Con su olfato, perros rescatados ayudan a diabéticos a prevenir crisis por altibajos de glucosa
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Fundación Perros de Auxilio

Con su olfato, perros rescatados ayudan a diabéticos a prevenir crisis por altibajos de glucosa

Estos animales ayudan a los pacientes que sufren de diabetes tipo 1 para alertarlos de los cambios en sus niveles de glucosa y evitar crisis y hasta un coma.
Fundación Perros de Auxilio
Por Lizbeth Padilla
14 de noviembre, 2017
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A las 5:30 de la mañana Sadie empieza a inquietarse hasta que muerde la mano de Jan Carlo. El niño despierta y le pregunta qué pasa, Sadie le hace una reverencia.

Es la señal de que su glucosa está por arriba de lo normal. El glucómetro marca 198 mg/dl, Sadie acertó y evitó que Jan Carlo tuviera una crisis de hiperglucemia (glucosa alta).

Así es como trabajan los perros de auxilio para pacientes con diabetes tipo 1, en la que el páncreas no produce insulina, hormona encargada de que la glucosa penetre en las células. Sin la insulina, hay un exceso de glucosa que permanece en la sangre.

Sadie fue entregada esta semana.

Sadie fue entregada esta semana.

Los perros son entrenados para identificar los altibajos en el nivel de glucosa de su humano con solo olfatear su aliento y así alertar a través de señales y movimientos que algo no anda bien hasta 35 minutos antes de que se presente una crisis.

“La nariz de los perros es una cosa maravillosa, aprenden a identificar el aroma, e incluso aprenden a identificar cuándo empieza a formarse el aroma, cuando empieza a subir o bajar la glucosa irregularmente”, explica Guadalupe Rivera, administradora de la Fundación Perros de Auxilio para Diabetes, ubicada en Mazatlán, Sinaloa.

Los perros empiezan a actuar nerviosos cuando empiezan a detectar cambios, cuando detecta niveles peligrosos avisa al humano: si detecta la glucosa baja le pone una pata en el muslo y si la detecta alta hace una reverencia.

Si el paciente es un niño, el perro está entrenado para tocar un timbre que alerta a los padres si hay cambios en la glucosa.

Los perros con los que trabaja la Fundación son rescatados de albergues o aquellos que tuvieron familia pero que requieren ser reubicados en otro hogar.

Deben cubrir ciertas características, como un temperamento adecuado, que no sean agresivos, muy tímidos y que no se asusten fácilmente con los ruidos de la calle. También deben tener interés en complacer y que le gusten los premios, además de ser jóvenes para que tengan en promedio 10 años de trabajo.

El entrenamiento depende de las habilidades del perro, y puede durar entre ocho meses y un año. Los perros tienen una efectividad de 90%, hasta que no alcanzan esa cifra en sus entrenamientos “no lo consideramos listo para graduarse”.

Tener un perro de auxilio no sustituye ni la insulina ni los métodos de chequeo de niveles de glucosa prescritos por los médicos, pero es un complemento.

Los perros trabajan con adultos y niños mayores de ocho años, no menores, pues ellos deben encargarse de pasear, alimentar y bañar al can para que se cree el vínculo necesario para que funcione.

El dueño puede llevarlo a su trabajo o a la escuela, pues la Fundación le otorga un certificado de que se trata de un perro de auxilio.

Aunque en público la gente no debe ofrecerles premios o acariciarlos, pues no debe haber distracciones ya que el perro está al pendiente de su dueño las 24 horas.

Cómo puedo tener un perro de auxilio

La Fundación ha entregado 15 perros; Sadie forma parte de la tercera generación junto a otros cuatro que se entregarán en las próximas semanas.

Los interesados en contar con un perro deben solicitar a la Fundación un cuestionario, el cual deben responder y enviar por correo electrónico. Si es aprobado se programará una entrevista personal, si viven fuera de Mazatlán, será telefónica.

La fundación le notificará al paciente si su solicitud fue aprobada y se comunicará con él para avisarle si hay un perro adecuado. Los pacientes no eligen a los perros, es el entrenador quien designa al mejor perro según el perfil del humano.

Los perros viven con su entrenador, ya que la Fundación no cuenta con una sede grande y trabaja con voluntarios.

Entrenar a un perro cuesta más de 140 mil pesos, pues cada hora de entrenamiento tiene un costo de 400 pesos y se requieren de unas 300 horas. Los pacientes no pagan por el perro, solo hacen un donativo simbólico a la Fundación.

“Sabemos que las personas promedio en México no tienen la capacidad económica de cubrir los costos de entrenamiento, por lo que la fundación subsidia gran parte del costo”, dice Guadalupe.

El proceso de entrega de un perro toma aproximadamente una semana, pues el animal debe adaptarse a su dueño y enseñarles a todos los miembros de la familia cómo hay que cuidarlo y mantener su entrenamiento.

Guadalupe aclara que no todo el mundo es candidato a tener un perro de servicio, primero por los costos que requiere su manutención o porque no saben cómo cuidarlo; incluso porque tienen “expectativas irreales” pues pueden llegar a pensar que el perro sustituye la necesidad de la insulina.

Puedes contactar a la Fundación Perros de Auxilio para Diabetes a través de su página web: www.perrosdeauxilioparadiabeticos.com o en su página de Facebook Perros de Auxilio.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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