¿Dónde voy a vivir? La preocupación de los damnificados que permanecen en albergues
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Cuartoscuro

¿Dónde voy a vivir? La preocupación de los damnificados que permanecen en albergues

La preocupación principal de quienes perdieron su vivienda es cuánto tiempo pasarán en el albergue y si volverán a tener un hogar.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
6 de octubre, 2017
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Quince días después del sismo, cientos de personas que perdieron su vivienda viven en la incertidumbre. Quienes continúan en albergues así resumen su situación:“estamos en la lona”, “no sabemos qué pasará con el edificio”, “solicito un crédito para vivienda”.

María Elena Morales, de 64 años, era conserje de un edificio en Vértiz y Viaducto que resultó con daños severos y fue desalojado por personal de Protección Civil. Desde el 21 de septiembre abandonó el cuarto que fue su hogar durante 32 años y ahora vive en el albergue de la delegación Benito Juárez junto con más de 200 personas. 

“No sé si se arregla el edificio o no, no sé si voy a poder regresar”, dice María Eugenia, que trabajaba también como empleada doméstica. En la última semana le han llamado para hacer servicios, pero dice que no quiere salir del albergue por mucho tiempo, pues quiere estar ahí cuando hagan censo de quiénes serán beneficiarios de algún programa de vivienda.

“Yo le pido al presidente, a alguna autoridad que se me dé la oportunidad de un crédito para una vivienda para mi nieta y yo”, dice.

El chaleco oscuro y el suéter de cuello de tortuga que usa son parte de las donaciones que ha recibido en estos quince días, en los que no le ha faltado techo y comida, pero su preocupación es el futuro: ¿dónde vivirá?

Fue al Instituto de Vivienda del Distrito Federal (INVI), ahí le dijeron que debía registrarse en la página de internet, aunque ella no sepa manejar una computadora.

Aunque María Elena conoce el programa de ayuda para renta del gobierno capitalino, no le parece buena opción porque “no quiero que me la regalen, quiero que me den la oportunidad de tener una vivienda e irla pagando”.

Asegura que la han tratado bien en el albergue, incluso, la ayuda psicológica y las terapias de acupuntura le han servido en los últimos días. Sin embargo, nada se compara con tener un hogar, por más humilde que fuese.

Al albergue han llegado hasta 400 personas a pasar la noche. Todos duermen en colchones colocados en el espacio que hasta antes del 19 de septiembre era usado para juegos de basquetbol y prácticas de gimnasia.

El área habilitada como comedor tiene una docena de mesas de plástico y bancos de colores donadas por un voluntarios. La comida la llevan ya lista para servir en los horarios establecidos para el desayuno, comida y cena.

Aunque María Elena tiene tres hijos de 45, 44, y 34 años, cada uno “ya hizo su vida”. Uno de ellos, incluso, vive en Cuernavaca y su casa también resultó dañada. Los otros dos viven con más familia, por lo que ella se niega a mudarse con ellos.

“Necesito un traje”

Después del 19 de septiembre, “estamos en la lona”, dice Marco Antonio Martínez, de 27 años. Él rentaba un cuarto en la calle Saratoga, en la colonia Portales pero una barda que se cayó lo dañó a tal grado que no podrá vivir ahí.

Él es abogado y se dedicaba a hacer gestorías de pequeños negocios de la Ciudad de México ante las dependencias del gobierno capitalino. Sin embargo, desde hace 15 días se quedó sin nada, no sólo por el sismo, sino por el robo que sufrió.

Tres horas después de la emergencia, cuando entró nuevamente a su vivienda para sacar objetos personales ya no estaba su televisión, su juego de video, cartera, teléfono celular, ropa y el dinero que tenía ahorrado para rentar un departamento con su novia que tiene tres meses de embarazo.

Prácticamente se quedó sólo con la ropa que llevaba puesta. Por su corpulencia, le es difícil incluso encontrar ropa de su talla entre las donaciones y para regresar a trabajar, dice, es necesario tener ropa adecuada.

Regresar a trabajar y conseguir nuevos clientes porque varios de los que tenía, también sufrieron pérdidas tras el sismo, son las soluciones a su situación, dice Marco Antonio. Pero para hacerlo necesita que alguien le preste un traje, hacer sus tarjetas de presentación, un celular para concretar citas, e incluso, recuperar su identificación oficial.

Aunque en el albergue ha tenido lo necesario, “yo no me quiero quedar aquí”, por eso, dice, “tengo la mente positiva y le voy a echar ganas”.

Jenny vivía desde hace 15 años en un edificio en la calle Zapata y Xochicalco, en la colonia Emperadores. Hasta el momento no les han informado nada sobre la posible demolición del inmueble.

“Aquí en la Benito Juárez somos el negrito en el arroz, muchos dicen que no nos van a ayudar porque no somos propietarios”, dice.

Ella, su esposo y sus dos hijos adolescentes hacen guardias afuera del edificio para evitar la rapiña, a veces va a dormir y asearse al albergue. No sabe qué pasará en el futuro, lo cierto es que no tendrían recursos suficientes para pagar una renta.

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Atentados del 11S: la icónica foto de la "dust lady" cubierta de polvo tras los ataques a las Torres Gemelas

Marcy Border fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres. Te contamos su historia.
11 de septiembre, 2020
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En agosto de 2015 fallecía a consecuencia de un cáncer Marcy Borders, recordada como la “dust lady” (dama del polvo) y cuya fotografía se convirtió en una de las más icónicas de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001.

Fue fotografiada cuando logró refugiarse en un edificio cercano a las torres.

Tenía su rostro y todo su cuerpo cubierto por el polvo que envolvió la Zona Cero después de que los edificios se vinieron abajo.

Dieciocho años después de los atentados, recordamos la historia detrás de esta emblemática imagen.

La fotografía

El 11 de septiembre de 2001, Borders recién cumplía su primer mes de trabajo en el Bank of America, cuyas oficinas se encontraban en el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center.

Lady Dust

Getty Images
En 2002 Marcy Borders posó con el fotógrafo que tomó su imagen cubierta por el polvo en la Zona Cero.

“El edificio comenzó a temblar y balancearse. Yo perdí todo el control. Luché a mi manera por salir de ese lugar”, dijo Borders al diario Daily Mail en 2011.

Desafiando las instrucciones de su jefe de que no debían salir, huyó por las escaleras y se refugió en el vestíbulo de un edificio cercano. Allí su imagen fue capturada por el fotógrafo Stan Honda.

El autor de la instantánea recordó aquel momento en una publicación de Facebook en el décimo aniversario de los ataques.

“Una mujer entró completamente cubierta de polvo gris. Se notaba que estaba muy bien vestida para el trabajo y por un segundo se detuvo en el lobby. Pude hacer una toma de ella antes de que un agente de policía comenzara a dirigir a la gente hacia las escaleras”, escribió Honda en 2011.

Borders, nacida en Nueva Jersey, no se dio cuenta que había sido fotografiada hasta que su madre vio la imagen al día siguiente y se puso en contacto con Stan Honda.

Complicaciones

Ataques del 11 de septiembre de 2001

Getty Images
Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores,

En los años posteriores a los ataques, Borders sufrió cuadros de depresión severa y adicción a las drogas. Incluso perdió la custodia de sus dos hijos.

“No trabajé en casi 10 años y en 2011 era un completo desastre”, le dijo a The New York Post en ese entonces. “Cada vez que veía un avión me entraba el pánico”.

Sin embargo, después de una temporada en rehabilitación, logró desintoxicarse y recuperó la custodia de sus hijos.

En noviembre de 2014 se conoció que padecía de cáncer de estómago.

Borders afirmó que su mal fue el resultado de lo que vivió en 2001. “Definitivamente lo creo porque no tenía ninguna enfermedad”, dijo al diario estadounidense New Jersey Journal.

“Yo no tengo la presión arterial alta, ni el colesterol alto, ni diabetes”.

Miles de personas que se encontraban en la Zona Cero el 11-S fueron diagnosticadas con cáncer en años posteriores, particularmente los rescatistas que trabajaron en los escombros de los edificios en los días y semanas posteriores a los atentados.

Eso llevó a la creación de un fondo compensatorio durante el gobierno de Barack Obama.

Smoke from the burning World Trade Center towers fills up the downtown Manhattan skyline

Getty Images
Muchas personas sufrieron las consecuencias físicas y psicológicas de los ataques del 11S.

Fallecimiento

En entrevistas en los años que siguieron al ataque, Borders culpó de su cáncer al polvo y las sustancias contaminantes que aspiró mientras escapaba del World Trade Center.

Tras su fallecimiento en 2015, Juan Borders, primo de Marcy, la llamó “heroína” y aseguró que “sucumbió a las enfermedades que cargó en su cuerpo desde el 11-S”.

“Además de la pérdida de tantos amigos, compañeros de trabajo y colegas durante y después de ese trágico día, los dolores del pasado han encontrado una manera de resurgir”, dijo.

Noelle, hija de Marcy Borders, le dijo al diario estadounidense New York Post que su madre “peleó una batalla increíble”.

“Ella no sólo es la ‘dust lady’, es mi heroína y vivirá para siempre a través de mí”, concluyó.

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