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Pacientes de hospitales al sur de CDMX, sin información sobre seguridad de inmuebles tras sismo
Pocos son los hospitales de la Secretaría de Salud, ubicados en la zona de Huipulco, que han informado a usuarios sobre el estado de sus edificios tras el sismo, otros no tienen sus dictámenes a la vista y en algunos nadie tiene datos al respecto.
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Por Ernesto Aroche
23 de octubre, 2017
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A 30 días del sismo de magnitud 7.1 que afectó la Ciudad de México, los usuarios tienen poca información sobre la seguridad de los hospitales e institutos de la Secretaría de Salud federal ubicados en el sur de la capital.

Dos de ellos han publicado en sus páginas de internet sus dictámenes: el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y el de Ciencias Médicas y Nutrición, pero no los tienen al alcance del público en sus instalaciones, además que fueron emitidos dos semanas y hasta un mes después del sismo.

El Instituto Nacional de Cardiología sí cuenta con el dictamen pero está archivado y no es visible para el público, a menos que se solicite.

En el Hospital General Manuel Gea González no hay información sobre afectaciones ni en la página ni en la entrada del nosocomio, tampoco hay dictamen que asegure a los usuarios que no hay nada que temer

Tampoco hay quien atienda si alguien busca saber algo más sobre la situación del nosocomio. Eso es lo que dicen en la entrada, “que mejor se pregunte en la Secretaría de Salud federal”.

La falta de información sobre el estado de los hospitales tras el sismo ha generado dudas y temor a algunos usuarios.

En el INR, familiares de pacientes con los que Animal Político habló señalaron sus dudas sobre la estructura del lugar, especialmente porque el lugar está abarrotado de personas con problemas de movilidad debido a la especialidad (Rehabilitación): en sillas de ruedas, en muletas, con alguna discapacidad motriz o adultos mayores, cuyo rápido desalojo en caso de emergencia es casi imposible.

El Instituto Nacional de Pediatría emitió un comunicado al día siguiente del sismo asegurando que se realizó una revisión por parte del grupo de protección civil y los arquitectos del propio instituto, quienes concluyeron que no había daño estructural y sólo daños menores en los acabados de los inmuebles.

Al día siguiente, personal de la Dirección de Desarrollo de la Infraestructura Física de la Secretaría de Salud hizo una segunda evaluación sin encontrar daños que comprometieran la estructura de las instalaciones, por lo que se autorizó reactivar el funcionamiento del nosocomio en su totalidad. Lo que no se hizo fue una revisión por parte de un Director Responsable de Obra.

Se pidió a la Secretaría de Salud un reporte sobre el estado de la infraestructura de salud en la zona de hospitales de Tlalpan, pero hasta el cierre de edición no hubo respuesta de la institución.

Grietas por todos lados

El Instituto Nacional de Rehabilitación es un conglomerado de 13 edificios que ofrecen lo mismo servicios médicos y de hospitalización que educativos y de investigación, y fue inaugurado en noviembre del año 2000.

Diecisiete años después, los sismos de septiembre tumbaron y fisuraron aplanados y muros. Animal Político constató que en el edificio de Consulta Externa hay grietas visibles de hasta cuatro centímetros de ancho y fisuras en áreas estructurales, como las columnas.

El movimiento telúrico del 19 de septiembre tiró vidrios y dañó ventanas, y provocó, como en el resto del centro del país, momentos de miedo e incertidumbre, pero no dañaron estructuralmente al inmueble, asegura José Clemente Ibarra Ponce de León, el director del Instituto.

Fue hasta la segunda semana de octubre que se publicó en la página de internet del organismo el primer dictamen que certifica que el inmueble que ocupa la Escuela Superior de Rehabilitación es una “construcción segura”. El dictamen del resto de los inmuebles se recibieron recién el 16 de octubre, aseguró el director del INR, y se publicaron en su página de internet el día 18, prácticamente un mes después del sismo.

Ninguno de esos documentos son visibles en las instalaciones del Instituto, porque a decir del galeno sería complicado estar pegando copias en las paredes de todos los edificios, aunque en el recorrido que hizo Animal Político se observó que hay espacios en los inmuebles que sí se ocupan para notificar o promocionar actividades a trabajadores y usuarios.

Ibarra Ponce de León aseguró que tras el sismo, el personal del propio Instituto hizo una primera revisión, después vino el personal de la delegación Tláhuac, quienes también avalaron la seguridad del inmueble –al respecto la delegación aseguró que ellos no realizaron revisión alguna, ya que eso correspondía a la Secretaría de Salud; una tercera revisión la realizaron ingenieros de Grupo Carso.

Todos coincidieron en que no hubo daño estructural, aunque faltaba el dictamen oficial que corrió a cargo de José Isaac Góngora Araujo, Director Responsable de Obra folio 1795, con fecha del 13 de agosto.

Pero de eso pocos usuarios y trabajadores tienen pleno conocimiento pues la información no fue difundida oportunamente.

Un empleado del Instituto -que pidió no revelar su nombre ni el área en que trabaja para evitar represalias- admitió que a lo largo de este mes después del sismo han trabajado todos los días con miedo.

Al no haber recibido una comunicación oficial con el dictamen, trabajadores y pacientes dicen sentirse inseguros dentro de ese lugar.

“En la cafetería se desprendió un vidrio -a la altura del techo- y se cayó, a nadie le pasó nada porque la gente alcanzó a salir, pero justo en esa pared hay una grieta de lado a lado. Antes ya se había caído un cristal de ahí porque a un trabajador se le cayó un desarmador y salió herida una señora, es muy inseguro”, relata el empleado y señala las ventanas de las escaleras, donde hay fragmentos sueltos que podrían caer.

“Diario estoy pensando a qué hora esto se viene abajo, y no está padre… Psicológicamente está muy mal que estés esperando a ver a qué hora se cae esto”, cuenta el trabajador.

Un inspector de la empresa aseguradora NY Life contó que durante los periodos que han estado en el inmueble para comenzar a cuantificar los daños, familiares y pacientes los han cuestionando sobre la seguridad del lugar.

“Hay algunos muros donde el aplanado es hasta de seis centímetros”, explicó el inspector a pacientes que le mostraron las fisuras en las escaleras preocupados. “Nosotros no somos expertos pero sí tenemos ese conocimiento… Por lo menos seis veces al día nos preguntan ‘¿se va a caer?’, pero no, no se cae. Si estuviera dañado el edificio se vería en columnas”.

El director del INR asegura que aún cuando apenas está entrando la aseguradora ya comenzó el trabajo de recuperación y rehabilitación del inmueble, un trabajo que está realizando Grupo Carso y al que esperan que se le pague una vez que la aseguradora cubra los daños.

“Están ya trabajando en la reparación de dos pisos. Uno de ellos es de la escuela para que ya puedan regresar pronto a clases, y uno de los pisos de hospitalización, que por supuesto hay que vaciar para que se pueda trabajar. Una vez listo ese piso, pasaremos pacientes de otros pisos a los pisos ya reparados para que puedan trabajar en otros, no hay un orden en particular, se está haciendo primero en los pisos que tenían menos pacientes para causar menos incomodidad”.

En el archivo

El Instituto Nacional de Cardiología (INC) igual que muchos de los edificios de la zona tuvo daños menores, fisuras en columnas, muros y acabados. Juntas dañadas y estallamiento o agrietamiento de plafones.

La tarde del 19 de septiembre pararon actividades, sacaron pacientes y su equipo interno de protección civil revisó el lugar, notificó al Centro Virtual de Operaciones en Emergencias y Desastres, organismo que coordina la Secretaría de Salud y gobierno federal.

Tras esa primera revisión, explica el arquitecto Vidal Galindo, subdirector de servicios generales del INC, se decidió regresar de inmediato a las actividades, y aunque pidieron una revisión a Protección Civil de la delegación, esta no llegó. Quienes sí llegaron cuatro días después fueron integrantes de la Sociedad Mexicana de Arquitectos Especializados en Salud, quienes realizaron una inspección física y emitieron una opinión técnica.

En sus conclusiones señalan: “para ser una estructura de poco más de 40 años de servicio y las condiciones a las que ha estado expuesta durante este periodo su comportamiento se considera más que aceptable” y que “la estabilidad estructural del inmueble no se encuentra comprometida”.

El documento tiene fecha de acuse del 17 de octubre y se encuentra archivado en la subdirección de servicios generales, y no es visible para usuarios o trabajadores del lugar.

“Teníamos que seguir trabajando, somos una institución de salud y en una situación como la que se vivió el 19 de septiembre era importante seguir atendiendo personas –dice Mario Solís responsable del equipo de Protección Civil del INC–. Ese día no tuvimos pacientes afectados por el sismo, pero sí nos llegaron varias personas en el sismo del 23, ahí sí hubo infartados”.

De hecho, notas periodísticas recogen al menos dos casos de personas que fallecieron ese día en la calle producto de un paro cardiaco tras escuchar la alerta sísmica, debido al miedo a un nuevo temblor.

Información a la vista

En la puerta de entrada del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino de Sahagún hay un papel pegado en donde se lee que el inmueble fue revisado por el DRO (1063) Víctor Arturo Rangel Beltrán el 28 de septiembre, aunque el documento se emitió hasta el 5 de octubre, es decir, tres semanas después del sismo.

En él se señala que aunque la estructura principal está sana, el inmueble tiene muros divisorios tanto en fachada como intermedios que presentan grietas, “pero no son elementos estructurales por lo tanto la estabilidad del edificio está trabajando de acuerdo a su diseño”.

Y agrega: “el inmueble inspeccionado se considera en condiciones favorables para ser ocupado, sin dejar de atender los resanes en muros y fachadas”.

A su costado, el Instituto Nacional de Cancerología también tuvo daños menores, en acabados, sin evidencia de daño estructural, de acuerdo con el arquitecto Antonio Heberto Castillo Juárez DRO-1778.

En ambos casos la documentos están pegados en los accesos a los inmuebles, aunque no están para su consulta en la página de internet respectiva.

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BBC
"El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa"
En su último libro, Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, argumenta que el exceso de trabajo y el estrés han provocado la muerte de miles de personas en Estados Unidos y el resto del mundo a causa de un sistema laboral que se ha vuelto "inhumano".
BBC
22 de marzo, 2019
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Cuando Jeffrey Pfeffer afirma que “el trabajo está matando a la gente y a nadie le importa”, no lo dice en un sentido metafórico.

Lo dice tal cual, con todas sus letras, basándose en las investigaciones que ha realizado durante décadas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Pfeffer, profesor de la Escuela de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford y autor o coautor de 15 libros en el campo de la teoría organizacional y el manejo de recursos humanos, argumenta en su último libro, “Muriendo por un salario” (Dying for a paycheck, en inglés), que el sistema de trabajo actual enferma e incluso termina con la vida de las personas.

En él relata el caso de Kenji Hamada, un hombre de 42 años que murió de un ataque al corazón en su escritorio en Tokio. Trabajaba 75 horas a la semana y demoraba cerca de dos horas en llegar a la oficina.

Justo antes de su muerte, había trabajado 40 días seguidos sin parar y su viuda declaró que Kenji estaba excesivamente estresado.

Ese es solo uno de muchos ejemplos incluidos en la publicación, donde el autor pone en contexto los efectos de un sistema de trabajo que en ocasiones se torna “inhumano” por la excesiva carga laboral.

fsdf

BBC

Según la evidencia recopilada por Pfeffer, en Estados Unidos, el 61% de los empleados considera que el estrés los ha enfermado y el 7% asegura haber sido hospitalizado por causas relacionadas con el trabajo.

De hecho, sus estimaciones apuntan a que el estrés está relacionado con la muerte anual de 120.000 trabajadores estadounidenses.

Y desde un punto de vista económico, destaca el académico, el estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en ese país.

En BBC Mundo hablamos con él.


En su libro usted menciona que existe un sistema laboral tóxico que está matando a la gente. ¿Qué evidencia tiene al respecto y cómo el trabajo moderno afecta a los empleados?

Existe evidencia de sus efectos sobre la salud. Las largas jornadas laborales, los despidos, la falta de seguro médico, el estrés provocan una enorme inseguridad económica, conflictos familiares y enfermedades.

El trabajo se ha vuelto inhumano. Por una lado las empresas, de una manera fundamental, se han desentendido de la responsabilidad que tienen con sus empleados.

Pero también ocurre que así como crece la “economía gig” (de trabajadores independendientes), también crece la inseguridad laboral.

¿Quién es responsable de este fenómeno?

Si piensas en los años 50 o los 60, los directivos decían que era necesario equilibrar los intereses de los empleados, los clientes, los accionistas. Ahora todo está centrado en los accionistas.

Esqueleto

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Pfeffer dice que el estrés está relacionado con la muerte de 120.000 trabajadores estadounidenses al año.

En los bancos de inversión, por ejemplo, hay una práctica muy generalizada bajo la cual trabajas, vas a tu casa a darte una ducha y regresas a la oficina.

Bajo ese sistema, muchos empleados se vuelven drogadictos, porque terminan consumiendo cocaína y otras drogas para mantenerse despiertos.

Aunque el fenómeno que usted describe sería transversal, ¿hay ciertos sectores más afectados?

Un empleado de una fábrica, un piloto de avión, un conductor de camión, tiene un límite máximo de horas que puede trabajar.

Pero irónicamente, en muchas de las profesiones no hay límites.

En el caso de Estados Unidos, usted ha escrito que el lugar de trabajo es la quinta causa de muerte en Estados Unidos

Al menos la quinta causa, quizás más.

¿Y quién se hace cargo de esas muertes?

Los empleadores son responsables y los gobiernos son responsables por no hacer nada al respecto.

Enfermera

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El 61% de los empleados en Estados Unidos considera que el estrés los ha enfermado.

¿Entonces qué papel juega la política en todo esto?

Tiene un rol enorme. Tenemos que hacer algo para detener esto. Pero no seremos capaces de hacer nada a un nivel individual.

Si quieres resolver el problema de manera sistémica, se requiere una intervención sistémica que debe provenir de algún tipo de regulación.

¿Cómo reaccionan los directivos de empresas cuando usted conversa con ellos?

Nadie argumenta que los datos no son correctos, porque los datos son bastante abrumadores. Pero esto es como el juego de la “papa caliente”: la gente ve el problema, pero nadie quiere hacerse cargo.

De hecho, los costos de salud son enormes. Las condiciones de trabajo causan enfermedades crónicas como diabetes o problemas cardiovasculares.

Pero también hablando de costos, las empresas pueden replicar que hacer cambios al sistema de trabajo afectará las ganancias corporativas

Es que eso no es verdad. Sabemos que la gente estresada tiene una mayor probabilidad de renunciar. Sabemos que los empleados enfermos -psicológica o físicamente enfermos- son menos productivos.

Sabemos, por estudios realizados en Estados Unidos y en el Reino Unido, que sobre el 50% de todos los días laborales perdidos por ausentismo están relacionados con el estrés laboral.

Hombre abrumado

Getty Images
El estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en Estados Unidos, según Pfeffer.

El Instituto Estadounidense del Estrés calcula que el costo anual es de US$300.000 millones al año.

Entonces es muy caro tener trabajadores enfermos o empleados que van a trabajar, pero con bajo rendimiento. Esto le cuesta a las empresas una fortuna.

Desde el lado de los trabajadores, usted ha escrito que las personas deberían cuidarse a sí mismas. Pero si un empleado reclama por mejores condiciones laborales, es muy probable que termine despedido. ¿Cómo se pueden cambiar las condiciones de trabajo?

Primero, los empleados tienen que asumir la responsabilidad de cuidar su propia salud.

Si vas a trabajar a un lugar donde no te permiten equilibrar tu vida laboral y tu vida familiar, tienes que irte.

Entonces la gente contesta: “No me puedo ir”. Y yo digo: “Si estás en una sala y esa sala está llena de humo, intentarás salir de ahí, porque las consecuencias para tu salud serán muy severas”.

Lo otro es que la gente tiene que presionar para que existan leyes y actuar colectivamente para protegerse, porque también hay costos para la sociedad.


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