Sin IMSS, ni residencia legal, las condiciones de víctimas del colapso en fábrica de Bolívar
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Foto: Cuartoscuro

Sin IMSS, ni residencia legal, las condiciones de víctimas del colapso en fábrica de Bolívar

El informe de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México concluye que 49 personas se encontraban en el edificio durante el temblor, 34 de ellas lograron salir y 15 perdieron la vida.
Foto: Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
5 de octubre, 2017
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El derrumbe de una fábrica en Bolívar 168, tras el sismo del pasado 19 de septiembre, desnudó las condiciones en las que trabajaban las víctimas y sobrevivientes, pues al menos 10 no tenían seguridad social y dos de origen extranjero no tenían residencia legal en México, de acuerdo con un informe de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México.

Los sueldos podían ir desde los 84.99 pesos, hasta poco más de 300 al día, detalla el informe que se elaboró con información aportada por familiares y registros de seguridad social.

Un caso es el de la empresa ABC Toys Company, dedicada a la importación y venta de juguetes, donde fallecieron cinco mujeres, cuatro son de origen taiwanés. Wang Chia Yu, de 35 años, era trabajadora sin seguridad social pero con residencia permanente en México, mientras que Lai Ying Xia de 25 años no estaba afiliada al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y aunque estaba en trámite de residencia, su condición migratoria era irregular.

En el tercer piso, empleadas mexicanas que murieron en el sismo tenían una situación similar con la empresa SEO Young Internacional, que se dedicaba a la reparación de bisutería, pues aunque llegaron a tener número de seguridad social, el día del temblor ya estaban dadas de baja del sistema, pese a que seguían laborando en la fábrica.

El sueldo, 200 pesos por día trabajado, según información proporcionada por familiares a la secretaría. Tampoco se encontró algún registro de las trabajadoras en alguna agrupación o asociación sindical.

En la compañía New Fashion, del cuarto piso, los cuatro trabajadores lograron sobrevivir, ninguno de ellos contaba con seguridad social. El sueldo de tres de ellos era de los 900 pesos semanales, más comisión por ventas. Mientras que el cuarto, quien es extranjero, ganaba dos mil 500 pesos semanales, más la misma comisión.

El propietario de esta empresa de diseño murió. Se trataba de Jaime Achequenaze Asquenazí, de 79 años de edad y de origen israelita-argentino, con residencia permanente en el país.

La secretaria y un ingeniero de la empresa Dashcam System, también ubicada en el cuarto piso, lograron sobrevivir, pero solo uno de ellos fue registrado en el IMSS por el propietario, Lin Chia Cin, de 40 años de edad, de origen taiwanés nacionalizado paraguayo, quien falleció en el lugar y mantuvo una situación migratoria irregular.

El giro de las empresas y los testimonios de sobrevivientes en Bolívar 168

El informe de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México concluye que 49 personas se encontraban en el edificio durante el temblor, 34 de ellas lograron salir y 15 perdieron la vida. Dos más resultaron lesionadas y trasladadas a un hospital, Jaime Uribe Rosales (vigilante y velador del sitio) y su esposa Marcela Guadalupe Arredondo Ávila.

La secretaría aseguró que buscará que el IMSS “indemnice a la mayor brevedad, a las o los beneficiarios de las personas trabajadoras fallecidas, que estaban dadas de alta en esa institución; y por que las empresas también otorguen indemnizaciones a los deudos de quienes no tenían seguro social, sin importar su calidad migratoria”.

Este informe sale dos semanas después de que el subsecretario de Administración y Capital Humano de CDMX, Miguel Ángel Vázquez, diera un saldo diferente del siniestro, pues aseguró que había 21 cuerpos recuperados por autoridades federales y rescatistas en este mismo domicilio.

Aquí puedes consultar el informe completo de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México sobre el edificio colapsado en la calle Bolívar 168.

 

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“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
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Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

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