Seguro voluntario del IMSS, inaccesible para adultos mayores y trabajadores informales
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Seguro voluntario del IMSS, inaccesible para adultos mayores y trabajadores informales

El seguro voluntario del IMSS tiene un alto costo, además de restricciones que lo vuelven inviable para varios grupos vulnerables.
Cuartoscuro
Por Claudia Altamirano
27 de noviembre, 2017
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El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece a la población una opción para quienes no tienen un empleo formal que les garantice el servicio médico: el seguro voluntario, que pueden pagar ellos mismos siempre que no tengan enfermedades preexistentes, con un costo 20% mayor cada año y con varias restricciones que lo vuelven inviable para varios grupos vulnerables como los adultos mayores, los trabajadores del hogar y los informales.

El seguro voluntario, según ha admitido el mismo Instituto, funciona igual que en cualquier aseguradora privada: debe contratarse mucho antes de volverse necesario ya que no cubre enfermedades preexistentes; es más caro para quienes más lo necesitan –adultos mayores- y es inaccesible para personas con alto potencial de riesgo, como las que padecen enfermedades crónico-degenerativas. Además, en el caso de los mayores de 60 años que nunca antes han cotizado en el Seguro, se les exige que contraten el seguro en un esquema familiar para que queden como beneficiarios, lo que obliga a los familiares a pagar también su cuota y deja fuera a los adultos mayores que están solos.

Cuando la hija de Marcela* perdió su empleo, ella perdió también su seguridad social, ya que era su beneficiaria. Meses después y ante la incertidumbre de no saber cuándo encontraría otro trabajo, decidieron inscribir a la madre al seguro voluntario del IMSS para que siguiera recibiendo atención médica. Sin embargo, en las oficinas del Instituto les dijeron que Marcela no podría contratarlo si tenía enfermedades crónicas, a menos que se inscribiera como beneficiaria de su hija, y que lo hiciera pronto porque las cuotas estarían vigentes unos días más: después les costaría mil pesos extra.

Ambas mujeres pidieron a los funcionarios una explicación para todas estas reglas que imposibilitan a los adultos mayores contratar su seguro voluntario aun cuando lo pagan -y en la tarifa más alta del tabulador por ser quienes hacen mayor uso de los servicios de salud-. Un empleado dijo primero que “así es la ley” y negó dar mayores explicaciones; su superior, sin embargo, les explicó que las reglas están contempladas en la reforma a la Ley del IMSS de 2014, y que aun pagando la cuota, no podría tener acceso a todos los servicios. “El IMSS nunca pierde”, puntualizó la funcionaria.

El director de Incorporación y Recaudación del Instituto, Tuffic Miguel Ortega confirmó que el seguro voluntario del IMSS funciona igual que cualquier aseguradora privada aunque se trata de una institución pública, argumentando que es un organismo descentralizado cuyos recursos no provienen del erario sino de las cuotas obrero-patronales y de los pagos del usuario en el caso del voluntario, por lo cual no tendría obligación de atender a todos los grupos poblacionales.

“Este seguro funciona igual o de forma muy parecida a los seguros de gastos médicos mayores. Al ser voluntario, este seguro da acceso exclusivamente a los servicios médicos a cambio del pago de una prima, que se calcula en función de los riesgos que tiene el asegurado de que se materialice la enfermedad o el accidente”, explicó el funcionario a Animal Político. “Para nosotros es un pago deficitario, pero es parte de la labor subsidiaria que lleva a cabo el instituto con el objeto de brindarle cobertura al mayor número de gente que no tiene la posibilidad de acceder a un esquema de aseguramiento privado”, agregó.

Sin embargo, un informe del Instituto en el que se explica cómo fue creado y cómo funciona el seguro voluntario, asegura que el financiamiento del Seguro de Salud para la Familia (voluntario) contempla dos fuentes: “la cuota anual que paga el asegurado, la cual se establece de acuerdo con el grupo de edad al que pertenezcan, y una aportación por familia que realiza el gobierno federal, igual a la que correspondería por cada asegurado en el Seguro de Enfermedades y Maternidad, independientemente de la edad de los miembros y del tamaño de la familia afiliada”.

Pero no cualquiera puede contratar este seguro simplemente pagando su cuota. Los trabajadores informales que nunca han cotizado en el Seguro no pueden hacerlo si tienen enfermedades preexistentes, o males crónico degenerativos, independientemente de su edad, ya que este recurso está pensado para que el usuario se asegure mientras está sano y haga uso de él cuando se enferme, después de haber pagado su cuota durante al menos un año. A quienes ya han cotizado en el régimen obligatorio se les toma en cuenta esta antigüedad para permitirles contratar el seguro aún con enfermedades preexistentes. “Está diseñado exclusivamente para quienes tenían un patrón y se vuelven independientes o pierden su empleo pero ya cotizaron antes”, especificó Ortega.

Los trabajadores del hogar son otro grupo para el que este seguro no es viable incluso si se les permite contratarlo, ya sea con sus ingresos o si lo pagan sus empleadores, debido a que, por ley, no cubre el derecho a guarderías, siendo este servicio el que más necesitan, incluso más que la atención médica, según han expresado los propios trabajadores.

Aunque el funcionario asegura que la restricción para los adultos mayores que los obliga a contratar el seguro en un esquema familiar desapareció con el gobierno de Enrique Peña, a Marcela de 65 años le fue negado el servicio en enero de este año por tener enfermedades crónicas y preexistentes: hipotiroidismo e hipertensión, “a menos que se inscriba en plan familiar con su hija y ella la ponga como su beneficiaria”, le indicaron los empleados de las oficinas administrativas de Luna, en la colonia Guerrero.

Ortega también afirma que sólo hay restricción para las enfermedades crónico degenerativas graves o en etapas avanzadas, sin embargo, la página del IMSS no es clara a este respecto: enlista algunas enfermedades “prohibidas” como las crónicas del hígado; insuficiencia renal y cardíaca o EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica con insuficiencia respiratoria) pero deja abierto el concepto “crónico-degenerativas”. Esta ambigüedad se refleja en las oficinas de atención al usuario, donde cada empleado decide con sus criterios a quién permitirle asegurarse y a quién no.

A mayor demanda, menor oferta

Entre las enfermedades crónicas que impiden la contratación del seguro están el cáncer, los males cardiacos y las complicaciones por diabetes, aun cuando México ocupa el primer lugar en índices de diabetes entre los países de la OCDE y, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, es la enfermedad que causa más muertes al año en mujeres y la segunda más mortal en hombres en el país desde el año 2000. Las cifras más recientes (noviembre 2017) del Instituto Nacional de Estadística (Inegi) indican que el 15% de los 665, 688 fallecimientos ocurridos en 2015 fueron a causa de la diabetes mellitus.

Además, las tarifas para contratar este seguro son más altas para quienes tienen más probabilidad de usarlo. Los adultos mayores, igual que en cualquier aseguradora privada, y cada año aumenta 20%, mientras las privadas elevan sus pólizas cada cinco años: en el periodo 2015-2017, su costo para personas entre 60 y 69 años subió 2,100 pesos y 2,200 para mayores de 70. Esto se debe a que la reforma legal de 2014 permitió al IMSS actualizar las cuotas que no había modificado por 10 años, por lo que con este cobro, el Instituto está recuperando el dinero que no cobró antes, explicó el director de Recaudación, área de la que depende el Seguro Voluntario.

“Estas cuotas se habían mantenido rezagadas hace mucho tiempo. El aumento es considerable si lo comparas con el año anterior, pero si lo comparas con la demanda de servicios que hace la gente, es totalmente desproporcional el gasto que se tiene en el instituto con el gasto de esos sectores. Las tarifas están exageradamente bajas y subsidiadas, si aplicas técnicamente la cuota que debes aplicar, sería un monto altísimo, como de 150 mil pesos”, puntualizó Tuffic Miguel Ortega.

Aunque la realidad en las clínicas y hospitales es otra, agrega Marcela. “En una institución privada no te podrían decir que no hay reactivos en los laboratorios, que no hay medicamentos o que el doctor está de vacaciones, ni podrían darte un mal servicio mientras que en el IMSS tienen que hacer hasta campañas para enseñar a sus empleados a tratar bien al derechohabiente”, lamenta.

“Contratar el seguro del auto cuando ya chocaste”

Explicó también que las personas con enfermedades preexistentes, o padecimientos crónicos graves no pueden contratar el seguro porque entonces el Instituto caería en déficit, al financiar la atención médica de alguien que ya está enfermo y requerirá un tratamiento cuyos costos son mucho más elevados que lo que pagó por el seguro.

“Es como si contratas un seguro de auto después de que chocaste. Esto está pensado para que la gente cotice cuando está sana y cuando necesite la atención se le va a atender. Los aumentos son meramente para estar cercanos a los incrementos naturales que vienen en los precios”, puntualizó Ortega.

Incluso, admitió el funcionario, durante los años que las tarifas de este seguro no se actualizaron, se le ocultó a la población su existencia para evitar que lo contrataran. “El IMSS vive de lo que cobra a través de sus cuotas, tanto obrero-patronales como de aseguramiento voluntario, si no, no tendría ni para las medicinas. Desgraciadamente cuando llegamos a esta administración ya tenía este problema deficitario y no se habían tomado las medidas adecuadas y ¿qué se hacía? No se promovía el seguro porque le costaba más al IMSS. Yo no estaba aquí pero la gente que estaba aquí me lo dijo”, aseguró Ortega.

A la fecha hay 293,913 personas aseguradas bajo el régimen voluntario, de los cuales casi la mitad (139,238) son mayores de 55 años, lo cual prueba, según el funcionario, que los pacientes se afilian hasta que lo necesitan y no antes, como prevención.

El director de Recaudación afirma que, pese a todo, el IMSS otorga no solo tarifas más bajas que las aseguradoras privadas, sino más facilidades al no exigir estudios médicos previos para asegurarse del estado de salud del paciente, sino pedirle que de buena fe llene un cuestionario con esta información; además de permitir que se aseguren personas mayores de 80 años, cuando la mayoría de las aseguradoras ni siquiera cotizan a mayores de 40, de acuerdo con el simulador de Gastos Médicos de la Condusef (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros).

Actualmente, algunas aseguradoras privadas ya ofrecen seguros a adultos mayores, un sector típicamente desprotegido de este recurso, con primas muy altas en el caso de cobertura amplia y accesibles para acceder sólo a servicios médicos simples.

*Nombre ficticio a petición de la entrevistada

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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