“¡Paren el tráfico! ¡Hay gente con vida!”: brigadistas y autoridades chocan durante rescates
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Manu Ureste

“¡Paren el tráfico! ¡Hay gente con vida!”: brigadistas y autoridades chocan durante rescates

Brigadistas y familiares de desaparecidos en la Unidad Habitacional Tlalpan criticaron que las autoridades policiacas y de tránsito no cortaran el tráfico pesado que entorpecía las labores de búsqueda de posibles supervivientes.  
Manu Ureste
Por Manu Ureste / Arturo Daen / Luis Castrillón
23 de septiembre, 2017
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-¡Paren el tráfico! ¡Hay gente con vida!

La mujer corre con ambos brazos extendidos en forma de cruz y sortea a los agentes de policía y de tránsito para ponerse en mitad de la carretera.

-¡Por favor, apaguen los motores! ¡Hay gente con vida! –vuelve a gritar desesperada estirando aún más los brazos, como si ella sola quisiera contener el mar de coches que avanza por los cuatro carriles de la calzada de Tlalpan.

Junto a ella, otro grupo de 10 voluntarios invade también la carretera con enormes pancartas que rezan ‘alto total’.

Ante la ‘invasión’ espontánea de la calzada, los policías se miran sorprendidos, pero nadie interviene.

En cuestión de segundos, los camiones, taxis, coches, micros, y motos de todo tipo, obedecen a la mujer y apagan los motores. El silencio es absoluto, casi sepulcral. Tan solo se escucha a la mujer que, coche por coche, trata de explicar entre lágrimas que a tan solo unos metros de allí, en lo que un día fue la unidad habitacional Tlalpan, un grupo de topos necesitan “silencio absoluto” porque detectaron señales sonoras de vida entre los escombros.

Durante algo más de un minuto, brigadistas y vecinos de la zona permanecen con los puños en alto; la célebre señal que los topos utilizan para pedir que nadie haga ruido. Así, hasta que el sonido agudo de un silbato rompe el silencio y los policías retoman el control pidiendo a los carros que reanuden la marcha.

-¡Ustedes tienen que ayudarnos! –le grita la mujer a uno de los agentes de la policía capitalina-. Hay gente allí adentro que aún está viva y tenemos que encontrarlos, ¿no lo entienden?

El policía escucha en silencio el reclamo de la mujer y la observa visiblemente emocionado.

-Créame que a mí también me indigna que no corten el tráfico, me parece una pendejada –confiesa con voz queda el agente-. Pero son órdenes de arriba… y nosotros somos simples peones. No podemos hacer nada.

Unidades de rescate en la unidad habitacional Tlalpan.

 

“El ruido interrumpe el trabajo de los topos y se pierde un tiempo vital”

Desde la mañana del viernes 22 de septiembre, las escenas de tensión con autoridades que custodian las zonas damnificadas por el sismo fueron una constante.

En la Unidad Habitacional Tlalpan, donde hasta la tarde de ayer los topos buscaban con vida a al menos dos personas entre los escombros, brigadistas, bomberos, así como los familiares de personas atrapadas, reclamaron constantemente a la policía capitalina que no cerrara el tramo de la calzada de Tlalpan que pasa a unos metros del edificio colapsado.

Óscar Oliva, coordinador de los topos de Cancún, explica que cuando se introducen entre los recovecos de las ruinas del edificio portan unos micrófonos “súper sensibles” a cualquier sonido. Por lo que es de vital importancia que el tráfico que fluye a tan solo unos metros se detenga por completo, también para “para evitar cualquier tipo de vibración” en la infraestructura colapsada.

El problema, critica Raymundo Rodríguez, del cuerpo de Bomberos de Guanajuato, es que la policía capitalina y de tránsito no escucha sus llamados, y la marabunta de carros de todo tipo no deja de transitar.

“Un rescate es una operación de búsqueda contra el reloj. Y cuando el ruido interrumpe el trabajo de los topos, se pierde un tiempo muy importante para encontrar personas con vida”, explica el bombero.

“Claro que el ruido de los camiones, de las ambulancias, y de todos los coches transitando entorpece la búsqueda”, subraya Roberto, otro elemento de los topos. “Pero son las autoridades las que deberían facilitar que el tráfico no circulara por aquí. O que al menos, que no lo haga cuando se pide silencio absoluto”.

“Si detienen el tráfico para que pase el presidente, ¿por qué no lo paran para buscar vidas?”

Saúl Hinojosa aún tiene a un hermano debajo del amasijo de hierros de la Unidad Tlalpan. Su familiar, explica con un hilo de voz, se encontraba haciendo reparaciones en un tinaco de agua del inmueble, cuando el devastador sismo de 7.2 lo tomó por sorpresa.

A pesar de que ya pasaron cinco días desde el colapso del edificio, Saúl asegura que la escena de hace unas horas, en la que los brigadistas comenzaron a aplaudir tras detectar signos de vida, le ha dado fuerzas renovadas. Aunque maldice cada vez que los topos piden silencio y las ambulancias pasan a toda velocidad por la carretera con la sirena lanzando estridencias.

“El problema es que ya el gobierno no quiere detener el tránsito. No quieren más afectaciones a la vialidad. Pero si detienen el tráfico para que pase el presidente, u otro político, ¿por qué no lo paran para buscar vidas humanas? –pregunta Saúl, que niega con la cabeza para murmurar que “no es justo”.

“Lo que pedimos es que dejen trabajar a los topos hasta que recuperemos todos los cuerpos. Porque yo tengo a mi hermano ahí adentro –señala las ruinas del edificio-, y sé que él va a salir de ahí con vida”.

Rigoberto Félix tiene un cuñado que también entró a hacer trabajos de albañilería a la unidad Tlalpan y no pudo salir a tiempo para resguardarse del sismo. Y como Saúl y otros familiares de desaparecidos, Rigoberto está indignado con las autoridades policiacas y del gobierno capitalino.

“Lo que nos dicen es que las autoridades ya no quieren que se hagan cortes al tráfico para no afectar a otras personas. ¿Y los familiares qué podemos hacer? –se pregunta con el ceño fruncido-. Tal vez podríamos organizarnos para hacer fuerza e impedir el paso del tráfico. Pero con este dolor que tenemos, ya no tenemos fuerza para hacer nada”.

Animal Político cuestionó a diferentes mandos policiacos y de Protección Civil acerca de por qué no se desvía el tráfico en la zona impactada por el sismo. A lo que respondieron que era una decisión tomada por “el mando único” que coordina los trabajos.

Critican que autoridades utilizaron maquinaria pesada muy pronto

Por otra parte, en la calle Chimalpopoca de la colonia Obreroa, un grupo de voluntarios seguía en la zona sobre las 22 horas de ayer golpeando con mazos sobre el piso y removiendo rocas, con la expectativa de que aún pudiera haber gente con vida donde cayó una fábrica a causa del sismo.

Esto aunque las autoridades ya descartaron la posibilidad de que hubiera sobrevivientes, explicó en el lugar un elemento de la Marina, detallando que incluso rescatistas españoles y perros entrenados revisaron en horas previas el lugar, y confirmaron el hecho.

Algunos de los voluntarios explicaron que seguían en el lugar, porque creían que podía haber gente con vida en un sótano, y querían confirmarlo.

Para ello, incluso les pidieron a las autoridades que no intervinieran, y las dejaran trabajar. Y eso ocurrió así. Los militares y policías de la Ciudad de México solo los observaban, a la distancia.

Una “arquitecta independiente” guiaba las labores, según dijeron varios de los voluntarios.

En el lugar, un joven que trabajó en la fábrica hace años dijo que no recordaba que hubiera un sótano.

Al lugar donde estaba la fábrica llegaron dos jóvenes y colocaron una manta con la leyenda: “Vivas o muertas nuestro cuerpo no es desecho”.

Una de ellas criticó la velocidad con la que las autoridades utilizaron maquinaria pesada y removieron lo que quedó de la fábrica, y habló de que en lugar presuntamente había trabajadoras centroamericanas y asiáticas, con condiciones laborales irregulares.

Otra discusión con militares en la Álvaro Obregón

Grupos de rescatistas y elementos del Ejército Mexicano protagonizaron otra discusión la tarde de ayer viernes en el área de labores de rescate de la calle Álvaro Obregón, 286, en la colonia Roma, donde el día 19 pasado un edificio de oficinas de seis pisos colapsó dejando atrapados en su interior a parte de su personal.

El desacuerdo ocurrió cerca de las 14:30 horas cuando un grupo de rescatistas organizaba un relevo en el área de acceso principal sobre la calle de Álvaro Obregón, a unos 150 metros del edificio.

Elementos del Ejército Mexicano intentaron prohibir la entrada del grupo de sustitución de rescatistas con el argumento que la presencia de más personas podría afectar las labores de rescate.

La discusión fue notada por familiares de las víctimas que han estado de forma permanente en la zona desde que el inmueble se derrumbó y que exigieron a los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que permitieran el acceso de los relevos.

Después de unos 20 minutos, el Ejército Mexicano cedió y permitió el relevo luego de registrar los nombres de los voluntarios que están organizando el acceso de personas, herramientas, víveres, material médico, especialistas en salud, entre otros elementos que están requiriéndose para el trabajo de búsqueda y rescate que continuará en forma indefinida.

Mientras la discusión ocurría, voluntarios bajaban estructuras de metal para apuntalar las áreas en las que se trabaja en el rescate que permitirán brindar más seguridad a los rescatistas y al reducir las posibilidades de un nuevo derrumbe entre los escombros que ponga en mayor riesgo la vida de quienes ahí siguen atrapados.

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Cómo Islandia se convirtió en el primer país de Europa en deshacerse de la COVID-19

Islandia ha tenido un gran éxito conteniendo la pandemia del coronavirus, lo que le ha permitido reanudar sus actividades con bastante normalidad mientras muchos otros países de Europa siguen bajo confinamiento.
24 de marzo, 2021
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Sí, Islandia es una isla remota en el Atlántico Norte, con un solo aeropuerto internacional. Y sí, es el hogar de menos de medio millón de personas.

Por lo tanto, sería justo suponer que tiene que agradecer la suerte de poder convertirse en el primer país de Europa en deshacerse virtualmente del covid-19.

Pero diles eso a los islandeses y no harás muchos amigos. Porque cuando apartas la geografía y miras los detalles, hay más; y estos isleños están bastante orgullosos de su éxito.

Es jueves por la noche y los jóvenes acuden en masa a la noche de karaoke en el centro de Reikiavik, la capital, gritando en el micrófono interpretaciones de todos los clásicos. Se abrazan y se besan, mientras gotitas de saliva vuelan por el aire.

En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

BBC
En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

Las salidas nocturnas, los restaurantes, los conciertos y todo lo que el resto de Europa anhela están de vuelta aquí.

Solo hay 20 casos confirmados de coronavirus al momento de escribir este artículo. Una persona está siendo tratada en el hospital e Islandia ha tenido un total de 29 muertes, lo que equivale a 8.5 por cada 100.000 personas.

“Me he estado preparando para esta pandemia durante 15 años”, dijo Thorolfur Gudnason, el epidemiólogo jefe de Islandia, cuando la BBC le preguntó exactamente cómo lo había manejado.

Gudnason fue puesto a cargo de la respuesta a la pandemia de Islandia desde el principio.

“Decidimos de inmediato lo que haríamos: realizar pruebas, rastrear contactos y aislar a todos los diagnosticados. Hicimos esto de manera agresiva, desde el primer día”, apuntó.

Su equipo de rastreo de contactos, integrado por detectives de la vida real, estaba en funcionamiento antes de que Islandia registrara su primer caso.

Cuando aparqué frente a un hotel feo en el centro de Reikiavik, un hombre alto y alegre retiró las barricadas de metal, bloqueando la puerta: “Bienvenido al hotel de aislamiento”, se rió entre dientes.

Gylfi Thor Thorsteinsson dejó un trabajo en marketing en marzo pasado para abrir el hotel, donde se envía a las personas diagnosticadas con el virus. “En mi primer día, la mayoría del personal del hotel simplemente se fue, se negaron a participar”, cuenta.

Gylfi Thorsteinsson.

BBC
Gylfi Thorsteinsson dejó su trabajo para abrir un hotel de aislamiento.

Poco a poco, los convenció de que regresaran y, durante el último año, han atendido a más pacientes que todos los hospitales de Islandia juntos.

Todos los días, Thorsteinsson se viste con equipo de protección personal completo para ir a sus habitaciones y hacerles compañía.

“Ha sido un viaje, sin saber nunca lo que traerá el día”, dice.

Ahora el hotel tiene solo un puñado de pacientes.

Pero Islandia ya ha estado aquí antes. Tuvo su primera ola bajo control rápidamente y, en mayo de 2020, la gente había comenzado a declarar al país libre de coronavirus.

Las cosas siguieron así por un tiempo, pero a fines del verano, Islandia fue golpeada inesperadamente por otra ola más feroz, después de que dos turistas que dieron positivo rompieron las reglas de su aislamiento.

Hotel de aislamiento.

BBC
El hotel de aislamiento llegó a cerrar pero debió ser reabierto cuando surgieron nuevos casos de coronavirus.

Thorsteinsson ya había cerrado y se había ido a casa. Incluso había organizado una gran fiesta para todo su personal para celebrar.

“Honestamente pensamos que habíamos ganado. Pero luego recibí la llamada: estaba de regreso. En media hora, había abierto de nuevo y la gente seguía viniendo y viniendo. Y todavía lo hacen”, señala.

Después de erradicar el virus de la sociedad, Islandia erigió fronteras de acero. Desde junio del año pasado, todos los pasajeros que llegan han sido puestos en cuarentena y hay pruebas obligatorias en el aeropuerto.

Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

BBC
Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

“Siguiente”, grita una enfermera antes de meter un hisopo en mi nariz y bajar por la garganta, todo antes del control de pasaportes.

Algo que algunos países tardaron casi un año en descifrar, Islandia lo descubrió en unos meses. Si la sociedad tenía alguna posibilidad de reabrirse, el virus tenía que ser contenido al entrar.

Cuando le pregunté a Thorsteinsson qué le había dado a Islandia esta ventaja, fue enfático: “han sido los científicos quienes han creado las reglas, no los políticos. Eso importa. Ellos saben de lo que están hablando, los políticos no”.

En cada paso, Islandia ha seguido la ciencia, liderada por el profesor Gudnason y su equipo, sin que los políticos participen en las reuniones informativas diarias.

Al reunirme después con la primera ministra de Islandia, Katrin Jakobsdottir, tenía curiosidad por saber por qué se había quedado en un segundo plano.

La mujer, de 44 años de edad, ha dirigido el gobierno verde de izquierda del país desde 2017.

Para ella, pandemia y política son dos palabras que no van de la mano.

Ella me dijo lo emocionada que estaba por impulsar la realización rigurosa de pruebas, rastreando y aislando a los posibles contagiados, con la esperanza de evitar que el país sufriera bloqueos drásticos, algo que, en general, consiguió.

Pero pasar a un segundo plano no significó tomárselo con calma: “Esta pandemia me ha mantenido despierta durante todo un año. Solo desearía que todo terminara y pudiera volver a hablar de política de nuevo”, señala.

Alguna ayuda inesperada obtuvo desde el principio. Reikiavik es el hogar de una de las principales empresas de genética humana del mundo, dirigida por Kari Stefansson, un hombre animado de unos 70 años de edad que ha alcanzado el estatus de celebridad en Islandia.

A los pocos días de la llegada del virus a la isla, Stefansson acordó poner en manos de los científicos sus laboratorios de última generación para rastrear la propagación.

“Al principio, esto parecía la extinción de la humanidad, así que nos lanzamos con toda nuestra fuerza”, me dijo Stefansson mientras recorríamos los laboratorios.

“Somos una pequeña comunidad. Todos sabían que podíamos hacer esto, así que estaba claro que teníamos que hacerlo”.

Desde entonces, sus equipos han secuenciado cada caso positivo para comprender cómo se está propagando y cambiando. Señala que como el virus muta con cada cuarta transmisión, el 25% de las veces, ellos pueden averiguar quién se lo ha transmitido a quién. “¿Se lo transmitió Juan a Pedro o Pedro a Juan?”, explica.

Vida nocturna en Reikiavik.

BBC
El eficaz mecanismo de rastreo de contactos de Islandia es considerado como una de las claves para poder reanudar las actividades de ocio nocturno.

No tiene ninguna duda de que esto ha ayudado a Islandia a mantenerse por delante. “Para mí, ha sido un momento divertido. Me siento un poco culpable de admitirlo, pero ha sido emocionante”, apunta.

Durante meses, Islandia ha logrado evitar que la variante británica ingrese al país al contener los casos en la frontera.

Pero mientras estuve allí, el equipo de Kari Stefansson notó que el primer caso se había filtrado y había contagiado a otra persona.

Esa persona había ido a trabajar a un hospital y, luego, a un concierto con otras 800 personas en el que habían socializado en el bar durante el intermedio.

Parecía un desastre. Pero aquí, fui testigo de toda la fuerza del poderoso sistema de rastreo de contactos de Islandia en acción.

En cuestión de horas, todos habían sido contactados y en unos días más de 1.000 personas habían sido evaluadas. Se identificaron dos casos más y todos los infectados fueron trasladados al hotel de aislamiento.

Sorprendentemente, la variante estaba contenida, incapaz de causar el caos visto en otras partes de Europa en este momento.

“Normalmente somos una nación bastante rebelde, pero prosperamos en una crisis”, señaló Stefansson con orgullo.

Dejando la ciencia a un lado, es imposible ignorar el papel que la geografía única de Islandia ha jugado en su éxito. Esta isla volcánica, con todas sus erupciones y avalanchas, está acostumbrada a lidiar con desastres.

Islandia

BBC
Islandia tiene mucha experiencia lidiando con desastres.

Durante semanas, Islandia ha experimentado un serie de miles de terremotos al día y ha quedado claro que la pandemia es solo otra catástrofe que manejar. La primera ministra incluso admitió que tenía los mismos equipos trabajando en ambos.

Gylfi Thor Thorsteinsson está de buen humor en el hotel de aislamiento a pesar de sus nuevos pacientes.

“Tenemos el control”, sonríe desafiante. “Este es el espíritu que mantenemos. Estamos ganando”.

Pero aún no está listo para celebrar: “No más fiestas de despedida de covid. Todavía no”.

Kate Vandy contribuyó con esta nota.


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https://www.youtube.com/watch?v=8fj-C_xCda8&t=3s

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