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21 niños y 4 adultos han muerto, hay 30 desaparecidos por derrumbe de escuela Enrique Rébsamen

Los rescatistas continúan las labores de rescate de los niños atrapados. Solicitan toallas, sábanas y cobijas, además de martillos y gatos hidráulicos para continuar las labores.
@coloresgustavo
Por Redacción Animal Político
20 de septiembre, 2017
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El sismo de este martes colapsó parte de la escuela Enrique Rébsamen, al sur de la Ciudad de México. Hay al menos 21 menores y 4 adultos fallecidos, según los reportes preliminares dados por las autoridades federales, cerca de las 1:00 horas del miércoles.

11 personas habían sido rescatadas, y 30 se encontraban desaparecidas. Las cifras varían constantemente debido a que continúan las labores de rescate.

Los rescatistas solicitan toallas, sábanas y cobijas, además de martillos y gatos hidráulicos.

“Solo gasolina, agua y medicamentos”, gritaron voluntarios y autoridades de seguridad pública al resguardar el acceso a Calzada de las Brujas, donde seguían trabajando intensamente para rescatar a los menores que quedaron atrapados tras el sismo.

En medio de la gente que se agolpa tanto del lado de División del Norte como de Miramontes, al sur de la capital, elementos de Seguridad Pública en coordinación con civiles voluntarios ayudan a gestionar el ingreso de los víveres que llegan al lugar.

“Ya no podemos permitir el acceso a más gente, ya hay muchos trabajando en el lugar. Lo que necesitamos ahora es que nos ayuden con gasolina para las plantas de luz”, gritó una voluntaria por un altavoz.

Al llegar al lugar se podía apreciar a gente con carteles informando que los niños Diego Vazquez, Anel Michelle, Karen Valentina, Roberto Espejel, Valentín Rull y Cintia Vázquez se encuentran en el Hospital Ángel de Coapa, por lo que piden difundir su presencia ahí para que sus familiares los localicen.

Se podían ver a cientos de voluntarios que,  con la mejor disposición, llegaron con víveres y los dejaron en carritos de súper, ya que no se les permitió ingresar hasta el lugar para evitar entorpecer las obras.

Ante el embotellamiento de vehículos que prevalecía en el lugar, las motocicletas y las bicicletas se convirtieron en el transporte ideal, utilizado por quienes acudieron al lugar para brindar su ayuda.

Las autoridades que se encuentran en el lugar solicitaron a la población que quiera acudir a ayudar que se abstuviera de acudir a la escuela, ya que se tenían manos de sobra para trabajar, además de que el acceso al lugar estaba restringido y el tránsito seguía colapsado por falta de semáforos.

En todo caso, se recomendó a quienes quisieran ayudar que llevaran en moto en bicicleta agua, alcohol, vendas o dinero para gasolina, a fin de ayudar a quienes ya trabajan en el lugar.

De igual forma se aceptan camillas, cubrebocas, palas y, desde luego, la ayuda de médicos que quieran acudir para asistir a los heridos que puedan ser rescatados oportunamente.

También recomendaron tener cuidado, ya que no faltan los oportunistas que se identifican como voluntarios y recogen los apoyos que se entregan, para llevárselos para su beneficio sin entregarlos a quienes verdaderamente lo necesitan.

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Cortesía de Fasad

El viaje a México de 'La balsa del sexo' uno de los experimentos grupales más extraños

En 1973, 5 hombres y 6 mujeres cruzaron el Atlántico como parte de un experimento científico para estudiar la sociología de la violencia y la atracción sexual. Nadie esperaba lo que ocurrió en ese viaje desde Las Canarias a México.
Cortesía de Fasad
24 de junio, 2019
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Todo comenzó con un secuestro en noviembre de 1972.

El hispano-mexicano Santiago Genovés volaba a Ciudad de México, su hogar desde que tenía 15 años, cuando llegó como refugiado de la Guerra Civil de España.

Había partido de Monterrey, tras asistir a una conferencia sobre la historia de la violencia, cuando de repente un grupo tomó el control del vuelo para exigir la puesta en libertad de unos compañeros.

Era demasiado bueno para ser cierto. Imagínense la ironía. Yo, un científico que había pasado toda mi carrera estudiando el comportamiento violento, acaba en medio del secuestro de un avión“.

Toda mi vida he querido saber por qué la gente pelea y entender qué es lo que sucede en verdad en nuestras mentes“, escribió después el doctor en Antropología graduado la Universidad de Cambridge británica, profesor de la Universidad Autónoma de México y una de las eminencias mundiales en Antropología física.

El secuestro lo inspiró a crear una situación similar, que le sirviera de laboratorio para estudiar el comportamiento humano.

Su experiencia con el renombrado aventurero y etnólogo noruego Thor Heyerdahl un par de años atrás le dio la idea para poner en práctica su plan.

Viaje de Ra I

Getty Images
Aunque el Ra I no llegó a su destino, Heyerdahl demostró con el Ra II que era posible viajar desde el Mediterráneo y cruzar el Océano Atlántico mucho antes que Colón. Genovés fue parte de la tripulación internacional que navegó bajo la bandera de las Naciones Unidas.

Había colaborado con él en la construcción de botes de juncos de papiro del estilo de los del antiguo Egipto -Ra I y Ra II-, y había formado parte de la tripulación multinacional que cruzó el Atlántico para demostrar que los africanos podrían haber llegado a América antes que Cristóbal Colón.

Durante esos viajes, Genovés aprendió lo que todo marinero sabe: no hay mejor laboratorio para estudiar el comportamiento humano que un grupo flotando en alta mar.

La casa en el agua

Con el mar como el medio aislante perfecto, el antropólogo se puso en la tarea de preparar su experimento, diseñando estrategias para provocar conflicto y herramientas para examinarlo.

Gracias a pruebas en animales de laboratorio sabemos que la agresión puede desencadenarse poniendo distintos tipos de ratas en un espacio limitado. Quiero averiguar si es igual para los seres humanos“.

Mandó a hacer una barca de 12×7 metros con una pequeña vela. La cabina era de 4×3,7 metros de largo, “justo el espacio para el cuerpo de cada uno, acostado. No se puede estar de pie“, escribió la Revista de la Universidad de México (1974).

3 de los 6 participantes en el experimento, reunidos por el director Marcus Lindeen para el documental "La Balsa" (2018).

Cortesía de Fasad
Así dormían en la cabina, muestran 45 años más tarde, 3 de los 6 participantes en el experimento reunidos por el director Marcus Lindeen para el documental “La Balsa” (2018), en una reconstrucción de Acali.

Y tanto la ducha como el inodoro estaban al aire libre a plena vista de sus compañeros de tripulación.

Nombró a la balsa Acali, que en lengua náhuatl significa ‘la casa en el agua’.

En ella se embarcarían 10 personas y él para hacer un viaje que duraría 101 días, sin motor, ni electricidad, “ni barcos que la vayan siguiendo, ni vuelta atrás”.

“Diez valientes desconocidos”

Para encontrar a sus conejillos de indias, Genovés publicó un anuncio en varios periódicos internacionales al que cientos de personas respondieron.

Anuncio publicado en el diario The Times 6/4/1973

Folkets Bio
Anuncio publicado en el diario The Times 6.4.1973: “Líder de expedición busca voluntarios para cruzar el Atlántico en una balsa; duración 3 meses; hombres y mujeres; preferiblemente casados pero sin la participación de sus conyugues; edad 25-40”.

Había elegido a 4 hombres y 6 mujeres, solo 4 de ellos solteros y casi todos con hijos, de diferentes nacionalidades, religiones y contextos sociales, seleccionados “para crear tensiones en el grupo”.

Entre ellos, la capitana: la sueca Maria Björnstam, de 30 años y soltera, a quien había invitado por ser “la primera mujer del mundo en tener nombramiento de capitán de navío”.

No fue la única mujer a la que Genovés le asignó un rol predominante.

Decidió darles los roles importantes, dejando para los hombres las tareas insignificantes.

Me pregunto si darles el poder a las mujeres llevará a tener menos violencia. O si habrá más“.

El 13 de mayo de 1973, la balsa Acali fue arrastrada hacia mar abierto desde de Las Palmas, en las islas Canarias, hasta quedar suelta como una isla flotando perezosamente hacia su destino: la isla mexicana de Cozumel.

La tripulación a bordo

Cortesía de Fasad
Los 11 a bordo, con la capitana en el medio.

Sexo, adentro y afuera

Junto con Acali zarpó también la imaginación de la opinión pública, instigada por la prensa.

A pesar de no tener las cámaras que años después mostrarían todos los detalles de situaciones similares en reality shows, los medios aprovecharon para crear historias titilantes basadas en pocos minutos de contacto radial con la barca.

Con titulares como “Las orgías en la balsa del amor“, artículos como “El secreto de la balsa de amor” -que hablaba de un supuesto código radial secreto de SOS por si había problemas en la “balsa de la pasión“-, y hasta un escrito dedicado al hecho de que el capitán usaba un bikini, hicieron que el proyecto de Genovés se empezara a conocer como “la balsa del sexo”.

Y aunque la realidad a bordo no era como la pintaban los diarios, las relaciones sexuales estaban muy presentes en el menú de experimentos preparado por el antropólogo.

Foto de casi todos en la popa de la balsa

Cortesía de Fasad
Entre otras cosas, la misma estrechez de la balsa hacía que tener relaciones sexuales fuera logísticamente difícil… aunque esas dificultades fueron superadas por varias parejas, pero nunca como los tabloides imaginaron.

Estudios científicos con simios han demostrado que hay una conexión entre la violencia y la sexualidad, donde la mayoría de los conflictos entre machos son consecuencia de la disponibilidad de las hembras que están ovulando.

Para verificar si es igual entre los humanos, he seleccionado a participantes que son sexualmente atractivos.

Y como el sexo está ligado a la culpa y a la vergüenza, dispuse entre ellos a Bernardo, un cura católico de Angola, para ver qué pasa.

En la balsa, aunque varios miembros de la tripulación tuvieron relaciones sexuales, ese aspecto de la conducta humana no generó tensiones u hostilidades que valiera la pena recalcar, a menos quizás de que se tenga en cuenta la incomodidad que sintieron los integrantes al descubrir, al final del viaje, la narrativa lasciva de los tabloides sobre la expedición.

El observador observado

No obstante, la sexual era apenas una de las facetas de un experimento cuyos objetivos eran los más elevados, como confirmó Genovés cuando la capitana Maria le preguntó frente al grupo qué es lo que realmente deseaba lograr con el experimento.

Le dije que quería descubrir la forma de crear paz en la Tierra“.

Para lograrlo era indispensable entender la agresividad en los humanos pero en ese laboratorio flotante, los días pasaban y el único asomo de alguna conducta violenta brotó ante un tiburón y no, “para mi gran sorpresa, de celos sexuales, ni de conflictos entre los participantes“.

Comiendo a bordo de Acadi

Cortesía de Fasad
“Como no está permitido leer libros, el único entretenimiento que tienen es cantar canciones o contar historias de sus vidas en tierra”… pero nada de eso disparaba actos violentos.

Tras 51 días de convivencia, Genovés, frustrado, anotó:

Nadie parece recordar que estamos aquí tratando de hallar una respuesta a la pregunta más importante de nuestra época: ¿Podemos vivir sin guerras?“.

Lo que le tomó más tiempo darse cuenta fue que sus métodos efectivamente estaban logrando su objetivo: causar irritación, provocar animosidad y despertar agresividad. Solo que -sorprendentemente- no como había sido planeado.

Me di cuenta de que el único que había mostrado algún tipo de agresión o violencia en la balsa había sido yo“.

No solo eso. También había sido el único blanco de los sentimientos oscuros de los demás.

“Asesinato”

Más de cuatro décadas después, algunos miembros de la tripulación de Acali confirmaron que habían fantaseado hasta con lo peor: “asesinato”.

“Todos estábamos pensando lo mismo, al mismo tiempo -¿Será que lo hacemos?”, cuenta la ingeniera estadounidense Fé Seymour, en el documental “La Balsa”, del artista sueco Marcus Lindeen, y que se estrenará en septiembre en México.

Lindeen reunió a los seis participantes del proyecto de Genovés que están vivos para que compartieran sus recuerdos, fotos y filmes mientras exploraban una reconstrucción de Acali.

Sobrevivientes del experimento (de izquierda a derecha): Mary Gidley, Edna Reves, Fé Seymour, Eisuke Yamaki, Maria Björnstam y Servane Zanotti, en el documental "La Balsa" de Marcus Lindeen.

Cortesía de Fasad
Sobrevivientes del experimento (de izquierda a derecha): Mary Gidley, Edna Reves, Fé Seymour, Eisuke Yamaki, Maria Björnstam y Servane Zanotti, en el documental “La Balsa” de Marcus Lindeen.

En su afán por proteger su experimento, Genovés había terminado comportándose como “como un dictador”, según Björnstam, al punto que en un momento fue él el hombre quien le quitó el mando y se declaró capitán.

“Su violencia psicológica era difícil de soportar”, añade el japonés Eisuke Yamaki.

Los voluntarios imaginaron desde en tirarlo “accidentalmente” por la borda hasta inyectarle medicamentos para provocarle un paro cardíaco “con la mano de todos en la jeringa”.

“Me dio miedo de que escalara hasta el punto que lo hiciéramos. Me asusté. Como estábamos en el mar, no era como cuando estás en la tierra: nada era normal.

“En ese momento me di cuenta de que teníamos la capacidad de hacer algo terrible para sobrevivir”, recuerda Seymour en el documental “La Balsa”.

En tierra firme

Nada tan grave ocurrió.

Los problemas con Genovés se resolvieron diplomáticamente, como todos los que habían tenido durante el viaje, algo desafortunado para el experimento, por mal que suene.

Santiago Genovés adelante y Fe Seymour atrás, en la barca.

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“Me desperté a mitad de la noche. Los demás dormían tranquilamente a mi alrededor. Pero por alguna razón, me sentía completamente solo”, escribió Genovés -aquí adelante- cuando todo se puso difícil.

Cuando el Acali llegó a México, todos los que estaban a bordo -incluido Genovés- fueron aislados durante una semana, y sometidos a una serie de pruebas por psiquiatras, psicólogos y médicos.

El antropólogo tuvo momentos difíciles durante las pruebas y, más tarde, con las críticas que se le hicieron al experimento, pero siguió adelante con su prestigiosa carrera como antropólogo físico, con sus aventuras flotantes (más tarde navegó solo “para conocerse a sí mismo”) y con su copiosa producción de artículos y libros, entre varias otras cosas.

Para los “conejillos de indias”, el viaje empezó y terminó como una aventura. Aunque vivieron algunos momentos difíciles, no hubo discordia en el grupo sino todo lo contrario: entre ellos se formó un vínculo que aún se mantiene.

Tras investigar a fondo el caso, el autor del documental piensa que Genovés habría podido encontrar parte de lo que buscaba en Acadi, solo que no precisamente con sus cuestionarios y estrategias.

En entrevista con el diario The Guardian, Marcus Lindeen opinó: “Si hubiera escuchado a la gente explicando por qué estaba en la balsa -Mary escapando de un marido abusivo, el racismo que Fé había sufrido- habría aprendido sobre las consecuencias de la violencia y cómo a veces podemos superarla allanando nuestras diferencias“.


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