Ser policía en México, sinónimo de bajos salarios, abuso sexual y corrupción
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Foto: Cuartoscuro

Ser policía en México, sinónimo de bajos salarios, abuso sexual y corrupción

Estudio muestra las condiciones precarias de desarrollo y trabajo de los policías. A 1 de cada 10 los ponen a recoger basura o destapar coladeras. El 40% reconoce que hay corrupción en su corporación.
Foto: Cuartoscuro
Por Arturo Ángel
14 de noviembre, 2017
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El sistema de desarrollo policial en México es inexistente en los hechos. Los policías trabajan con salarios precarios y casi la mitad de ellos no ganan ni 10 mil pesos. El 70 % nunca ha recibido un ascenso, 16 % ha sido víctima de abuso sexual y, por si fuera poco, varios son obligados a hacer labores que nada tiene que ver su trabajo, como recoger basura o hasta ir a votar por un candidato.

Estos resultados arrojó una encuesta aplicada a los policías de todos los estados denominada ¿Qué piensa la Policía?, y que forma parte del estudio denominado Índice de Desarrollo Policial elaborado por la organización Causa en Común.

Es estudio desnuda las carencias en las que trabajan los integrantes de las corporaciones policiales, tanto en materia de preparación y desarrollo, como en equipamiento.

Por ejemplo, poco más del 45 % de los policías tiene un salario por debajo de los 10 mil pesos, mientras que el 39% percibe un salario de entre 10 y 15 mil pesos mensuales. Solamente el 15 % de los encuestados reconoció que tiene un salario por encima de los 15 mil pesos.

Tener bajos salarios es un problema para los policías pero lo es más cuando tienen que pagar por sus propios materiales de trabajo. El 41 % de los elementos estatales ha tenido que poner de su bolsa para comprar botas; el 38 % para comprar su uniforme;  32 % ha tenido que pagar con su sueldo la papelería para informes; el 26 % pone de su dinero para hacer reparaciones a la patrulla.

El 20 % de los policías también ha tenido que gastar en cartuchos para sus armas; otro 12 % gasta en gasolina para sus vehículos y el 11 % en algo vital: chalecos antibalas.

¿Qué hay de tener un futuro y progreso como policía? Difícil, pues el 61 % de los policías desconoce por completo cuál es el procedimiento (si es que existe) para obtener ascensos, y de hecho, el 36 % de los agentes considera que los ascensos llegan por “recomendaciones” y no por méritos.

¿Un ascenso? 68 % de los elementos reconoció que nunca ha tenido uno en toda su carrera mientras que un 14 % señala que el ascenso que tuvieron fue hace más de tres años. Solo un siete % de los policías ha recibido un aumento en su último año de trabajo.

Si hablamos de estímulos económicos o algún tipo de reconocimiento por su labor, la realidad es todavía peor. El 89 % de los agentes asegura que nunca ha recibido este tipo de incentivos.

Multiusos, vulnerables y prejuiciosos

La labor de un elemento de Seguridad Pública es prevenir el delito en cualquiera de sus manifestaciones. Pero los policías en México son utilizados frecuentemente para trabajos que nada tienen que ver con su responsabilidad.

Los resultados de la encuesta ¿Qué piensa la Policía? evidencian, por ejemplo, que el 15 % de los uniformados reconoce que ha sido utilizado para “encargos personales” de sus jefes, o sea de mandaderos. Inluso, al 9.5 % le encargan recoger basura o destapar coladeras.

7% de los policías reconoce que le han pedido hacer encargos hasta para familiares del mando superior. Al 5% lo han puesto a hacer trabajos de mantenimiento en sitios públicos y a otro 5 % le ha ordenado ir a votar por un candidato en elecciones.

Tres de cada 10 agentes aseguró haber sido objeto de humillaciones durante su época como policía, y un porcentaje siimilar afirmó haber padecido algún tipo de discriminación.

16 % admitió un abuso sexual en su carrera y otro 15 % reportó abusos físicos en el trabajo.

Para 4 de cada 10 policías en el país hay corrupción en la corporación donde trabaja, 30% no sabe si la hay, y el resto lo niega.

Causa en Común advierte también una actuación prejuiciosa de los agentes por una preparación inadecuada, pues tres de cada 10 elementos sustuvieron que la identificación de personas sospechosas la hacen por su apariencia, ya sea por la vestimenta o por su apariencia física.

Marcela Figueroa, investigadora de la organización, señala que los resultados de esta encuesta dejan en claro tanto las deficiencias en la formación de los policías estatales en nuestro país así como el desconocimiento pleno de las condiciones en que desarrollan su profesión.

“No hay carrera policial en este país pero no solo eso. Los policías no conocen sus derechos ni sus obligaciones y eso es gravísimo. Muchas veces las corporaciones si pueden tener ciertos procesos pero los agentes no los conocen y eso es igual a cero”, dijo.

Policías al vapor; urge gastar mejor

Laura Carrera Lugo, coordinadora del Sistema de Desarrollo de la Policía Federal confirmó que las deficiencias identificadas en el estudio de Causa en Común son reales aun cuando se han hecho esfuerzos para tratar de revertir esta situación.

En su intervención en el Foro Sumemos Causas, tras la presentación de resultados de la encuesta, la funcionaria y especialista reconocía que el diseño de la carrera policial en el papel se quedó a medias lo que contribuye a que los avances en los hechos sean mínimos.

Una situación que ha hecho más evidente y profunda esta deficiencia es la necesidad que tiene el país de más uniformados ante las condiciones de inseguridad, lo que provoca que la formación y capacitación sea raquítica. Se pondera cantidad sobre calidad.

“Muchas veces lo que quieren las autoridades políticas es cocinar policías de un día para otro, capacitándolos desde 15 días hasta seis meses en el mejor de los casos, cuando en realidad el mínimo que marcan los estándares de capacitación, pero el mínimo debe ser de un año”, subrayó.

La especialista en temas de seguridad Elena Azaola Garrido dijo que ni siquiera se puede hablar de un tema de recursos económicos pues en los últimos años el presupuesto para la seguridad se ha incrementado. Lo que si se necesita, en cambio, es gastar mejor esos recursos.

“Hay que hacer ver a las autoridades que tienen que dar respuestas a las necesidades de los policías como una condición ineludible para que hagan su trabajo los policías”, dijo la experta, que además estimó conveniente – como varios especialistas más – que se revise la seguridad social de los policías pues sus derechos, de acuerdo con el apartado B del artículo 123 constitucional, se encuentran acotados.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.
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Cómo Uruguay pasó de ser una excepción en la pandemia de coronavirus al país con mayor tasa de casos nuevos en América Latina

A la cabeza de la región en cantidad de casos nuevos cada millón de personas, Uruguay enfrenta semanas "muy difíciles" en la pandemia luego de su relativa calma, sostienen expertos.
21 de marzo, 2021
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Cuando muchos en el mundo aún veían a Uruguay como una excepción latinoamericana en el control de contagios de COVID-19, el doctor Julio Medina lanzó una advertencia desde allí.

“Inexorablemente vamos perdiendo nuestro lugar de privilegio. Debemos restringir nuestra movilidad e interacción física para desacelerar la propagación del virus”, tuiteó Medina, catedrático de enfermedades infecciosas en la Universidad de la República (Udelar), el 29 de noviembre.

Menos de cuatro meses más tarde, la situación del país ha dado un giro en la peor dirección.

Uruguay pasó a Brasil el domingo como la nación latinoamericana con mayor número de casos nuevos de covid-19 por cada millón de habitantes, según el promedio móvil de siete días de Our World in Data.

Si bien las posiciones en este ranking pueden variar de un día al otro, los expertos observan preocupados el panorama uruguayo.

El país marcó el domingo su récord de contagios diarios, casos activos y pacientes en terapia intensiva desde el inicio de la pandemia hace un año.

Con 33,51 casos de promedio por cada 100 mil personas en una semana, Uruguay está en zona roja de riesgo según los parámetros de la Universidad de Harvard (a partir de 25 casos).

“Estamos en el peor momento de la epidemia en nuestro país y las próximas semanas van a ser muy difíciles”, anticipa Medina en diálogo con BBC Mundo.

Entonces ¿a qué se debe esto?

Vacunación en Uruguay.

Getty Images
Uruguay, que ya ha comenzado a vacunar, registró el pasado domingo un récord de contagios diarios.

“Presos del propio éxito”

Uruguay aún está mejor que varios de sus vecinos regionales en algunos indicadores de la pandemia.

Con menos de 3,5 millones de habitantes, el país llevaba hasta el lunes 712 muertes por COVID-19, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

Su tasa de letalidad por COVID-19 (1%) es una de las más bajas en América Latina y menor que la de naciones con población similar, como Costa Rica, Panamá y Paraguay, de acuerdo a Our World in Data.

Uruguay mantiene además uno de los registros más bajos en la región de muertes por COVID-19 por millón de habitantes.

Hasta ahora, el sistema de salud uruguayo nunca se vio desbordado por la pandemia.

Y aunque fue uno de los últimos países de la región en recibir vacunas contra el COVID-19, a fines de febrero, ahora es el segundo latinoamericano con más dosis administradas por cada 100 personas (5,9), detrás de Chile (34,5).

Dos personas del equipo sanitario en Uruguay.

Getty Images
Uruguay fue uno de los últimos países latinoamericanos en obtener vacunas, pero inocula a uno de los ritmos más rápidos de la región.

Uruguay llamó la atención desde el año pasado por haber aplicado una singular estrategia frente a la pandemia, sin confinamientos obligatorios.

El presidente Luis Lacalle definió este camino como de “libertad responsable”: pidió a la población que permaneciera en sus casas, pero evitó los controles policiales de otros países.

Como la población siguió los consejos y el virus estaba bajo control, a partir de abril de 2020 el gobierno reabrió gradualmente actividades que había cerrado al inicio de la pandemia: construcción, comercio, escuelas presenciales, restaurantes…

https://www.youtube.com/watch?v=dDHHLysaCHg

Pero la primera ola de contagios comenzó a subir a fin de año en Uruguay y los expertos creen que lo que observan ahora es un rebote de la misma.

Parte del fenómeno es atribuido al comportamiento de las personas, que interactúan más en su regreso de las vacaciones del verano austral.

“A veces es estar preso del propio éxito: al país le había ido muy bien y las personas relajaron las medidas, eso explica buena parte de lo que nos está pasando”, señala Medina.

Agrega que la otra explicación posible del aumento de casos es que la variante brasileña del virus —definida como la P.1 y más transmisible— haya entrado a Uruguay por su frontera terrestre con Brasil.

Si bien el gobierno de Lacalle dispuso un cierre parcial de fronteras, esto es difícil de lograr en ciudades fronterizas con Brasil,donde apenas una calle marca el límite binacional.

“Estamos convencidos de que (la P.1) debe estar en el país, simplemente todavía no logramos demostrarlo”, señala el infectólogo.

Y sostiene que, si esto se confirma en estudios que se realizan, “quiere decir que las medidas que venía usando el país para contener la epidemia dejan de ser tan eficientes y usted tiene que ser más estricto”.

La liebre y la tortuga

El gobierno uruguayo tiene previsto analizar la situación sanitaria este martes en un Consejo de Ministros.

Por lo pronto, ya ha decidido solicitar al Parlamento que renueve un límite impuesto al derecho a reunión para evitar aglomeraciones, informaron medios locales.

Hospital en Montevideo.

Getty Images
Es probable que Uruguay anuncie más medidas restrictivas esta semana.

El presidente Lacalle se mostraba contrario hasta la semana pasada a adoptar medidas más restrictivas, como la prohibición de circulación.

Sin embargo, el Grupo Asesor Científico Honorario (Gach), integrado por expertos como Medina y que aconseja al gobierno en la pandemia, sugirió en febrero limitar reuniones sociales o familiares y las actividades de comercios no esenciales.

Y el lunes distintos especialistas reclamaron públicamente más medidas.

“A diferencia de la fábula de la carrera entre la liebre (virus) y la tortuga (nosotros), acá no se va a dormir sola. Es ahora que hay que noquearla, bajando la movilidad con nuevas medidas, y así llegar a la meta”, tuiteó Gonzalo Moratorio, un virólogo del Instituto Pasteur de Montevideo, el lunes.

El nefrólogo Oscar Noboa sostuvo en la misma red que “cada minuto sin medidas tiene costos muy altos para los enfermos y sus contactos”.

Enfermera en Uruguay.

Getty Images
Uruguay estableció un calendario singular de vacunación, sin comenzar por los mayores.

“La realidad ya no nos permite ser optimistas. Es una carrera entre el aumento de casos y el muy buen ritmo de vacunación. En este mes (entre hoy y mediados de abril) se juegan las finales. Es necesario adoptar medidas duras, aunque no gusten”, tuiteó Oscar Ventura, catedrático de la Universidad de Química de la Udelar.

Uruguay también ha adoptado un calendario singular de vacunación, sin comenzar por la población de mayor edad como hicieron otros países por ser grupo de riesgo.

Esto se debe a que, según expertos locales, las primeras vacunas que recibió el país, del laboratorio chino Sinovac, carecían de suficientes ensayos clínicos en mayores de 60 años.

El lunes el gobierno anunció que comenzará a vacunar a personas de entre 50 y 70 años. Pero aún se desconoce cuándo exactamente inoculará a quienes tienen entre 70 y 75 con dosis de otros laboratorios.

Medina destaca la importancia clave de vacunarse contra la covid-19, pero señala que, sin otras medidas, incluso una tasa alta de inoculación tendría escaso impacto en el momento actual del país.

“Esto no nos va a ayudar en esta etapa de aceleración de la epidemia”, advierte. “Nos va a ir ayudando más adelante”.


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