Placas emitidas en los estados, el pasaporte para burlar verificación y tenencia en la CDMX
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Cuartoscuro

Placas emitidas en los estados, el pasaporte para burlar verificación y tenencia en la CDMX

Aunque no porten los hologramas vigentes no son sancionados. Tampoco pagan tenencia ni se les aplican fotomultas. Las multas a los autos matriculados en CDMX por falta de verificación han subido 650% en cinco años.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
6 de noviembre, 2017
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Los automovilistas que circulen en la Ciudad de México con un vehículo con placas de Morelos, Puebla, el Estado de México o cualquier otra entidad, y no porten los hologramas de verificación vigente que exigen las normas de la ciudad, pueden estar tranquilos, pues no van a ser multados ni detenidos.

En cambio, las infracciones para los autos con placas de la Ciudad de México por no traer los hologramas de verificación vigente se han incrementado más de 650% en tres años, y suman más de 170 mil los sancionados.

Datos a los que tuvo acceso Animal Político a través de una solicitud de transparencia confirman que la verificación es otra norma que se puede burlar en la Ciudad de México si el vehículo tiene placas de otra entidad, al igual que la tenencia y las fotomultas. Las placas foráneas son pasaportes de impunidad.

Hace poco más de un año, en junio de 2016, el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera aseguró que los autos de la denominada “Megalópolis” (que agrupa a los estados del centro del país) contaban con una verificación homologada y les aplicaban las mismas reglas. Incluso sostuvo  que lo autos que no contaran con dicha verificación homologada no podrían circular en la ciudad.

“De nada va a servir que se emplaquen en otros estados y tengan otro tipo de matrículas, nosotros vamos a ser muy escrupulosos en esta aplicación”, señaló el jefe de gobierno. Esta promesa fue repetida en meses posteriores por otros funcionarios de la ciudad.

Pero la información oficial comprueba que, en realidad, no se sanciona a los autos de otros estados (y ni siquiera a los de la propia Megalópolis) por circular sin los hologramas de verificación en la capital del país. Solo se detiene e infracciona a los de la CDMX.

Para corroborar esta situación se solicitó al gobierno capitalino que informara, del 2013 a la fecha, el número de autos sancionados por circular sin los hologramas de verificación vigente y que tuvieran placas de Ciudad de México, estado de México, Puebla y Tlaxcala.

La solicitud se envió en primera instancia a la Secretaría de Seguridad Pública de la ciudad y a la Secretaría de Movilidad. Ambas dependencias señalaron que la información de las sanciones por no respetar esta norma, que busca proteger la calidad del aire en la ciudad, le corresponde a la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema). Por ello se planteó de nuevo la solicitud a esta dependencia.

En su respuesta a través del oficio folio 0112000157717, la Sedema proporciona los datos respecto a los autos sancionados con placas de CDMX pero en cuanto a los autos con placas de otros estados la respuesta es cero. La justificación es que la verificación obligatoria solo aplica a los autos emplacados en Ciudad de México.

“Le informo que de acuerdo con lo dispuesto en el Reglamento antes señalado la verificación vehicular obligatoria será aplicable a las fuentes móviles matriculadas en el Distrito Federal (hoy Ciudad de México), por lo tanto, se ha sancionado a los vehículos emplacados en la Ciudad de México por no portar el Holograma de Verificación Vehicular Vigente y no así a los vehículos matriculados en otras entidades federativas distintas a la Ciudad de México”, indicó en su respuesta la Sedema.

Pasaporte de impunidad

De acuerdo con los datos oficiales del INEGI en los últimos 10 años el parque vehicular en la Ciudad de México casi se ha duplicado. En 2005 la cifra de autos registrados era de dos millones 878 mil 442 autos, mientras que para 2016 pasó a cinco millones 332 mil 167 automóviles particulares registrados para circular. Es un crecimiento superior al 85 por ciento.

Pero a esos autos hay que agregar los registrados en otros estados. Las autoridades no tienen una cifra exacta de cuántos son. El parque vehicular de las entidades colindantes con la capital, de acuerdo con INEGI, es de casi cinco millones de autos particulares en Estado de México, 900 mil 500 en Puebla y 410 mil en Morelos.

Los autos con placas de otros estados que se ven en la ciudad no están de paso.

Un reportaje de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad reveló que en la capital hay agencias de vehículos que venden autos de lujo con placas de otros estados con la finalidad de burlar el pago de la tenencia. En este caso fueron autos de la marca Audi con placas de Morelos.

“El trámite es sencillo. No hace falta tener una casa en Morelos. Ni siquiera un familiar o amigo. En las tres agencias de Audi visitadas por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) para este reportaje ofrecen tramitar las placas de Morelos con el propósito explícito de evitar la tenencia. Sólo piden una identificación oficial, la factura de compra y un pago por gestoría que va de 5,300 a 7,000 pesos dependiendo de la agencia”, reveló el reportaje.

Tamién mostró que hasta los propios legisladores capitalinos y otros políticos recurren a estas prácticas: comprar vehículos emplacados en otros estados para eludir la tenencia. Incluso se reveló que el hoy exprocurador General de la República Raúl Cervantes, tenía un vehículo deportivo Ferrari con placas del estado de Morelos, y con un domicilio que además era “fantasma”.

Pero eludir el pago de la tenencia este no es el único “beneficio” que obtienen los automovilistas con placas de otros estados en Ciudad de México. También se encuentra el de la imposibilidad de sancionarlos con las “fotomultas”.

Aunque las cámaras de fotomultas captan a cualquier vehículo, el gobierno capitalino no tiene la información suficiente para emitir la boleta de sanción pues dichos autos no están registrados en la ciudad. Por tanto no se les puede aplicar la norma aun cuando, por ejemplo, excedan los límites de velocidad.

En julio pasado el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera confirmó que la sanción vía fotomulta no se aplica a los autos con placas foráneas. La única forma de que pueden ser sancionados estos vehículos, dijo, es si son detenidos por la policía, quienes tienen la facultad de retirarles las placas o llevarlos al corralón. De otra forma no.

Los de placas con CDMX: otra realidad

Los autos con placas de la Ciudad de México, que en el papel deberían ser los únicos que circulan permanentemente en la ciudad, enfrentan una realidad totalmente distinta en cuanto a la verificación: cada año se incrementan las sanciones en su contra.

De acuerdo con los datos proporcionados por la Secretaría de Medio Ambiente de enero de 2013 a julio de 2017 un total de 173 mil 545 automóviles fueron detenidos y/o infraccionados por circular sin los hologramas de verificación vigente. Cada año que pasa se ha incrementado el número de sanciones.

Por ejemplo en 2013 la cifra fue de 9 mil 551 autos sancionados por no traer el holograma de la verificación; en 2014 fueron 17 mil 865; para 2015 la cifra ascendió a 38 mil 833 y en 2016 fue de 72 mil 197. Es un crecimiento del 656% en el número anual de infracciones por verificación en un periodo de tres años.

Y para 2017 todo parece indicar que se mantendrá la misma tendencia pues hasta julio de este año ya sumaban más de 35 mil los autos sancionados.

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#YoSoyAnimal

Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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