La dura lucha contra el cáncer de mama 3 meses después de parir mellizos
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Paula Sánchez / BBC Mundo

La dura lucha contra el cáncer de mama 3 meses después de parir mellizos

Hacía tres meses que Paula había dado a luz a mellizos cuando le tocó lidiar de repente con el cáncer, el cual logró vencer.
Paula Sánchez / BBC Mundo
Por Inma Gil Rosendo / BBC Mundo
19 de octubre, 2017
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Hacía tres meses que Paula había dado a luz a mellizos cuando le tocó lidiar de repente con una frase que durante meses retumbaría en su cabeza: PROLONGAR TU VIDA.

Tenía 35 años, tres hijos y un hogar lleno de proyectos.

Ahora, desde el otro lado de la línea telefónica, en Chile, Paula Sáenz me repite esas palabras que oía de los médicos y lo recuerda como una frase aséptica, lejana, que no creía que le estuvieran diciendo a ella.

Sin preaviso, lo que parecía un insignificante “quiste de leche” se transformó en un cáncer de mama con metástasis en los ganglios.

Uno más de los 1,7 millones de casos nuevos de cáncer de mama que se diagnostican cada año en el mundo, el más común entre las mujeres y también uno de los más letales.

Pero Paula solo lloró un rato en el momento de la noticia, junto a su pareja.

Las tres semanas siguientes se las pasó como “una pelota que va para todos lados, pa’lante y pa’atrás, llena de información”.

Paula con sus mellizos poco antes de su diagnótico de cáncer. (Crédito: Paula Sáenz)
A tres meses de haber dado a luz, Paula le daba vueltas a la ironía de su maternidad: “¿Para qué haberlos parido si al tiro me voy?”. (Crédito: Paula Sáenz)

Cuenta Paula, que es productora freelance de televisión, que por primera vez en su vida necesitó comprarse una agenda para anotar todas las citas médicas y exámenes que se tenía que hacer.

“Te cambia la película. De repente te metes en un mundo que… yo no lo podía creer”.

“Yo decía pero, ¿por qué me hablan de “prolongar tu vida” si yo no me puedo morir?, ¡yo tengo muchas cosas que hacer!”.

A los 20 días del diagnóstico Paula se sometió a una cirugía en la que le sacaron “un pedazo” del pecho.

Otros 20 días después empezó la quimioterapia.

El fantasma de la muerte

Con la palabra cáncer, “que es tan grotesca”, dice Paula, empezaron todas las fantasías de la muerte.

Pensaba “voy a dejar a estos tres niños chicos… qué va a ser de mis hijos… no los voy a ver crecer… no los voy a ver en el acto del colegio…”.

Paula Sáenz con dos de sus hijos (Crédito: Paula Sáenz)
Paula Sáenz con dos de sus hijos. (Crédito: Paula Sáenz)

Y le daba vueltas a la ironía de su reciente maternidad: “¿Para qué haberlos parido si al tiro me voy?“.

Cuenta que estaba muy asustada con la muerte porque nunca escuchó de un médico que iba a estar bien.

Nunca me dijeron que me iba a sanar“, recuerda.

“Me decían: ‘Todo esto lo estamos haciendo para intentar prolongar tu vida’, esa frase que a mi tanto me llamaba la atención”.

Pelo en la boca

Tras la operación, Paula tuvo que hacer ocho sesiones de quimioterapia, un tratamiento del que poco sabía, solo que a la gente se le caía el pelo.

“Las primeras cuatro sesiones eran de las que te matan”, recuerda, de esas “que te botan, que te dejan con náuseas, sin energía para nada”.

“Las siguientes eran de las que no te sientes tan mal pero te dan unos dolores fortísimos en los huesos. Así me las describieron y así fueron”.

“Al principio no me sentía mal y pensé que lo iba a lograr pero uno se demora dos días y te bota, definitivamente”.

“Y empezó paulatinamente a soltárseme el pelo”.

En la mañana me levantaba y estaba la almohada llena de pelo… y entonces me lo corté muy cortito“.

“Pero era muy insoportable. Tenía todo el día pelo en la boca, en la ropa…”.

Paula Sáenz con sus hijos (Crédito: Paula Sáenz)
Paula aprovechó que su hijo mayor de 3 años tenía piojos para decirle que se iban a rapar el pelo juntos. (Crédito: Paula Sáenz)

Paula aprovechó que su hijo mayor, de 3 años, tenía piojos para decirle que se iban a rapar el pelo juntos. Y como su pareja también era pelado y los mellizos también, dice “éramos la familia pelada“.

“En eso funcionó perfecto la estrategia”, comenta con humor.

Pero “lo de la caída del pelo es bien impactante para el resto”.

“Una amiga me trajo de Londres uno pañuelos superbonitos, supermodernos, que se ponían de una manera distinta, un poquito más hippies… y con eso andaba yo todos los días, nunca salía a la calle con la cabellera pelada”.

“Pero más que miedo a cómo me iba a ver yo, tenía miedo de cómo me iban a ver los otros”, reflexiona, porque “pensaba que la gente se iba a impresionar, se iba a impactar, van a pensar que yo estoy muy mal…”.

“Yo no quiero que me vean mal, porque yo estoy fuerte, yo tengo ganas, yo voy a hacerla“.

“Yo no quiero seguir”

Pero el tratamiento con quimioterapia se le hizo a Paula interminable.

Empezó a sentirse muy desganada y llegó un punto en el que le dijo a su marido “yo no quiero seguir“.

Le bajaron tanto las defensas que no podía estar cerca de sus hijos para que no la contagiaran de nada.

A mi hijo le dio la escarlatina y yo lo veía pasar por la ranura de mi puerta“.

Paula se decía a sí misma que solo tenía que aguantar un poco más, “esconder la cabeza y aguantar esta”.

Pero todavía le quedaba un camino largo: la segunda parte de la quimio, la radioterapia y cinco años más de hormonoterapia.

Fue ahí cuando acudió al psicólogo para que le ayudara a manejar lo que le estaba pasando, porque “solo aguantando no lo iba a lograr”.

“Huesos que no sabía que existían”

Con la segunda parte de la quimio sintió tanto dolor que hasta se incomoda al recordarlo.

Me dolieron huesos que no sabía que existían y que me aparecieron porque me dolían“.

“Desde los dientes, el cráneo, la cara… todo, todo me dolía”.

Paula Sáenz sonriendo (Crédito: Paula Sáenz)
Terminados los cinco años de terapia hormonal… “¡florecí, po!”, dice Paula. (Crédito: Paula Sáenz)

Después empezaron varios meses de radioterapia diaria, que comparado con la quimio “no es nada”, comenta.

Paula siente que volvió a vivir aproximadamente un año después de su diagnóstico inicial.

“Empecé a trabajar, que era lo que yo más necesitaba también. Necesitaba el dinero y necesitaba salir”.

Pero aún le quedaban cinco años más de un tratamiento hormonal que ella describe como “horrible” pero al que se acabó acostumbrando.

“Te acostumbras a vivir horrible. Es como una menopausia de cinco años: los bochornos, la baja líbido, la gordura, el bajo de ánimo…”.

Seis años después del diagnóstico… “¡Florecí, po!”

Después de la terapia hormonal, Paula siente que su cuerpo empezó a volver a su estado natural.

“Y de ahí en adelante… ¡Florecí, po!”.

Paula Sáenz con su madre (Crédito: Paula Sáenz)
“El olor de la quimio es tan fuerte, tan característico, que me tuve que salir y dejarla sola…”. (Crédito: Paula Sáenz)

“Pero es muy loco porque cuanto terminas tu tratamiento y te dicen ‘ya está, ya no hay nada más que hacer’, te quedas a la deriva“.

“Yo estaba muy aterrada. Quería seguir haciéndome quimio porque pensaba que eso me iba a mejorar más”.

“De repente me sentía como desprotegida“.

Y durante los primeros tres o cuatro años Paula le tenía terror a los exámenes anuales en los que tenía que revisar su estado de salud. “Lo viví supermal. Tenía mucho miedo, mucho miedo”.

Afortunadamente todos fueron positivos, pero aún así Paula no le pudo decir adiós a la enfermedad.

Vuelta a empezar, pero del otro lado

“Cuatro años después de mi cáncer le dio el mismo cáncer de mama a mi madre”.

Tenía 71 años y a ella sí le sacaron la mama completa.

Gloria Díez con su nieto Simón. (Crédito: Paula Sáenz)
Gloria Díez con su nieto Simón. (Crédito: Paula Sáenz)

“Eso fue muy, muy aterrador para mí, saber que ella iba a pasar por lo mismo que yo pasé. Me volvieron los fantasmas del pasado… me costó mucho”.

“Yo la acompañé cuando se hizo la primera quimio, y no pude estar ahí con ella, el olor es tan fuerte, tan característico, que me tuve que salir y dejarla sola…

“Entendí y sentí lo difícil que es para ‘el otro’ tener a alguien cercano con cáncer, entendí lo que sufrió y se preocupó mi familia”.

Hace 13 años que Paula empezó esta odisea.

Nunca se hizo un examen genético para saber si es portadora de alguna mutación del gen BRCA, apodado “el gen de Angelina Jolie”, asociado a un mayor riesgo de cáncer de mama.

Pero su hija Sofía, ahora adolescente, sabe que siempre tiene que estar atenta a cualquier cambio que note en sus mamas.

Paula con su hija Sofi. (Crédito: Paula Sáenz)
“No le tenemos miedo a nada… ese es el espíritu!”. (Crédito: Paula Sáenz)

“Pero no le tenemos miedo a nada… ese es el espíritu!”.

Además, “no es todo tan oscuro”, matiza Paula. “Pasan cosas lindas con estas enfermedades también”.

“Te ayuda gente que no te esperas que te ayude, conoces mejor a tus amigos, ves como tu gente, tu familia y amigos se mueven por ti”.

Además de esa energía positiva que recibió, Paula cree que lo que le pasó le ayudó a entenderse y a conocerse mejor.

“Yo no soy la misma. No soy muy distinta tampoco, pero tuve un cambio de giro superpotente”.

Esta experiencia solo te puede ayudar a ser mejor“.

Paula con amigas (Crédito: Paula Sáenz)
Lo “lindo” del cáncer es que “te ayuda gente que no te esperas que te ayude, conoces mejor a tus amigos, ves como tu gente, tu familia y amigos se mueven por ti”, dice Paula. (Crédito: Paula Sáenz)

Ahora se hace revisiones anuales, “quizás con más susto que otras mujeres, pero mucho más relajada. Ni ando asustada ni pienso que los exámenes me van a a dar mal… para mí es como un trámite”.

Todavía le cuesta vestirse porque dice que sus mamas “son muy raras”, una más pequeña que la otra por la operación. Pero eso es algo que no le afectó demasiado a su autoestima ni a su identidad como mujer.

Hoy día yo no me pierdo ni un acto del colegio de mis hijos. Ninguno. Esté donde esté, tenga el trabajo que tenga, no me lo pierdo”.

Tras despedirnos, la línea se quedó conectada unos segundos más y escuché sin quererlo cómo al colgar Paula daba un respiro grande y profundo que me conmovió a 11.700 km de distancia.

Me sonó a alivio, a una exhalación de mil emociones, de mil recuerdos.

Al rato, por mail, me dijo: “A mí también me hace bien hablar de esto”.

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Tokio: Naomi Osaka, la "tenista rebelde" que está cambiando Japón

La tenista ha causado una verdadera revolución en Japón al poner sobre la mesa temas que en esa sociedad suelen ser un tabú.
24 de julio, 2021
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Naomi Osaka cuenta una historia.

Ocurrió en Florida, donde los mejores tenistas jóvenes del mundo se congregan y compiten.

Osaka, de unos 10 años, se estaba preparando para un partido del prestigioso torneo Orange Bowl cuando escuchó una conversación de su oponente japonés.

“Estaba hablando con otra chica japonesa”, le dijo Osaka al diario Wall Street Journal.

“Y no sabían que yo estaba escuchando o que hablaba japonés”.

“Su amiga le preguntó con quién estaba jugando”, contó Osaka. “Y su amiga dijo: ‘Oh, esa chica negra. ¿Se supone que es japonesa?’. Y luego la chica con la que estaba jugando dijo: ‘No lo creo’ “.

Todo el mundo lo sabe ahora. Osaka, la hija de madre japonesa y padre haitiano, criada en Estados Unidos, es el rostro de Tokyo 2020.

En cada parada de autobús en Tokio, la joven de 23 años aparece mirando hacia abajo desde un anuncio, saludando a los pasajeros locales e internacionales. Está vestida con una chaqueta rosa neón sobre ropa deportiva negra.

Naomi Osaka

Getty Images

El lema del anuncio está escrito mitad en inglés y mitad en japonés. Es la palabra “nuevo”, seguida de un símbolo que puede traducirse como “mundo” o “generación”.

Funciona. Porque Osaka, quien renunció a su ciudadanía estadounidense en 2019 en favor de su herencia japonesa, está trayendo más que títulos a su tierra natal. Ella está trayendo cambio.


“Nos sentimos un poco alejados de ella”

No es necesario volver a la infancia de Osaka para encontrarse con interrogantes sobre cómo encaja en la sociedad japonesa.

“Para ser honesto, nos sentimos un poco alejados de ella porque es muy diferente físicamente“, dijo Nao Hibino, actualmente la número tres de Japón, mientras Osaka avanzaba hacia los escalones más altos del tenis femenino en 2018.

“Creció en un lugar diferente y no habla tanto japonés”, agregó. “No es como Kei (Nishikori), que es un jugador japonés puro”.

Osaka no es la primera deportista de raza mixta o “hafu” que genera este tipo de interrogantes.

Sanchio Kinugasa

Getty Images
La estrella del béisbol Sachio Kinugasa era hijo de padre afroestadounidense y madre japonesa.

Sachio Kinugasa and Hideki Irabu eran estrellas del béisbol.

Ni ellos ni el público japonés estaban interesados ​​en hablar sobre sus padres estadounidenses -soldados que ocuparon el país después de la Segunda Guerra Mundial- o la discriminación que enfrentaron.

Osaka es diferente.

“Algunas personas mayores han planteado ideas sobre cómo debe hablar y comportarse una atleta japonesa en público”, explica Hiroaki Wada, reportera del periódico Mainichi de Japón.

Naomi no encaja en ese molde tradicional. Ella visibilizó esos problemas a través de sus palabras y acciones en Japón”, agrega.

“El tema de la raza y la identidad se discutieron más en los medios y en las redes sociales gracias a ella, incluidas sus declaraciones políticas. Es una figura que despierta pensamientos y reacciones”.

Sus denuncias contra el racismo

Osaka entró en el club reservado a los jugadores en el US Open del año pasado con un plan. Empacó siete mascarillas faciales diferentes. Una para cada ronda del torneo. Cada una con el nombre de un estadounidense negro que murió por presunta violencia policial o racista.

Las usó todas, mostrando los nombres de George Floyd, Breonna Taylor y Trayvon Martin a una audiencia global en su camino hacia el título.

Ese es un tema con el que Japón, una de las naciones con menor diversidad étnica del mundo, todavía lucha.

Naomi Osaka

Getty Images
Osaka utilizó mascarillas en el US Open denunciando el racismo en EE. UU.

Por ejemplo, la emisora pública japonesa NHK se disculpó el año pasado después de que una película animada que explicaba las protestas por la justicia racial caricaturizara a las personas negras y excluyera algunas de las razones clave del movimiento.

Y en 2019, la compañía japonesa de fideos instantáneos Nissin publicó, y luego retiró, un anuncio con una ilustración de Osaka con piel blanca.

Es un tema que está arraigado profundamente en otras generaciones. La madre y el padre de Osaka emigraron a Estados Unidos cuando ella tenía 3 años, sin la aprobación de sus abuelos maternos.

“Creo que lo que ha pasado en el último año ha sido un proceso de aprendizaje para los japoneses“, dice Robert Whiting, autor de Tokyo Junkie, un libro que detalla sus casi 60 años viviendo en la ciudad.

Naomi Osaka

Getty Images

“Ha habido una discusión en programas de televisión, explicando por qué Naomi se siente de esa manera y habla del modo en que lo hace”.

“En Japón, la tradición es evitar conflictos y discusiones. No es como en Estados Unidos, donde es algo común”, agrega Whiting.

“Generalmente, cuanto más famoso, más taciturno eres. No quieres ninguna controversia, no quieres que eso se refleje en tus compañeros de equipo, tu organización o patrocinadores”.

“El individualismo es algo muy valorado en Occidente, pero no en Japón. Aquí, la armonía es lo más importante”, explica.

Largos episodios de depresión

Si el año pasado el tema giraba en torno al origen de Osaka, este año lo ha hecho sobre su vida.

En mayo, después de decir inicialmente que no hablaría con los medios durante el Abierto de Francia, se retiró de ese torneo y luego de Wimbledon, citando problemas de salud mental y largos episodios de depresión durante los tres años anteriores.

Naomi Osaka

Getty Images

Los Juegos Olímpicos de Tokio marcan su regreso a la cancha después de dos meses.

Ella es la figura japonesa de más alto perfil que ha instalado el problema de la salud mental en la opinión pública. Pero no es la única.

La futbolista internacional Kumi Yokoyama, de 27 años, reveló el mes pasado que es transgénero y que tiene la intención de hacer la transición por completo a hombre, una vez que se retire del deporte.

Explicó cómo haber jugado en Estados Unidos y Alemania le había hecho tomar conciencia de la ignorancia y los prejuicios en Japón.

En 2020, Hana Kimura, una luchadora profesional, se quitó la vida después de aparecer en Terrace House, un popular reality show.

En la población japonesa en general, el número de personas que reportan problemas de salud mental se ha duplicado entre 1999 y 2014.

“Tradicionalmente en nuestra nación, recordando cuando era niño, hace 40 años, era vergonzoso que tú o un pariente tuyo tuvieran un problema de salud mental”, dijo el periodista Hiroaki Wada.

“En general, la percepción de debilidad, probablemente más entre los atletas, ha impedido que la gente hable”.

“Pero las cosas están cambiando. La gente se está volviendo más abierta a admitir que las personas tienen problemas de salud mental y que es algo con lo que tenemos que lidiar”, comentó.

Osaka y la nueva generación japonesa

Y Whiting no tiene ninguna duda de dónde viene ese cambio.

“Creo que Naomi Osaka y otros japoneses de raza mixta todavía son forasteros hasta cierto punto”, apunta.

Naomi Osaka

Getty Images

“Pero esta generación de japoneses es mucho más sofisticada que las generaciones anteriores, tienen una perspectiva mucho más global con el acceso a internet y a innumerables canales de televisión”.

“Hay un entendimiento más amplio que no existía cuando llegué en la década de 1960 o en las décadas de 1980 y 1990. El mundo es un lugar mucho más pequeño ahora y Japón se ha beneficiado de eso”.

Un nuevo mundo. Una nueva generación. Como sea que lo expliques, Osaka es una parte importante del cambio.


BBC Mundo en Tokio

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