Viven del sueldo como líderes de partidos políticos, pero evitan pagar sus cuotas de militantes
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Especial

Viven del sueldo como líderes de partidos políticos, pero evitan pagar sus cuotas de militantes

Los pagos de los líderes de los tres partidos más grandes son dispares, mientras que del resto no hay pago de cuotas registrado.
Especial
Por Ernesto Aroche Aguilar
12 de septiembre, 2017
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No importan las siglas ni el color o la ideología que los forme, a pesar de recibir un salario fijo de su partido, los dirigentes adeudan a sus institutos políticos las cuotas que deben pagar como militantes.

De los nueve dirigentes de partidos políticos con registro nacional solo tres han pagado cuotas partidistas en algún momento. Ricardo Anaya del PAN y Alejandra Barrales del PRD, han pagado cuotas pero no durante todo el tiempo que han ocupado cargos de dirección.

En el caso del priísta Enrique Ochoa la información que ofrece la página de transparencia del partido, y de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) es contradictoria entre sí, a pesar de que por ley tendría que ser la misma.

De acuerdo con la PNT, Ochoa Reza solo hizo un pago en enero de 2017 por 1,800 pesos. Mientras que la página de transparencia del partido reconoce pagos desde julio de 2016, cuando fue nombrado dirigente nacional del tricolor, hasta marzo de este año.

Según la información de la página, Ochoa Reza pagó durante el 2016 un total de 12 mil pesos de cuotas partidistas, mientras que en 2017 tiene registrados pagos por 5,400 pesos.

El partido señaló que el dirigente ha pagado sus cuotas hasta octubre de este año, y ofreció copias de los recibos para probarlo. Aseguró que la falta de información en la plataforma es una omisión en la actualización de los datos.

Leer: El PRI sí registró las cuotas de Ochoa en la Plataforma de Transparencia, aclara el partido

Según el Reglamento del Sistema Nacional de Cuotas del PRI, Ochoa Reza debe aportar el 3% de su ingreso mensual, esto significa que de su salario mensual de 74,136 pesos* le toca pagar por concepto de cuota partidista 2,224 pesos.

A medias en el PAN y el PRD

El panista Ricardo Anaya sólo aportó su cuota durante el tiempo que fue diputado federal. Datos que el PAN entregó a Animal Político muestran que pagó 32,012 pesos entre febrero y agosto de 2015. Después se olvidó del tema.

De acuerdo con los estatutos de ese partido sólo los militantes que ocupan un cargo de elección popular tienen una cuota mensual fija, el resto de los militantes, incluido el presidente pueden aportar voluntariamente una vez al año.

Durante 2016 y 2017 Anaya no ha aportado un solo peso a su partido, a pesar de que mensualmente recibe un salario de 80,492 pesos.

Animal Político buscó una entrevista con el Tesorero del PAN pero no fue atendida.

La perredista Alejandra Barrales ha aportado a su partido 109,786 pesos entre enero y junio de 2015, mientras ocupó una curul en el senado. Y 14,217 entre julio y diciembre de 2016, como dirigente nacional.

De acuerdo con información entregada por el PRD, en 2017 no ha pagado cuotas ni como presidenta ni como senadora, cargo al que regresó en marzo de este año.

Alejandra Barrales recibe cada mes un salario neto de 47,430 pesos, más su dieta mensual como senadora que es de 117,400 pesos.

Los estatutos del partido señalan que todos sus militantes deben pagar una cuota obligatoria anual de un día de salario mínimo, pero además en su calidad de legisladora está obligada a pagar una cuota extraordinaria, que corresponde al 15% de sus ingresos netos, y otra más en su calidad de dirigente partidista.

De acuerdo con Eloí Vázquez, subsecretario de Comunicación en el PRD, el cobro de la cuota como dirigente partidista se hace en automático al emitir su pago, pero dijo desconocer las razones por que no se reportaron las cuotas de 2017.

Los que no han dado un peso

En el resto de los partidos, a excepción del Partido del Trabajo que asegura que sus militantes no están obligados a pagar por pertenecer a ese instituto político, no hay registros públicos de que sus dirigentes paguen cuotas.

Ni Luis Castro Obregón dirigente de Nueva Alianza, quién mensualmente ingresa a su bolsillo 72,730 pesos; ni Dante Delgado de Movimiento Ciudadano quien tiene un salario registrado de 60 mil 179; ni Hugo Eric Flores Cervantes del Partido Encuentro Social que cada mes recibe un pago de 63,333 pesos, aparecen en los registros de militantes que han pagado cuotas a sus respectivos institutos políticos.

En sus estatutos, los tres institutos políticos obligan a que sus militantes contribuyan con el pago de cuotas. Nueva Alianza y Encuentro Social establecen ese pago como una de las condiciones para ser designado dirigente de esos institutos políticos.

En el Partido Verde Ecologista de México la falta de pago de cuotas involucra a todo el Comité Ejecutivo Nacional, según reconoció ese instituto a una solicitud de información que presentó Animal Político.

La respuesta a la letra dice: “se le informa que de 2015 a la fecha no se han recibido aportaciones ordinarias y/o extraordinarias realizadas por integrantes del Comité Directivo Nacional”.

Sin información

Un caso de excepción es el Morena, que encabeza Andrés Manuel López Obrador, y por lo que recibe una remuneración de 50 mil pesos mensuales.

Este es el único partido de los nueve con registro nacional que no ofrece información al respecto.

De hecho ofrece muy poca información en su página o en la Plataforma Nacional de Transparencia. En la reciente Verificación del cumplimiento de las Obligaciones de Transparencia fue el partido con la peor calificación, apenas 8.94 puntos sobre 100 posibles.

De lo poco que se puede conocer de ese instituto político es que, de acuerdo con sus estatutos, sí pueden recibir financiamiento de sus militantes, pero no dice si este debe ser periódico o cuál será el mecanismo para recibirlo.

*El dato se obtuvo de restar el monto mensual de remuneración total menos impuestos.

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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