Estudio de la UNAM y la UAM advierte del problema de grietas y hundimientos en Tláhuac
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Estudio de la UNAM y la UAM advierte del problema de grietas y hundimientos en Tláhuac

El estudio señala que en Tláhuac los inmuebles resultaron dañados por el problema de grietas y hundimientos que afectan el suelo de esa zona.
Cuartoscuro
Por Francisco Sandoval Alarcón (Mrterremoto)
20 de octubre, 2017
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Un estudio geotécnico realizado por especialistas de la UNAM y la UAM, en ocho colonias de la delegación Tláhuac, concluyó que el 98% de las viviendas, instalaciones subterráneas y mobiliario público dañado por el sismo del pasado 19 de septiembre, se debió a hundimientos, grietas y colapsos identificados desde antes del temblor.

En el caso de los “hundimientos pronunciados”, el 95% mostraba “señales claras de movimientos anteriores” al sismo del 7 de septiembre, de los cuales, el 73%, continuaba desplazándose después del 19 de septiembre.

Para el estudio, realizado después del sismo del 19 de septiembre, se visitaron las colonias San Agustín Mixquic, San Miguel Yecahuizotl, Guadalupe Yecahuizotl, del Carmen, del Mar, Cooperativa Allapetlalli, Agrícola Metropolitana y Santa Ana Zapotitlán.

A decir de los investigadores del estudio, se trata de una muestra significativa para conocer la magnitud del problema de grietas y hundimientos en esta demarcación, que tras el sismo reportó daños en 3,642 bardas y viviendas, así como el surgimiento de 142 grietas y 60 socavones.

Peligro por extracción de agua

De acuerdo con el análisis, en la delegación Tláhuac se registran hundimientos por desestabilización mecánica (debido a la extracción del agua en el subsuelo) que afectan estratos en profundidades de interés para tuberías enterradas, cimentaciones superficiales e instalaciones diversas.

Además, se reconoce la existencia de fracturas provocadas por grietas y por el “fallamiento geológico” de la base rocosa del suelo.

Leer también: Sismo partió la tierra en Tláhuac; denuncian que autoridades han ignorado la falla 30 años.

Pero aun con esas evidencias, los investigadores reconocen que “el fenómeno de agrietamiento en Tláhuac es un problema que actualmente no está totalmente claro y, aunque hay numerosos estudios al respecto, no se dispone de un modelo que tenga aceptación general y que esté debidamente contrastado experimentalmente”.

“Así debe reconocerse que resulta difícil predecir con certeza aspectos como el punto de inicio de una grieta, su dirección y profundidad, su interrelación con otras grietas verticales y horizontales, los efectos de las condiciones de contorno en el agrietamiento, el comportamiento ante ciclos de humedecimiento y secado, la velocidad de avance horizontal y vertical”.

Sin embargo, indican que la información de mediciones en campo y los análisis en laboratorios, como los elaborados para este estudio, “representan la mejor manera de generar bases de datos, estructuradas y coherentes, que deriven en modelos, reglas o interpretaciones de comportamientos que den respuesta inmediata a la valoración de los efectos que el fracturamiento ocasiona en la infraestructura y en la vida de la ciudadanía”.

Iztapalapa y Xochimilco, igual que Tláhuac

El pasado lunes 16 de septiembre, la Gaceta de la UNAM publicó en su versión digital un artículo  titulado: Mapea la UNAM fracturas en el suelo de CDMX: Información valiosa para la reconstrucción, donde informó que desde 2007, cuando se produjo una fractura repentinamente en la delegación Iztapalapa, la comunidad universitaria ha realizado estudios sobre este tema.

En el artículo, Dora Carreón Freyre, investigadora de la UNAM y colaboradora del Centro de Evaluación de Riesgo Geológico (CERG) de la delegación Iztapalapa, recordó que, entre 2008 y 2012, la comunidad universitaria  realizó un mapa de fracturas en esa demarcación, donde se identificaron las zonas críticas.

Posteriormente, dijo, el Cenapred se acercó a la comunidad universitaria con el objetivo de ampliar la búsqueda de grietas y cartografía al resto de las demarcaciones. Producto de ese análisis, se estableció que las fallas afectan a 15 de las 16 delegaciones de la CDMX, aunque las que presentaron la mayor problemática fueron: Benito Juárez, Cuauhtémoc, Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco, las cinco con más afectaciones tras el sismo del pasado 19 de septiembre.

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No sólo eso. La búsqueda del Cenapred y la comunidad universitaria estableció que “la distribución de las fracturas en la base de la ladera de la Sierra de Santa Catarina, en Iztapalapa, es similar del otro lado, en Tláhuac, y también en Xochimilco, en la base de la ladera de la Sierra Chichinautzin. Hay una relación directa entre la aparición de éstas y las áreas de contraste entre la zonas del lago y los edificios volcánicos”.

Se requiere investigación de fondo

Para el diputado capitalino Raymundo Martínez Vite, el estudio realizado por investigadores de la UNAM y la UAM es buen primer documento que permite tener una muestra de lo que ocurre en delegaciones como Tláhuac; sin embargo, dijo “se requiere una investigación de fondo para conocer la verdadera magnitud del problema”.

Recordó que las fallas geológicas en Tláhuac existen desde hace mucho tiempo, por lo cual en noviembre de 2016 realizó, acompañado de funcionarios de Protección Civil del Gobierno de la CDMX, un recorrido para conocer las afectación existente en varias de las casas.

Leer también: Entre hundimientos y grietas: la vida de vecinos en colonia del Mar, Tláhuac, luego del sismo.

Producto de ese recorrido se hizo un censo de viviendas dañadas. En la colonia del Mar detectaron 21 casas afectadas, en la Agrícola Metropolitana 12 casas, en Villa Centroamericana 3 y parte del estacionamiento, en el pueblo de San Andrés Mixquic 12 y en pueblo de Santa Catarina Yecahuitzotl 10 casas.

Las autoridades de la CDMX, sin embargo, no ayudarán a las familias afectadas. “Desafortunadamente no ocurrió nada. Tomaron nota, nosotros les entregamos el censo casa por casa como lo pidió la gente de Protección Civil. Lo que queríamos en ese momento es que la gente estuviera tranquila, porque había viviendas donde ya no podían ser habitadas. Las personas las reparaban, pero era dinero mal invertido”, sostuvo el diputado de Morena por la ALDF.

La situación que viven las delegaciones Tláhuac, Xochimilco e Iztapalapa por el problema de grietas y hundimientos ha merecido que en diversas ocasiones se presenten puntos de acuerdos en el pleno de la Asamblea capitalina, que han pasado por alto las autoridades responsables de atender este problema.

“De qué nos sirve estar aprobando puntos de acuerdo si las autoridades y los secretarios hacen caso omiso a ellas. Tenemos que tener otra posición en base a la situación del sismo del pasado 19 de septiembre. Les he dicho a las autoridades que en este momento tienen la oportunidad de resarcir todos los daños, porque la gente se va a cansar y van a actuar en caso de no tener respuesta. La grieta de Tláhuac es la misma que viene de Iztapalapa, por eso nos interesa que se haga un estudio a fondo y así saber realmente que está pasando”, dijo Martínez Vite.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

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