Extitular de Derechos Humanos en Querétaro niega despedir injustificadamente a empleada enferma
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Extitular de Derechos Humanos en Querétaro niega despedir injustificadamente a empleada enferma

Miguel Nava Alvarado, extitular de la Defensoría de Derechos Humanos negó que durante su gestión se haya despedido injustificadamente a empleadas.
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Por Redacción Animal Político
31 de octubre, 2017
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Miguel Nava Alvarado, extitular de la Defensoría de Derechos Humanos de Querétaro, acusó que la nota “Derechos Humanos de Querétaro despidió a empleada por sufrir derrame cerebral”, publicada en Animal Político el pasado 24 de octubre, “es imparcial e inextacta”.

En una carta enviada por Nava a Animal Político, el abogado escribió que la publicación “carece de un trabajo de investigación periodística, al no haberse escuchado mi versión de los hechos precisados en el reportaje”.

En la misiva, Nava Alvarado señaló como “imprecisión” la acusación del despido de la empleada en su contra, pues la “aparente víctima” tenía una relación laboral con el gobierno del estado, y no con la Defensoría.

“Haciendo uso del sentido común y con un mínimo de conocimiento legal, se deduce que la Institución Pública de Seguridad Social como el IMSS, solamente da atención médica a sus derechohabientes y afirmo categóricamente, los trabajadores del Gobierno de Querétaro están afiliados al IMSS y los de la DDHQ al ISSSTE, lo cual prueba que tanto el reportero Paris Martínez y la señora Julieta Mayela Reyes Esparza mienten”, escribió el ex titular.

En la nota publicada, la víctima denunció que, luego de trabajar 12 años para la Defensoría de Derechos Humanos del estado de Querétaro, fue despedida sin liquidación y sin que se le reconocieran sus derechos laborales, tras haber sufrido un derrame cerebral.

Asimismo, en la nota se menciona que el caso no es aislado, pues “al menos una decena de personas, la mayoría mujeres, fueron despedidas injustificadamente de la Defensoría de Derechos Humanos del estado de Querétaro, durante la administración de Miguel Nava, por motivos tales como estar embarazadas”.

Sobre esta acusación, Nava escribió que “se advierte ignorancia y la malintención del reportero, ya que lo que se afirma se debe probar y de ser cierto lo que escribe que se publique entreviste y/o informe de alguna demanda por el despido de una mujer embarazada”.

Respuesta del reportero

En el punto “Primero” de su misiva, el ex ombudsman de Querétaro asegura que la empleada despedida sobre la que versa la nota del pasado 24 de octubre, no pudo haber acumulado 12 años de antigüedad en la Defensoría de Derechos Humanos estatal, ya que este órgano “tiene su génesis en nombre y condiciones de autonomía constitucional (…) el 27 de septiembre de 2013”, es decir, hace cuatro años.

El doctor Nava, sin embargo, no menciona un dato importante: Querétaro cuenta con un organismo estatal para la defensa de los derechos humanos desde el 24 de diciembre de 1992, es decir, desde hace 25 años, cuyo nombre ha sido modificado en el transcurso de este tiempo, lo mismo que sus facultades ampliadas, hasta llegar a ser la actual Defensoría.

La empleada despedida injustificadamente, de hecho, comenzó a laborar en el organismo desde 2003, es decir, 11 años después de que éste había sido creado, y se mantuvo ahí hasta 2015, cuando sufrió un derrame cerebral. Tal como se establece en la nota del pasado 24 de octubre, la plaza de esta empleada fue cancelada, aprovechando que se encontraba en terapia.

La misma misiva del ex ombudsman estatal confirma que la plaza de la empleada convaleciente fue eliminada “a finales de 2015”, es decir, mientras ella se encontraba de incapacidad médica, procedimiento que se realizó sin liquidarla, es decir, como si nunca hubiera trabajado ahí.

Debido a este despido de facto, la empleada afectada mantiene un juicio laboral contra la Defensoría desde febrero de 2016.

Por otra parte, en los puntos “Segundo” y “Tercero”, el ex ombudsman estatal asegura que la afectada no pudo ser trabajadora del organismo queretano de derechos humanos, porque su personal es atendido por el ISSSTE, y no por el IMSS, institución que le dio tratamiento médico luego de sufrir el derrame cerebral.

Nuevamente, Nava omite un dato importante: cuando la afectada sufrió el derrame cerebral (en septiembre de 2015), ella, como muchos otros funcionarios públicos que desempeñaban sus labores en la Defensoría, estaba afiliada al Instituto Mexicano del Seguro Social, no al ISSSTE.

Esos empleados cambiaron su afiliación del IMSS al ISSSTE a partir de la reestructuración de la nómina realizada en septiembre de 2015, es decir, en el momento en que la plaza de la empleada hospitalizada fue eliminada. Por esa razón, ella ya no cambió su afiliación del Seguro Social.

Desde la nota publicada el 24 de octubre se informó que esta empleada continuó recibiendo tratamiento en el IMSS hasta agosto de 2016, debido a que, por ley, el Seguro Social no puede suspender la atención a un paciente internado, aún si fue despedido o su plaza cancelada.

Por último, en el punto “Cuarto” de su misiva, el doctor Nava hace referencia a otro caso de despido injustificado mencionado en la nota del 24 de octubre, que se presentó durante su periodo al frente de la Defensoría de Derechos Humanos, en contra de una empleada que fue separada de su cargo por estar embarazada.

En su misiva, Nava establece que “lo que se afirma se debe probar y, de ser cierto lo que escribe, que se publique entrevista y/o informe de alguna demanda por el despido de una mujer embarazada”.

Al respecto, Animal Político posee copia de la denuncia formal presentada en marzo de 2017 ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, por una empleada de la Defensoría de Querétaro que fue obligada a abandonar su cargo a raíz de su embarazo, en abril de 2016, es decir, cuando Nava estaba al frente de dicho organismo estatal.

El trámite de dicha denuncia se mantiene en curso, razón por la cual se mantiene bajo reserva la identidad de la víctima.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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