Pese a leyes, protocolos y unidades especiales, no para la violencia contra las mujeres
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Hilda Ríos / Cuartoscuro.com

Pese a leyes, protocolos y unidades especiales, no para la violencia contra las mujeres

Pese a los millones de pesos gastados en capacitación para las autoridades, y protocolos para prevenirla, erradicarla y sancionarla, la violencia contra las mujeres no desciende en México.
Hilda Ríos / Cuartoscuro.com
Por Por Andrea Vega
25 de noviembre, 2017
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En vísperas de que el mundo conmemore el Día Internacional de la Erradicación de la Violencia Contra la Mujer este 25 de noviembre, los reportes de feminicidios en México siguen a la alza.

Puebla amaneció hace dos días con la noticia de que vecinos del municipio de Zapotitlán Salinas, en la Mixteca Poblana, encontraron el cuerpo de una mujer de unos 40 años que tenía varias heridas de un arma punzocortante. Por las condiciones en las que se encontró el cadáver, se presume que murió desangrada.

A ese caso se suma el de Génesis Gibson, la joven venezolana que despareció cuando iba a Puebla y que fue encontrada muerta en un hotel de la Ciudad de México. El de Lesvy Osorio, asesinada en Ciudad Universitaria, también en la capital. El de Valeria, de 11 años, que desapareció luego de abordar una combi, en Neza, Estado de México. Y el de Mara, asesinada por un conductor de la empresa Cabify, en Puebla.

De enero a junio de 2017, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) ha registrado 784 asesinatos de mujeres en tan sólo 13 estados del país: Estado de México, Ciudad de México, Morelos, Guanajuato, Nuevo León, Jalisco, Oaxaca, Sonora, Chihuahua, Puebla, Coahuila, Sinaloa y Colima.

Al cierre del año pasado, en 2016, se registraron 2,813 asesinatos de mujeres, mientras que en 2015 fueron 2,383. Es decir, 430 mujeres más murieron asesinadas, un promedio de ocho por día. Esa incidencia coloca a 2016 como el ciclo más mortífero para las mujeres en los últimos 27 años. Falta ver cómo termina 2017.

Las entidades que presentaron las tasas más altas, el año pasado, fueron: Baja California, Colima, Chihuahua, Guerrero, Estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas.

El balance que se puede hacer, en el Día Internacional para Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, es que en México estamos en una situación grave, dice María de la Luz Estrada, directora del Observatorio Ciudadano Nacional contra el Feminicidio (OCNF). “A diario sabemos de mujeres que desaparecieron y las encontraron asesinadas bajo patrones cada vez más brutales”.

Hay múltiples factores para esto, pero tres son los principales: sigue imperando la cultura machista que considera a la mujer como un objeto propiedad del hombre; los grupos del crimen organizado están replicando este abuso del cuerpo de la mujer como mercancía, como objeto, y hay una alta tasa de impunidad, que permite un ambiente de permisibilidad.

Sobre este último punto han levantado la voz diversos colectivos en los días previos al 25 de noviembre, para señalar que en México lo que se tiene son “castillos de arena”, como nombra Ana Pecova, directora de EQUIS Justicia para las Mujeres, a los mecanismos, instituciones y protocolos que se han creado en todo el país para erradicar, prevenir y sancionar la violencia. Las activistas dan ejemplos contundentes de esto.

Cuando un homicidio se produce después de una violación sexual, cuando hay un ataque puntual a los órganos sexuales de la mujer, si existe una relación de confianza con el asesino o cuando es obvio que el crimen fue por el género de la víctima, las autoridades deben tipificarlo como feminicidio, pero se siguen negando a hacerlo. Esta resistencia, coinciden Estrada y Pecova, se debe a la intención de esconder el problema de que en México se está matando a las mujeres por su condición de género. De los 784 asesinatos registrados por el OCNF en 2017, solo 49 % es investigado como feminicidio.

Al no tipificar así un asesinato, la pena para el responsable es menor, y se fomenta un ambiente de impunidad, ya de por sí grave por la falta de investigaciones adecuadas en el proceso de procuración de justicia. Familiares, abogados y organizaciones de la sociedad civil han estado denunciando errores, omisiones y encubrimientos en las carpetas de investigación que se abren por los asesinatos a mujeres.

El puro cascarón

Después de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2009, por el asesinato de ocho mujeres en Ciudad Juárez en un Campo Algodonero (como se le conoce al caso), al Estado mexicano se le pidió que garantice la no repetición. La principal política pública que se generó para cumplir fueron los Centros de Justicia para las Mujeres (Cejum). “La idea es que en estos, las víctimas tengan todos los servicios que puedan necesitar, explica Pecova, desde el policía que les tome la demanda, un psicólogo, un médico, ludoteca para dejar a sus hijos, sala de juicio para que se divorcien del agresor (si es su esposo), hasta sala de empoderamiento económico”.

Eso en el papel, pero EQUIS Justicia para las Mujeres encontró, a través de solicitudes de información, que de los 31 centros que la autoridad reporta en el país, solo funcionan 20. En su informe sobre el tema, la organización asienta que estos operan con un enfoque unidi­mensional: se centran solo en la persecución de delitos. Más grave aún, algunos documentos de creación contienen estereotipos de género.

“No tienen un diagnóstico, señala Pecova, no saben cuántas mujeres deben atender y piden presupuesto sin saberlo, quién sabe de dónde sacan los montos que solicitan. Tampoco tienen criterios para seleccionar a las directoras: no les piden conocimiento ni experiencia en temas de género o derechos humanos”.

La activista señala que estos centros no tienen un staff propio. “El poder judicial les da una jueza, el ministerio público un policía, pero le siguen rindiendo cuentas a su institución original, así que si el poder judicial trabaja de 9 de la mañana a 5 de la tarde, la jueza se va a esa hora, o el policía, y estos centros deben operar 24X7, porque la mayoría de los casos de violencia se da en la madrugada. Llegan las mujeres a las 2 de la mañana y no hay quien las atienda”.

El uso de los dineros es otra cuestión. La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) otorga recursos a los Cejum. De 2010 a 2016 les canalizó 150 millones de pesos. Sin embargo, dice el informe de EQUIS Justicia para las Mujeres, su distribución es desigual y no obedece a ca­racterísticas sociodemográficas, a la antigüedad o las necesidades específicas de cada uno. El Cejum de Zacatecas, por ejemplo, recibió presupuesto desde 2014 y empezó a operar hasta 2016.

A las solicitudes de información de la organización, la Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas señaló que su Cejum no contó con presupuesto de origen federal desde su creación a la fecha solicitada, cuando Conavim informó haberle asignado 5 millones de pesos.

En cuanto al presupuesto estatal, en todos los Cejum la cantidad de presupuesto asignado es menor a la del ejercido. Lo que habla de la poca transparencia en el manejo de los recursos. En el Estado de México, en el centro de Amecameca, los recursos estatales autorizados de la fecha de apertura a noviembre de 2016 ascienden a 15 millones y medio de pesos, pero de esos solo se ejercieron 5 millones 600 mil pesos. En Saltillo, Coahuila, se autorizaron 37 millones de pesos, pero solo se ejercieron poco más de 16 millones.

Mejor hagamos un tamal

Otro mecanismo para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres son las Unidades de Género del Poder Judicial, que tienen como objetivo asegurar que todos los operadores de justicia del país incorporen la perspectiva de género en su trabajo.

Sin embargo, “cuando metimos solicitudes de información para saber en qué estaban gastando el dinero – dice Pecova- nos encontramos con que lo gastan en actividades que no van de acuerdo a su objetivo”. La Unidad de Igualdad de Género y Derechos Humanos del Poder Judicial de Guerrero reportó entre sus activi­dades el concurso del tamal dietético y nutritivo. Otras se dedicaron a reforzar estereotipos: a las trabajadoras del Poder Judicial de Tlaxcala les dieron estuches de maquillaje como regalo de día de las madres.

Además, los poderes judiciales han gastado millones de pesos para “capacitar” a su personal y esto no ha servido para mejorar la perspectiva de género en el acceso a la justicia de las mujeres. En 2009, por ejemplo, el Poder Judicial del Estado de Veracruz recibió casi 35 millones de presupuesto para capacitación. “Ahí está el tribunal que sacó la sentencia en el caso de Dahpne Fernández y Los Porkys”, señala Pecova.

La principal instancia encargada de dar capacitación a los poderes judiciales de los estados es la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, que prácticamente se dedica, en el tema de feminicidios, a eso, a dar capacitación, según lo que explica su titular, Adriana Lizárraga.

La fiscal comenta que los feminicidios no son delitos del fuero federal, a menos que se planeen en territorio mexicano y se cometan en el extranjero o viceversa, o en caso de que el homicida sea un funcionario federal, de otra forma, esta instancia no puede atraer los casos.

“En diciembre cumplo un año en la fiscalía y tenemos una investigación por feminicidio y estamos integrando una carpeta, pero no podemos atraer los casos que no son federales, porque no nos competen. Necesitaríamos que el Congreso nos apoye a legislar para que tengamos competencia en este delito”.

Ante eso, la fiscalía creó un protocolo para feminicidio y otro para integrar las carpetas con perspectiva de género. “Hemos detectado que en las procuradurías no saben diferenciar entre un homicidio y un feminicidio, entonces los estamos capacitando. El problema es que hay una alta rotación de personal. Los capacitamos y luego los cambian de área o les piden la renuncia, y hay que volver a capacitar”. Sobre si hacen evaluaciones para analizar el impacto de los cursos en la actuación de las autoridades, la fiscal dice que sí.

Animal Político: ¿Los evalúan (a los participantes) después de los cursos?

Adriana Lizárraga: Sí, supervisamos que los ministerios públicos apliquen los protocolos

AP: ¿Cómo los evalúan?

AL: Estamos haciendo capacitaciones constantes, y detectamos si hubo cambios de funcionarios para volver a capacitar y estamos trabajando en replicadores.

Sin prevención y sin freno

De acuerdo con la información recabada por el INEGI a finales de 2016, la violencia contra las mujeres está extendida en todo el país: 30.7 millones de mujeres han sido sujetas a actos violentos y discriminatorios alguna vez a lo largo de su vida.

Los datos revelan que no se trata de actos aislados sino de un patrón general. En todas las entidades, más de la mitad de las mujeres ha experimentado agresiones de tipo emocional, sexual, físico o económico.

La información indica que 43.9 % de las que tienen o tuvieron al menos una relación de pareja ha enfrentado agresiones del esposo, la pareja actual o la última. Además, la mitad (53.1 %) sufrió violencia por parte de algún agresor distinto a la pareja, ya sea en el trabajo, la escuela o algún lugar público. Son las jóvenes quienes se encuentran más expuestas, sobre todo las de edades de entre 20 a 34 años, 70 de cada 100 mujeres de esas edades ha enfrentado al menos un episodio de violencia o abuso.

Estas agresiones son, en muchos casos, el anuncio de algo mayor: un feminicidio. Hay muchos casos documentados en los que la pareja golpeaba o violentaba a la mujer de manera repetida antes de asesinarla. Muchas mujeres acudieron a denunciar esto, pero las autoridades no actuaron para protegerlas.

“Cuando las mujeres acuden a denunciar esta situación ante las autoridades, no se hacen análisis de riesgos y no se emiten órdenes de protección. Hay muchos feminicidios que se pudieron evitar, pero de 2 mil casos de violencia familiar que se denuncian, apenas se emiten órdenes de protección para el 5 %”, asegura la directora de OCNF.

Sobre las Alertas de Violencia de Género contra las Mujeres emitidas en 12 entidades, las mismas organizaciones que las solicitaron han venido denunciando que no están funcionando como deben, por lo que piden mayor alcance y fiscalización.

La Conavim emitió un proyecto para reformar el reglamento de AVG, pero diversas organizaciones, como la Red Nacional de Mujeres por una Vida Libre de Violencia y el OCNF se quejan de deficiencias en este proyecto.

“Nosotras ya hicimos una propuesta al gobierno, a la Secretaría de Gobernación, a través del Instituto Nacional de las Mujeres y de la Conavim, para que se fortalezca el mecanismo. Estamos pidiendo que haya un seguimiento a la actuación de las autoridades e indicadores de resultados”, dice Luz Estrada.

También plantearon que haya un mecanismo de sanción para las autoridades y medidas precautorias o de urgencia cuando se identifique una zona de riesgo para las mujeres.

“Queremos, además, que en el grupo de trabajo para la AVGM haya no solo académicas, como está pasando ahora, sino expertos técnicos en las temáticas específicas en desaparición de personas, en criminalística”, agrega. Las activistas esperan ahora que sus peticiones sean escuchadas.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Cortesía Fanny Griffin

El esclavo de Texas que se hizo millonario haciéndose pasar por mexicano

William Ellis nació como esclavo en un pequeño pueblo de Texas y a lo largo de su vida amasó fortuna haciéndose pasar por mexicano, cubano e incluso hawaiano para esquivar la segregación racial instalada durante la "Edad dorada" de EE.UU. de finales del siglo XIX.
Cortesía Fanny Griffin
3 de agosto, 2020
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Un espectacular acto de reinvención.

Lo conocían como Guillermo Enrique Eliseo o Guillermo Ellis, el banquero de gran riqueza de Ciudad de México, que a su vez tenía una oficina en Wall Street en Nueva York y una residencia en la distinguida zona del oeste de Central Park.

Hubiese sido una locura pensar que este mismísimo hombre, siempre ataviado con joyas y ropas caras, había nacido como esclavo en una plantación de algodón en el sur de Texas.

William Henry Ellis era su verdadero nombre.

Lo investigó el FBI, conoció al entonces presidente Theodore Roosevelt, mantuvo estrechas relaciones con el Porfiriato mexicano, lideró una misión diplomática a Etiopía y, entre otras hazañas, orquestó “uno de los esfuerzos de emigración de afroestadounidenses más audaces en la historia de Estados Unidos”.

Karl Jacoby, historiador de la Universidad de Columbia (Nueva York), se encontró con la enigmática figura de Ellis por accidente.

Tal fue su fascinación que dedicó buena parte de su carrera académica a sumergirse en las sombras este personaje, que vivió entre 1864 y 1923.

Un esfuerzo que materializó en un libro de 2016 titulado The Strange Career of William Ellis: The Texas Slave Who Became a Mexican Millionaire (“La extraña carrera de William Ellis: el esclavo de Texas que se convirtió en un millonario mexicano”).

El año pasado, el documentalista estadounidense Phillip Rodríguez adquirió los derechos para televisión y cine del libro y está en el proceso de desarrollar el proyecto.

"Ellis hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer".", Source: Karl Jacoby, Source description: Historiador de la Universidad de Columbia (EE.UU.) y autor de la biografía de William Ellis, Image:

Uno de los aspectos que más llamó la atención de Jacoby fue que Ellis “hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer”.

“Esta es la época en que Jim Crow estaba institucionalizándose y aun así, él encontró las fisuras del sistema y pudo hacer cosas notables”, le dice Jacoby a BBC Mundo.

Ellis vivió en los márgenes fronterizos y de raza, esquivando etiquetas y al mismo tiempo asumiendo los peligros que para la época representaba que lo reconocieran como negro.

Su “extraña” carrera, como menciona Jacoby, plantea la pregunta más básica y sin embargo la que asalta a la mente en seguida: ¿cómo lo hizo?

De traductor a emprendedor

Las características geográficas en las que creció William Ellis facilitaron que aprendiese español, una poderosa herramienta que supo aprovechar por el resto de su vida.

Nacido en Victoria, en el sur de Texas, un año antes de que se aboliera la institución de la esclavitud en 1865, Ellis compartía con “mexicanos, tejanos, anglo estadounidenses y afroestadounidenses que vivían unos cerca de los otros”, describe Jacoby.

Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis.

Cortesia Karl Jacoby
Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis, en el sur de Texas.

En la plantación de Joseph Weisiger, un patriarca blanco de Kentucky, la familia de Ellis entró en contacto con mexicanos que convocaban en las ocupadas épocas de recolección de algodón.

Fue así que el joven William aprendió a hablar español con fluidez y se convirtió luego en el asistente y traductor del irlandés William McNamara, un poderoso comerciante de algodón y cuero.

“McNamara no solo compra las materias primas en Texas sino a lo largo de la frontera con México y el joven Ellis lo acompaña y habla por él”, describe Jacoby.

A los 20 años de edad, Ellis se despide de su Victoria natal y decide mudarse a San Antonio, una ciudad más grande.

Ahí empieza la reinvención: al abrir su negocio de comercio de cuero y algodón, Ellis les dice a sus nuevos contactos que su nombre es Guillermo Enrique Eliseo y que es de origen mexicano.

Lo ayudaba que para su época, finales del siglo XIX, “nadie tenía pasaporte, ni licencia de conducir o certificados de nacimiento, había muy poco rastro en papel”, señala el historiador.

Al mismo tiempo, el desarrollo de las ferrovías en la década de 1880 facilitó el desplazamiento más rápido y de mayor distancia.

El anhelo de México

Desde antes del nacimiento de Ellis, en el imaginario de muchos afroestadounidenses del sur habitaba la idea de México como una tierra de libertad.

“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

Así lo describió Felix Haywood, un antiguo esclavo de Texas en un testimonio citado en el libro: “No había razón para huir hacia el Norte. Todo lo que teníamos que hacer era caminar, pero caminar hacia el Sur, y ahí seríamos libres tan pronto como cruzáramos el Río Bravo”.

Un dibujo muestra a esclavos trabajando la tierra mientras son supervisados por un hombre.

Getty Images
“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

La esclavitud de africanos existió en México desde 1519, recoge Jacoby. Pero después de la independencia en 1821, el país “adoptó medidas para prohibir el comercio de esclavos y emancipar a todos los niños esclavos menores de 14 años”.

“Es difícil para los estadounidenses entender el hecho de que el verdadero faro de libertad durante estos tiempos no era parte de Estados Unidos, sino México”, dice Jacoby.

Una nueva era: passing

Con la abolición de la esclavitud en Estados Unidos no cesó el maltrato hacia la población negra, lo que llevó a que muchos en el sur vieran el beneficio -y asumieran el riesgo- de hacerse pasar por mexicanos o nacionales de otros países.

En inglés, se le conocía bajo el término passing y, por lo general, se usaba para describir a alguien “que tenía ascendencia afroestadounidense pero que se presentaba como blanco“, explica Jacoby.

Era frecuente que aquellos que empezaban una nueva vida como “blancos” se distanciaran para siempre de sus familias, y por ello a veces el acto se veía como “darle la espalda a la comunidad a la que se pertenecía”.

En última instancia, acota Jacoby, lo que indicaba el passing es que “todo el sistema de razas dependía de clasificaciones de sentido común y de la idea de que se podía ‘saber’ la raza de alguien solo con verle”.

Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

Cortesia Karl Jacoby
Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

“Pero esto no es posible, especialmente si consideramos que durante el periodo de la esclavitud, hubo una tremenda explotación sexual de mujeres negras por parte de sus esclavizadores”, dice.

Convenientemente, Ellis se hizo pasar por mexicano en San Antonio, una ciudad en la que el 20% de la población era de ese origen.

Luego, en Nueva York por ejemplo, se haría pasar por cubano. Y en otras ocasiones, hasta hawaiano.

La única vez que admitió hacer passing fue en 1891 en una entrevista con un diario de Chicago, según documenta el libro.

Explicó que viajar en ferrocarril fue lo que lo motivó a hacerlo: “Estoy obligado a hacerme pasar por mexicano para poder obtener las comodidades básicas de un viajero blanco”, dijo entonces.

Un hombre “que se hizo a sí mismo”

Ellis se desenvolvió durante la llamada “era dorada” o Gilded Age de Estados Unidos, cuando el país atravesó grandes cambios con la llegada de la industrialización y muchos amasaron fortunas gracias a ello.

Años antes de establecerse como un hombre de negocios y el contacto necesario entre los inversionistas de Wall Street y México, Ellis se embarcó en un ambicioso proyecto desde Texas.

El comerciante viajó a Ciudad de México en 1889 junto a un socio y ambos llevaron cartas de presentación a altos miembros del gobierno de Porfirio Díaz.

“Convencieron a Pacheco (secretario de fomento) de que les aprobara un contrato de 10 años para colonizar hasta 20,000 personas en México“, explica el libro.

Durante el siglo XIX y el XX, “hubo una discusión considerable sobre la llamada ‘colonización’ de afroestadounidenses tanto por parte de la comunidad negra como de la blanca”, aunque por razones diferentes, explica Jacoby.

Un mapa de la zona fronteriza entre México y EE.UU. en 1911

Getty Images
Un mapa de la zona fronteriza entre México y EU en 1911

Entre los blancos, señala, existía “esta fantasía de ‘limpiar’ étnicamente el país, de no querer la esclavitud pero tampoco a afroestadounidenses libres, por lo que entonces había que enviarlos a África“.

Entre los negros, en contraposición, el racismo estructural abrió la puerta a pensar que “tenía sentido mudarse a otro sitio”.

En paralelo, durante el Porfiriato, México invirtió esfuerzos en atraer más inmigrantes, principalmente de Europa, para “modernizarse como Estados Unidos”, dice Jacoby.

“Pero Ellis logró persuadirlos de llevar a negros desde Estados Unidos”.

Bajo el argumento de que “los negros eran agricultores excepcionales de algodón, ‘los mejores del mundo'”, el Senado mexicano aprobó en 1889 su plan de colonización.

Pero los emprendedores no recaudaron los fondos necesarios para financiar el programa, pese a que sí generó interés en Texas, explica Jacoby en el libro.

Esto, combinado con cambios internos en la política de México (Pacheco falleció), hicieron que el plan se anulara en 1891.

Segundo intento

Pero Ellis no descansaría hasta lograrlo.

Después de breves ambiciones políticas que lo llevaron a lanzarse como candidato al Congreso de Texas, en 1894 decidió retomar su plan de colonización.

La firma de un contrato con La Compañía Agrícola Limitada del Tlahualilo significó que casi mil afroestadounidenses emigraron a esta enorme hacienda, ubicada en el norte de México entre Durango y Coahuila, en 1895.

“Creo que este fue el número más grande de afroestadounidenses en emigrar de Estados Unidos en grupo durante todo el siglo XIX”, afirma Jacoby.

El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis

Website
El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis, williamhellis.com

Ellis dijo entonces: “Siete niños han nacido y el sueño de mi vida se ha hecho realidad. He vivido para ver al afroestadounidense en el País de Dios y la Libertad”.

Pronto, sin embargo, su anhelo de crear una comunidad pujante se frustró.

La aparición de enfermedades, “algo parecido a la malaria” según diagnosticó un médico de la época, y las denuncias por las malas condiciones de trabajo para los pobladores acabaron con el proyecto.

El destape

De vuelta en San Antonio, Ellis ya se había cimentado como una figura de reputación, pero ese estatus no llegaría muy lejos.

En un incidente que Jacoby describe en el libro, al empresario se negaron a atenderlo enuna cantina por su color de piel.

“Poco después, el nuevo directorio de la ciudad de San Antonio fue publicado. Por primera vez, el nombre de Ellis aparecía con una letra ‘c’ al lado, que quería decir hombre de color”, describe el texto.

“Su historia queda revelada y aunque podía quedarse allí como un hombre afroestadounidense, decide irse”, dice Jacoby.

William Ellis en una foto de pasaporte de 1919

Archivo Nacional de Estados Unidos
William Ellis en una foto de pasaporte de 1919.

Un año después, en 1898, los documentos muestran que Ellis ya tenía residencia en el hotel Imperial de Nueva York.

De ahí en adelante, apunta el historiador, su activismo en torno a su comunidad “se vuelve mucho más moderado porque no quieren que vuelvan a descubrirlo”.

Ellis, sin embargo, no corta relaciones con su familia, como pasaba con muchos que decidieron “pasarse” al mundo de los blancos.

Un distinguido mexicano en Nueva York

Su llegada a Nueva York coincidió con un “asombroso” crecimiento en las relaciones comerciales entre México y EU, comenta el autor.

“Él se convirtió en una persona muy útil porque en Wall Street estaban obsesionados con invertir en México y él estaba muy bien conectado con figuras clave del Porfiriato”, explica Jacoby.

En la capital de la industrialización, Ellis “vendió el discurso de México como una tierra de riquezas tropicales, y de él mismo, Guillermo Eliseo, como la persona a la que había que conocer”.

Ellis aparecía en documentos revisados por Jacoby como presidente de al menos siete compañías, algunas valoradas en millones de dólares.

William Ellis

Cortesia Fanny Griffin

Por esos años también compró la fábrica de muebles más grande de México y se convirtió en el representante para ese país de la Hotchkiss Arms Company, una manufacturera francesa de armas.

En este periodo, coordina dos llamativos viajes a Etiopía, uno de ellos una misión diplomática con el fin de concretar acuerdos de comercio con el emperador Menelik II.

Se convirtió en el primer afroestadounidense en visitar ese país, según documenta Jacoby, y a su regreso a EE.UU. sostuvo reuniones con el entonces presidente Roosevelt en 1904.

Por esos años, se casó con una mujer blanca de origen sencillo llamada Maude Sherwood y tuvieron seis hijos, dos de ellos fallecidos poco después de nacer.

Por alguna razón, Ellis mintió sobre los orígenes de su esposa al afirmar en un comunicado de prensa sobre su casamiento que pertenecía a la nobleza de Inglaterra.

“Una de las cosas difíciles al momento de escribir este libro fue que él intentaba esconder su historia de vida y siempre trataba de reinventarse”, explica Jacoby.

Tiempos turbios

Sus ambiciones de industrialización en Etiopía se estancaron, entre otras cosas, por falta de financiamiento, tal y como le había ocurrido en el pasado.

Obligado a volver a mirar hacia México y con las finanzas apretadas, Ellis tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos tras la Revolución Mexicana en 1910 y el fin del Porfiriato.

Los tiempos turbulentos y constantes cambios en el poder hicieron que Ellis perdiese ambiciosos contratos que había firmado en la era Díaz para establecer una fábrica de goma y una planta hidroeléctrica.

La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

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La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

El haberse involucrado en los asuntos políticos del país que adoptó como propio hizo que el FBI (entonces conocido como Buró de Investigaciones) lo investigase en 1916, aunque no encontró hallazgos que lo incriminaran, documenta el historiador.

En 1920, cuando el general Álvaro Obregón depuso a Venustiano Carranza, Ellis estaba a su lado nada más y nada menos que cuando el presidente huía de Ciudad de México, reconstruye Jacoby.

Cuando EE.UU. finalmente reconoció el gobierno de Obregón en 1923, “Ellis ya estaba trabajando en un nuevo proyecto: un acuerdo de reducción de aranceles para varios puertos con el fin de atraer más comercio”.

Pero la enfermedad no le permitió llevar a cabo sus nuevos emprendimientos.

El 24 de septiembre de 1923, Ellis murió en Ciudad de México y su cuerpo está enterrado en una tumba sin nombre en el Panteón Español.

La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Cortesía Karl Jacoby
La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Durante su residencia en México, Ellis evitó involucrarse con la comunidad estadounidense y siempre se hospedó en un hotel cuyo dueño era un inmigrante inglés.

Sorpresivamente, el hombre que se reinventó no dejó grandes riquezas sino 5,000 dólares a su esposa Maude.

Pocos años después, su esposa e hijos se mudaron a México.

La prensa afroestadounidense reseñó su muerte resaltando su verdadero origen, pero Jacoby destaca que, en lugar de juzgarlo, se coló una cierta celebración de su vida.

“(…) Por el hecho de que su vida fue espectacular, llena de ambiciones a lo grande entre los más grandes del mundo, debemos sentir cierto grado de satisfacción al darnos cuenta de que él era de los nuestros“, destacó entonces el diario Dallas Express.


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