Obra Chueca: una plataforma digital ciudadana para denunciar corrupción inmobiliaria en la CDMX
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Manu Ureste

Obra Chueca: una plataforma digital ciudadana para denunciar corrupción inmobiliaria en la CDMX

La plataforma digital Obra Chueca surgió en marzo de 2017, y hasta octubre de este año ha registrado 850 reportes ciudadanos sobre irregularidades en construcciones, como edificar uno o varios niveles más de los permitidos por ley.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
14 de noviembre, 2017
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Construir violando una o varias disposiciones del reglamento de construcción de la Ciudad de México; edificar sin permiso; o levantar uno o más niveles de altura por encima de lo permitido, son las principales denuncias que ciudadanos reportaron en #ObraChueca; una plataforma digital elaborada por las organizaciones civiles Ruta Cívica, VIRK y Suma Urbana.

La plataforma tiene por objetivo realizar un monitoreo ciudadano de la corrupción inmobiliaria en la capital del país y así visibilizar “el caos urbano de los últimos años” en la ciudad.

Maritere Ruíz, de la organización Suma Urbana, explicó que #ObraChueca surgió en marzo de 2017, y que hasta el corte de octubre de este año, es decir, en apenas ocho meses, ha registrado 850 reportes ciudadanos sobre violaciones a los programas de desarrollo urbano, falta de rigor en el cumplimiento del Reglamento de Construcciones, entre otras irregularidades.

57% de las obras reportadas, sin permiso o con documentos falsos

De esos 850 reportes, el 54% (391 reportes) indicó a través de la plataforma digital que la obra no cumplía con una o varias características que exige el Reglamento de Construcciones.

Este tipo de irregularidad se refiere, por ejemplo, a que la obra no respetó el espacio entre colindancias, o el tamaño proyectado para las áreas libres, o las plazas de garaje.

El segundo tipo de irregularidad más frecuente es construir sin los permisos necesarios, o sin la documentación correspondiente: 307 reportes, el 42% del total.

Josefina MacGregor, de la organización Suma Urbana, subrayó en este punto que además de construir sin permiso, ciudadanos también reportaron en 101 ocasiones que hay obras que se están realizando con documentación “falsa”.

Por lo que si se suman los 307 reportes de obras sin permiso a los 101 de obras con documentos falsos, se obtiene que el 56% de las obras reportadas se están realizando “sin supervisión” de las autoridades.

“Ante situaciones como el sismo del pasado 19 de septiembre, esto cobra una gran importancia porque la autoridad no está enterada de que existe esa construcción y mucho menos las características constructivas que se están llevando a cabo”, señaló McGregor.

Falta de certeza en la cimentación de edificios

El tercer y cuarto lugar de irregularidades más comunes son las construcciones que tienen uno o más niveles construidos de lo permitido –hasta 301 reportes, el 41%-, y las construcciones que tienen una infraestructura de riesgo y no cumplen con las medidas de Protección Civil -219 reportes, el 30%-.

Lo anterior, planteó Mónica Tapia, de la organización Ruta Cívica, redunda en “una falta de certeza” en cuanto a la cimentación y estructura de los edificios, además de violar las zonificaciones de los programas delegacionales y parciales de desarrollo urbano.

Asimismo, como ejemplo de infraestructuras que no cumplieron con las medidas de seguridad de Protección Civil se expuso el caso del helipuerto construido ilegalmente en el edificio ubicado en la calle Nuevo León 238 en la colonia Condesa, el cual, durante el sismo del 19 de septiembre, sufrió daños estructurales graves y afectó a los departamentos aledaños.

En quinto lugar se registraron 208 reportes (28%) de violaciones al uso de suelo. Mientras que en sexto, se registraron 151 reportes (21%) señalando que no hubo estudios de impacto ambiental en construcciones, o que estos fueron deficientes, o incluso falsos.

Otros 95 reportes (13%) denunciaron que una “obra chueca” afectó la estructura de su casa. Por ejemplo, el caso de Aztecas 215, en Los Reyes Coyoacán, donde las excavaciones profundas que se realizaron para construir tres torres de departamentos han provocado hundimientos en los terrenos aledaños y agrietamientos en las viviendas cercanas.

La Benito Juárez y Álvaro Obregón, las que más reportes tienen

En cuanto a cuáles son las delegaciones de la Ciudad de México que acumulan más reportes ciudadanos por irregularidades en obras, la número uno es la Álvaro Obregón, con 147 reportes.

Le sigue la Benito Juárez, con 134 reportes; la Miguel Hidalgo, con 126; y la Cuauhtémoc con 85.

Las que menos reportes acumulan son Tláhuac, con cuatro, y la Magdalena Contreras, con 6.

En la web de Obra Chueca puedes participar con tu reporte en el monitoreo contra la corrupción inmobiliaria. Una vez en la plataforma, ésta explica al usuario, paso por paso, cómo puede reportar construcciones que no cumplen con la ley, o que presentan irregularidades.

 

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Cubrebocas: desde la peste negra hasta la pandemia, su evolución en 500 años de historia

Usar mascarilla se ha convertido en la “nueva normalidad”. Pero aunque el uso del cubrebocas ahora puede ser normal, no es nuevo.
Getty Images
17 de mayo, 2021
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Una vez estuvieron limitadas a ladrones de bancos, excéntricas estrellas del pop y turistas japoneses conscientes de la salud. Pero ahora el uso de mascarillas faciales en público es tan común que se le ha apodado “la nueva normalidad”.

Puede que sea normal, pero no es nuevo.

Desde la peste negra hasta el esmog sofocante, la contaminación del tráfico y la amenaza de ataques con gas, los londinenses han usado tapabocas durante los últimos 500 años.

Aunque las mascarillas más antiguas se utilizaron para disfrazarse, ponerse una mascarilla protectora se remonta al menos al siglo VI a.C.

En las puertas de las tumbas persas se encontraron imágenes de personas con telas sobre la boca.

Según Marco Polo, los sirvientes de la China del siglo XIII se cubrían la cara con bufandas tejidas. La idea era que el emperador no quería que su aliento afectara el olor y sabor de su comida.

Esmog

esmog en Londres en 1952

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Parece un crucero en el océano pero estas son chimeneas de fábricas lanzando una densa niebla de esmog en Londres en 1952.

La Revolución Industrial del siglo XVIII ayudó a crear el famoso esmog de Londres, que se intensificó a medida que más y más fábricas arrojaban humo y los hogares mantenían encendidos sus fuegos de carbón.

Muchos inviernos vieron gruesos mantos de esmog amarillo grisáceo cubriendo la capital.

El peor episodio fue en 1952, cuando entre el 5 y el 9 de diciembre al menos 4.000 personas murieron inmediatamente después, y se estima que otras 8.000 murieron en las siguientes semanas y meses.

Otras 1.000 personas murieron a causa del esmog en diciembre de 1957, y otro episodio en 1962 provocó 750 muertes.

El esmog era tan denso que los trenes no podían circular,e incluso hubo informes de ganado que murió asfixiado mientras permanecían en los campos.

mujer en 1953

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Una mujer con tapabocas y perlas en los 1950.

En la década de 1930, las mascarillas “anti-esmog” se volvieron tan de rigor en la cara como los sombreros de fieltro en la cabeza.

Las Leyes de Aire Limpio de 1956 y 1968 prohibieron la emisión de humo oscuro de una chimenea, establecieron límites para las emisiones de grava y polvo de los hornos y proporcionaron un marco para el control de la altura y la posición de las chimeneas.

La contaminación del aire, aunque ya no forma una niebla densa y peligrosa, sigue siendo un problema.

La plaga

peste negra

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Médicos durante la peste negra antes de que fueran introducidas las máscaras de “picos de aves”.

Fue la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez en el siglo XIV, matando al menos a 25 millones de personas entre 1347 y 1351, lo que presagió el advenimiento de la mascarilla médica.

Algunos creían que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona.

Intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara o llevando ramilletes de olor dulce.

El símbolo de la plaga, esa siniestra imagen de individuo con máscara de pájaro que parecía la Sombra de la Muerte surgió en los últimos estertores del brote final, a mediados del siglo XVII.

médico con máscara en la peste negra

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La máscara que se usó durante la peste negra se llenaba con hierbas aromáticas para contrarrestar los miasmas.

Los perfumes y las especias todavía se usaban: el “pico” se originó como un lugar para colocar hierbas y aromáticos con el fin de contrarrestar el llamado miasma.

La ropa protectora que usaban los médicos que trataban a los pacientes durante la Gran Plaga de 1665, incluía una pesada túnica de cuero, espesos protectores de vidrio para los ojos, guantes y sombreros.

Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

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Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

Tráfico

Cuando llegó el Londres victoriano, las damas bien educadas, expertas en cubrirse la piel y siempre dispuestas a abrazar cualquier cosa que pudiera ser un adorno intrincado que venía en negro, comenzaron a colocar velos en sus sombreros.

Aunque se usaba durante el duelo, el papel del velo no era exclusivamente fúnebre.

También ayudaba a proteger el rostro de una mujer del sol, la lluvia y los contaminantes, así como la suciedad y el polvo en el aire.

Según el organismo de Transporte de Londres y el King´s College de Londres, la principal causa de contaminación hoy en día es el tráfico.

Las emisiones de escapes, que incluyen óxidos de nitrógeno y pequeñas partículas de caucho y metal, se bombean al aire.

contaminación

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Un conductor lleva una máscara de gas anticontaminación en 1971.

Los delgados velos, como los usaban las conductoras a principios del siglo XX, ya no protegen de estos contaminantes.

Ver a ciclistas con mascarillas anticontaminantes era común mucho antes de que el coronavirus nos llevara a todos a cubrirnos la cara.

Gas

bailarinas

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Hasta las bailarinas de cabaret en Londres llevaban máscaras de gas.

La amenaza de una segunda guerra mundial, 20 años después de que en la Gran Guerra se había visto el uso de gas cloro y gas mostaza, provocó que el gobierno emitiera máscaras de gas tanto para la gente común como para los militares.

Para 1938 se habían distribuido 35 millones de respiradores para todos los civiles y eran una vista familiar en la vida diaria, incluidos los adornos de las bailarinas en el Cabaret de Murray en Beak Street, Londres; y policías ciclistas que los usaban como parte de su equipo de protección personal.

camello

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Se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles máscaras a la medida.

Incluso los animales tenían sus propias mascarillas: se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles estos accesorios a la medida, mientras que a los caballos se les colocó un tipo de cubierta facial que parecía una bolsa en la nariz.

Gripe española

Un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora.

Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas.

Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia.

espray antigripal en un autobús

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Muchas empresas intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses

Las tropas apiñadas en vagones de tren y camiones se aseguraron de que la infección, altamente contagiosa, pasara de un hombre a otro.

Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades, y de allí a los suburbios y al campo.

Las empresas, incluida la London General Omnibus Co, intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses y haciendo que sus empleados usaran tapabocas.

Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

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Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

La revista Nursing Times en 1918 incluyó consejos para contener la enfermedad, con una descripción de cómo las hermanas del hospital St Marylebone Infirmary en North Kensington erigieron particiones desinfectadas entre cada cama y “cada enfermera, médico, ayudante de sala” que entraba en el ala epidémica tenía que usar una máscara y un traje de cuerpo completo.

Se instó a la gente común a “usar una máscara y salvar su vida“; muchos se hicieron la suya con gasa o añadían gotas de desinfectante a artilugios que se ponían debajo de la nariz.

Fama

Boy George

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Boy George llega al aeropuerto de Heathrow en 1985 cubriéndose la cara con una bufanda.

Otro tipo de mascarilla ha surgido en los últimos tiempos, una que satisface la necesidad de proteger la cara de la mirada fulminante de los fanáticos ávidos (y presumiblemente, los enemigos).

Estas son perfectas para las celebridades que quieren llamar la atención sobre sí mismos mientras conservan la negación plausible de “no quiero ser reconocido, por eso estoy usando una mascarilla notable”.

Aún no se sabe que opinan de las personas normales y no famosas que cubren sus caras normales y no famosas, ahora que ocultar la cara no logra atraer ni la más breve de las miradas curiosas.


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