Buscar vida en la oscuridad: así trabajan y viven los topos mexicanos
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Cuartoscuro

Buscar vida en la oscuridad: así trabajan y viven los topos mexicanos

Ser topo no es fácil. En un momento un mal movimiento puede dejarlos atrapados entre los escombros donde buscan vida, pero las ganas de ayudar son mayores.
Cuartoscuro
Por AFP
29 de septiembre, 2017
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Ismael Villegas está de vacaciones, pero nadie se daría cuenta de eso al ver su aspecto.

No se ha bañado en una semana, ha dormido pocas horas en el piso de un strip club, y está todo el día escarbando entre los escombros de un edificio que colapsó tras el terremoto que azotó a México el pasado 19 de septiembre.

Villegas es un “topo”, un rescatista voluntario que construye túneles entre las montañas de hierro y concreto de edificios desplomados en busca de sobrevivientes.

El nacimiento de los topos se remonta al devastador sismo de 1985 que provocó la muerte de más de 10,000 personas y destruyó cientos de edificios en Ciudad de México.

Aquel terremoto -que también asoló la ciudad un 19 de septiembre- sobrepasó los servicios de emergencia de la ciudad, y los rescatistas voluntarios llenaron ese vacío.

Aquellos primeros topos desarrollaron una eficiente técnica para sacar a víctimas atrapadas en edificios colapsados, la cual consiste en reptar a través de los agujeros que dejó el propio edificio al desplomarse y luego hacer túneles de manera horizontal, piso por piso, buscando agujeros de aire en donde podrían encontrarse personas con vida.

Es más rápido y menos costoso -también más peligroso, claro- que la técnica estándar internacional, que implica una excavación vertical, una sección a la vez y con pausas para asegurarse de que la estructura continúa estable.

“Un antro que tiene de todo”

Cuando el martes pasado el terremoto estremeció Ciudad de México Villegas estaba a 700 kilómetros de la capital, en el estado sureño de Oaxaca, ayudando a remover los escombros que otro terremoto había causado en esa ciudad el 7 de septiembre.

Tan pronto como la tierra dejó de temblar, fue a su vehículo y se dirigió a Ciudad de México, donde los primeros reportes ya hablaban de edificios que se habían derrumbado y gente que había quedado atrapada.

“Me vine manejando rápido. Hice 10 horas de camino. Llegué aquí a las 2 de la madrugada y a empezar a trabajar, directo al escombro. Gracias a Dios mis compañeros y yo logramos sacar a siete sobrevivientes”.

Desde entonces, Villegas no se ha movido de la avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma, donde se desplomó un edificio de oficinas de siete pisos y donde se puede apreciar una de las peores escenas de destrucción de un sismo que se cobró la vida de más de 330 personas.

“Nos estamos quedando en un antro que tiene tubo y todas las cosas de chicas, y bar, y todo. Nos abrieron las puertas, nos  permiten utilizar los sanitarios y allí nos dormimos en el piso”, cuenta.

“Es como un pastel”

Villegas calcula que hay alrededor de 200 topos en México.

Él es electricista de profesión, trabaja en el metro de la capital y tiene 46 años. Pero ser un topo, dice, te quita todo el tiempo.

“No soy casado y no tengo hijos, yo creo que por andar de rescatista, porque no me siento tan mal físicamente. Pero sigo soltero… Es lo que hacemos, tenemos como una misión en la vida que debemos cumplir, simplemente”, dice.

Pero es peligroso: un error en un edificio colapsado y puedes precipitarte por un abismo. Un cambio en la precaria estructura y puedes terminar aplastado.

“Es como un pastel en diferentes niveles, y de repente quita las bases y lo que era seis niveles de pastel queda reducido a uno y medio. Es un sandwich apretado. Es un mar de cemento, de varilla, de metal, de residuos, de líquidos. Es una sensación de deseperación”, explica Luis García, abogado y topo de 43 años.

Pola Díaz Moffitt, quien trabaja junto a Villegas, comenzó a hacer esto en 1985. Dice que todavía al día de hoy el miedo la invade cuando se mete entre los escombros.

“Al principio te tiemblan los piececitos, y luego ya te acostumbras. Todo se mueve. Es escombro es inestable. El escombro es como el Big Brother, siempre está cambiando”.

Esta trabajadora social de 53 años calcula que ha ayudado a salvar unas 25 vidas en su carrera.

Ya son pocas las esperanzas de encontrar a otro sobreviviente de este terremoto de 7,1 grados.

Cuando el edificio de la avenida Álvaro Obregón se vino abajo había 132 personas dentro, de las cuales 29 fueron rescatadas con vida en los primeros días y 69 en toda la ciudad.

Pero desde el viernes solo se han encontrado cadáveres en los 39 edificios que se desplomaron.

Los topos, sin embargo, no se rinden. “Todavía hay vida. Nosotros hemos sacado personas con una semana en los escombros. Incluso un poco más”, recuerda Villegas.

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COVID: cómo envejece nuestro sistema inmunitario y cómo podemos frenar ese proceso

Cuando nos volvemos mayores, nuestro cuerpo ya no produce tantas células cruciales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, y muchas de ellas se comportan de manera errática. Pero tú puedes compensar el paso de los años con acciones muy simples para mantenerlo en buena forma.
24 de diciembre, 2020
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El sistema inmunitario ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

“Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada”, le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Gráfico

Getty Images
Todo lo que podamos hacer para mantener la salud inmunitaria ayuda en la lucha contra la covid-19.

Esta respuesta contiene “neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer. Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores”, le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico. Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

“Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

“E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien”, añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que “el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)”, dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

Gente caminando

Getty Images
Caminar es un ejercicio simple al alcance de todos.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, “el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna”, comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

“Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades”, explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, “hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas”, le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

“Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer”, agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

“Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona”, explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

“Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres”, señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres “la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno”.

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: “hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar”, explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

“En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles”, dice Lord.

Hombre sentado en el sofá mirando la TV

Getty Images
Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord.

“Tenían muchas células T y el timo no se había encogido“.

“En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años”.

“Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida”, confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

“Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer ayuda”.

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Ciclista

Getty Images
Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven.

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

“Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente”, señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.


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