La mujer que perdió su empleo de 21 años y quedó en bancarrota por publicar una foto en Facebook
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La mujer que perdió su empleo de 21 años y quedó en bancarrota por publicar una foto en Facebook

La mujer estaba muy contenta por lo bien que resultó una noche de trabajo, por lo que compartió el momento en su perfil de Facebook. Y esto fue lo que sucedió después.
BBC Mundo
Por Laurence Grissell BBC
7 de noviembre, 2017
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Cuando Rachel Burns publicó una foto de un cantante en su trabajo en su perfil de Facebook no tenía ni idea de que eso pondría fin a su carrera.

“Me encantaba mi trabajo. Es mi vocación, me gusta cuidar de las personas”, dice Burns.

Durante 21 años, hasta diciembre de 2015, trabajó en Park Hall, un hogar de cuidado para ancianos y adultos vulnerables en la localidad de Reigate, Surrey, al sur de Londres.

Había empezado como asistente y poco a poco se abrió camino. Llegó a ser la directora en los últimos ocho años.

“Siempre había actividades a realizar. Yo quería que los clientes tuvieran una buena calidad de vida”, dice Burns, y una de las actividades que organizaba para los residentes en el Park Hall era una noche musical, todos los viernes.

“Los residentes se vestían elegantes y les teníamos una cena diferente cada semana”, explica.

Como cantante amateur, a Burns le gustaba interpretar de todo en esas noches de música, desde canciones de Roberta Flack hasta temas de Nina Simone o Boney M.

Uno de esos viernes, Burns regresó a casa y decidió compartir algunos de los momentos en internet.

“Estaba muy eufórica por cómo había estado la noche”, recuerda. “Publiqué la foto pensando simplemente que sería vista por unas pocas personas en Facebook, principalmente el personal de servicio”.

El reverendo David Walford (i) y el cantante Roy Matthews (d) con Rachel Burns
En las noches musicales había invitados que cantaban con Rachel Burns, como el reverendo David Walford (i) y el cantante Roy Matthews (d). (Foto: Rachel Burns)

Sin embargo, dos meses más tarde Rachel recibió una llamada para avisarle que debía asistir a la oficina central de la empresa.

“Tan pronto como llegué allí, cuando vi sus caras, sabía que estaba en un gran problema”, recuerda Burns.

Le dijeron que se había equivocado en varias cosas: publicar la foto en Facebook; identificar a un residente de Park Hall en la imagen, un hombre con síndrome de Down que, deseoso de ser fotografiado, se puso al lado de ella.

Además, subió un video de la noche musical. Y entre sus amigos de Facebook había un familiar de uno de los residentes.

Se consideraron violaciones de las normas del Consejo del Condado de Surrey, por lo que dos días después Rachel fue suspendida de su empleo.

21 años de carrera

Desde el primer momento Burns admitió todos los señalamientos que hizo el Consejo, pero quería apelar su decisión.

“Yo sé que no debí haber subido esa foto (en internet), pero ¿realmente tendría que perder mi carrera de 21 años por un error? Quería justicia, porque creía que lo que habían hecho conmigo era justo”, dice Burns.

La apelación fue denegada y le dieron dos días para decidir si aceptaba un descenso -con una reducción salarial significativa- o enfrentar el despido.

Pidió más tiempo para considerar sus opciones, pero el Consejo se lo negó.

Rachel Burns en su oficina en 2015
Rachel Burns avanzó puestos en su trabajo hasta ser directora de la casa de cuidados de Park Hall en 2015. (Foto: Rachel Burns)

En ese momento fue diagnosticada con una cuadro de estrés y ansiedad. Recibió una llamada telefónica exigiendo que tomara una decisión de inmediato.

“Les dije: ‘Estoy de baja por enfermedad relacionada con el trabajo, mi médico no siente que pueda tomar una decisión que cambie mi vida en este momento'”.

Sin embargo, le dijeron que si no aceptaba el descenso sería despedido de su empleo de casi US$59.000 al año de forma inmediata.

“Recibí una carta al día siguiente que decía: ‘Lamento que hayas decidido aceptar el despido’. Y eso fue todo”.

“La gente era feliz ahí”

El hermano de Claire Pooley es el residente de Park Hall que aparece en la foto que Burns publicó en su perfil de Facebook.

“Le encanta cantar y bailar”, dice Claire. “Rachel y los chicos le permitieron abrirse los viernes por la noche”.

El marido de Claire, Graham, añade: “En el momento en que entramos por la puerta, sabíamos Park Hall era un lugar especial. El ambiente, la cultura y la atmósfera… la gente era feliz allí y hay un montón de estimulación“.

La pareja dice que el personal de Park Hall siempre alentó el hermano de Claire a levantarse y cantar en las noches de música.

Rachel Burns y sus discos
Rachel estuvo haciendo actuaciones musicales en un bar, una forma que ha encontrado para liberar su estrés.

Ni Claire ni Graham sienten que Rachel debió haber sido despedida por publicar la foto: “Ninguno de nosotros tenía un problema con eso, sea una falta grave o no”, afirma ella.

“¿Después de 21 años es bueno despedir a la directora que crea una cultura y medio ambiente tan especial en estas casa como el que había?”, pregunta Graham. “La respuesta es no, no lo es”.

Al tribunal

Es el otoño de 2016, Rachel decidió acudir ante un tribunal laboral del Consejo del Condado de Surrey por despido injustificado.

“Tienen que entender que es mi vida de la que estamos hablando aquí”, dice. “Quiero mi carrera de nuevo“.

Una fecha para la audiencia preliminar se programó para principios de noviembre de 2016.

Sin embargo no podía pagarse alguna representación legal formal, por lo que asumió su defensa con la única ayuda de un amigo, el reverendo David Walford.

“En Park Hall había cuidado con amor, sin descuidos del deber. Eso es lo que Rachel estaba dando. La idea de que Rachel estuviera siendo despedida me hizo llorar”, dice Walford.

David Walford y Rachel Burns
David Walford intentó apoyar a Rachel Burns en su proceso legal, aunque no tenía ninguna experiencia en derecho.

Para empeorar las cosas, el marido de Rachel, Gary, ha estado enfermo. “Tuvo un tumor cerebral durante cuatro años. Él era muy saludable, pero ahora camina con un bastón”, explica.

Además de que Gary no puede trabajar, sin una referencia, Rachel no puede encontrar un nuevo empleo.

Ella y su esposo habían estado acumulando enormes deudas, por lo que esperaba que sus preocupaciones de dinero fueran resueltas con la resolución del tribunal.

Seis meses antes del inicio del juicio, Burns recibió una propuesta de acuerdo por el equivalente a US$9.800.

“Era una broma. Y ni siquiera es cuestión de dinero ahora, se trata de mostrarlos como lo que son”, dice.

Depresión

Con el caso sin avanzar, Burns siente la tensión. Está ansiosa y deprimida. Así que hay mucho en juego, y tanto ella como Gary están en una situación desesperada.

Sus deudas se amontonan y tienen siete meses de retraso con el alquiler de la casa en Reigate que comparten con su border collie, Bramble.

“Todo lo que hice fue poner una foto de un cliente disfrutando de su vida en el hogar de cuidados en el que me encantaba trabajar”, expresa con algunas lágrimas.

Gary Burns y su perro Bramble
Gary no ha podido trabajar desde que le fue detectado el tumor cerebral, por lo que la familia enfrentaba muchas deudas.

Para junio de 2017, la pareja estaba en punto de quiebre.No tenían dinero en el banco y sin ahorros. Rachel sentía miedo de perderlo todo, incluyendo el techo sobre sus cabezas.

“Te hace pensar en que cuando piensas que tienes todo, eso puede serte arrebatado por un error”, dice.

Dos días antes de que el juicio comience, Burns decide que no puede con esto. Su marido Gary suplica por casi tres horas que no abandone el caso.

“Este caso la ha destruido”, explica Gary. “No tiene confianza, no duerme, peleamos mucho más ahora. Ha sido desastroso. He tenido que ver a mi esposa caer a pedazos lentamente debido a lo que le han hecho“.

“Esto es demasiado”

Finalmente, a principios de junio el tribunal laboral activó el caso de Burns.

Presentó pruebas y testigos que fueron cuestionados, pero luego de dos días el juez debió suspender el proceso porque la mujer se angustiaba mucho.

“Fue demasiado”, recuerda. “Pensé ‘me han quebrado hasta el punto en que no tengo autoestima en este momento para volver a ser gerente. Y es una pena. Les dije a los jueces que lo sentía”.

Rachel Burns
Días antes de iniciar el juicio, Rachel Burns había decidido no continuar, pero su esposo la animó a hacerlo.

A comienzos de agosto de 2017, casi 20 meses desde que fuera suspendida por primera vez de su trabajo, Rachel tuvo buenas noticias.

“¡Gané! Oh, Dios mío, gané”, celebra.

El tribunal fallóque su despido fue injustificado.

El juez determinó que la decisión del Consejo del Condado de Surrey de suspender a Burns estaba dentro de las respuestas esperables, pues ella había admitido las acusaciones en su contra.

Pero concluyó que el tiempo que le dio el Consejo para decidir si aceptaba la suspensión o era despedida (sólo dos días laborales) no fue razonable.

Según ella, este aspecto del procedimiento fue un defecto fundamental.

¿Futuro resuelto?

“¡La justicia ha prevalecido!”, asegura Burns. “Si crees en algo y sabes lo que vales, sigues adelante. Y sigues y sigues.

Ahora tendrá que volver al tribunal laboral el 13 de noviembre parauna audiencia de reparación en la que se decidirá la suma con la que debe ser compensada.

Ella no tiene idea qué cantidad será, pero teme que el monto sea reducido porque admitió las acusaciones en su contra. Ella y Gary ahora tienen deudas por unosUS$65.500 y 14 meses de retraso en el alquiler.

Sin embargo, Burns tiene impuesta una referencia del Consejo del Condado de Surrey la cual afirma que fue despedida por una falta grave, por lo que las posibilidades de que encuentre trabajo es incierta.

Rachel y Gary Burns
Rachel y Gary esperan la decisión final sobre cuánto deberán recibir de compensación.

A pesar de la victoria, volver al trabajo será una lucha.

Antes de perder su trabajo hace dos años, Burns había sido diagnosticada por estrés y todavía sufre de ansiedad y depresión.

Mientras tanto el trabajo que amaba ya no existe.

Park Hall cerró sus puertas el 30 de junio como parte de los planes del Consejo del Condado de Surrey de cesar las operaciones de los seis hogares de cuidados que le pertenecen. Los residentes fueron reubicados.

“Me encantaba Park Hall”, dice Rachel. “Fue como una familia para mí más que un trabajo”.

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Cortesía ONIC

Día Internacional de los Pueblos indígenas: Por COVID se pierden líderes y conocimientos ancestrales

La pandemia amenaza, sobre todo, a quienes representan la memoria y conocimiento de los pueblos indígenas: la gente mayor, los abuelos.
Cortesía ONIC
Por Thelma Gómez Durán / Mongabay Latam
9 de agosto, 2020
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En los primeros días de agosto, José de los Santos Sauna Limaco murió. No logró sobreponerse a las complicaciones que le provocó el COVID-19. Tenía 44 años y era gobernador del Pueblo Kogui, comunidad indígena de la Sierra Nevada en Colombia.

La muerte del líder indígena se anticipó al Día Internacional de los Pueblos Indígenas que se conmemora cada 9 de agosto. Para este año, la Organización de las Naciones Unidas decidió que la jornada se dedicara al tema «COVID-19 y la resilencia de los Pueblos Indígenas».  Hoy, señala el organismo internacional, “es más importante que nunca salvaguardar a estos pueblos y sus conocimientos. Sus territorios albergan el 80% de la biodiversidad del mundo y pueden enseñarnos mucho sobre cómo reequilibrar nuestra relación con la naturaleza y reducir el riesgo de futuras pandemias”.

Pero la pandemia del COVID-19 amenaza, sobre todo, a quienes representan la memoria y conocimiento de los pueblos indígenas: la gente mayor, los abuelos.

En los últimos meses, las comunidades indígenas de América Latina han llorado la muerte de José de los Santos Sauna (Colombia),  del líder Awajún Santiago Manuin Valera (de la Amazonía Peruana) o la de Claudio Centeno Quito, autoridad de la nación Sura en Bolivia. Sus nombres son solo algunos de los que han fallecido.

Santiago Manuin (segundo de derecha a izquierda) y otros líderes awajún durante el juicio por el conflicto en Bagua. Foto: CAAAP.

Con esta pandemia “se han ido millones de conocimientos ancestrales sobre la selva. Conocimientos que pueden salvar al mundo, saberes sobre el manejo de plantas, el manejo de ecosistemas que no lo sabe ningún científico. Para nosotros el mayor dolor es que se va toda una historia de nuestros pueblos”, explica José Gregorio Díaz Mirabal, quien pertenece al pueblo Wakuenai Kurripaco —originario de la Amazonía venezolana— y quien está al frente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

Los “mayores”, los que son más vulnerables ante el COVID-19 —remarca Ruth Alipaz Cuqui, de la comunidad amazónica de San José de Uchupiamonas en Bolivia— “son nuestras bibliotecas, nuestra librería de conocimientos que se tienen que transmitir a las próximas generaciones. La muerte de un anciano, significa mucha pérdida para los pueblos indígenas”.

Gregorio Díaz Mirabal destaca que además de los sabios que se está llevando el COVID-19, tampoco hay que olvidar a los líderes y defensores indígenas “que se han ido porque los han asesinado” por defender el ambiente y su territorio. Tan solo el reciente informe de Global Witness señala que de los 212 defensores de medio ambiente y territorio asesinados, 40% pertenecían a comunidades indígenas.

José Gregorio Díaz Mirabal, quien está al frente de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

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Pandemia “estructural”

En la cuenca amazónica, un territorio que habitan 511 pueblos y que se distribuye en nueve países, se vive un estado de alerta. Las comunidades indígenas no solo enfrentan el avance de proyectos mineros, petroleros o la deforestación para la expansión de la agricultura industrial. Ahora, desde hace poco más de cinco meses, tienen ante sí la pandemia del COVID-19.

Hasta el 4 de agosto pasado, la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) y la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) documentaron 34 mil 598 casos de indígenas contagiados de COVID-19 en la región. Además, se había registrado 1 251 fallecimientos.

“Casi 15 hermanos indígenas se contagian diariamente en la cuenca amazónica. Diariamente mueren cinco o seis hermanos… Hay pueblos que tienen 40 habitantes, si ahí llega el COVID se acaba el pueblo”, resalta José Gregorio Díaz Mirabal, de COICA.

Lizardo Cauper Pezo, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), menciona que esta pandemia desnudó, aún más, el abandono histórico, la desatención que hay hacia los pueblos indígenas.

Para Gregorio Díaz, los pueblos indígenas viven una situación de “pandemia estructural”, porque existe una violación sistemática a sus derechos.

indigenas ecuador covid
Presidente de la nacionalidad siekopai Justino Piaguaje (en el centro) junto a líderes siekopai en Lagartococha (Pëkë’ya), en la Amazonia en la frontera entre Perú y Ecuador. Foto: Amazon Frontlines.

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“Los pueblos indígenas siempre hemos vivido así: abandonados a nuestra suerte”, remarca la indígena boliviana Ruth Alipaz Cuqui, de la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas, Originarios, Campesinas y Áreas Protegidas (CONTIOCAP). Y ofrece un dato que permite entender mejor sus palabras: en Bolivia, donde la mitad de sus habitantes es indígena, fue hasta el pasado 8 de julio cuando se anunció que se tendría un plan de ayuda para esta población.

En otras naciones, como México —donde se hablan 65 lenguas indígenas— fue hasta el 21 de mayo cuando se tuvieron guías para la atención de pueblos indígenas; es decir estos documentos se publicaron tres meses después de que el país registró sus primeros casos de contagio.

En este país, hasta el 6 de agosto, las cifras oficiales reportaban 825 indígenas fallecidos por COVID-19. Yucatán, Oaxaca, el Estado de México, Quintana Roo y Puebla son los estados donde más muertes de personas hablantes de alguna lengua indígena se han reportado.

indigenas ecuador covid
Miembro de una brigada realiza una prueba COVID-19 a la líder waorani Nemonte Nenquimo. Shell, Pastaza. Foto: Mitch Anderson / Amazon Frontlines.

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Organización indígena: un paso adelante

En la cuenca amazónica, Gregorio Díaz explica que, gracias a los protocolos que pusieron en marcha, el golpe por el COVID-19 no ha sido mayor. Las comunidades activaron la Guardias Indígenas, se establecieron Comandos de Salud Indígena y se impulsó un Fondo de Emergencia por la Amazonía. Desde las mismas organizaciones indígenas, como el COICA, “se ha logrado atender muchas comunidades; en muchas de ellas el Estado todavía no ha llegado”.

Una de las acciones que más llama la atención es la que se desarrolla en Colombia, donde oficialmente se reconoce a 115 pueblos indígenas.

En el país sudamericano, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) —que agrupa a 80% de las organizaciones indígenas del país— adaptó el Sistema de Monitoreo Territorial, creado en 2013, para hacer un seguimiento de la pandemia en los territorios indígenas y tener datos que les permitan tomar acciones de contención, atención y denuncia.

Hace siete años, las comunidades que forman parte de la ONIC miraron la necesidad de contar con datos precisos sobre los territorios indígenas. Fue así como empezaron a georeferenciar las comunidades y dar forma a lo que hoy es el Sistema de Monitoreo Territorial, explica su coordinador Wilson Herrera.

El sistema se ha utilizado para monitorear temas relacionados con los derechos a la tierra, derechos humanos y ambientales. Cuando el COVID-19 llegó a territorio colombiano, la ONIC decidió crear un módulo especial para dar seguimiento a la pandemia en los territorios indígenas.

El Sistema de Monitoreo Territorial comenzó con una etapa de contención y ahora se encuentran en la etapa de atención, donde “usamos la información para la toma de decisiones: si vemos que en alguna zona se registra un brote, entonces se da orientación a las autoridades indígenas para que refuercen el control territorial, los controles comunitarios y familiares”.

El pueblo Kogui es uno de los que está en mayor peligro por presencia de grupos armados. Foto: Defensoría del Pueblo.
El pueblo Kogui de Colomibia. Foto: Defensoría del Pueblo.

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Con este Sistema de Monitoreo, la ONIC ha podido identificar que el COVID-19 ya está presente en, por lo menos, 60% de las comunidades indígenas. Además, ha documentado 7 000 casos de contagio y 243 personas fallecidas. “Cada diez días se duplica el número de casos que encontramos”, resalta Wilson Herrera.

“Si las tendencias siguen como van, si nosotros no logramos contener, si no logramos articular con el gobierno, nosotros identificamos que para final de año vamos a tener una crisis humanitaria en el caso de las poblaciones indígenas”, advierte Wilson Herrera, quien también resalta que el gobierno ha dejado a los pueblos indígenas en una orfandad.

Además de usar los datos para salvar vidas, otro de los objetivos del sistema de monitoreo es “sistematizar la historia de la pandemia en los territorios indígenas. Vamos a poder decirle al mundo lo que pasó con la pandemia”. Wilson Herrera señala que se podrá mostrar cuál fue el actuar del gobierno colombiano en la atención del COVID-19 en los pueblos indígenas.

Territorios indígenas Colombia. Ritual indígena. Foto: Juan Gabriel Soler, Fundación Gaia Amazonas.
Ritual indígena. Foto: Juan Gabriel Soler, Fundación Gaia Amazonas.

Como también sucede en otros países de América Latina, Herrera explica que ante la indiferencia y abandono del gobierno, las comunidades indígenas están recurriendo a sus formas de organización y a su medicina tradicional.

En la ONIC, además, están desarrollando un sistema que permita a los indígenas realizar autoevaluaciones e identificar síntomas de COVID-19 en forma temprana.

Estas acciones se realizan pensando en que “por lo menos 260 mil familias no tienen la posibilidad de llegar a un centro de salud, porque se encuentran a más de diez horas de camino de una unidad médica”.

El Sistema de Monitoreo Territorial también prepara un módulo de “economías propias”, para comenzar a documentar los datos sobre soberanía alimentaria y semillas nativas, además de identificar los territorios que podrían tener mayores afectaciones ante los escenarios de cambio climático.

Territorios indígenas Colombia. Mujeres indígenas recogen alimentos en sus chagras. Foto: Stefan Ruiz, Fundación Gaia Amazonas.
Mujeres indígenas recogen alimentos en sus chagras. Foto: Stefan Ruiz, Fundación Gaia Amazonas.

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Extractivismo y proyectos que no se detienen

Por las muertes que ha provocado el COVID, pero también porque durante la pandemia “el extractivismo ha sido brutal; la minería legal e ilegal de oro, la explotación petrolera no ha parado y siguen otorgando concesiones sin consulta previa», Gregorio Díaz no duda en usar dos palabras para definir lo que se vive en la cuenca amazónica: “etnocidio” y “ecocidio”. Y lo enfatiza con una frase: “Estamos en una situación de extrema catástrofe sanitaria y ambiental”.

Ruth Alipaz explica que, en Bolivia, el gobierno ha permitido que continúen las actividades extractivas, como la explotación petrolera, en la región del Chaco. La minería tampoco se detuvo en la Amazonía boliviana y esto ha provocado, según Alipaz, que poblaciones indígenas que están en contacto inicial, como los Yuquis, “ya están comenzando a registrar contagios”.

En México, proyectos como el llamado Tren Maya tampoco tuvieron cuarentena. Mientras buena parte de la actividad económica del país se paralizó por la emergencia sanitaria, el gobierno federal dio el banderazo para que comenzara la construcción del tren.

El trazo del tren maya contempla pasar por cuatro estados con alta presencia de población indígena: Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; una región que ha visto cómo se han multiplicado las granjas porcinas, donde también se ha deforestado la selva maya para dar paso a campos de cultivo de palma africana o soya y en donde los desarrollos turísticos han terminado con zonas de manglares.

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas “significa alzar la voz y denunciar los megaproyectos que están tratando de impulsar en la Península, que en realidad lo que harán es destruir el territorio”, señala Wilma Esquivel Pat, indígena maya, habitante de Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo y vicepresidenta del Centro Comunitario U Kuuchil K Chibalom y miembro del consejo indígena de gobierno.

Campeche, Península de Yucatán. 2019
Caminos en la zona maya de Campeche. Foto: Thelma Gómez Durán

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Pareciera que no importa el país en que se encuentren, cuando se trata de impulsar la minería, la extracción petrolera, la agroindustria o un tren, los indígenas en América Latina escuchan los mismos argumentos. Ruth Alipaz, en Bolivia; Lizardo Cauper, en Perú, y Wilma Esquivel, en México han oído como se justifican los megaproyectos con palabras como “desarrollo” o “fuentes de empleo”.

“Desde las instituciones dicen que estos proyectos van a dar trabajo, pero no dicen todo lo que vamos a perder; vamos a perder la tierra… Nuestra existencia está vinculada a la tierra, el cosmos, el agua, las piedras. ¿Cómo vamos a mantener el vínculo con la tierra si la destruyen, si terminan con nuestra forma de existir?”, pregunta Wilma Esquivel.

Sin la tierra, sin la milpa, sin la selva —dice Esquivel— la palabra “maya” no tiene sentido, solo se convierte en un término que se “mercantiliza”.

La visión de desarrollo que se impone “de arriba hacia abajo”, explica el peruano Lizardo Cauper, ha tenido consecuencias en los pueblos indígenas: “nos han empobrecido matando la naturaleza”.

Y habla de lo que ha pasado en Perú con la extracción de petróleo, con la minería y la explotación ilegal de la madera. Sus palabras se pueden aplicar a cualquier país de Latinoamérica: “Han dejado una fotografía de los derechos vulnerados; pueblos indígenas sin servicios básicos, con aguas contaminadas, con ríos y suelos contaminados, con enfermedades”.

coronavirus brasil
El pueblo Sapanawa, que vive cerca de la frontera entre Brasil y Perú, se contactó en 2014. Los pueblos indígenas aislados como ellos ahora tienen un alto riesgo de contraer coronavirus. Foto: © FUNAI / Survival International.

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Derechos indígenas y de la naturaleza

A partir del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los derechos de los pueblos indígenas han sido reconocidos en diversas constituciones y leyes de los países Latinoamericanos. Pero, en los últimos 30 años, “la gran mayoría de los logros que hemos tenido han sido jurídicos y muy pocos territoriales: nuestros derechos siguen violentados, nuestros espacios territoriales en proceso de destrucción”, comenta Gregorio Díaz, de COICA. El líder lo remarca aún más: el Convenio 169 de la OIT “parece un poema hermoso para los pueblos indígenas, pero no se cumple. Ningún país lo respeta”.

Ni siquiera aquellos países cuyos gobiernos “se decían de perfil indígena”, señala Ruth Alipaz: “En 2009 nace el Estado Plurinacional (en Bolivia) y nosotros creíamos que era la consolidación, que la pluralidad la representábamos nosotros, los pueblos indígenas. Eso se ha convertido en mero discurso político. La Constitución ha quedado archivada en algún estante”.

Asegura que con el gobierno de transición en Bolivia, tampoco cambiaron las cosas: “No se anuló ningún decreto de los que nosotros llamamos ‘incendiarios’, porque son con los que se ha legalizado la quema de más de 5 millones de hectáreas del bosque chiquitano, para continuar con la política de impulso a los agronegocios”.

Incluso, los pueblos indígenas también tienen limitados sus derechos políticos, resalta Ruth Alipaz. En el caso de Bolivia se aprobó una ley que señala que nadie puede participar en la vida política si no es a través de un partido.

Zona devastada en Ñembi Guasu. Foto: Nativa
Zona devastada por incendios en Ñembi Guasu, en Bolivia. Foto: Nativa

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Todos los gobiernos, comenta Lizardo Cauper de la AIDESEP, siguen sin reconocer en los hechos “los valores espirituales, culturales, los derechos de los pueblos indígenas”.

Ante este panorama, Gregorio Díaz propone que en este 2020, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas debe marcar el comienzo de una nueva etapa de lucha para las comunidades. Una lucha en la que los derechos dejen de ser letra muerta. Y para ello es necesario que, entre otras cosas, se impulse una “nueva economía que respete a la selva, que respete a los ríos… una nueva economía que pague para que se conserven los árboles, para que haya alimento sano en los territorios, que respete los derechos de las comunidades y de la naturaleza”.

Los pueblos indígenas, remarca Lizardo Cauper, “queremos nuestra propia economía, nuestro propia educación, salud y justicia intercultural. Queremos ejercer nuestro derecho a la libre determinación”.

Las organizaciones que forman parte de COICA y otras más que se encuentran en la región impulsan una moratoria a las actividades extractivas en la Amazonía, han presentado acciones legales en contra de gobiernos como el de Brasil y comenzarán una campaña mundial que tendrá como temas principales el cambio climático y la protección de la Amazonía. Esa campaña arranca en este Día Internacional de los Pueblos Indígenas y se extenderá hasta el 22 de septiembre, como parte de la Semana Mundial por el Clima.

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Para muchos pueblos indígenas de la Amazonía se necesita viajar más de 24 horas en una canoa motorizada para llegar al hospital más cercano. Foto: Mauricio Torres / Mongabay.

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Fortaleza indígena

Pese a que habitan geografías distintas, Wilma Esquivel, Lizardo Cauper y Ruth Alipaz, Gregorio Díaz y Wilson Herrera coinciden en que la pandemia no solo ha desnudado aún más el abandono que enfrentan los pueblos indígenas. También, señalan, ha sido un detonador de reflexiones y de fortalecimiento de su capacidad de organización colectiva.

En México, por ejemplo, Wilma Esquivel cuenta que durante los meses de contingencia sanitaria, muchos jóvenes mayas que trabajaban en las ciudades y zonas hoteleras regresaron a sus comunidades y han vuelto a laborar en la milpa, han regresado a aprender de los mayores. “Los abuelos dicen que los que se fueron y ahora regresaron están recordando quiénes son”.

El peruano Lizardo Cauper comenta que esta pandemia les ha dado fortaleza para seguir defendiendo sus valores, su medicina y conocimienos ancestrales. La boliviana Ruth Alipaz recuerda: “como pueblos indígenas hemos sobrevivido a otras pandemias, en otras épocas, en las mismas condiciones que estamos enfrentando ahora”. Así que, remarca, seguirán dando la lucha.

Wilson Herrera comenta que, desde hace cuatro años, las comunidades indígenas que integran la ONIC decidieron comenzar un proceso para “fortalecer nuestra lengua, nuestros cultivos, nuestra medicina, nuestras tradiciones… Llegó la pandemia y nosotros ya estábamos en ese proceso. Los ancianos y los sabios lograron ver que eso venía”.

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