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Toño murió en Palacio de Hierro durante el sismo, su familia no recibió ayuda ni para el funeral

Toño fue una de las dos personas que murieron en el sismo del 19 de septiembre en las instalaciones de Palacio de Hierro de la calle Durango. Ahora, su pareja, sin recursos para contratar a un abogado, exige que las autoridades esclarezcan la muerte de Toño por presunto homicidio culposo. 
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Por Manu Ureste
17 de octubre, 2017
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Esperanza López llega a la entrevista empujando una destartalada carriola de aspecto frágil, en la que transporta varias bolsas de plástico con chicles baratos, paletas, y algunas cajetillas de tabaco.

-Hola, yo soy la pareja de Toño –la mujer de unos 40 años se presenta con un apretón de manos tibio, casi sin fuerza, para luego pedirle a su hija Miriam, una joven que apenas rebasa la mayoría de edad, que se haga cargo de sus dos hermanos; un niño de cinco años y una niña de nueve que no paran de corretear por un parquecillo ubicado entre la avenida Salamanca y la calle Durango.

Precisamente, a unos metros de ese parque, en la sucursal que la tienda Palacio de Hierro tiene en la calle Durango, murió en el sismo del 19 de septiembre el esposo de Esperanza. Un hombre de 33 años que se llamaba Lorenzo Antonio Eulogio Hernández, pero al que todos conocían como ‘Toño’ desde hace 10 años, cuando empezó de muy joven a trabajar como ‘viene-viene’ en la colonia Roma, y luego pasó a ser ayudante de taquero tras la llegada de los parquímetros.

Junto a Toño, otra mujer de 28 años también perdió la vida en el estacionamiento de la tienda, luego de que una marquesina colapsara y cayera sobre ambos. Dos muertes que Palacio de Hierro sí reportó a las autoridades, pero no a la sociedad, tal y como informó Animal Político en una nota el pasado 5 de octubre, en la que dio a conocer que la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México abrió una carpeta de investigación por homicidio culposo sobre este caso.

Sin mediar palabra, Esperanza abre la cremallera de un morral azul, y saca su celular para mostrar la fotografía de un hombre de mirada serena, nariz y labios prominentes, tez cobriza, y una leve barba de chivo brotándole por la barbilla.

-Cuando Toño vivía yo limpiaba casas solo dos veces por semana, porque la verdad no tenía necesidad de trabajar más. Él era una persona muy chambeadora y tenía un empleo digno vendiendo tacos –explica Esperanza sin despegar la vista del celular.

Ahora, lamenta mientras cruza los brazos sobre una ajada blusa de color azul agua salpicada de lunares negros, la mujer dice que no sabe qué va a hacer para mantener ella sola a sus hijos cinco hijos –dos son de Toño-, sin un trabajo fijo, y sin el aporte de quien era el principal sustento de la familia.

-Desde que él murió estoy vendiendo lo que puedo por la calle. ¿O qué otra cosa puedo hacer? –pregunta Esperanza, que invita al reportero a echarle un vistazo a la ‘mercancía’ de chicles y cigarros que aún tiene que vender antes de regresar en el metro a Iztapalapa, donde renta una casa que no sabe por cuánto tiempo podrá mantener. Además, añade, no le queda más remedio que llevar a sus hijos con ella. Al  menos, hasta que las escuela donde estudian repare los daños sufridos por el sismo y reabra sus puertas.

En este punto de la plática, el periodista le comenta a Esperanza que según asegura Palacio de Hierro en un comunicado, la tienda sí buscó a las familias de las dos víctimas, con quienes dicen haber mantenido “una comunicación constante” desde el suceso.

“De manera prioritaria buscamos a los familiares de los deudos para mostrarles nuestra solidaridad ante este hecho tan doloroso”, subraya el escrito que puedes leer íntegro aquí.

“Palacio me dijo que no estaba sola, que me ayudaría. Pero hasta ahora solo son palabras”

Sin embargo, hasta el momento Esperanza dice que solo ha recibido eso. Palabras.

-¿Palacio de Hierro la ayudó con los gastos funerarios de su esposo? –pregunta a colación el reportero.

-No, nada. Palacio no nos pagó los gastos del funeral –niega la señora con la cabeza.

-¿Pero se pusieron en contacto con ustedes?

-Sí tuvimos una plática con gente de Palacio –admite-. Me hablaron hace dos semanas para decirme que me iban a ayudar, pero la verdad yo no lo veo nada claro.

-¿Qué le dijeron en esa plática? ¿De qué forma la van a ayudar?

-Me dijeron que no estaba sola en esto, que me van a apoyar. Pero me lo dijeron solo de palabra. Porque ya no he vuelto a saber nada de esa ayuda. Y por eso le digo que no lo veo nada claro. Además, me pidieron que yo no los buscara a ellos, que ya ellos me buscarían a mí para contactarme de nuevo. Pero mire, van dos semanas y aquí sigo –insiste la mujer mientras apunta de nuevo con la barbilla a la carriola donde lleva las bolsas con la pírrica ‘mercancía’ que debe vender para alimentar a su familia.

-¿Y qué va a hacer a partir de ahora? –insiste el reportero.

Esperanza responde encogiendo los hombros.

-No lo sé, porque no tengo abogados –admite refugiando la mirada en la visera de una gorra vieja de color amarillo fosforescente-. Creo que la Procuraduría me va a asignar uno de oficio, porque yo no puedo pagar un abogado particular.

“No buscamos una recompensa. Ya nada nos regresará a Toño”

Tras pronunciar esta frase, Esperanza recalca que no quiere problemas con Palacio de Hierro, ni con nadie. Admite que fue “la mala hora” y “el maldito temblor” los que le quitaron a su marido, aunque también recuerda que ya hay abierta una investigación de las autoridades para deslindar responsabilidades por el presunto “homicidio culposo” de Toño al interior de Palacio de Hierro. Y que, por tanto, exigen que les den explicaciones y resultados.

Por ejemplo, los peritajes de la Procuraduría deberán determinar por qué después del sismo Toño no salió de la tienda por la misma puerta que entró en la calle Salamanca, muy cerca de donde trabajaba en el puesto de tacos, y salió por el estacionamiento de la calle Durango, donde una marquesina colapsó y le cayó encima.

Y también deberán determinar por qué colapsó esa marquesina en el inmueble.

-No sé qué voy a hacer con mis hijos –insiste de nuevo Esperanza-. Yo quisiera que Palacio me los becara hasta que ya estén grandes, o me los asegurara, no lo sé. Aunque mire -murmura tratando de que la voz no se le quiebre-, la verdad es que para nosotros eso tampoco sería recompensa alguna. Porque ya, pase lo que pase, nada ni nadie nos va a regresar a nuestro Toño.

Hemos mantenido diálogo con familias y autoridades: Palacio

Animal Político buscó a Palacio de Hierro para cuestionarle cuál es su postura sobre el caso de ‘Toño’ y su familia. A lo que la tienda departamental contestó en un mail reiterando que están “en constante contacto” con los familiares.

“Estos procesos, por cuestiones jurídicas, tienen un proceso que se debe seguir al pie de la letra, proceso en el cual nos encontramos. Asimismo, desde el primer momento y hasta ahora, hemos mantenido un diálogo constante con las autoridades”, recalcó Palacio, a través de una agencia de comunicación.

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#YoSoyAnimal

¿Por qué mujeres de todo el mundo están compartiendo historias sobre la menstruación en internet?

Desde historias sobre cómo ayudaron a una amiga a ponerse su primer tampón hasta confidencias sobre la regla en la primera cita. Mujeres comparten sus experiencias en torno a la regla para combatir el estigma que rodea a esta función corporal.
4 de octubre, 2019
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Desde consejos sobre cómo ponerse un tampón hasta relatos inconfesables de una primera cita, mujeres de distintas partes del mundo han empezado a compartir historias personales sobre la menstruación en las redes sociales.

Estas confidencias son parte de una iniciativa que, utilizando la etiqueta #freeperiodstories, quiere abordar el estigma que hay alrededor de la regla.

¿Pero qué cosas comparte exactamente la gente y por qué es importante?

Algunas mujeres, comparten historias de momentos extraños con amigas.

“Ese momento en que ayudas a una amiga a ponerse su primer tampón, dirigiéndola verbalmente desde fuera del baño y luego salen, preocupadas de que algo no está bien, y tú miras y te das cuenta de que está muy atrás… sí, eso #freeperiodstories”, escribió Emma en un tuit.

Otras, como Natasha, relatan historias sobre cómo tocar el tema con un hombre.

“Una vez, durante una cita, se me cayó la cartera y como siete tampones se desparramaron por el suelo. Cuando él se agachó para ayudarme a juntar mis pertenencias, entré en pánico: ‘¡NO SON MÍOS!’ ¿Cuáles son tus historias #freeperiodstories?”.

Pero además de los cuentos graciosos, algunas historias resaltan cómo esa incomodidad puede llevar a algo más serio.

Alice escribió un tuit sobre su experiencia con la endometriosis y, como resultado, otras mujeres respondieron con historias similares: “Yo tenía 12, estaba en el cine, y no entendía qué estaba pasando. Después de desmayarme constantemente, perder litros de sangre y esperar nueve años, me diagnosticaron con endometriosis en estadio 4”.

“Lo resolvemos solas”

La etiqueta fue creada por Amika George, una activista británica cuya campaña se centra en el tema de la menstruación

Este año, George ayudó a lanzar otra campaña en Reino Unido para que haya tampones y toallas femeninas gratuitas en las escuelas primarias y secundarias.

George dice que lanzó esta propuesta para mantener viva la conversación sobre la regla después del éxito que tuvo su campaña.

“Desde que somos pequeñas, nos han venido diciendo que hablemos en susurros sobre la regla, que digamos lo menos posible sobre el tema, incluso a nuestros amigos. Lidiamos con ellos solas”, afirma George.

“Necesitamos cambiar esa narrativa que dice que es repugnante y que la menstruación no es algo que se discuta en un espacio público”.

El estigma generalizado que rodea la regla ha hecho que muchas veces la hayan querido escuchar en el pasado.

“Hay gente que me dio muchas excusas y se fue apenas empecé a hablar sobre la pobreza menstrual“, dice aludiendo a una expresión que se utiliza para describir la falta de acceso a productos sanitarios y un espacio seguro e higiénico para usarlos que afecta a mujeres en todo el mundo.

“Necesitamos compartir información desde temprano”

Celia Hodson

Celia Hodson
Celia Hodson cree que conversar sobre el período ayudará a desarticular los tabúes.

Para Celia Hodson, fundadora de la iniciativa escocesa Hey Girls para acabar con la pobreza menstrual, compartir historias puede ayudar a combatir el estigma.

“Una niña nos dijo que su novio le preguntó por qué no podía esperar hasta llegar a su casa para tener la regla”, dice.

Investigaciones llevadas a cabo por Hey Girls, que ofrece un modelo de “compra uno, da uno” para los productos sanitarios para la regla, señala que al 48% de las niñas y mujeres les da vergüenza hablar de la menstruación.

Hodson cree que eso puede cambiarse a través de la educación.

“Solo teniendo esta conversación y compartiendo información desde una edad temprana podemos empezar a desarticular tabúes”, dice.

Catarsis

Gabby Edlin, fundadora del proyecto para combatir la pobreza menstrual llamado Bloody Good Period, dice que reírse sobre la regla puede contribuir a que la gente se relaje, y estimula una conversación sana sobre el tema.

Según Edlin, no tener dinero para comprar tampones y toallas femeninas no es el único problema: la falta de discusión también puede ser dañina.

Y da el ejemplo de alguien que no se puede concentrar en clase porque la maestra dice que no se puede ir al baño y no se siente cómoda diciendo que tiene que ir porque necesita cambiarse la toalla sanitaria.

Chella Quint, una activista menstrual que hace campaña para mejorar la educación sobre la regla, dice que hablar sobre esto le permite a la gente “comparar notas” y afirma que compartir su propia “historia de horror sobre una pérdida” le resultó una experiencia catártica.

Chella Quint

Chella Quint
Quint cree que es importante cambiar la terminología que usamos para hablar de la menstruación.

Quint cree que el mismo lenguaje puede perpetuar el estigma sobre la regla y por ello ha creado una guía para ayudar a instituciones y comunidades a cambiar la forma en que se habla de la menstruación.

“Sanitaria implica que estamos sucias sin ellas y protección que no estamos seguras sin ellas”, explica en relación a las toallas sanitarias.

Privados pero no secretos

Affi Parvizi-Wayne, activista y fundadora de la empresa de productos para la regla orgánicos Freda, tampoco está de acuerdo con la terminología asociada a la menstruación.

Affi Parvizi-Wayne

Affi Parvizi-Wayne
Los tampones y toallas sanitarias deberían estar en todos los baños, dice Affi Parvizi-Wayne

“La regla, como cualquier otra función corporal, es privada, no secreta”, dice.

Parvizi-Wayne explica algunos inversores potenciales en su compañía mostraron una “falta de conocimiento básico” y le preguntaron por qué su empresa hacía predicciones de negocios tomando en cuenta feriados y fines de semana.

“¡Les tuve que explicar que a la regla no le importan las vacaciones!”, exclama.

“La conversación tiene que cambiar para que los productos relacionados con la menstruación se consideren tan esenciales como el papel higiénico”.

El cambio verdadero, dice, vendrá cuando estén en “cada baño fuera de la casa”.

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