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BBC Mundo
El origen del misterioso vapor que sale del pavimento en las calles de Nueva York
El vapor que emana de las calles de Nueva York forma parte del ADN de la ciudad, tanto como los taxis amarillos o rascacielos de Manhattan.
BBC Mundo
Por Gerardo Lissardy / BBC Mundo
19 de noviembre, 2017
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Es algo omnipresente para quienes viven aquí y un motivo de curiosidad para los turistas: el vapor que emana de las calles de Nueva York forma parte del ADN de la ciudad, tanto como los taxis amarillos o rascacielos de Manhattan.

Pero ¿cuál es el origen de esa icónica humareda constante retratada en películas como “Taxi Driver” de Martin Scorsese?

Lo que se percibe a simple vista en las calles de Nueva York es apenas la punta del iceberg de un fenómeno mucho mayor.

Se trata del mismo vapor que viaja más discretamente por túneles y cañerías de edificios emblemáticos de la ciudad, como el Empire State Building, la terminal Grand Central o la sede de las Naciones Unidas.

También se usa de distintas formas en hospitales, museos, tintorerías y hasta queserías.

Empire State Building, Nueva York
El Empire State es uno de los edificios icónicos de Nueva York que usa el sistema de vapor de la ciudad para su calefacción.

Nueva York posee un sistema de vapor único que, con 169 kilómetros de tuberías subterráneas, es de lejos el mayor del mundo a escala urbana.

Sin esa red de vapor, quizá la silueta de la ciudad de antiguos y modernos rascacielos sería diferente: “Nunca habrían construido esos edificios, porque no podían calentarlos”, afirma Dan Holohan, autor de 22 libros sobre el tema, en diálogo con BBC Mundo.

Más de 130 años

El sistema de vapor neoyorquino data de la década de 1880 y su primer cliente fue el edificio de United Bank, en la esquina de Wall Street: le servía como energía para operar sus ascensores.

Actualmente la red llega a cerca de 1.650 clientes o edificios en Manhattan, según datos proporcionados por Con Edison, la compañía que opera el sistema con cuatro estaciones de vapor y dos que generan vapor y electricidad a la vez.

Lo que suele verse en la superficie son filtraciones de ese vapor que recorre la ciudad subterráneamente, escapando por alcantarillas o chimeneas colocadas especialmente para evitar que afecten la visión de transeúntes y conductores.

Vapor en Nueva York
Una típica “chimenea” canaliza vapor proveniente de los 169 kilómetros de tuberías subterráneas que tiene el sistema en Nueva York.

“Son fugas en las tuberías que necesitan ser reparadas”, explica Allan Drury, portavoz de Con Edison. “No es peligroso, no precisa hacerse en seguida”, asegura.

El sistema es utilizado principalmente para dar calefacción, aire acondicionado y agua caliente a edificios.

Pero el vapor de Nueva York también se emplea para cocinar o limpiar platos en restaurantes, humidificar salas de museos, planchar ropa en tintorerías o esterilizar material de hospitales.

“Es muy bueno que Nueva York suministre vapor como servicio público, como la electricidad, el gas o el agua: el vapor es muy valioso para los queseros. Necesitamos mucha energía para la pasteurización y también para calentar la cuba mientras hacemos el queso”, señala Jon Gougar, quesero principal de la empresa Beecher’s, que tiene una planta de producción en pleno Manhattan.

Planta de queso Beecher's en Manhattan.
En esta planta de producción de queso en pleno Manhattan, el vapor es un elemento clave (Foto: Beecher’s)

Gracias al sistema de vapor “podemos operar en un espacio mucho más pequeño y hacer queso en un área urbana, lo cual es inusual”, dice Gougar a BBC Mundo.

Explosiones

La pregunta de cuán seguro es el sistema de vapor de Nueva York ha asomado en ciertas ocasiones a lo largo del tiempo.

De hecho, en décadas pasadas hubo algunas explosiones fatales de tuberías de vapor de la ciudad.

Una de ellas mató en 1989 a tres personas (incluidos dos obreros de Con Edison que trabajaban allí) en el barrio de Gramercy Park.

Otra en 2007 dejó un muerto y decenas de heridos cerca de la terminal Grand Central, así como una gigantesca nube de vapor en el medio de Manhattan.

Daños materiale provocados por la explosión de una tubería subterránea de vapor en 2007 cerca de la Grand Central Terminal de Manhattan.AFP/GETTY IMAGES
Una explosión de una tubería subterránea de vapor en 2007 en Manhattan dejó un muerto, decenas de heridos y grandes daños materiales.

Lo que provocó exactamente esa última explosión ha sido motivo de controversia en estrados judiciales hasta la fecha, con acusaciones a una empresa de Texas que reparó la tubería, pero también señalamientos a Con Edison.

“Hubo múltiples solicitudes de reparaciones en esa ubicación, sabían que había problemas”, dice Rick Rutman, un abogado que representó a víctimas, en diálogo con BBC Mundo.

Con Edison ya pagó millones de dólares en compensaciones a quienes sufrieron daños y asegura que recientemente ha iniciado un monitoreo remoto de su sistema de vapor, para evitar que las bóvedas se llenen de agua, lo cual puede ser peligroso.

“Continuamos estudiando cambios en los procedimientos y mejoras en los equipamientos que puedan aumentar aún más la seguridad”, dice Drury.

La empresa sumó recientemente algunos clientes de alto perfil, como el moderno edificio 432 Park Avenue, uno de los rascacielos más altos de Manhattan.

Pero admite que la tendencia “ha sido levemente a la baja” en su cantidad de clientes, algo que atribuye entre otras cosas al bajo precio relativo del gas natural.

Vapor en Nueva YorkEl vapor sigue siendo parte del ADN de Nueva York, pese a una creciente competencia de otras fuentes de energía.

Sin embargo, el uso del vapor para calefacción en Nueva York es mucho más extendido que la red subterránea: buena parte de los edificios que lo usantienen calderas en los sótanos para producir su propio vapor, sostiene el experto Holohan.

Y opina que cambiar la forma de calentar edificios antiguos sería un despropósito.

“A veces escucho personas (diciendo) que hay que deshacerse de todo esto. ¿Y qué vamos a hacer con el edificio Empire State ahora?”, pregunta.

“No se puede poner un sistema de calefacción más eficiente en ese edificio”, asegura.

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El "ataúd nuclear" que gotea material radioactivo en el océano Pacífico
El estado de una estructura de concreto que encapsula material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958 preocupa tanto a los habitantes de las Islas Marshall como al Secretario General de Naciones Unidas.
18 de mayo, 2019
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La campanada de alerta la volvió a hacer sonar el propio secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, mientras hablaba con un grupo de estudiantes en Fiyi.

“Acabo de estar con la presidenta de las Islas Marshall (Hilda Heine), y está muy preocupada por el riesgo de que se filtre el material radioactivo contenido por una especie de ataúd que hay en el área”, dijo.

Guterres estaba describiendo así al llamado “domo de Runit” o “domo Cactus”, una estructura de concreto construida en la isla del mismo nombre para encapsular el material radioactivo dejado por las pruebas nucleares realizadas por Estados Unidos en el área entre 1946 y 1958.

Las 67 explosiones nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak -al que pertenece Runit- incluyeron la detonación en 1954 de “Bravo”, una bomba de hidrógeno 1.000 veces más poderosa que la que cayó en Hiroshima y el arma más poderosa jamás detonada por EE.UU.

Y a finales de la década de 1970, más de 4.000 soldados estadounidenses pasaron tres años recogiendo los restos radiactivos depositados en seis de las islas del atolón de Enewetak para colocarlos en el cráter dejado en Runit por la llamada prueba “Cactus” -la explosión de una bomba de superficie de 18 kilotones-, el que fue recubierto por el domo de concreto.

Explosión nuclear en el atolón de Bikini.

Getty Images
En total EE.UU. realizó 67 pruebas nucleares en los atolones de Bikini y Enewetak.

En total, se estima que la estructura que los locales llaman “la Tumba”, recubre al menos 73.000 metros cúbicos de material radioactivo, incluyendo plutonio-239, una de las sustancias más tóxicas del planeta.

Y la cúpula de concreto de medio metro de grosor que sobresale entre los arbustos y palmeras que renacieron en Runit no es el único recuerdo de las brutales detonaciones.

4 de las 40 islas de Enewetak fueron completamente vaporizadas por las pruebas, con cráteres de kilómetros de diámetro remplazando a algunas de ellas.

Y según la radiotelevisora pública australiana ABC, en la actualidad únicamente tres de las islas del atolón son consideradas lo suficientemente seguras para ser habitadas.

Secuelas

“Como todos sabemos, el Pacífico ya fue victimizado antes”, fue como Guterres se refirió a lo ocurrido en el territorio de las Islas Marshall, territorio que solo se independizó completamente de EE.UU. en diciembre de 1990.

“Y las consecuencias (de las pruebas nucleares) han sido bastante dramáticas, en relación con la salud, en relación con el envenenamiento de las aguas en algunas áreas”, reconoció en declaraciones recogidas por la agencia AFP.

Atolón de Enewetak

Getty Images
Muchos de los pobladores de Enewetak tuvieron que abandonar sus hogares y en la actualidad solo 4 islas son consideradas seguras para la presencia humana.

De hecho, según ABC, el mismo departamento de Energía de EE.UU. ha prohibido las exportaciones de pescado y pulpa de coco desde Enewetak, por causa de la contaminación.

Y eso también ha forzado cambios en la dieta de los habitantes del atolón, que ahora dependen casi exclusivamente de comida enlatada y procesada “que han generado problemas de salud como la diabetes”.

Parte del problema es que el domo de Runit -que fue concebido como una solución temporal– ya presenta grietas en la superficie, y charcos con líquidos salobres a menudo se forman en el anillo.

Pero EE.UU. también renunció a la idea de sellar el fondo del domo con concreto antes de almacenar el material radioactivo, por considerarlo demasiado costoso, lo que significa que la estructura nunca ha sido realmente capaz de evitar filtraciones.

Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall

AFP
Hilda Heine, la presidenta de las Islas Marshall, le externó su preocupación al Secretario General de Naciones Unidas.

De hecho, aunque un reporte elaborado en 2013 por el departamento de Energía de EE.UU. encontró que “existe la posibilidad de que las aguas subterráneas contaminadas provenientes del Domo Runit fluyan hacia el entorno marino subterráneo cercano“.

También concluyó que eso no necesariamente se traduciría en un aumento significativo de los niveles de contaminación del área.

Pero esto es porque el área circundante ya está bastante contaminado, como producto de las filtraciones, y por el sencillo hecho de que la operación de limpieza en Enewetak después de las pruebas nucleares recogió menos del 1% del material radioactivo generado.

“El inventario radiológico enterrado debajo del Domo Runit palidece en comparación al inventario actual de radionúclidos en los atolones de la laguna”, se lee en el reporte.

Y aunque el Secretario General de Naciones Unidas no entró a valorar lo que se debe hacer con respecto al domo, Guterres reconoció en Fiyi que la historia nuclear del Pacífico todavía necesita ser debidamente abordada.

“Hay mucho por hacer mucho en relación con las explosiones que tuvieron lugar en la Polinesia Francesa y las Islas Marshall (…) con las consecuencias para la salud, el impacto en las comunidades y otros aspectos”, dijo, sin descartar compensaciones monetarias y otros “mecanismos para permitir que estos impactos se minimicen”.


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