La desaparición de niños y adolescentes se triplica en el gobierno de Peña Nieto
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Montserrat Sánchez Maldonado

La desaparición de niños y adolescentes se triplica en el gobierno de Peña Nieto

El informe ‘La Infancia Cuenta’ 2017 revela la epidemia nacional de menores desaparecidos en México, 70% de ellos durante la actual administración, la mayoría en el Estado de México
Montserrat Sánchez Maldonado
Por Claudia Altamirano
30 de noviembre, 2017
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Durante los primeros cinco años del gobierno de Enrique Peña Nieto, el número de niños y adolescentes desaparecidos ha sido tres veces más alto que la cifra registrada en todo el sexenio pasado: de mil 584 casos reportados entre 2006 y 2012 se pasó 4 mil 394 de 2013 a julio de este año.

De acuerdo con un informe elaborado por la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), el peor de esos cinco años fue 2016 con mil 431 desapariciones. La entidad donde han ocurrido más casos es el Estado de México.

El Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED) reporta 33 mil 482 personas registradas como desaparecidas en México desde 1979 y hasta julio de 2017, de los cuales 6 mil 079 son niños y adolescentes, lo que representa el 18.2% del total de desapariciones. De esa última cifra, el 70% ocurrió durante la presente administración, y la diferencia con las anteriores es dramática: durante el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) hubo 23 y en el de Felipe Calderón (2007-2012) hubo mil 584; mientras que a un año y medio de que concluya la gestión del priista Enrique Peña (julio 2017), se habían reportado 4 mil 394 desapariciones.

Lee: #PersonasNoRenglones. Desaparecidos en México

El año 2016 fue históricamente el más grave en materia de desaparición de menores con mil 431 casos reportados, casi una cuarta parte (23.5%) del total que registra el RNPED, y en 2017 las desapariciones de población de 0 a 17 años de edad suman ya 812 casos, denuncia la Red en el informe ‘La infancia Cuenta 2017’ que presenta este jueves. Para el grupo de organizaciones defensoras de la infancia se trata ya una “epidemia”, al ser una situación que el Estado no ha tenido la capacidad de reconocer ni de dar respuesta apropiada.

El Estado de México es la entidad con el mayor número de niños y adolescentes desaparecidos en el país: hasta julio de 2017 se registraron mil 498 casos. “El Estado de México representa el reino de la impunidad de este país. Claramente muestra cómo el crimen organizado puede capturar al Estado. Puede mostrar cómo la vida de las personas, literalmente, no vale nada”, dijo a Animal Político el director de Redim, Juan Martín Pérez.

Aunque el Edomex es la entidad más poblada del país, no se puede atribuir a este factor el gran número de desapariciones, ya que al calcular la tasa por cada 100 mil habitantes de entre 0 y 17 años de edad, sigue encabezando la lista: 10.4 por cada 100 mil sólo en 2016, seguido de su vecino Puebla con 9.6, así como de Sinaloa y Colima, ambos con 9.1, de acuerdo con los cálculos de Redim.

Sin embargo, la Red advierte que estos números son sólo una aproximación al problema, ya que la cifra negra (casos que no se denuncian) en delitos cometidos contra niños llegó hasta 93.6% en 2016. Las organizaciones atribuyen esta crisis a varias causas que se acentúan en un contexto de impunidad, “donde aun cuando se denuncia no pasa nada, donde hay omisión de las autoridades como forma intencionada de inhibir la denuncia, y donde no se considera a los niños como responsabilidad del Estado, sino de sus familias”, refiere Juan Martín Pérez.

No más ‘intocables’

El director de Redim indica que no hay evidencia de que esta ola de desapariciones de menores de edad tenga algo que ver con ellos, directamente; sino que es un “triste” síntoma de la gravedad de la crisis de seguridad que vive todo México. “Hay una ruptura terrible en 2011 en el marco de la lucha contra el narco, cuando se empezaron a fragmentar los grupos criminales rompieron sus códigos de relación: eso significaba no tocar a las familias y eso se rompió. Empezó a haber muchos homicidios de niños que iban con sus padres, para dar la lección de cobrar la vida de los seres queridos”, explica Pérez.

De acuerdo con el Instituto de Estadística (Inegi), en 2015 se registraron 20 mil 762 homicidios en México, de los cuales 5% (mil 057) corresponde a población de 17 años o menos. La tasa de mortalidad por esta causa en 2015 fue de 2.6 homicidios por cada 100 mil niñas, niños y adolescentes. “En Guerrero documentamos venganzas en las que entregaban cuerpos mutilados de niñas y niños. Ya no hay límite en respetar la vida de niños, personas mayores, mujeres”, lamenta el activista y recuerda el caso de la familia ejecutada en septiembre pasado en Coyuca de Benítez, Guerrero, donde fueron asesinados un padre y sus hijos, uno de ellos de 16 años. Sus cuerpos aparecieron juntos con el tiro de gracia en un lote de ese municipio.

La guerra contra el narcotráfico ha impactado a los menores no sólo por los homicidios y desapariciones, advierte el informe de Redim, también por el reclutamiento forzado de niños y adolescentes en los grupos delictivos; la orfandad y el desplazamiento forzado.

Otra de las causas del aumento en las desapariciones es la trata de personas, flagelo que explica por qué la mayoría de los menores ausentes son de sexo femenino: de acuerdo con el reporte, seis de cada 10 casos son de niñas y adolescentes mujeres. “Este incremento está claramente asociado con una nueva vertiente de negocio criminal en la trata con fines de explotación sexual. Se dan cuenta de la vulnerabilidad de las mujeres adolescentes y los altos índices de impunidad”, indica Juan Martín Pérez.

Viajan solos

La desaparición de menores también ocurre con frecuencia en el contexto de la migración ilegal, particularmente cuando los niños viajan solos para encontrarse con sus padres en Estados Unidos. “Esto presupone una alta situación de riesgo para niñas, niños y adolescentes, quienes en muchas ocasiones son violentados durante los trayectos, abandonados o utilizados dentro de actividades delictivas”, indica el informe de Redim. “Lamentablemente, las niñas, niños y adolescentes no acompañados se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad frente a esta clase de delitos”.

El fenómeno de los menores que migran solos ha crecido exponencialmente en los últimos tres años, según diversos estudios de organizaciones internacionales como Naciones Unidas y Human Rights Watch. La postura de México frente a este problema, como país de tránsito, ha sido deportar a más del 85% de los niños y adolescentes migrantes no acompañados de Centroamérica, que huyen de la violencia en sus países. Al intentar evitar su deportación, los menores quedan a merced de los grupos criminales que prometen ayudarlos a cambio de dinero.

Adopciones ilegales

Una de las situaciones más graves que Redim ha identificado en los últimos años respecto a la desaparición de niños y adolescentes es su sustracción desde instituciones de cuidado –albergues y centros de reintegración- para entregarlos en adopciones ilegales, como fue el caso Casitas del Sur en 2008, cuando un grupo criminal vinculado a una secta “creó albergues para llevarse a los niños a otros países y algunos fueron entregados en adopción irregular a familias de la secta en el país, sin que hasta el momento haya autoridades sancionadas por estos hechos, mientras siguen desaparecidos la mayor parte de los chicos”, recuerda el director de la Red.

Pérez explica que el Estado mexicano no tiene albergues propios, sino que los 700 centros que dan refugio a 30 mil niños en el país son gestionados en instituciones privadas. Además, los anexos centros de tratamiento para adicciones en adolescentes se han convertido en blanco de ataques de la delincuencia, que los usa como espacios de reclutamiento.

Respuesta insuficiente

El informe 2017 de la Red por los Derechos de la Infancia advierte que la epidemia de desapariciones no disminuirá mientras el Estado no implemente mecanismos efectivos de búsqueda, ya que hasta ahora cuenta con herramientas insuficientes como la alerta Amber, que resulta inútil si los ministerios públicos retrasan las búsquedas bajo el pretexto de que el o la menor podrían haberse escapado. “Hay retardo en el inicio de las diligencias de investigación por parte de las autoridades ministeriales, así como el paradigma tutelar que aún impera en las autoridades de procuración de justicia que estigmatizan a las víctimas, especialmente cuando éstas son personas adolescentes, pues esta estigmatización limita las líneas de investigación”, refiere el texto.

Juan Martín Pérez propone dos herramientas iniciales: anular la investigación oficiosa e implementar una alerta similar a la de feminicidios en municipios con altos índices de violencia y desaparición de menores. “Se tiene que desatar la búsqueda sólo con el aviso. Un niño que no está con sus tutores está desaparecido y en riesgo, no extraviado. Este principio ayudará a que la autoridad actúe de forma inmediata. Si buscamos es porque no están, claro que puede pasar que los adolescentes se enojen y se vayan de su casa, pero al buscarlos por defecto no se pone en riesgo su vida”, advierte el director de Redim.

Además de crear mapas dinámicos para ubicar patrones regionales que pudieran anunciar un foco rojo, es necesario cruzar los datos de niños en albergues, ya que actualmente no existen directorios oficiales, según Juan Martín Pérez. También se requiere cruzar las bases de datos de los servicios forenses estatales, ya que muchas de las desapariciones podrían encontrar respuesta allí. “Lo importante es entender que es un tema grave que requiere respuesta institucional articulada, es un delito vivo, latente, son niños que mientras tanto pueden estar siendo víctimas de otros delitos”, concluye.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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BBC

De afección respiratoria a multisistémica: cómo cambió lo que sabemos del COVID

En solo unos cuantos meses, los médicos han descubierto que el COVID-19 no solo se manifiesta como una enfermedad respiratoria. Entender sus alcances y efectos ha sido una lucha a contrarreloj para salvar vidas.
BBC
25 de mayo, 2020
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Cuando hablas con médicos de las unidades de cuidados intensivos (UCI) en Reino Unido y otros países del mundo que lidian desde hace semanas con los efectos devastadores de la covid-19, la frase que repiten una y otra vez es: “Nunca hemos visto algo como esto”.

Sabían que se venía una nueva enfermedad: una desconocida infección respiratoria que había aparecido por primer vez en China a finales del año pasado.

Pero los casos que fueron llegando tomaron incluso a los especialistas más experimentados de las UCI por sorpresa.

La mayoría de la gente infectada con el nuevo coronavirus tenía sólo síntomas moderados y, en algunos casos, ninguno.

Pero en muchos de los pacientes gravemente enfermos, la covid-19 es una enfermedad extremadamente compleja.

Virus tipo
Getty Images

Los coronavirus son una familia amplia de virus, pero se sabe que solo seis (el nuevo sería el séptimo) infectan a las personas.

Lo que sigue es un resumen de lo que los médicos aprendieron en estos meses de cómo la covid-19 ataca al cuerpo humano y de todo lo que aún continúa siendo un misterio.

Más que una neumonía viral

Si bien la mayoría de los médicos “esperaban encontrarse con un virus respiratorio que causa neumonía, algo parecido a la gripe estacional pero en una escala mucho mayor”, se hizo evidente rápidamente que el virus afectaba mucho más que la respiración de la gente, le dice a la BBC Anthony Gordon, médico de la UCI del Hospital St Mary en Londres.

La neumonía viral es una enfermedad desagradable -una infección grave de los pulmones que provoca inflamación a medida que el cuerpo lucha contra ella-, pero en los peores casos, la covid-19 era algo totalmente nuevo.

“Es un tipo de enfermedad muy distinta a lo que hemos visto hasta ahora y difiere de paciente a paciente como ninguna otra“, dice Ron Daniels, médico de una UCI denBirmingham, Reino Unido.

Médicos en Wuhan

Getty Images
En principio, cuando aparecieron los primeros casos en China, se pensó que el virus atacaba solamente los pulmones.

A los pacientes más graves les provoca inflamación y coágulos de sangre, ataca múltiples órganos y causa problemas que ponen su vida en riesgo.

“Hemos tenido pacientes muy, muy enfermos cuya masa corporal sufre unos cambios profundos”, le dice a la BBC Beverly Hunt, especialista en trombosis que trabaja en una UCI en Londres.

Oxígeno

En marzo, cuando el virus empezó a propagarse más rápidamente en Reino Unido, a los hospitales llegaban pacientes con falta de oxígeno.

Pero también otros, los más graves, que presentaban problemas en órganos más allá del sistema respiratorio y cuya sangre tenían características que los médicos no pueden explicar.

“Aún no sabemos por qué algunos pacientes se sienten bien al principio, aunque tengan niveles bajísimos de oxígeno en su sangre”, dice Hugh Montgomery, médico de cuidados intensivos del Hospital Whittington, en el norte de Londres.

Una UCI con un paciente intubado

Getty Images
Mientras que un paciente con neumonía viral puede estar conectado a un respirador por una semana, alguien con covid-19 necesita un tratamiento más largo.

Anthony Gordon cree que esto “podría estar vinculado a que la inflamación está afectando a los vasos sanguíneos”.

“(La infección) No le permite al oxígeno llegar a la sangre y eso da lugar a los bajos niveles (de saturación), pero los pulmones no se ven afectados en esta primera fase”.

Por eso muchos médicos se han cuestionado si el uso de ventiladores artificiales para ayudar a los pacientes a respirar es lo más indicado para esta enfermedad.

Si bien ha contribuido a la recuperación de muchos pacientes graves, en algunos poner el foco en los pulmones resultó ser un tratamiento equivocado.

https://www.youtube.com/watch?v=2f3bWviThuQ

Normalmente, los afectados con neumonía viral grave deben estar conectados a un ventilador durante una semana.

Con covid-19, “la gente está conectada a un ventilador por mucho más tiempo, y no entendemos por qué”, le dice a la BBC Danny Macauley, médico de la UCI del Hospital Real Victoria Hospital de Belfast, Irlanda del Norte.

“Puede que sea porque el viruscontinúa haciendo daño o que sea la propia respuesta al virus la que genera tal inflamación que causa múltiples problemas en el cuerpo”.

Y, muchos de estos problemas, están vinculados a la sangre.

Inflamación y coágulos

Todos concuerdan en que el nivel sin precedentes de infección de los pulmones hace que la covid-19 sea una enfermedad muy diferente.

Cuando las paredes de los vasos sanguíneos se inflaman, es más probable que la sangre forme coágulos. Y la covid-19 hace que la sangre se vuelva muy espesa y pegajosa en los pacientes gravemente enfermos.

Ilustración de la sangre

BBC
Lo que le ocurre a la sangre en los pacientes con covid-19 ha generado múltiples interrogantes a los médicos.

“Hemos hallado pequeños coágulos en los vasos sanguíneos pequeños de los pulmones, pero también coágulos grandes en las mayores arterias”, dice Hugh Montgomery.

“Más del 25% de los pacientes tienen coágulos importantes, lo que es un problema. Y cuanto más espesa es la sangre, más grande el problema”.

Estos pacientes de covid-19 “son mucho más propensos a tener una trombosis venosa profunda”, la que se produce cuando se forma un coágulo de sangre (trombo) en una o más venas profundas del cuerpo, generalmente en las piernas, explica Berverly Hunt.

“Y a sufrir de embolismo pulmonar si uno de estos trombos viaja por el cuerpo y bloquea el suministro de sangre a los pulmones, sumándose al problema de la neumonía”.

Los coágulos también dificultan la llegada de la sangre a otros órganos, como el corazón o el cerebro, lo cual deja a los pacientes graves en riesgo de sufrir un ataque cardíaco o cerebral.

La proteína principal de la sangre que forma los coágulos se llama fibrinógeno.

“Normalmente, tenemos entre dos y cuatro gramos por litro (…), pero con la covid-19, el nivel aumenta a entre 10 y 14 gramos. Nunca vi algo así en todos mis años como médica”, dice Hunt.

Dos médicos

Getty Images
Los médicos han visto fallas en otros órganos además de los pulmones debido a la coagulación.

Otra forma de medir el riesgo de coágulos es a través de una proteína en la sangre conocida como dímero D, cuyo nivel también aumenta de forma desmedida en pacientes con covid-19 graves.

Sistema inmune y otros órganos

En algunos casos el nivel elevado de dímero D pueden deberse a la presencia de múltiples coágulos.

En otros, indica la existencia de una infección tan grave que puede dar lugar a una reacción desproporcionada y potencialmente mortal del sistema inmune, conocida como “tormenta de citoquinas” o citocinas.

La inflamación es tal que puede dañar al resto de los órganos.

Por otro lado, el número de linfocitos T -un tipo de células sanguíneas del sistema inmune- se reducen dramáticamente durante una tormenta de citoquinas.

Por eso, investigadores esperan que aumentar la cantidad de células T pueda ayudar a los pacientes a recuperarse.

https://www.youtube.com/watch?v=ARrMFeZEfmU

Todos estos factores hacen que la covid-19 sea altamente impredecible: es lo que los especialistas llaman una enfermedad multisistémica.

Esto es lo que hace más difícil saber cómo tratar a cada paciente individual. Y, por el momento, no hay un manual que explique qué hacer.

“No son solo los pulmones los que se ven afectados”, dice Hugh Montgomery. “También daña los riñones, el corazón, el hígado”.

Más de 2.000 pacientes admitidos en terapias intensivas en Reino Unido han sufrido insuficiencia renal.

Una UCI en Marruecos

EPA
En los países más afectados capacidad de las UCI se ha visto comprometida.

El cerebro de los pacientes gravemente enfermos también es causa de preocupación.

“Ahora sabemos que un gran número de pacientes (con covid-19) sufren una inflamación significativa en el cerebro“, dice Montgomery.

“Esta se presenta de varias formas, desde delirios y confusión, hasta convulsiones y lo que llamamos encefalitis difusa”, explica.

La falta de oxígeno y los vasos sanguíneos dañados son claramente parte de la ecuación.

Pero cada vez hay más evidencia de que muchos órganos son atacados directamente por el virus y, sorprendentemente, las enfermedades preexistentes más comunes vinculadas a los efectos de la covid-19 no son problemas respiratorios como el asma.

Hombre obeso

Getty Images
La obesidad incluso puede aumentar el tiempo en que una persona puede transmitir un virus a otra, según varios estudios.

En cambio, las afecciones vasculares que afectan a las venas y las arterias, como la presión alta, la diabetes y las enfermedades coronarias, además de otros factores asociados como el género, la obesidad y sobre todo la edad, constituyen un factor de peso.

Según cifras oficiales, más del 70% de los pacientes admitidos en las UCI de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte han sido hombres, y más del 70% tenían sobrepeso o eran obesos.

Más de dos tercios de quienes fueron ingresados en cuidados intensivos por covid-19 y murieron tenían más de 60 años.

Desafíos

Sin embargo, esto no explica por qué tanta gente infectada es asintomática o tiene síntomas leves, mientras que otros se enferman gravemente en un lapso de tiempo breve.

Muchos médicos creen es muy posible que la genética sea uno de los factores en algunos pacientes que se enferman gravemente con covid-19, pero no pueden asegurarlo.

https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs&t=2s

Es posible, por ejemplo, que la variación genética que te hace más susceptible a tener la presión alta o diabetes también te haga más vulnerable ante virus”.

Por el momento, hay tantas preguntas como respuestas.

Barbara Miles dice que lidiar con la covid-19 le ha supuesto el aprendizaje más grande de su carrera.

“Nos gustaría saber más sobre cómo tratar y prevenir los coágulos de sangre en estos pacientes, cuál es el tratamiento para evitarlos y cuál el tratamiento óptimo cuando se producen”, dice.

Acertar con la combinación de fármacos es crucial, ya que al tratar de resolver un problema muchas veces se crean otros.

Prueba de laboratorio

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Las personas sin síntomas también pueden contagiar el coronavirus.

Pero otro de los grandes desafíos clínicos es cómo mejorar los resultados en los pacientes ingresados en cuidados intensivos.

“Hemos aprendido un montón y el trabajo en equipo ha sido increíble, pero ha sido difícil”, confiesa Anthony Gordon, quien tiene más de 20 años de experiencia en la UCI.

“A veces he regresado a casa pensando: ‘No sé si lo que hice hoy fue lo correcto'”.

“Estamos teniendo que aprender en pocos meses lo que hemos aprendido a lo largo de cientos de años sobre otras enfermedades, y eso ha sido un verdadero desafío”.

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