Anayeli lleva 67 horas bajo los escombros del edificio donde trabajaba desde febrero
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Cuartoscuro

Anayeli lleva 67 horas bajo los escombros del edificio donde trabajaba desde febrero

El edificio en la calle de Escocia, donde trabajaba Anayeli, se desplomó segundos después de que inició el sismo. Su padre no se ha movido del lugar pues espera que los rescatistas salven a su hija.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
22 de septiembre, 2017
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Anayeli Juárez Hernández tiene el cabello largo y negro. En sus fotos aparece sonriendo o haciendo gestos, como lo hace cualquier chica de 17 años. Le gusta bailar y es muy lista, dicen los que la conocen. Su primer empleo fue como mesera en un restaurante en Galerías Plaza, pero al poco tiempo se encargaba de coordinar a sus compañeros.

En ese trabajo duró menos de un año porque la quisieron cambiar de sucursal y no estaba dispuesta a que en lugar de una hora de trayecto, hiciera el doble. Su papá, Cirilo Juárez, de 36 años, le dijo que en el edificio donde él trabajaba podía conseguir empleo.

Así fue. Desde febrero pasado trabajaba seis días a la semana limpiando un departamento. “Ya se había acomodado bien aquí”, cuenta su papá, refiriéndose al edificio de la calle Escocia número 5, en la colonia Del Valle.  

El 19 de septiembre, la joven comenzó a trabajar a las 9 de la mañana en el departamento del quinto piso, pero dos horas después bajó a almorzar con su padre. Luego regresó a las labores. A las 13:14 horas, Cirilo estaba en la calle, lavando un auto, pero un estruendo lo hizo correr.

El edificio ni siquiera aguantó a que el temblor de 7.1 grados terminara, se derrumbó en unos segundos. “Todo fue muy rápido. En ese momento me eché a correr, ni lo vi, nomás escuché cómo se colapsó el edificio”, narra Cirilo.

La joven no pudo salir. Esta vez, el epicentro del temblor estuvo a poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de México y no hubo ninguna alarma que lo alertara con anticipación. Nadie hubiera podido bajar cinco pisos por las escaleras en medio de la sacudida.

El temblor del 7 de septiembre pasado fisuró el edificio, aunque “sólo por dentro, por fuera no se veía nada”, dice Cirilo. Aunque le avisó al dueño, no fue inspeccionado por personal de Protección Civil. El inmueble tenía unos 38 años de antigüedad y, a simple vista, dice una vecina, se podía dudar de su resistencia ante un temblor.

Incluso, hace unas semanas, Anayeli platicó con su prima, que también trabajaba ahí, qué harían en caso de un temblor. Hablaron del “triángulo de la vida”, la medida de protección recomendada ante un sismo, por eso su familia confía en que tal vez lo aplicó y eso la mantenga viva.

La rutina de Cirilo como portero del edificio es ahora un recuerdo lejano.

Ha pasado las últimas 48 horas en el sitio esperando noticias de su hija mientras ve ir y venir a marinos, voluntarios y expertos que intentan rescatar a personas con vida entre los escombros.

sismo Cirilo, el padre de Anayeli.

La madrugada del jueves lograron sacar a un hombre y una mujer vivos, pero en el resto del día no se ubicó a nadie más. “Había perros hace rato, entraron a checar, pero dijeron que no se había detectado señales de vida”, comenta Cirilo. Eso mismo dice un militar que lleva horas removiendo escombros, aunque las labores no han parado ni un segundo.

La familia de la joven sólo puede permanecer en las inmediaciones de la zona cero porque en el cruce de Miguel Mancera y Concepción Beistegui se colocaron vallas para restringir el acceso sólo a integrantes de las Fuerzas Armadas para realizar las labores de rescate. Sólo los familiares cercanos están dentro.

Un día antes, la ayuda de grupos de especialistas en rescate como los Topos y Cruz Roja y voluntarios civiles se había desbordado, pero la Marina tomó el control desde este miércoles. Por eso se impidió el paso a quien no tuviera experiencia para maniobrar entre los escombros.

Se calcula que hay mil elementos de Marina, Policía Federal, Gendarmería y Ejército en la zona y es que la emergencia no sólo incluye a este edificio, sino también al otro inmueble colapsado que se encuentra a unos metros de distancia, en las calles de Escocia y Edimburgo.

Cientos de jóvenes que querían entrar tuvieron que esperar horas formados para ser considerados o definitivamente desistían y se iban. Incluso, los otros voluntarios tuvieron que colocar letreros para advertir que ya no se necesitaban más brigadistas en la zona.

Hasta el momento, según las listas preliminares que hicieron los vecinos, se han rescatado a 13 personas y 47 más están desaparecidas. El edificio tenía 14 departamentos y ahí se encontraban personas como el estudiante del Centro Universitario México, Juan Pablo Irigoyen, de 19 años, o el ingeniero pensionado, Vicente Medina Elizalde.

Los familiares se integran a las labores de búsqueda, pero entre más tiempo pasa, más desesperación sienten por no saber nada de ellos.

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India, el país en el que un ama de casa se suicida cada 25 minutos

Las amas de casa son uno de los colectivos más afectados por un problema nacional. ¿Por qué?
17 de diciembre, 2021
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Cada día 61 amas de casa se suicidan en India, según los datos de la Oficina Nacional de Registros Criminales. Solo el año pasado, fueron 22.372.

Este colectivo representa un 14,6% del total de 153.052 suicidios que se produjeron en el país asiático en 2020 y más de un 50% de entre las mujeres que se quitaron la vida.

El año pasado no fue una excepción. Desde 1997, cuando el gobierno comenzó a reunir datos sobre suicidios y tipo de trabajo, más de 20.000 amas de casa se suicidaron cada año. En 2009 fueron 25.092.

La prensa a menudo atribuye estas muertes a “problemas familiares” o a “asuntos conyugales”. ¿Pero qué es lo que empuja realmente a miles de mujeres a quitarse la vida?

Los expertos en salud mental señalan que las razones principales son la rampante violencia doméstica presente en la sociedad india -en una encuesta reciente del gobierno, un 30% de las encuestadas respondió que había sufrido violencia conyugal alguna vez- y el peso de las tareas domésticas que hacían sus matrimonios opresivos para muchas.

“Las mujeres son realmente resilientes, pero hay un límite para la tolerancia”, dice la doctora Usha Verma Srivastava, una psicóloga clínica en la ciudad de Varanasi, en el norte del país.

“La mayoría de las chicas se casan tan pronto cumplen los 18 años, la edad límite para poder contraer matrimonio. Entonces se convierte en esposa y nuera, y pasan el día entero en casa, cocinando, limpiando y realizando otras tareas del hogar. Se les imponen toda clase de restricciones, tienen poca libertad personal y apenas cuentan con ningún dinero propio. Su educación y sus sueños dejan de importar, y sus ambiciones se empiezan a extinguir lentamente; entonces la desesperación y la decepción se instalan y la existencia se vuelve una tortura”.

Mujeres indias caminan hacia un río con ropa para lavar.

Getty Images
Las tareas del hogar recaen casi siempre en las mujeres.

La doctora Srivastava explica que en las mujeres mayores son otros los motivos. “Cuando los niños han crecido y se han marchado del hogar, muchas se enfrentan al síndrome del nido vacío y sufren síntomas perimenopáusicos, lo que puede ocasionar depresión y estallidos de llanto”.

Pero, según la doctora, los suicidios son fácilmente prevenibles: “Si detienes a alguien por un segundo, lo más probable es que desista”.

El psiquiatra Soumitra Pathare explica que muchos de los suicidios que se producen en India son fruto de impulsos: “Llega el hombre, golpea a su mujer y ella se suicida”.

Pathare cita datos de investigaciones que revelan que un tercio de las mujeres indias que se quitan la vida tiene un historial de víctimas de violencia doméstica. Pero los malos tratos en el hogar ni siquiera aparecen en las cifras de la Oficina Nacional de Registros Criminales.

Chaitali Sinha, psicóloga de la aplicación de salud mental Wysa, con base en Bangalore, afirma que “muchas mujeres atrapadas en situaciones de malos tratos conservan la cordura solo gracias al apoyo informal que reciben”.

Sinha, quien trabajó durante tres años en un hospital psiquiátrico del Estado en Bombay asesorando a supervivientes de intentos de suicidio, dijo que encontró que las mujeres formaban pequeños grupos de apoyo para viajar juntas en los trenes o salir con sus vecinas a comprar verduiras.

“No tenían otra manera de expresarse y algunas veces mantener la cordura dependía solo de esa persona con la que podían tener esa conversación”, afirma. Añade que la pandemia y la cuarentena empeoraron la situación.

“Las amas de casa tenían un espacio de seguridad cuando los hombres se marchaban al trabajo, pero eso desapareció durante la pandemia. En los casos de violencia doméstica significa que muchas veces quedan atrapadas con sus agresores. Limitó aún más sus movimientos y su capacidad para hacer las cosas en las que encontraban alegría o consuelo, así que el enojo, el dolor y la tristeza crecen con el tiempo y el suicidio se convierte en el último recurso”.

India reporta el mayor número de suicidios del mundo. Los varones indios que se quitan la vida suponen un 25% del total mundial y las mujeres son el 36% en el grupo de entre 15 y 39 años.

Pero Pathare, quien investiga los problemas mentales y la prevención del suicidio, asegura que las cifras oficiales indias no reflejan la verdadera magnitud del problema.

Mujeres en India.

Getty Images
Las indias no tienen muchas vías para expresar sus emociones.

“Si se fija en el Estudio del Millón de Muertes, que estudió a casi 14 millones de personas en 2,4 millones de hogares entre 1998 y 2014 o un estudio publicado en Lancet, las cifras de suicidios en India están entre un 30 y un 100% por debajo de la realidad”.

El experto asegura que el suicidio no es un tema del que se hable abiertamente. “Hay vergüenza y estigma asociados a eso y muchas familias intentan ocultarlo. En la India rural no existe la obligación de realizar las autopsias y se sabe que los ricos se apoyan en la policía local para presentar el suicidio como una muerte accidental”.

En un momento en el que India desarrolla una estrategia nacional de prevención del suicidio, el doctor Pathare cree que la prioridad debería ser mejorar la calidad de los datos.

“Los números de intentos de suicidio son risiblemente bajos en India. En cualquier lugar del mundo, son generalmente entre 4 y 20 más bajos que el número real de suicidios. Así que si en India se registran 150.000 suicidios al año el número de intentos debe estar entre 600.000 y seis millones.

Es a esa población de potenciales suicidas a la que debería priorizarse, señala el doctor Pathare, pero la falta de datos fiables dificulta la prevención del suicidio en todo el mundo.

“El objetivo de Naciones Unidas es reducir un tercio los suicidios a nivel global antes de 2030, pero en los últimos años se han incrementado en India en un 10% comparado con el año pasado. Reducirlos sigue siendo un sueño”.


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