A un mes del temblor, vecinos de San Gregorio viven entre ruinas, sin agua y con temor al olvido
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Nayeli Roldán

A un mes del temblor, vecinos de San Gregorio viven entre ruinas, sin agua y con temor al olvido

Los habitantes de San Gregorio aún no saben qué apoyos tendrán para reconstruir o arreglar sus viviendas, siguen sin servicio de agua, pero pese a todo tratan de volver a la normalidad.
Nayeli Roldán
Por Nayeli Roldán
19 de octubre, 2017
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La vida en San Gregorio Atlapulco intenta seguir su curso, pero cuesta trabajo. La iglesia todavía está cerrada y es como si faltara la mitad del alma del pueblo. El campanario se cayó y sin el repicar, los habitantes ni siquiera se enteraron de las misas por los fallecidos.

Tampoco están los arcos del costado, ni una barda en la calle Insurgentes. El 19 de septiembre, a las 13:14 horas, se vinieron abajo. La pared enterró a comerciantes y clientes.

Algunos fueron rescatados, pero otros, como María Francisca, de 64 años, fallecieron. Ella vendía hierbas secas y aunque tendía su puesto en el extremo de la barda, ese día, quien sabe por qué, lo hizo más al centro. Tampoco sobrevivió Balbina, de 83 años, ni una niña que apenas estaba en kínder.

Las cruces al pie de los escombros en la casa del santo patrono es el recordatorio del golpe seco que sufrió el pueblo hace un mes.

san gregorio

Nayeli Roldán

Lo que le sucedió a la casa de Homero Torres, justo frente a la iglesia, no es metáfora. “Fue un solo golpe, como una explosión, sólo un golpe fue lo que hizo todo esto”, relata mientras señala su casa de cantera beige en ruinas.

Los polines en la entrada advierten su fragilidad. Apenas se avanzan unos pasos y los vidrios rotos, el cascajo en la sala, las paredes quebradas como rompecabezas, los marcos de hierro de las puertas doblados como cartón confirman la descripción que hace Homero.

Este miércoles, la familia está sacando las pocas pertenencias que quedan. Entran con cascos amarillos porque parecería que hasta el aire puede tumbar las pocas paredes que aún están en pie.

El Director Responsable de Obra revisó el inmueble e hizo el dictamen apenas este martes 17 de octubre, confirmando que la casa será demolida justo 30 días después del sismo.

san gregorio

Nayeli Roldán

En las semanas previas no hubo quien se ocupara de San Gregorio en materia de protección civil. Si no hubiera sido por las donaciones ciudadanas que llegaron gracias al llamado en redes sociales, los habitantes se hubieran sentido aún más abandonados.

Aunque Homero Torres, de 55 años, es profesor de secundaria, sus ingresos serían insuficientes para reconstruir su casa, el patrimonio que construyó durante años. Si el dictamen de protección civil tomó un mes, tiene duda de cuándo y cómo podría llegar la ayuda anunciada por el gobierno federal como parte del Fondo de Desastres Naturales (Fonden). “Ojalá que la ayuda con el gobierno se haga factible y nos beneficie, que nos convenga”, dice.

En el limbo

Caminar por el pueblo es descubrir que las edificaciones pueden ser tan débiles que caen en un parpadeo. Que el vecino de toda la vida puede quedarse sin nada en un minuto. Que los polines se volvieron parte de la cotidianidad entre las calles, que una losa a ras de tierra es el rastro irrefutable del 19 de septiembre.

Algunas casas tiene un letrero en su puerta con un código de barras y un número de identificación. Es de la Secretaría de Desarrollo Urbano y, según la leyenda en la parte inferior, es la comprobación de que “la vivienda ha sido censada y los apoyos para la reconstrucción de esta vivienda estarán sujetos a los lineamientos de las reglas de operación del Fonden”.

Pero la casa de María, de 92 años sólo se observa una grieta en la pared exterior. Por dentro no tiene mayor afectación, según certificó protección civil. Pero la Sedatu fue a censarla la semana pasada.

En cambio la casa de Felipe de Jesús que será demolida no fue contabilizada por la Secretaría encabezada por Rosario Robles. Nadie le ha dicho nada sobre algún apoyo de reconstrucción, pese a que se ha quedado sin nada.

Pero tampoco a María le han dicho algo sobre el supuesto apoyo del Fonden. Después de que los funcionarios pegaron el papel en su puerta no le dijeron más, ni han regresado para llevarle noticias, tampoco le dejaron algún documento que explique qué tipo de apoyo podría tener para reparar la grieta de su casa.

san gregorio

Nayeli Roldán

Sin agua

San Gregorio Atlapulco es uno de los 14 pueblos originarios de Xochimilco. Llegar ahí en transporte público demanda más de dos horas. Su nombre significa “donde revolotea el agua”, pero paradójicamente el pueblo está en sequía.

Desde el sismo, los habitantes han tenido que organizarse para comprar pipas de agua que cuestan 600 pesos porque el servicio potable no ha dado ni una gota en un mes. “A veces hasta nos andamos peleando porque no alcanza para todos y todos queremos”, cuenta Jacinta, una de las vecinas.

Reclama que el delegado Avelino Méndez no ha hecho nada por remediar la restitución del servicio. De hecho, días después del sismo, fue a San Gregorio pero los habitantes lo corrieron.

Según dicen, les molestó que el funcionario dijera en televisión que las afectaciones en Xochimilco eran menores, pese a las decenas de casas colapsadas en San Gregorio. Por eso ahora corre el rumor que el delegado se está desquitando del pueblo impidiendo el servicio de agua.

Janet, además del problema del agua, también dice que la economía sigue detenida. En San Gregorio hay decenas de comercios pequeños: papelerías, panaderías, tiendas de regalos, de lentes, de verduras o dulces casi en cada calle.

Ella vende zapatos afuera de la iglesia. Es parte del grupo de una docena de comerciantes que ahora están en la calle Lázaro Cárdenas después del colapso de la barda en la calle Insurgentes. Regresaron a trabajar una semana después del sismo, pero hasta el momento las ventas están bajas.

“Ahorita nos vinieron a entregar una despensa y si no fuera por eso, estaríamos peor. Al menos ya tenemos que comer gracias a la ayuda que nos siguen dando”, cuenta sentada en la banqueta, sin que ningún cliente se acerque durante la media hora de plática.

En San Gregorio todos perdieron algo: un familiar, un vecino, una casa, un negocio. Janet espera que la distancia no sea pretexto para olvidarse de ellos. Confía en que los apoyos gubernamentales lleguen y que en algún momento, la vida en el pueblo regrese a la normalidad.

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Kamala Harris: quién es la senadora que hace historia al convertirse en la primera vicepresidenta de EU

Kamala Harris, de 55 años de edad, llegó al senado tras ser fiscal general en California, donde empezó a ser considerada como una estrella ascendente en las filas del Partido Demócrata.
7 de noviembre, 2020
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La californiana Kamala Harris acaba de lograr un hito histórico: ser la primera mujer en ganar la elección para convertirse en vicepresidenta de Estados Unidos.

Con la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre, Harris será a partir del próximo enero la número dos del gobierno estadounidense.

Senadora de 55 años de edad, sus años como fiscal general de California la convirtieron en una figura emergente del Partido Demócrata.

Ahora, además de ser la primera mujer en ocupar este cargo, Harris es la primera vicepresidenta negra y de ascendencia asiática.

¿Quién es Kamala Harris?

La política demócrata nació en Oakland, California, en una familia de inmigrantes: una madre originaria de India y un padre nacido en Jamaica.

Kamala Harris

Getty Images
La flamante vicepresidencia Harris se convierte en una de las figuras más importantes del Partido Demócrata.

Tras el divorcio de sus padres, Harris fue criada principalmente por su madre, que profesaba la religión hindú y era una investigadora especializada en el cáncer de mama y activista de derechos civiles.

Harris creció ligada estrechamente a su herencia en el sur de Asia, acompañando a su madre en sus visitas a India.

No obstante, la californiana ha subrayado que su madre adoptó la cultura afroestadounidense de Oakland, sumergiendo en ella a sus dos hijas, Kamala y su hermana menor, Maya.

“Mi madre siempre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras”, escribió Harris en su autobiografía The Truths We Hold.

“Sabía que su país de adopción nos vería a Maya y a mí como niñas negras y estaba decidida a asegurarse que nos convertiríamos en mujeres negras orgullosas y con confianza en nosotras mismas“.

Kamala Harris

Getty Images
Harris tiene familia de India y Jamaica.

Harris estudió en la Universidad Howard, uno de los prominentes e históricos centros afroestadounidenses de estudios superiores del país, algo que ella describió entre las experiencias más formativas de su vida.

La destacada política asegura que siempre ha estado cómoda con su identidad y se describe a sí misma como “estadounidense”.

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BBC

Kamala Devi Harris

  • Nació el 10 de octubre de 1964 en Oakland, California.
  • Residencia actual: entre Los Ángeles y Washington.
  • Su madre, Shyamala Gopalan, fue una científica especializada en cáncer de mama que emigró de India en los años 60 para estudiar un Doctorado en Endocrinología en la Universidad de California Berkeley. Murió en 2009.
  • Su padre, Donald Harris, nació en Jamaica y fue catedrático de la Universidad de Stanford. Se retiró en 1998.
  • Tiene una hermana: Maya Harris, que trabajó para la campaña de Hillary Clinton.
  • Kamala se casó en 2014 con Douglas Emhoff, socio en DLA Piper y quien se dedica a la abogacía en la industria mediática y del entretenimiento.
  • Tiene dos hijastros: Cole y Ella Emhoff.
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BBC

En 2019, consideró en declaraciones al diario The Washington Post que no se debería encajar a los políticos en compartimentos según su color o su historial.

“Mi punto era: yo soy quien soy. Y me siento bien con eso. Quizá tú tengas que descifrarme, pero a mí me parece bien”.

La ley y el orden

Tras cuatro años en Howard, Harris se trasladó a la Universidad de California-Hastings, para conseguir un título en Derecho y empezar su carrera en la Oficina del Fiscal de Distrito del condado de Alameda.

Se convirtió en fiscal de distrito -el máximo puesto en esa área- de San Francisco en 2003, antes de lograr ser la primera mujer y la primera mujer negra en ganar el puesto de fiscal general de California, el principal abogado y funcionario encargado del cumplimiento de la ley en el estado más poblado del país.

Senadora Kamala Harris.

Getty Images
Harris no deja de acumular hitos: fue también la primera mujer y la primera mujer negra en lograr el puesto de fiscal general de California.

En sus cerca de dos mandatos en ese cargo, Harris se ganó la reputación de estrella ascendente del Partido Demócrata, lo que le impulsó para convertirse en senadora por California en 2017.

Incisiva y rigurosa en los interrogatorios

Harris anunció oficialmente el lanzamiento de su campaña al Senado en enero de 2015, en la que se enfrentó y derrotó en las primerias a un peso pesado del Partido: el exalcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa.

En las elecciones de noviembre de 2016, consiguió su escaño con una abrumadora mayoría. Después de su victoria, prometió proteger a los inmigrantes de las políticas del entonces presidente electo Donald Trump y para ello permaneció en el cargo de fiscal general hasta finales de 2016.

Desde su llegada al Senado, la exfiscal general se granjeó el apoyo de los progresistas por su rigurosa e incisiva forma de interrogar a los nominados del presidente para distintos cargos, en especial durante las audiencias para la confirmación de Brett Kavanaugh como magistrado de la Corte Suprema o la de William Barr como fiscal general de Estados Unidos.

Amy Coney Barrett en la audiencia para su confirmación para la Corte Suprema

EPA
Kamala Harris se granjeó una reputación de incisiva interrogadora por su actitud durante las audiencias para cargos nominados por el presidente.

No en vano, Harris es considerada como una de las interrogadoras más implacables del Congreso.

Una reputación que volvió a hacerse patente durante el reciente proceso de confirmación de la jueza Amy Coney Barrett para la Corte Suprema.

Aspiraciones a la Casa Blanca

Cuando lanzó su candidatura a la presidencia ante más de 20.000 seguidores en Oakland el año pasado, inmediatamente se convirtió en una de las favoritas.

Pero a medida que se adentró en la carrera, Harris no logró articular una base sólida para su campaña, ofreciendo respuestas confusas sobre temas cruciales como el sistema sanitario.

También sacó ventaja del gran punto fuerte de su candidatura: su gran habilidad en los debates, pese a demostrar su experiencia como exfiscal, a menudo poniendo a Biden contra las cuerdas.

El enfrentamiento más duro entre ambos se dio en el primer debate de las primarias, en el que Harris le reprochó a Biden algunas posiciones pasadas sobre cuestiones raciales.

Kamala Harris y Joe Biden en un acto de campaña.

Getty Images
Harris anunció su apoyo a la candidatura de Biden dos meses después de que pusiera fin a sus propias aspiraciones presidenciales.

La demócrata de California trató de mantenerse en la fina línea entre el ala progresista y moderada del partido, pero acabó sin llamar la atención de ninguno de estos bandos, poniendo fin a su candidatura en diciembre, incluso antes de las primeras votaciones.

En marzo, Harris ofreció su apoyo al exvicepresidente Biden, asegurando que haría “todo en su poder para ayudarle a convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos”.

El hecho de que Biden la escogiera como compañera de fórmula demostró que aquellos choques iniciales quedaron atrás.

“La policía”

Su breve campaña a la presidencia puso el foco en su historial como principal fiscal de California.

Pese a sus inclinaciones más izquierdistas en asuntos como el matrimonio homosexual o la pena capital, Harris se enfrentó a repetidos ataques por no ser lo suficientemente progresista, y fue el blanco de un devastador artículo de opinión de la catedrática de Derecho de la Universidad de San Francisco Lara Bazelon.

Joe Biden y Kamala Harris.

Getty Images
Harris se describió a sí misma como “la fiscal progresista”.

Escrito al principio de la campaña de Harris, la profesora consideró que la candidata había evitado en gran medida las batallas progresistas que estuvieran relacionadas con asuntos como la reforma policial, las drogas o las condenas injustas.

Harris, que se describió a sí misma como “la fiscal progresista”, trató de enfatizar las partes de su legado de tendencia más progresista, como requerir a algunos agentes especiales del Departamento de Justicia de California que portaran cámaras corporales -el primer estado en usarlas- o lanzar una base de datos que ofreció acceso al público a estadísticas sobre crimen.

Pero sus esfuerzos no consiguieron el apoyo esperado.

“Kamala es la policía” se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, lo que se convirtió en un obstáculo en sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido.

Con las actuales tensiones raciales en el país, además, ha crecido el escrutinio sobre los casos de supuesta brutalidad policial y Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su plataforma para amplificar las voces más progresistas.

Kamala Harris

Getty Images
Harris ha tomado un rol destacado, utilizando su altavoz para amplificar las voces más progresistas.

En intervenciones de televisión, Harris ha pedido cambios de las prácticas policiales en todo Estados Unidos; en Twitter, ha abogado por la detención de los agentes que mataron a Breonna Taylor, una mujer afroestadounidense de 26 años de Kentucky; y suele hablar con frecuencia de la necesidad de desmantelar el racismo sistémico en el país.

En cuanto a la controvertida apuesta por “retirar la financiación” de la policía para derivar los fondos a programas sociales -un planteamiento al que se opone Biden-, Harris suele contestar con evasivas, pidiendo en su lugar “reinventar” el concepto de seguridad pública.

Harris ha considerado a menudo que su identidad la sitúa en una posición idónea para representar a aquellos en los márgenes de la sociedad.

Al llegar a la Casa Blanca, tendrá la oportunidad de demostrarlo.


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