Por error, la SEP rechaza a aspirantes a maestros de inglés que cumplen con los requisitos
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Cuartoscuro

Por error, la SEP rechaza a aspirantes a maestros de inglés que cumplen con los requisitos

Autoridades de la SEP reconocieron que hubo “premura” en el envío de correos rechazando a los aspirantes, pues aún no se concluía el cotejo de documentos.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
11 de octubre, 2017
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Por una “omisión”, la Secretaría de Educación Pública rechazó a aspirantes de la Ciudad de México y Michoacán que cumplían con los requisitos para concursar por 646 plazas para maestros de inglés en Escuelas Normales, sin mayor explicación que un correo electrónico.

Para este concurso, 56 mil 81 aspirantes abrieron una cuenta de usuario para realizar el trámite de preinscripción, pero sólo 21 mil 328 lo completó. Éstos deberán entregar los documentos físicamente y podrán realizar el examen para obtener una plaza con salario de hasta 33 mil pesos mensuales.  

Sin embargo, desde el 2 de octubre, decenas de profesores recibieron el aviso de que no cumplían con algún requisito, sin especificar cuál. Se trató de una “premura” en el envío de correos electrónicos rechazando a aspirantes por parte de las autoridades locales, reconoció Mario Chávez Campos, director general de Educación Superior para Profesionales de la Educación.

Aunque no precisó en cuántos casos hubo estos errores, el funcionario aseguró que hubo una “omisión al enviar los correos electrónicos porque aún no se concluía el cotejo de documentos”. No obstante, se está “subsanando” y atendiendo caso por caso, con el compromiso de que “todos los que cumplan con los requisitos no se queden fuera del concurso”, dijo en entrevista.

El concurso es para obtener una plaza como “formador C” en alguna de las 263 Escuelas Normales que existen en el país, es decir, donde se forman los futuros profesores. Esto forma parte de la estrategia para que México sea bilingüe en 20 años, según anunció el secretario de Educación, Aurelio Nuño, en julio pasado.

En la convocatoria se establece que los requisitos para la preinscripción son título y cédula profesional en cualquier área del conocimiento, nivel de inglés C1, de acuerdo con el Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas, y experiencia docente. Además, la SEP se comprometía a absorber el gasto del examen de acreditación de los primeros mil aspirantes que no lo tuvieran.

Sin embargo, todos los rechazados recibían el mismo mail: “por este medio, lamentamos informarle que de acuerdo con los documentos recibidos en el sistema de pre-registro, usted no cumple con alguno de los requisitos”, pero no señalaban cuál.

A. es uno de los profesores rechazados que prefiere mantenerse en anonimato por temor a represalias. En entrevista explica que no existe claridad sobre cuáles son los criterios para rechazar o aceptar aspirantes por parte de la SEP, porque es obvio que no están cumpliendo con las bases de la convocatoria.

Se trata de “exigir transparencia. Si decidieron escoger ciertos perfiles, debieron decir cuáles fueron los criterios. Exigimos que cumplan con los requisitos que ellos mismos fijaron (la SEP) o que cancelen este concurso y vuelvan a organizarlo”, dice.

A partir del 5 de octubre, otros maestros recibieron el mail en el cual la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación explicaba que debido a la demanda, “las autoridades educativas de cada entidad federativa se vieron en la necesidad de seleccionar a los perfiles que mejor se adecuaran a sus posibilidades, condiciones y necesidades para la siguiente etapa de evaluación”.

La denuncia pública

De los 21 mil 328 aspirantes que podrían realizar el examen, sólo 2.7% logrará una plaza, toda vez que existen 656 lugares disponibles. Según el funcionario de la SEP, Mario Chávez, “no es el mínimo”, sino la totalidad de las plazas requeridas para cubrir todos los grupos de las 263 Escuelas Normales que hay en el país.

De acuerdo a la convocatoria, el Estado de México requiere 64 maestros, es la entidad con la mayor oferta; le sigue Chiapas, con 42 y Puebla con 39. Mientras que las entidades con menos plazas son Morelos (5), Quintana Roo (7) y Nayarit (8). 

Además, los salarios de esta convocatoria son mucho más atractivos que otras plazas. En Ciudad de México, Campeche, Baja California Sur, Chiapas, Tabasco y Yucatán tendrán el salario mensual máximo, de 33 mil 130 pesos y en Querétaro se ofrece el menor salario, 23 mil 304 pesos.

Lo competido del concurso y por los correos recibidos, desde el 3 de octubre, decenas de profesores mostraron su inconformidad en redes sociales e incluso abrieron una petición en la página de Change.org para que la SEP transparente el proceso de selección, debido a que “negó el derecho de hacer el examen a profesores que cumplen con todos los requisitos”.

En la petición aclaran que “no se piden plazas, sino que la SEP cumpla con la convocatoria y permitan hacer el examen a quienes cumplen con los documentos solicitados”.

Un día después, el 4 de octubre, algunos aspirantes recibieron otro mail donde les informaban que habían sido aceptados y podrían realizar el examen después de entregar físicamente los documentos requeridos, pese a que un día antes fueron  rechazados.

Ese fue el caso de M., profesora con seis años de experiencia, que prefiere mantenerse en anonimato. Ella cumplía con los requisitos y un día recibió el mail de rechazo y al siguiente de aceptación, sin explicar cuál había sido el motivo.

M. comenta que desde la preinscripción vía electrónica batalló porque la plataforma estaba saturada, pero el actual desconcierto es todavía peor. “Si están buscando cierto perfil, deben estar depurando, pero si dijeron que iban a aceptar con determinados requisitos, que lo respeten”.

La maestra consiguió una plaza para maestra de inglés en educación básica hace seis años a través de un concurso también, pero la diferencia en el procedimiento entre uno y otro es notable y “es decepcionante. La experiencia que tuve de la primera convocatorio fue muy organizada”, dice.

A. también obtuvo una oportunidad para enseñar inglés en secundaria en 2015, aunque no se trata de una plaza, sino de suplencias. Además de haber descubierto su verdadera vocación docente, el sueldo ofrecido era más del doble de lo que gana actualmente y significó un gran incentivo.

Después de ser rechazado en este concurso, pese a cumplir con los requisitos establecidos en la convocatoria, llamó a los teléfonos de la SEP, mandó correos y acudió a las oficinas de la dependencia sin obtener respuesta alguna. “Que respondan, porque no dieron la cara”, exige.

Otro caso es C., licenciado en Psicología, con certificación Business English Certificate Higher (CAMBRIDGE University) que acredita el nivel de inglés C1 y con 34 años de experiencia docente en inglés.  

“Según la convocatoria, dichas certificaciones de mi nivel de inglés deben ser suficientes para fines de mi preregistro”, pero también fue rechazado y pese a solicitar la revisión de su postulación por segunda vez, “no responden a mi correo ni contestan en sus teléfonos”.

El 20 de octubre se publicará la lista de los seleccionados que hayan entregado los documentos físicamente en las oficinas y podrán hacer el examen para conseguir una plaza. 

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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