Gobierno federal reparte promesas de empleo a damnificados de Juchitán, Oaxaca
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Cuartoscuro

Gobierno federal reparte promesas de empleo a damnificados de Juchitán, Oaxaca

Este programa solo implicará el pago de 2 mil 300 pesos por familia, para que en 15 días saquen el cascajo y escombros de los terrenos en los que estaban las viviendas de damnificados por el sismo.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
6 de octubre, 2017
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Minutos antes de las cuatro de la madrugada, la señora Guadalupe abandona la lona bajo la que se refugia desde que su casa quedó severamente dañada –con el sismo del pasado 7 de septiembre–, en la colonia Segunda Sección de Juchitán, Oaxaca, y parte en busca no más que de una promesa: sabe que irá y volverá con las manos vacías, pero una promesa es mejor que nada.

Junto con ella, otros vecinos de la zona avanzan en la oscuridad de la madrugada hasta la estación de bomberos del municipio, y así como llegan se sorprenden al darse cuenta que no son los primeros, sino solo el más reciente eslabón de una larga cadena de damnificados que, poco después de la media noche, comenzó a reunirse, convocados a este punto por las autoridades desde un día antes, para poder integrarse al programa de “empleo temporal” que, en un futuro, será puesto en marcha en Juchitán.

Luego del sismo “mi casa quedó veteada (agrietada). No se cayó, pero quedó veteada, y somos muchas personas las que estamos así –explica la señora Guadalupe, enfundada en una blusa tradicional con bordados florales, y portando un bolso de mano con el rostro de Frida Khalo–. Yo vivo en la calle Ferrocarril, y ahí la mayoría de las casas están dañadas, y los vecinos estamos (acampando) afuera, en la calle.”

En esta condición están desde hace casi un mes, tiempo en el que, además de temblores frecuentes, han sufrido tormentas, bajas de temperatura y, quizá lo peor, un desplome de la economía local.

“Mi esposo es obrero –explica la señora Guadalupe–, y yo vendo tlayuda (platillo típico oaxaqueño). Pero ahorita no hay empleo, como se cayeron todos los edificios allá en el centro (de la cabecera municipal), no hay trabajo, está escaso: mi esposo apenas hoy pudo ir a ver si ya había trabajo. Prácticamente un mes se quedó sin trabajar. Y yo, ahorita no he vendido, porque la tlayuda es algo que las familias se dan el gusto de cenar, pero para eso hay que tener empleo, por eso la venta bajó muchísimo, porque ahorita la gente está en otra cosa. Y la comida que hay es arroz, frijol, lo indispensable.”

Para el mediodía de este jueves 5 de octubre, la fila de damnificados que comenzó a formarse a la medianoche, desde la estación de bomberos, ya había alcanzado más de un kilómetro de largo, y seguía estirándose. Los más cautos llegaron con una sombrilla para refugiarse del intenso sol, e incluso una silla, mientras que el resto aguantó de pie la insolación y las horas que se prolongaron tanto como la fila de personas necesitadas.

–¿Qué fue lo que obtuvo? –se pregunta a Guadalupe, una vez que concluyó su trámite de registro ante las autoridades.
Dicen que nos van a proporcionar un apoyo con empleo temporal –responde.
–¿Le dijeron de cuánto va a ser ese apoyo?
–No.
–¿Por cuánto tiempo se lo van a dar?
–Tampoco. Nada más nos tomaron los datos y próximamente nos estarán hablando.
–¿No le dijeron cuándo va a llegar ese apoyo?
–No.

Pero aún con esta falta total de certezas, la señora Guadalupe sonríe, se dice aliviada porque cualquier ayuda será útil. Confía en que la promesa de empleo temporal se convierta pronto en una realidad, que les permita reconstruir no sólo sus viviendas, sino su economía familiar.

Este programa de “empleo temporal” ofrecido a los habitantes de Juchitán sin embargo, no es lo que se imaginan los vecinos consultados: no implicará obtener una plaza temporal, ni un salario fijo durante los próximos meses, y mucho menos cobertura en seguridad social.

Consultado al respecto, personal del puesto de registro instalado en la estación de bomberos informó que este programa de empleo temporal (encabezado por la secretarías federales de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de Desarrollo Social, y de Comunicaciones y Transportes) implicará el pago de 2 mil 300 pesos por familia, para que en un lapso de 15 días saquen el cascajo y escombros de los terrenos en los que estaban sus viviendas, hoy derrumbadas o severamente dañadas.

No se trata de un programa de trabajo de corto o mediano plazo, se explicó: “sólo habrá un pago, de 2 mil 300 pesos; que equivalen a 15 días de jornal, a 79 pesos, aunque el trabajo lo pueden realizar en un día, si quieren. Con eso, se espera reactivar la economía local”, detalló el funcionario consultado, quien aclaró que no podía dar su nombre porque, oficialmente, quien encabeza las labores de atención es el delegado estatal de la Semarnat, Víctor González Ilescas, quien, por cierto, no estaba en el lugar.

Tal como informaron los empleados de Semarnat consultados, los fondos destinados a este programa de empleo temporal alcanzan para atender a 8 mil 200 familias cuyas casas resultaron dañadas o derruidas por el sismo del 7 de septiembre; sin embargo, se reconoció que, para este jueves, ya sumaban 14 mil 800 las familias damnificadas en Juchitán.

El programa, pues, está rebasado.

“Sólo para la colonia Segunda Sección teníamos 800 ‘empleos temporales’ –explicó uno de los funcionarios que participaban en el registro de damnificados–, pero ya para mediodía registramos a esas 800 personas, y aún falta toda la gente que está formada”, es decir, aquella cuya fila medía para ese momento más de un kilómetro de largo.

Las dos últimas personas de esta fila eran dos adultos, ya mayores, vecinos cercanos ambos, que llegaron a mediodía, creyendo que para entonces el sol habría ahuyentado a algunos interesados en los empleos temporales. Cálculo equivocado.

“Yo tengo tres hijos –explica la mujer–, mi casa se veteó en el techo, en las paredes, y ahora vivimos en el patio, en una lona que nos regalaron.”

–¿Sabe qué apoyos están ofreciendo aquí? –se consultó a la señora.

–Dicen que nos van a dar empleo, por dos meses –asegura la mujer–, y dinero para la reconstrucción, y yo lo necesito mucho, porque soy mujer sola, estoy enferma, y sólo tengo a mis tres hijos. Necesitamos trabajo, porque no hay dinero.

Cuando se le aclara que la ayuda será sólo de 2 mil 300 pesos, en una única entrega, su mirada se crispa.

afectados por el sismo en Juchitán

Este programa solo implicará el pago de 2 mil 300 pesos por familia, para que en 15 días saquen el cascajo y escombros

La Octava

La Octava Sección es, según algunos vecinos de Juchitán, una de las colonias más afectadas por el sismo del pasado 7 de septiembre, y una de las menos atendidas, ya que, aseguran, la prioridad ha sido la población que vive en el centro de la cabecera municipal, y las colonias del área urbanizada, no así las colonias marginales.

La Octava es una de esas colonias al margen, en la que los esfuerzos familiares, durante las dos últimas décadas, permitieron a la gente echar una planta, o quizás dos, a sus viejas moradas, la mayoría de las veces de forma improvisada, algo que el sismo puso a la vista.

Petrona Matus es una vecina del lugar, que mira impávida, petrificada, la casa que hace 25 años comenzó a construir.

“Mi esposo y yo compramos el terrenito, trabajábamos tanto el hombre como la mujer. Pero luego mi esposo se murió, hace 24 años, y yo me quedé sola con mis tres hijas –narra doña Petrona, sin quitar nunca la vista de su casa, del otro lado de la banqueta–. Esa casa significaba bastante, yo trabajé mucho para poder hacer los primeros cuartos, me costó mucho, y ya que tenía construida la parte de abajo, mi hija dijo que le iba a echar otros cuartos arriba, para vivir ahí con mis nietos, y ella hizo el gasto apenas hace como dos años… y ahora se va a derrumbar todo.”

Doña Petrona usa el listón con el que trenzó su cabello para limpiarse las lágrimas, que escurren primero esporádicas, y luego incontenibles.

“Esta calle se llama Rayón, aquí vivo yo, diga por favor que aquí estoy esperando ayuda. Esperando que estoy acá, día y noche, porque mi casita se va a caer.”

–¿Qué es lo que hace aquí? –se pregunta a la mujer, sentada en la banqueta.

–Estoy enfrente de mi casa, aunque se va a caer, estoy enfrente para cualquier cosa. Estoy esperando que lleguen a tirarla.

La calma, explica, es lo que le han pedido sus hijas mantener, y agradecer a dios por no haber muerto sepultadas por la construcción, y así hace, “agradezco a dios”, pero luego su calma se viene abajo, todo su rostro se constriñe en un lamento, y con furia lanza: “Pero cómo no voy a llorar por mi casa”, y su mano, casi hueso y piel solos, se extiende como intentando acariciarla, apuntalarla, mantenerla en pie.

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'El día que descubrí que nací sin vagina por una enfermedad'

Julian Peter nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH). Además de aceptar que no podría tener hijos, la joven debió combatir los prejuicios y la ignorancia de muchos en su comunidad.
19 de agosto, 2020
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Una pregunta de rutina por parte de su médico llevó a Julian Peter, una joven de Kenia de 29 años, a descubrir que había nacido sin útero, sin cuello uterino y sin vagina.

Doce años después, compartió su historia con la BBC. Este es su testimonio.

“Nací con una enfermedad llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH).

Las mujeres que paceden esta enfermedad nacen sin útero, sin cuello uterino y sin vagina, y a veces también sin un riñón.

Como no tengo útero, jamás tuve una menstruación. Pero no me siento mal por eso.

Cuando las personas se enteran de mi enfermedad reaccionan en formas diferentes.

“Pueden decir lo que quieran”

Alguien me recomendó una vez que fuera a algún sitio a pedir que rezaran por mí.

Otra persona afirmó que seguramente mi abuela debía haber hecho algo malo, porque provengo de Ukambani, una región asociada con la hechicería.

Pueden decir lo que quieran, pero lo que realmente importa es la manera en la que yo reacciono.

Si comenzara a prestar atención a las opiniones de otras personas, eso seguramente afectaría a mi confianza y me haría dudar sobre mí misma.

Descubrí que tenía el síndrome a los 17 años. En esa época era una estudiante.

Fui al hospital porque se me hinchaban las piernas.

Lo primero que me preguntó el médico fue cuando había menstruado por última vez. Le respondí que jamás había tenido un período.

En el hospital me hicieron una tomografía, que reveló que mi aparato reproductivo no tenía un orificio exterior.

Me operaron para intentar abrir un canal vaginal, pero la intervención no tuvo éxito.

Otra tomografía mostró que no tenía útero ni cuello uterino y me diagnosticaron con MRKH.

Lloré durante tres días tras ese diagnóstico, pero luego decidí seguir adelante con mi vida.

Tenía solo 17 años y era muy joven, por lo que mi prioridad era volver al colegio.

Estaba todavía en el hospital con mi madre, que me crió sola.

Ella quedó en shock con la noticia, e incluso se preguntaba si como madre tenía alguna responsabilidad y había cometido algún error.

“No quería operarme”

Como había estudiado biología, entendí bien lo que el médico me dijo aquella primera vez.

Pero yo no quería pasar por una operación en ese momento, porque quería terminar mis estudios.

Diez años después, regresé al hospital y tuve otra operación que sí tuvo éxito.

El tipo de MRKH que yo tenía significaba que no tenía útero ni cuello uterino. También carecía de vagina y solo tenía un riñón. La operación fue para crear un cana vaginal.

Mi vida es normal, pues el MRKH no interfiere con cómo yo quiero vivirla.

Pero otras personas con este síndrome precisan de apoyo psicológico profesional para superar el impacto emocional.

Una vez que comprendes las implicaciones de esta enfermedad debes descartar la posibilidad de tener hijos biológicos.

Me hicieron cuatro tomografías en total y en ninguna de ellas se detectó la presencia de ovarios, por lo que tampoco es posible extraer óvulos para fertilización in vitro.

Debemos aceptarnos como somos. Aunque darte cuenta de que no eres como otras mujeres es difícil y precisas tener a alguien con quien conversar.

Conocí a otras personas aquí en Kenia que padecen el mismo síndrome y compartimos nuestras experiencias.

Acepté mi enfermedad desde el comienzo y me acepté a mí misma, por lo que puedo decir que me siento bien.

Explicaciones a mi pareja

Tuve algunas relaciones sentimentales. Y nunca dejo pasar mucho tiempo antes de hablar con quien en ese momento es mi pareja y contarle sobre mi enfermedad.

Si quieren aceptarla, lo harán. Pero los seres humanos son apenas seres humanos.

Y muchos de los hombres a quienes les conté sobre mi síndrome simplemente me dejaron. Otros me acusaron de mentir para ahuyentarlos.

En estos momentos no tengo pareja, pero todo es obra de Dios.

Tuve la operación para construir el canal vaginal en 2018 y aún no me siento preparada para tener una relación sexual.

Tampoco estoy lista para encarar un matrimonio.

Y creo que si algún día me caso, una opción sería adoptar.

Consejos a los padres

Me llevó al menos 10 años decidir hablar públicamente sobre mi historia.

Hay muchas personas que no entienden qué es el MRKH y quiero crear conciencia sobre este síndrome.

Ilustración del aparato reproductivo femenino

Science Photo Library
“Abrir el canal vaginal es una operación dolorosa. Yo recomiendo a los padres que no acepten operar a sus hijas cuando son niñas”.

En primer lugar, a los padres de bebés con la enfermedad les digo que no acepten operar a sus hijas mientras son niñas.

En mi opinión, la cirugía solo debe ocurrir cuando ellas entiendan más sobre el síndrome, porque la operación es un procedimiento complejo y largo.

Es una intervención dolorosa y una niña no entendería qué le está sucediendo.

Los padres también deben informarse sobre este síndrome para poder ayudar a sus hijas a lidiar con el estigma que seguramente enfrentarán.

Formé un grupo de apoyo y sé que las personas con MRKH enfrentan todo tipo de desafíos.

Algunas mujeres están casadas y se ven ante una gran presión por parte de sus suegros, quienes quieren nietos. Una joven me contó que sus suegros la acusan de ser en realidad un hombre.

Así que en mi grupo escuchamos a las personas y las alentamos.

Lo importante es ayudarnos entre nosotras porque esta travesía puede ser difícil”.


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