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Especial
Impunidad en Guerrero y la historia de un exlíder chicano, en el Festival de cine documental Zanate
Festival Zanate cumple 10 años y para esta edición presenta 26 documentales mexicanos en la ciudad de Colima del 20 al 25 de noviembre.
Especial
Por Redacción Animal Político
19 de noviembre, 2017
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Zanate nació en 2008 de una manera muy espontánea. Desde el inicio, los organizadores plantearon una premisa que se ha mantenido durante una década: no ser un festival grande en tamaño, pero sí en calidad, un lugar donde pudiera proyectarse la actualidad del cine documental mexicano del país.

A lo largo de 10 años, Festival Zanate ha logrado incentivar la formación de públicos en el género documental en el estado de Colima e impulsar la producción local de documentales, a través también de la formación y exhibición continua. Es un proyecto independiente, lo que les permite tener una libertad editorial y de contenidos imprescindible para seleccionar, promover y exhibir el documental mexicano.

Esta edición, que será del 20 al 25 de noviembre, y que es apoyada por el Instituto Mexicano de Cinematografía, Fundación BBVA Bancomer y Universidad de Colima, tiene 26 películas que compiten en cuatro categorías: largometraje, corto-mediometraje, universitario y documentales creados en el estado de Colima.

Las nueve películas que buscan llevarse el Gran Premio Zanate (largometraje) retratan temas sociales de México.

“Batallas íntimas”, la tercera película de la cineasta Lucía Gajá, cuenta la historia de cinco mujeres de diferentes países que fueron víctimas de violencia doméstica; “David, el regreso a la tierra” de Anaïs Huerta, presenta a un haitiano que tiene miedo de volver a casa: “Soy negro, haitiano de nacimiento, francés y judío por adopción… Me siento todo eso, pero la gente me ve solamente negro. Eso hace que no encuentre mi lugar”, expone el protagonista.

Batallas íntimas.

“El maíz en tiempos de guerra”, de Alberto Cortés, ilustra el excepcional proceso del maíz, la delicadeza para seleccionar la semilla y preparar la tierra que va a recibirla, la tenacidad de sus cuidados, la cosecha al cabo de los meses y los usos vitales de sus frutos. En 52 minutos, Carlos Mignon retrata “El ocaso de las diosas”, en el que dos hermanas, Silvia y Judith, una de ellas con cáncer, viven juntas a pesar de los rencores que hay en su familia.

El ocaso de las diosas

“Guerrero”, de Ludovic Bonleux, presenta a Mario, Coni y Juan, tres activistas a punto de sacrificarse en su lucha contra la impunidad en uno de los estados más violentos de México; en “Los niños de la cruz”, Jaime Villa expone cómo los niños de un internado aprenden que estar lejos de su familia es la mejor opción para tener una educación y concebir un futuro.

Guerrero

En junio de 1967, la corte de Tierra Amarilla, Nuevo México, fue asaltada por hombres armados bajo el mando del líder chicano: King Tiger, y aunque el movimiento chicano se desvaneció, la gente habla de King Tiger como un santo, un hombre iluminado que usaba la violencia en busca de una causa justa. Ángel Estrada, director de esta película, lo encontró y ahora él mismo cuenta su historia.

Entre los nueve largometrajes de #Zanate10, hay una crónica de un autoexilio contado en el documental de María José Glender: “Regreso al origen”, un tema que también aborda Juan Francisco Urrusti en “Un exilio, película familiar”, un testimonial que trata del drama que se trasmutó en aventura y en una nueva vida para los hombres y mujeres protagónicos de esta historia, refugiados de la Guerra Civil Española.

Éstos, junto a 17 documentales más y una película invitada, “La cocina de las Patronas”, de Javier García, se proyectarán de manera gratuita durante 6 días, del 20 al 25 de noviembre, en el centro de la capital colimense. Destaca que todas las funciones tendrán presencia del realizador, quien al final de cada proyección charla con los asistentes. Los 10 años del Festival Zanate también incluyen: un concierto rock, dos conversatorios y un rally documental donde 3 equipos deben hacer una película de 10 minutos en 100 horas.

La programación completa del Festival Zanate puede consultarse aquí.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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