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Foto: Cuartoscuro
El costo, un obstáculo para no asegurar inmuebles: solo 4.5% tienen protección contra desastres
El patrimonio de toda la vida se esfumó y ahora “hay que empezar de cero”, dice César. Cuando se le pregunta si su casa tenía seguro por catástrofes responde inmediatamente que no. “Nadie me dijo”, y tampoco se planteó la posibilidad de contratarlo.
Foto: Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
28 de septiembre, 2017
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En 1987, Cuando César Villareal tenía 46 años, un vecino le ofreció su casa en venta. “Era una buena oportunidad y la compré”, cuenta. El inmueble en la colonia Barrio Los Reyes en la delegación Tláhuac se convirtió en su hogar durante estos años junto a su esposa María y sus siete hijos.

[contextly_sidebar id=”EFRLixkB5nibr5R3qCeKRmV1UfCJAcJc”]La casa aparentemente resistió el sismo de 7.1 ocurrido el 19 de septiembre pasado, pero don César, de 76 años, temía que las cuarteaduras de la casa afectara la estructura, por eso solicitó una inspección a Protección Civil. Un día después, tuvo que abandonar su vivienda porque ya era inhabitable, según le explicaron los inspectores.

Apenas pudo sacar sus muebles, que amontonó en la casa de una de sus hijas. Aunque no sabe cuándo será demolida, confía en que el gobierno capitalino o federal lo apoye con material o mano de obra para levantar un inmueble “sencillo” en el que solo viva él y su esposa de 78 años.

El patrimonio de toda la vida se esfumó y ahora “hay que empezar de cero”, dice César. Cuando se le pregunta si su casa tenía seguro por catástrofes responde inmediatamente que no. “Nadie me dijo”, y tampoco se planteó la posibilidad de contratarlo porque nunca imaginó que un sismo como el ocurrido a la semana pasada podría afectar su casa.

El caso de César es muy común, porque solo 4.5% de los inmuebles en el país cuentan con un seguro, según cifras de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS). ¿La razón? El costo, según concluye la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera.

Por ejemplo, sólo para una vivienda en la Ciudad de México de 180 metros cuadrados, con valor de un millón de pesos y contenidos (bienes) por 500 mil pesos, existen seguros en el mercado que van de 2 mil 900 pesos hasta 6 mil pesos de prima anual, según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).

Esta cifra hubiese sido un gasto considerable para don César que con su trabajo en la feria, encargado de los juegos mecánicos debía mantener un hogar con siete hijos.

Después del sismo, 500 inmuebles resultaron tan severamente dañados que serán demolidos, según informó el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera.

Aunque el mandatario local ha dicho que la respuesta a quienes perdieron su hogar pasará por acuerdos con las aseguradoras, no ha informado cuántos de los edificios colapsados durante el sismo y los que serán demolidos debido a las afectaciones, tenían seguro contra riesgos.

Sin embargo, esa cifra será mínima. De acuerdo con Alejandro Kuri, vicepresidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), la poca contratación de seguros para la casa es un “fenómeno generalizado” porque “no hay cultura del seguro”.

Aunque la contratación de un seguro es obligatorio cuando la casa está hipotecada, después de pagarla, en la mayoría de los casos las familias deciden cancelarlo, dice Kuri en entrevista.

Esto tiene una clara evidencia en números: en México, 54 millones de adultos no cuentan con ningún seguro, una cifra “alarmante” porque en caso de un imprevisto, las personas no tienen una protección financiera que les ayude a afrontar alguna emergencia o pérdida, asegura la Condusef.

En el caso de don César, su única opción es que sus hijos puedan apoyarlo para reconstruir su hogar, pero mucho más modesto al que tenía, pese a que esa casa era el patrimonio de toda su vida de trabajo.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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