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Cuartoscuro
Se vende, se renta: habitantes de la Condesa dejan la vida en su barrio por temor tras el sismo
Desde el sismo del pasado 19 de septiembre, se observan más anuncios de “se vende” o “se renta” en edificios de la colonia Condesa; habitantes narran que optaron por mudarse debido a los daños en los inmuebles, que los hacen sentir inseguros.
Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
2 de octubre, 2017
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En los últimos nueve años Ángel Otamendi vivió en el tercer piso del edificio ubicado en la esquina de Sonora y Avenida México, frente al Parque México. Todos los días caminaba unas cuantas calles para llegar a su oficina ubicada en la calle de Ámsterdam, hasta el pasado 19 de septiembre, cuando el sismo de magnitud 7.1 que golpeó el centro del país rompió con su cotidianidad. Este domingo dejó la colonia Condesa.

El edificio marcado con el número 11 no tiene daños estructurales, se los dijo Protección Civil y el Director Responsable de Obra, pero sí tiene ventanas rotas y grietas en las paredes. Además hay una fuga en una de las tomas de agua, que no ha podido ser reparada. No saben cuánto tiempo tardará el edificio en volver a ser habitable al 100%.

En la acera de enfrente, sobre la calle Sonora, en el número 149, hay un edificio de 7 plantas en el que se colapsaron un par de pisos, y tendrá que ser demolido. En la esquina de Sonora y Ámsterdam hay otro más, de 9 pisos que también tendrá que destruirse. Las demoliciones pueden provocar una onda expansiva, y Ángel y sus vecinos no saben qué impacto tendrá sobre el inmueble que habitaban.

“Lo que nos dijo el estructuralista es que había que esperar a que sucedieran estos dos eventos, para ver cómo se comporta el edificio, y ya entonces ver los trabajos de reparación. En dos meses, al menos, no vamos a poder vivir en el edificio”.

Ángel no es propietario, rentaba. La dueña es una mujer de edad avanzada que vivía de la renta de dos departamentos en el edificio, y Ángel no sabe si tendrá posibilidades de arreglarlos pronto. Por eso él y otros de sus vecinos han comenzado el desalojo del inmueble.

El caso de Ángel es sólo uno de varios , de personas que han comenzado a dejar la zona, por falta de seguridad o miedo. No todos, como Ángel, tienen ya una nueva vivienda a dónde trasladarse. Una mujer que habitaba en el edificio de Ámsterdam 122, y que prefiere no dar su nombre, cuenta que ella aún no consigue donde reinstalarse, así que por lo pronto dejará sus muebles en una bodega.

Leer más: Sismo deja más de 3 mil edificios dañados en la CDMX; decenas tendrán que ser demolidos.

Mientras negocia con los propietarios del inmueble que le devuelvan el depósito del departamento que deja, pues ya no se siente segura en la zona que habitó, por seis años. Dos en la Hipódromo Condesa, y cuatro en la Roma.

Guillermo Contreras es mudancero. Es domingo y está estacionado a unos metros del edificio Basurto, en la Avenida México, con las puerta trasera de su camioneta de tres toneladas abierta esperando iniciar con una mudanza más.

En la última semana el trabajo se le ha acumulado, solía hacer un promedio de tres o cuatro mudanzas por semana, y ahorita están realizado dos o tres por día.

“Hay mucha gente que ya se ha ido al Estado de México, Santa Mónica, Tlanepantla… lo que busca es salir de esa zona que quedó muy afectada. Han sido mudanzas pequeñas, los que se mudan consiguen permiso para usar una recámara, para que se puedan mover en lo que arreglan el asunto de sus departamentos”.

Dice que el costo de sus servicios depende de lo que haya que mover y la distancia a recorrer, pero que por una mudanza pequeña hasta Tlanepantla cobra como 2 mil pesos.

La mujer de Ámsterdam 122 dice que ella había apalabrado 4,500 pesos, pero que los mudanceros querían hacerle un ajuste, pues eran muchos muebles. Y que a la hora de buscar servicio encontró cotizaciones de hasta de 10 mil. Ángel dice que él encontró quien le cobraba hasta 20 mil pesos.

Unos metros más adelante, casi en la esquina con la plaza Popócatepetl, otra mudanza está en marcha. El propietario no quiere hablar, “estoy muy afectado todavía, si me preguntas capaz que acá me derrumbo”, dice.

Sobre Avenida México e Iztaccihuatl hay otra más, llevan varias hora bajando muebles del edificio de más de 10 plantas de altura, marcado con el número 129.

El Parque México a mediodía del domingo luce con mucha actividad, entre los paseantes que salieron a caminar con sus perros, los comensales que abarrotan los restaurantes, cafés y torterías que sobrevivieron al sismo, con un espíritu de “recuperemos la normalidad”, y los que están dejando la zona donde el sismo derrumbó varios edificios y dejó dañados a otros más, que pronto tendrán que ser demolidos.

La delegación Cuauhtémoc tiene ubicados a 51 inmuebles de alto riesgo, 19 de estos en el corredor Roma-Condesa, es decir el 37%.

Los anuncios de “se vende” o “se renta” eran una constante en la zona, pero desde del pasado 19 de septiembre han aparecido más. Lo reciente de la tinta o la falta de polvo en ellos los delata.

Ángel dice que desde que ocurrió el sismo no ha visto en la zona ni al delegado, Ricardo Monreal Ávila, ni al jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera. “Ninguno de los dos lo hemos visto por acá”.

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Adidas, Nike y otras 170 marcas de calzado que piden a Trump reconsiderar su política comercial
Las compañías instaron al mandatario a reconsiderar sus aranceles a los zapatos fabricados en China tras considerar que la política puede resultar "catastrófica para nuestros consumidores, nuestras compañías y la economía estadounidense en general".
Getty Images
22 de mayo, 2019
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Adidas, Nike, Dr Martens, Converse y otras 170 empresas de la industria del calzado le han mandado una insólita carta al presidente Donald Trump.

En la misiva, publicada este lunes, las compañías instaron al mandatario a reconsiderar sus aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que la política puede resultar “catastrófica” para “empresas, consumidores y la economía estadounidense en general”.

La carta abierta llega poco más de una semana después de que Washington impusiera nuevos aranceles por más US$200.000 millones a productos importados de China, que incluyen todo tipo de calzado, desde zapatillas hasta sandalias.

“En nombre de nuestros cientos de millones de consumidores de calzado y cientos de miles de empleados, le pedimos que detenga inmediatamente esta acción“, indicaron.

Según la agencia Bloomberg, si bien la industria del calzado ha alejado su producción de China por diversos factores en los últimos años (entre ellos, el aumento de los salarios, las cambiantes políticas comerciales y el desplazamiento de las fábricas a EE.UU. y Europa), el país asiático sigue siendo un gigante en la fabricación de zapatos.

¿Qué pierde la industria del calzado en la guerra comercial?

Las compañías de calzado que firmaron la carta, entre las que también se encuentran Puma y Clarks, afirman que ya pagan un arancel alto para importar sus zapatos a Estados Unidos, por lo que ahora podría ser mayor.

Si bien los aranceles promedio de Estados Unidos para el calzado son del 11,3%, en algunos casos puede alcanzar un nivel tan alto como el 67,5%.

china

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Las compañías pidieron a Trump poner fin a la guerra comercial con China.

“Agregar un aumento de impuestos del 25% por encima de estos aranceles significaría que algunas familias estadounidenses trabajadoras podrían pagar casi el 100% de los aranceles sobre sus zapatos”, escribieron las compañías.

“Es hora de poner fin a esta guerra comercial”, añadieron.

¿Quién paga por los aranceles?

Trump ha asegurado en repetidas ocasiones que será China quien pague por ellos, pero su asesor económico, Larry Kudlow, admitió la semana pasada que son las empresas estadounidenses las que, en realidad, pagan los impuestos sobre los productos traídos de China.

Pero de acuerdo con diversos expertos, es muy probable que estos costos adicionales se transfieran a los consumidores estadounidenses en forma de precios más altos.

Economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Universidad de Princeton y la Universidad de Columbia calcularon que las tasas impuestas el año pasado a una amplia gama de importaciones, desde acero hasta lavadoras, cuestan a las empresas y consumidores de EE.UU. unos US$3.000 millones mensuales en impuestos adicionales.


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