Presidencia le sale cara a Trump: pierde 600 mdd de su fortuna desde su llegada a la Casa Blanca
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Presidencia le sale cara a Trump: pierde 600 mdd de su fortuna desde su llegada a la Casa Blanca

Desde que asumió la presidencia, la fortuna de Trump se ha reducido, por lo que cayó hasta el lugar 248 de los más ricos de EU.
AFP
Por AFP
17 de octubre, 2017
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Los estadounidenses con las mayores fortunas se han enriquecido aún más este año, excepto el presidente Donald Trump, a quien desde que asumió la presidencia se ha reducido su fortuna en 600 millones de dólares, según una nueva lista de la revista Forbes.

Al frente de los 400 estadounidenses más ricos están tres habituales: el fundador de Microsoft, Bill Gates, hoy más conocido por su fundación centrada en temas de salud y educación y cuya fortuna asciende a 81,000 millones de dólares; el propietario de Amazon, Jeff Bezos, que tras haber adelantado a Gates un día en julio, regresa a su segunda posición con 67,000 millones de dólares; y el veterano de los inversores Warren Buffett, de 87 años, que ocupa el tercer lugar con 65,500 millones.

Mientras tanto, la fortuna media para acceder a este club no cesa de aumentar: 2,000 millones de dólares este año, un alza de 18%.

En el lugar 248 se encuentra Trump, con una fortuna estimada de 3,100 millones de dólares, y con una pérdida de 600 millones según Forbes, un cálculo superior al de Bloomberg, que cifraba recientemente la fortuna del presidente estadounidense en 2,860 millones, con una pérdida de unos 200 millones respecto al año anterior.

Su fortuna es difícil de estimar ya que la corporación familiar, la Organización Trump, cuya gestión confió a sus hijos durante la presidencia pero de la que no se ha desvinculado totalmente, no cotiza en Bolsa y Trump se niega a publicar declaraciones de impuestos.

Según la revista, su fortuna está relacionada directamente con media docena de propiedades en el corazón de Manhattan, donde el precio de los inmuebles de lujo ha caído recientemente.

Mark Zuckerberg de Facebook y Larry Ellisson, fundador de Oracle, ocupan la cuarta y quinta plaza respectivamente, siendo la primera vez desde 2007 que Ellison no se encuentra entre los tres primeros, indica Forbes, si bien su fortuna ha aumentado 1,800 millones, para alcanzar 49,300 millones.

Ninguna mujer forma parte de los 10 primeros.

La primera ocupa el puesto número 13, Alice Walton, hija del fundador de la cadena de tiendas Wal-Mart, Sam Walton, principalmente dedicada al arte y que deja los negocios en manos de sus hermanos. Dispone de una fortuna estimada en 38,200 millones, que incluye una colección de arte privado.

En la lista hay 22 nuevos llegados, entre ellos el cofundador y presidente ejecutivo de Netflix, Reed Hastings. También 26 personas salieron desde el año pasado.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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