edificio, temiendo que en cualquier momento se desplomara.

Desde este jueves decidieron ir al albergue habilitado en la delegación Benito Juárez. Aunque su hogar se reduce a dos colchones enfilados en un gimnasio, junto a 250 personas más, todas pudieron dormir, por fin.

No saben qué harán después. Ni siquiera quieren regresar al edificio a recoger sus cosas. Están seguras que colapsará en cualquier momento. Familiares les ofrecieron hospedaje, pero ya albergan a otros más que también perdieron sus casas; así que no saben dónde vivirán.

“Si no pudiéramos regresar a esa casa, nadie tendría a dónde ir”

Iliana Hernández, de 25 años, acepta dar otra entrevista a un reportero porque necesita que su mensaje llegue: que Protección Civil actúe para que ella y su familia pueda regresar a su casa, en la calle Emperadores de la colonia Portales.

La joven se encuentra en el albergue de la delegación Benito Juárez porque dos torres de edificios en la calle Tokio, a espalda de su vivienda, se derrumbaron. Aunque la casa de Iliana resistió el temblor, hay riesgo de fuga de gas y no era seguro estar ahí.

Sin embargo, desde que llegaron al albergue nadie de Protección Civil les ha informado qué pasará con la vivienda, ni el resultado de la inspección, ni cuándo podrían regresar o cuando concluirán los trabajos de remoción del resto de los edificios derrumbados.

El esposo de Iliana trabaja como repartidor de comida en bicicleta, su papá es hojalatero, su tío vende chácharas y ella y su mamá cuidan de los niños. Esa casa es patrimonio de la familia e incluso resistió el temblor de 1985 y ahora también el de 2017. Por eso, insiste, Iliana, “si no pudiéramos ocupar esa casa, nadie tendría a dónde ir”.

Vivir en tienda de campaña por miedo

En la delegación Cuauhtémoc, a unos escasos metros donde un edificio colapsó en la calle Medellín, Elizabeth Contreras ha instalado una tienda de campaña en la que lleva viviendo con su pareja y su hija desde que tuvo lugar el sismo el pasado martes.

El motivo, explica, es cuidar que “ningún ratero” se vaya a meter en su maltrecho edificio aprovechando la debilidad del momento. Y también, añade, es una forma de resguardarse con cierta seguridad hasta que Protección Civil revise los daños ocasionados por el temblor de intensidad 7.2. en su hogar.

“Viviremos en esta tienda de campaña hasta que nos digan si es seguro o no regresar al edificio. Y mientras tanto, vigilaremos que nadie nos robe el poco patrimonio que tenemos”, dice la mujer, y apunta a la planta número 14 de un edificio con múltiples daños en su estructura.

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Año Nuevo: así recibe el mundo el 2022 pese al repunte de contagios por ómicron

Algunos países establecieron restricciones por la nueva variante del coronavirus, otros celebran por todo lo alto el Fin de Año.
31 de diciembre, 2021
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Millones de personas ya presenciaron los fuegos artificiales de Año Nuevo, mientras se recibe poco a poco el 2022 en distintas partes del mundo.

Las celebraciones, sin embargo, continúan siendo distintas en algunos lugares ante la pandemia de covid-19, que desde el 2020 obliga a los gobiernos a establecer restricciones para evitar los contagios que provocan las aglomeraciones.

Fuegos artificiales en Sídney, la capital de Australia, sobre la bahía del Puerto Jackson.

Getty Images
En Australia se han reportado 361.000 casos de covid-19 desde que comenzó la pandemia.

Uno de los primeros países del mundo en recibir el 2022 fue Australia, donde los fuegos artificiales dominaron el firmamento justo sobre la bahía del Puerto Jackson, en Sídney.

Personas celebran el Nuevo Año en Sídney, Australia.

Getty Images
Celebración del Nuevo Año en Sídney, Australia.

Pese a la pandemia, la sonrisa de los ciudadanos puede observarse en las imágenes del evento.

Personas en las calles de la ciudad de Melboure, en Australia, reciben el Año Nuevo

Getty Images
En Australia algunas personas salieron a las calles, como en la ciudad de Melboure.
Espectáculo de luces en Auckland, capital de Nueva Zelanda.

Getty Images
Espectáculo de luces en Auckland, capital de Nueva Zelanda.

Por el contrario, Nueva Zelanda recibió el Año Nuevo solo con luces y evitó los fuegos artificiales. El espectáculo se emitió en Auckland, la capital, desde el Skytower.

Fuegos artificiales en Taipei, capital de Taiwan.

Getty Images
Fuegos artificiales en Taipei, capital de Taiwan.
Fuegos artificiales en Taipei, capital de Taiwan.

Getty Images

En Taiwán hubo un espectáculo de fuegos artificiales en el distrito Xinyi de Taipei. Como en Australia, también se permitió que personas se reunieron a presenciar la actividad.

Un hombre con ropa de luces recibe el 2022 en las calles de Tokio, Japón

Getty Images
En Japón la población salió a la calle y recibió el 2022 con vistosos vestuarios y ante una fuerte presencia policial.

Mientras, en Tokio la alegría inundaba las calles. La gente recibió el 2022 reunidos, sobre todo en Shibuya, con vestuarios vistosos, sonrisas y una fuerte presencia policial.

Policías vigilan las calles de Tokio, en Japón, durante la celeberación de Año Nuevo.

Getty Images

El nuevo año es recibido bajo un manto de incertidumbre, ante la aparición de la nueva variante ómicron, que es mucho más contagiosa que las versiones anteriores y se propaga con rapidez en todo el planeta.

Hasta el jueves, se reportaron 1.944.392 nuevos casos del virus en el mundo.

Numerosos gobiernos temen que el aumento de infecciones sature los hospitales, aunque estudios preliminares indican que la variante ómicron genera efectos más leves que sus predecesoras.

Este invierno también se ve afectado por la limitación de viajes aéreos, ante las miles de cancelaciones que provoca el coronavirus, tras afectar las tripulaciones de varias aerolíneas.


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