Ambulantes piden que el trabajo en la calle sea reconocido como un derecho en la Constitución
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Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com

Ambulantes piden que el trabajo en la calle sea reconocido como un derecho en la Constitución

Líderes, vendedores ambulantes e investigadores demandan reconocimiento jurídico al comercio que se realiza en las calles para cambiar las condiciones de desigualdad y vulnerabilidad que padecen las personas que se dedican a ello.
Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com
Por Claudia Altamirano
24 de noviembre, 2017
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El comercio ambulante debe ser reconocido como tal en la Constitución, a fin de garantizar el derecho al trabajo de las personas que venden productos y servicios en la calle, y eliminar la irregularidad legal que los vuelve presa fácil de intereses políticos en tiempos electorales, señalan investigadores y los propios vendedores.

“Somos una válvula de escape. La economía la generamos nosotros y hemos contribuido a que prevalezca la paz social en el país”, sentencia María Rosete, del Frente Metropolitano de Vendedores en Vía Pública. La lideresa de ambulantes pide que sean reconocidos como el sector económico más importante del país y que las decisiones sobre el ambulantaje incluyan su participación para erradicar la situación de desigualdad y vulnerabilidad que padecen.

La economía informal en México tuvo en 2015 una participación de 23.6 % en el Producto Interno Bruto (PIB), generada por 58 % de la población ocupada en actividades económicas informales, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esto significa que por cada 100 pesos generados de PIB en el país, casi 24 los generan los trabajadores informales.

Si bien el concepto de economía informal abarca a todo trabajador que no cuente con seguridad social -incluidos los del hogar y los que realizan agricultura de subsistencia-, los comerciantes son mayoría en este sector: 33.6 % del trabajo informal proviene del comercio, de acuerdo con el INEGI.

Es por esta abrumadora participación en la economía del país que el proyecto de Constitución Política para Ciudad de México, presentado por el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera en 2016, incluía a las personas que trabajan en la calle dentro del propio texto constitucional. En su artículo 15, el proyecto dictaba que “las personas prestadoras de servicios, vendedores fijos y semifijos tienen derecho a desempeñar sus actividades y oficios en los espacios públicos de la ciudad, determinados por la ley; a la certeza jurídica, la seguridad física y la no represión”, en referencia a la constante persecución que sufren por parte de policías, al vender mercancías de manera ilegal.

Sin embargo, el proyecto finalmente aprobado por la Asamblea Constituyente en febrero de 2017 matizó esta denominación y especificó que el comercio ambulante debe ser regulado y delimitado: “Los derechos de las personas trabajadoras no asalariadas, prestadoras de servicios por cuenta propia y comerciantes que realicen sus actividades en el espacio público serán ejercidos a través del establecimiento de zonas especiales de comercio y de cultura popular en los términos que defina la ley con la participación de los propios trabajadores. La ley determinará los mecanismos para un proceso gradual de regularización, formalización y regulación en materia urbana, de espacio público, fiscal, de salud pública y de seguridad social”, indica el apartado 13 del Derecho al Trabajo contemplado en el artículo 10 de la nueva Carta Magna de Ciudad de México.

Esta inclusión en la Constitución local, sin embargo, es superficial e insuficiente para la lideresa de ambulantes, quien considera que también deben estar incluidos en la Carta Magna federal y que aún falta revisar las leyes secundarias de la local, además de elevar a rango de ley el Reglamento de Mercados, el único vigente desde 1951.

“Falta legislar, reconocer la actividad como un empleo, el reconocimiento al trabajo de este sector. Somos parte de una economía, estamos dispuestos a asumir obligaciones pero también tener nuestros respectivos beneficios; el más importante es el reconocimiento de la actividad para evitar ser perseguidos, para tener un espacio digno dónde trabajar, que forme parte de un patrimonio para nuestras familias”, dijo María Rosete a Animal Político.

El reconocimiento que los ambulantes piden va más allá de ser escuchados o visibilizados, considera la investigadora de El Colegio de México, Verónica Crossa. Implica formar parte de las decisiones antes de que sean tomadas, que se les consulten los términos de una negociación antes de ponerla sobre la mesa. “Antes que llegue la Autoridad del Espacio Público o la secretaría de Gobierno a decir ‘los vamos a reubicar y estas son las condiciones’, que sean incorporados como actores fundamentales en la toma de decisiones en la vida comercial, económica y política de ese espacio”, explica la también coordinadora de la maestría en Estudios Urbanos de El Colmex.

En el seminario “Trabajo en las Calles” realizado en esa casa de estudios, los vendedores expresaron sus necesidades y su postura frente al aparente dilema entre el derecho de los comerciantes a trabajar, y la ocupación del espacio público. Coincidieron en que la venta en las calles impulsa la economía del país y ayuda a quienes no tienen ingresos suficientes para adquirir productos en el comercio formal, pero admitieron que necesitan mejorar sus condiciones para estar en una mejor posición de negociar con las autoridades.

Necesitamos ser más ordenados y organizados para que no nos menosprecien, pero en muchas casas no alcanzó para darnos educación, por eso sólo nosotros mismos podemos educarnos”, instó una vendedora que participó en el seminario. “Es fácil achacarle a las autoridades el caos, pero hay que preguntarnos qué tanto nos involucramos nosotros”, expresó Daniel Miranda, representante de los fotógrafos informales. “Hemos evolucionado porque la calle es difícil, pero somos la gente más formal, tenemos cuentas, estamos organizados, somos unos empresarios”, apuntó.

Este sector vive condiciones de inequidad estructural que lo coloca en una situación de vulnerabilidad, advierte Crossa, por lo que, para resolver el conflicto entre la necesidad de este tipo de empleo y el derecho al espacio público, se le debe mirar más allá de lo técnico y lo estético y darle una dimensión de desigualdad.

“Hay que partir de que no son igual, algunos están más desprotegidos de otros, no sólo en términos jurídicos sino desprotegidos de una valoración moral, que dice que unos sí son merecedores de estar y otros no”, indicó por su parte la doctora Crossa, autora del ensayo ‘Cambiando las categorías morales en el discurso político: De la calle al espacio público en la Ciudad de México’.

“Hay una valoración moral que de entrada los pone en contextos distintos: cómo hablan, cómo se visten. Uno como ciudadano los ve e inmediatamente tiene un juicio sobre cómo son, qué hacen y si deberían estar ahí o no. No partimos de condiciones de igualdad, ni materiales ni simbólicas; esto que llamamos espacio público como espacio de todos, lo sería si todos estuviéramos en las mismas condiciones, entonces ¿por qué no pensamos en lo público de otra manera y lo redefinimos?”, cuestionó la académica.

Para empezar a resolver este conflicto, de acuerdo con Crossa, se requiere un Estado fuerte con instituciones sólidas que funcionen en la redistribución del espacio, que no se limite a repartir metros cuadrados, sino a tratar de encontrar acuerdos, ya que desde 2007 no ha habido una gran reubicación de ambulantes en Ciudad de México. “Si hay algo que está en crisis es lo público y por ende el Estado”, puntualizó.

Los comerciantes dicen estar dispuestos a asumir las obligaciones que implica la formalización de su trabajo, y a cumplir con los compromisos que se les exijan para ello. “No nos negamos a pagar impuestos, al contrario, queremos que se nos reconozca”, dijo una vendedora que acudió a El Colmex con su hijo. “No queremos nada regalado, queremos una plaza”, dijo otra. “También nosotros queremos recuperar el Centro Histórico, para que no nos usen como botín político”, apuntó una más. La lideresa María Rosete resumió estas demandas asegurando que están listos para asumir todo lo que conlleva la ley: prestaciones, beneficios y obligaciones. “Estamos dispuestos a pagar al fisco lo justo. Si tenemos el compromiso de mantenerlo limpio y ordenado, lo vamos a hacer; si eso implica hacer aportaciones por el uso del espacio, lo vamos a hacer”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Super Bowl 2020: por qué a la NFL le interesa que el futbol americano siga siendo violento

La violencia es alentada por aficionados, entrenadores y casi todo el entorno que rodea al deporte más popular de Estados Unidos. Y tanto expertos como jugadores coinciden en que parte del lucrativo negocio del fútbol americano está relacionado con los golpes y las lesiones.
2 de febrero, 2020
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PUn choqueSuper Bowl 2020

Getty Images
Los choques entre los jugadores son vitoreados por los aficionados a este deporte.

Cuando miras un partido de fútbol americano en el estadio, un bar o con tus amigos en la sala de tu casa, las ovaciones y gritos se desatan cuando uno de los equipos realiza una anotación o uno de los jugadores atrapa un pase casi imposible.

Pero esto también sucede cuando el jugador que lleva el balón es derribado violentamente por un adversario para frenar su avance.

La mitad de la dinámica del deporte más popular en Estados Unidos es esa: impedir a la fuerza que el equipo contrario llegue hasta la zona de anotación.

La otra parte consiste en lo contrario, romper la defensa rival y llevar el ovoide hasta el otro extremo del campo de juego para sumar puntos.

De ahí que se celebren tanto esos derribos furiosos que estamos acostumbrados a ver en la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por su siglas en inglés) y que seguramente se verán este domingo en Miami, en el partido más esperado de este deporte: el Super Bowl.

Sin embargo, expertos sostienen que la algarabía que se desata tras un choque entre dos jugadores no solo tiene que ver estrictamente con el desarrollo del partido, sino que se trata de verdaderas ovaciones a la violencia.

Y que tal vez eso, lo violento que es el fútbol americano, es el secreto de su lucrativo éxito.

Exaltación de la violencia

Estados Unidos es un país que, como muchos otros, tiene episodios de bastante violencia que han delineado su historia.

Jugador de 49ers

Getty Images
Los jugadores son incitados a ocultar sus lesiones, a no mostrar debilidad.

Gregg Murray, profesor de la Universidad Estatal de Georgia, sostiene que los matices duros y sanguinarios son los que se destacan en muchos relatos del pasado que se han vuelto emblemáticos en el país.

Pone el ejemplo de la leyenda de John “Come hígados” Jhonson, de quien se dice que, en venganza por el asesinato de su esposa, asesinó a más de 300 indígenas.

De acuerdo al mito, cada vez que mataba a un nativo estadounidense, el bandolero practicaba el mismo ritual: les arrancaba los cueros cabelludos para su colección y luego se comía sus hígados.

“La gran mayoría de esos cuentos fueron inventados por el whisky, fogatas, y seamos sinceros, no muchos testigos”, indica el académico.

Murray añade que esta exaltación de la violencia persiste, por ejemplo, en la fascinación por los deportes de caza y, claro, el fútbol americano.

“Nosotros elegimos nuestros propios rituales, elegimos nuestros propios deportes y elegimos cómo jugarlos”, concluye.

El caso Aaron Hernández

El suicidio de la exestrella de la NFL Aaron Hernández, mientras se encontraba en prisión, conmocionó al país en 2017.

El exjugador de los Patriots de Nueva Inglaterra pagaba una condena de por vida después de haber asesinado a un amigo suyo en 2013.

Hernández como jugador

Getty Images
El caso de Hernández conmocionó Estados Unidos.

Hace poco, la empresa de contenidos en línea Netflix estrenó un documental de tres capítulos sobre el deportista que tenía 27 años en el momento en el que se colgó con una sábana: “En la mente de Aaron Hernández”.

En ella se explica con detalle el cuadro de encefalopatía traumática crónica (ETC) que le fue descubierto en el cerebro después de que falleció.

En el documental, Ann McKee, experta en neurología de la Universidad de Boston, cuenta que Hernández tenía un deterioro inusualmente extenso en sus lóbulos frontales, que son críticos para el juicio y la toma de decisiones.

Este sería el primer caso que hemos visto de ese tipo de daño en un individuo tan joven“, indica la neuróloga.

McKee añade que el cerebro de Hernández tenía un daño similar al de una persona de 60 años de edad con la misma enfermedad.

Hernández en el juicio

Getty Images
Hernández fue condenado a cadena perpetua y años después se suicidó.

El ETC es una condición degenerativa inducida por repetidos golpes en una región de la cabeza.

Una realidad que no se pudo ocultar más

Tras lo sucedido con la exestrella de los Patriots, medios de comunicación estadounidenses recordaron que el ETC que padecía Hernández no es un caso de excepción en la NFL, en el fútbol americano universitario y otras ligas y señalaron que las autoridades que manejan ese deporte están conscientes de ello.

De hecho, desde principios de siglo se comenzó a denunciar que el ETC era el denominador común en casos de varios jugadores que se suicidaron, sufrían fuertes depresiones o incurrían en acciones violentas.

Uno de los más sonados fue el de Justin Strzelczyk, el extackleador de los Pittsburgh Steelers, quien en 2004 estrelló su vehículo a 150 kilómetros por hora contra un camión cisterna mientras era perseguido por la policía.

En la autopsia se confirmó que tenía ETC. Meses antes de morir había confesado que “oía voces”.

En 2011, el jugador retirado Dave Duerson eligió suicidarse disparándose en el pecho. La nota con su última voluntad explica porque no apuntó a su cabeza: pedía que estudien su cerebro.

Jugador de 49ers

Getty Images
Las expresiones de agresividad y fuerza son usuales entre los jugadores.

Debido a la seguidilla de casos, en 2012, el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos realizó un estudio a 3.349 jugadores y exjugadores profesionales de fútbol americano que concluyó que estos deportistas tienen tres veces más posibilidades de morir por desórdenes neurodegenerativos o esclerosis lateral amiotrófica.

Mientras que la Universidad de Boston reportó en 2016 que 90 de 94 cerebros de exdeportistas de la NFL que examinó tenían ETC o signos de tenerlo.

Si bien la Liga Nacional de Fútbol Estadounidense reconoció este problema y anunció una serie de medidas para reducir las conmociones cerebrales dentro de los campos de juego, persisten las voces que la acusan de sacar partido de la violencia en el fútbol americano.

Negocios con la violencia

Chris Borland llegó a los 49ers de San Francisco en 2014 y en sus primeros ocho partidos en la NFL ya era considerado uno de los mejores novatos del año.

Sin embargo, un año después abandonó el fútbol americano preocupado por las lesiones cerebrales (había empezado a escuchar un zumbido) y decepcionado con los jerarcas de ese deporte.

“A partir de mi mínima interacción con la directiva de la NFL creo que hay cierta arrogancia”, indicó.

El exdefensa explicó que, como en Estados Unidos “el fútbol americano es una religión“, los dirigentes no prestan mayor atención a las consecuencias de la violencia en el juego que sufren los deportistas en el largo plazo.

“Aunque ahora cuenten las faltas y digan que los traumatismos han disminuido o atiendan a los jugadores, el fútbol americano es el deporte más popular en Estados Unidos porque es violento“, afirma.

Borland, en el documental sobre Hernández de Netflix, sostene que en la NFL “para ellos es hacer negocio con la violencia, no con la salud”.

Jugadores de los dos equipos del SuperBowl

Getty Images
Jimmy Garoppolo y Patrick Mahomes son los comandantes en el Super Bowl 54.

“Más seguro que nunca”

Pese a las observaciones insistentes de médicos, deportistas y la prensa, la NFL insiste en que las medidas tomadas en los últimos años ya muestran resultados.

La organización destacó, por ejemplo, que entre 2017 y 2019 el número de conmociones cerebrales se ha reducido tanto en los partidos oficiales como en los entrenamientos.

Modificaciones en el reglamento de juego y mayores exigencias de protección para los cascos son algunas de las acciones tomadas por las autoridades deportivas que manejan el fútbol americano profesional en Estados Unidos.

De hecho, la entidad anunció en diciembre un fondo de US$3 millones para desarrolladores de prototipos de cascos que mejoren la seguridad de los futbolistas.

En julio del año pasado, la NFL unió fuerzas con la liga principal del futbol americano universitario (NCAA) para realizar investigaciones en diferentes campos y garantizar que el deporte favorito de EE.UU. sea “más seguro que nunca“,

Fuera de las canchas

Cientos de conmociones cerebrales por año, cada vez más casos de ETC y episodios trágicos como los de Hernández, Strzelczyk o Duerson son hechos bien conocidos por los aficionados al fútbol americano, sin embargo las embestidas violentas de un jugador a otro se siguen ovacionando.

“Los fanáticos lo saben. Curiosamente se deleitan con las lesiones, aclaman con entusiasmo ‘golpes rompehuesos’ y dicen frases como ‘¡Oh, eso lo va a sentir mañana en la mañana’. Y es verdad. Ese jugador lo sentirá todos los días por el resto de su vida”, señala el analista.

La violencia, explica Murray, es alentada por aficionados, entrenadores y casi todo el entorno que rodea a este deporte.

La NFL creó un fondo para financiar el desarrollo de cascos más seguros para los jugadores.

Getty Images
La NFL creó un fondo para financiar el desarrollo de cascos más seguros para los jugadores.

Por ello, los jugadores universitarios soportan sus lesiones con la esperanza de llegar en algún momento a la NFL y es prácticamente imposible ver a un jugador de fútbol americano fingir una lesión como sí se hace en otros deportes.

“Se alienta a los jugadores a ocultar las lesiones, ya que le da al oponente información importante sobre su equipo, es decir, sus debilidades. Los contrarios se alinean en lados opuestos del balón y a menudo se encuentran encerrados en enfrentamientos uno a uno, donde cualquier pequeña lesión, si se explota, significará la diferencia“, explica el experto.

Bajo esta realidad, resulta bastante difícil que la violencia no sea parte vital del deporte favorito de Estados Unidos.

“Y cuando el presidente de EE.UU., que mira fútbol americano, comenta que el juego se está volviendo suave, respalda abiertamente las lesiones de los jugadores. Quiere que la violencia se celebre abiertamente. Le gusta ver a la gente lastimada”, concluye Murray.


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https://www.youtube.com/watch?v=SON0H-nAbZw

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https://www.youtube.com/watch?v=6ri6xiEMwao

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