Una prepa abre la puerta a los jóvenes del Barrio Bravo de Tepito
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Una prepa abre la puerta a los jóvenes del Barrio Bravo de Tepito

La escuela José Guadalupe Posada es la única preparatoria en Tepito, donde lo más común es que los jóvenes se dediquen al comercio o a la delincuencia. Gracias a este proyecto educativo entre la UNAM y el gobierno capitalino, alumnos han logrado salir de ese esquema y hoy son universitarios.
Por Claudia Altamirano
7 de noviembre, 2017
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El camino de Edgar Hernández se ha torcido varias veces, pero él ha tenido la oportunidad de enderezarlo. El universitario de 23 años ha vivido toda su vida en lo que podría considerarse un pantano y ha salido de él gracias a la influencia de su abuela, a su propia voluntad de superación y a los maestros que lo impulsaron en su preparatoria, la escuela José Guadalupe Posada del barrio de Tepito.

Creció en Culiacán sin sus padres hasta que los homicidios del narcotráfico se volvieron el pan de cada día y se mudó a la zona roja de Tepito, en Ciudad de México, con su madre y sus hermanos menores. Con apenas siete años, Edgar estudiaba la primaria, trabajaba en una tienda de abarrotes y a ratos atendía a sus hermanos porque su madre tenía un problema de alcoholismo, por lo que a veces le tocaba cuidarla también a ella. No pudo estudiar la secundaria porque su madre lo sacó para que ayudara con los gastos de la casa, pero el deseo de superación del niño siempre fue más fuerte: se informó sobre el examen del Ceneval para obtener certificados y consiguió el de secundaria con 9.2 de calificación.

“Es algo que siempre me ha impulsado: salir, sobresalir, no quedarme estancado y repetir la misma historia”, cuenta Edgar en un jardín de su escuela actual, la facultad de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ya antes había ingresado a las asediadas filas de la UNAM, cuando se inscribió a bachillerato, pero entonces trabajaba en una panadería y una imprenta, por lo que descuidó sus estudios y prefirió darse de baja. Sin saber qué hacer, encontró una convocatoria para la nueva preparatoria que se abriría justo en la calle donde vivía: la “prepa Tepito”, la única escuela de nivel medio superior en el Barrio Bravo.

La escuela está ubicada en la calle Jesús Carranza de la colonia Morelos, en el centro de Ciudad de México, donde viven unas 50 mil personas. Esta vialidad fue considerada en 2006 como la más peligrosa de Tepito y de la ciudad por concentrar el mayor número de habitantes presos. Para 2017 han ocurrido todo tipo de ilícitos: en enero fue asegurada una tiendita que vendía galletas de mariguana; en marzo fue hallado un cadáver envuelto en cobijas que resultó ser de un miembro del cártel La Unión Tepito; un tiroteo en agosto dejó un muerto y siete heridos; en ese mismo mes fueron decomisados 50 kilos de hierba, y en junio un video del C5 dejó al descubierto cómo los narcomenudistas pasaban drogas por una azotea de esa calle, apenas a cinco casas de la escuela. A su espalda está la calle Tenochtitlan, donde en 2016 fue desmantelado un tianguis de drogas que había sido instalado en 14 viviendas.

La “prepa Tepito” está alojada en las instalaciones de un DIF (Desarrollo Integral para la Familia) inaugurado en 2007 por el exjefe de Gobierno Marcelo Ebrard, cuatro años después de que expropiara el predio hasta entonces conocido como “La Fortaleza”. Ese terreno era una unidad habitacional donde se practicaban todo tipo de delitos: desde la legendaria piratería que caracteriza la zona, hasta narcotráfico, venta de armas y secuestro. Por debajo de estas vecindades pasaban túneles que conectaban ambas avenidas para ocultar y distribuir las mercancías, según recuerda el administrador Agustín Hernández, quien creció en el Barrio Bravo y conoció La Fortaleza.

Por este sórdido pasado del inmueble es que el entonces secretario de Educación del (otrora) Distrito Federal, Salvador Martínez della Rocca, conocido en la política como El Pino, decidió instalar una escuela con el objetivo de combatir el crimen con educación. El plan era acercar el nivel medio superior a los jóvenes de la zona, quienes en su mayoría se dedicaban a trabajar con sus padres en los puestos comerciales o a la delincuencia.

Ocupar los espacios cedidos a la delincuencia

El proyecto del exsecretario consistía en crear un sistema de preparatorias que dependiera exclusivamente del gobierno del DF en los centros de mayor índice delictivo de la Ciudad; una en cada delegación política, empezando por la zona más roja de la Cuauhtémoc: Tepito. “Yo quería hacer una preparatoria modelo en la zona más delincuencial del DF, porque si el crimen se combate con educación, tenía que ser ahí”, relata en entrevista Martínez della Rocca. “Al principio asaltaron a varios maestros, pero ellos aguantaron vara y luego hasta los protegían”, recuerda el exsecretario. El proyecto se vio truncado por el fin de esa administración, pero la “prepa Tepito” continuó y ya tiene una segunda generación.

Hoy sobre el suelo de La Fortaleza hay salones para clases y talleres; canchas de basquetbol y futbol; una alberca, un gimnasio con ring, un área médica y un servicio de guardería que también pueden usar los estudiantes de la Preparatoria José Guadalupe Posada, acompañados de algún docente. “Una alumna de la generación pasada traía aquí a su bebé. Se embarazó estando aquí, nació, ella salía de clase, pasaba por su chiquito y se iba”, recuerda la directora, Lourdes Rodríguez. Actualmente hay cuatro alumnas embarazadas: el 5 % del total de los alumnos matriculados.

Inicialmente, Edgar no aparecía en las listas de la preparatoria Posada –nombrada en honor al grabador mexicano creador de la célebre Catrina, fallecido en esa colonia- pero el personal lo ayudó a entrar y formar parte de la primera generación. “De no haber sido por esa pequeña ayuda, no estuviera aquí. Le debo (a la escuela) la oportunidad de demostrar mis capacidades”, reconoce el universitario.

El alcoholismo de su madre y los maltratos derivados de esta enfermedad; crecer sin su padre –quien murió cuando él tenía cuatro años-, y los entornos violentos en que ha vivido podrían haber orillado a Edgar a tomar un camino mucho más fácil, como las drogas o la delincuencia, algo que tenía al alcance de la mano.

Sólo de enero a septiembre de 2017, la delegación Cuauhtémoc –donde se ubica la mayor parte de la zona de Tepito- mantuvo la tasa delictiva más alta de Ciudad de México, con 636 delitos de alto impacto por cada 100 mil habitantes, según cifras de la Procuraduría de Justicia capitalina. La delegación que le sigue, Miguel Hidalgo, tuvo casi la mitad de esos delitos: 393 por cada 100 mil habitantes.

La colonia Morelos (sede de la preparatoria) tuvo una tasa de homicidio doloso de 78.5 por cada 100 mil habitantes durante el periodo octubre 2015 – septiembre 2016, es decir: 28 asesinatos, de acuerdo con el sitio Hoyo de Crimen, que recopila estadísticas delictivas por zona de la ciudad.

En el mismo periodo hubo 24 lesiones por arma de fuego, 93 robos a transeúnte con violencia y tres sin violencia. Hasta principios de 2017, la Morelos era considerada la colonia más peligrosa de la capital, según las cifras de la Secretaría de Seguridad Pública local.

Pero Edgar tuvo suerte. Su abuela le inculcó siempre que todo lo que quisiera en la vida le costaría trabajo y que nadie la regalaría nada, así que tomó el camino del esfuerzo. “Hay compañeros a los que admiro, que a pesar de que tuvieron carencias igual que yo, no se dieron por vencidos; aunque no se hubieran quedado en la UNAM, el IPN, en la UAM, el deseo de salir adelante es lo que cuenta, en vez de quedarse en su casa o dedicarse solo a trabajar”, evalúa.

Edgar es uno de los exalumnos de esa primera generación de la Preparatoria José Guadalupe Posada que continuaron sus estudios. De los 150 que ingresaron, 61 concluyeron los cursos y hoy sólo seis son universitarios. La directora explica que este embudo se debe a que los estudiantes se dan por vencidos conforme van fracasando académicamente, o por el trabajo, porque se embarazan, por miedo… “Al final es un filtro, no todos están preparados para este sistema, la plataforma es de alta complejidad”, admite la maestra.

Se trata de un sistema híbrido con dos horas diarias de clase presencial con maestros certificados por la UNAM, y otras dos horas de laboratorio de cómputo en las que todo el conocimiento se imparte en línea, explica Rodríguez. El plan de estudios fue diseñado en un convenio con la Universidad tomando como base su sistema de Educación a Distancia, pero adaptándolo a un híbrido con el sistema presencial. Esto con el objetivo de que fuera un plan propio y que no dependiera de los planes de la administración federal, explica Martínez della Rocca, quien estuvo en desacuerdo con los cambios que la Secretaría de Educación Pública federal hizo durante el sexenio de Vicente Fox, cuando desaparecieron del plan de estudios las materias de Civismo y Ética. Para evitar alinearse con estas decisiones, el proyecto de la “prepa Tepito” era tener su propio plan de estudios, en el que fue incluida la materia de “Sociedad y Universidad”, entre otras.

Actualmente los alumnos tienen una hora adicional los martes y jueves llamada ‘de enriquecimiento’, donde charlan con especialistas en la asignatura que están cursando, o asisten a conferencias, visitan museos o ven documentales. Los lunes y miércoles tienen educación deportiva. “En la generación pasada tuvieron natación pero este año no hubo presupuesto para maestro, así que sólo tuvieron box y karate. Ahora les damos más bax”, bromea la directora.

Deporte: la inspiración

En el ring entrenan -pese al frío- Francisco, actualmente estudiante que resultó subcampeón en el torneo de la Guerrerita Ana María Torres en 2016, representando a su escuela, y Eumir, exalumno que llegó a semifinales y sigue yendo a entrenar a la preparatoria, pues además se está preparando para anotarse a la Policía Federal. “A mí sí me gustó, por eso igual sigo viniendo, me gusta mucho este programa que se hizo. Cuando entramos nosotros en la primera generación me gustó mucho la idea de ponerlo aquí en el Barrio, porque eso era, sacar a los jóvenes de lo que abunda aquí, que tengan otra visión”, dice Eumir.

“Ha influenciado mucho en mí el tener disciplina, si te tiran en el ring, te tienes que parar y ser más fuerte, así igual en el trabajo, en todo”, agrega el joven, quien truncó sus estudios porque su deseo era entrar a la escuela militar pero no cumplía con el requisito de edad.

Guillermo, el entrenador de karate, atribuye al deporte el deseo de superación de los estudiantes. “Está súper ligado a que tengan una mejor convivencia, mejor actitud, han cambiado bastante los chicos; del momento que entraron a ahorita ya se han vuelto más responsables, más respetuosos. No se critica, pero el ámbito social en que ellos conviven es muy agresivo, vienen a la defensiva, y ahorita son otras personas. No es coincidencia que los mejores promedios han sido los que más han destacado en su deporte, van de la mano”, dice orgulloso.

Don Agustín, también encargado del laboratorio de cómputo y mano derecha de la directora, con quien llegó a la escuela desde su inauguración en 2012, agrega que no sólo los jóvenes han cambiado con la escuela, sino también el mismo DIF: “Antes estaba solo, vacío, había muchas actividades e invitaban a la gente pero no entraban. Cuando empezó la prepa empezó a venir más gente, siento que los alumnos fueron un pilar para que empezaran a venir. Lo que siempre ha jalado es la alberca, siempre estaba ocupada pero lo demás no”.

La ubicación de esta escuela, en el corazón del barrio más temido de la delegación Cuauhtémoc, ha servido incluso para jóvenes que no son sus habitantes, como Adrián Carrillo, cuyos padres son comerciantes de la colonia pero viven en el municipio mexiquense de Chalco.

Los padres, la clave del éxito

Adrián tiene 20 años, cursó el bachillerato en la preparatoria José Guadalupe Posada y hoy estudia Ingeniería en Sistemas Computacionales en una universidad privada. Su madre, Alejandra, admite con pena que no deja a sus hijos solos en ningún momento: se los lleva a su puesto en Tepito desde las 07:00 horas, los manda a la escuela y los acompaña a todas las actividades que puede.

“Nosotros les hemos dicho que somos un equipo. Económicamente estábamos mal y mi esposo empezó a hacer tapetes para perro, con eso mejoró la vida de mis hijos. Antes él (Adrián) se venía sin desayunar a la prepa. Somos siete de familia y ahora somos un equipo: uno va y compra, mi esposo cose, otros rellenan… Yo no les doy el tiempo de otras cosas, mis hijos ahorita están en una edad en que muchos toman, fuman, se van… ellos no tienen ningún vicio porque los tengo trabajando, se enfocan a eso”, dice la señora Alejandra.

Esta dedicación que a muchos puede parecer obsesiva es la clave para que los jóvenes permanezcan en la escuela y no tomen otros caminos, de acuerdo con la maestra Rodríguez. “Para que este modelo funcione es vital que los papás estén aquí pendientes, es un trabajo en equipo: somos escuela, padres y la base del triángulo son ellos. Cuando hay ausencia de los padres, apatía, no tenemos historias que terminen de manera tan satisfactoria y gratificante como Adrián”, asegura.

Sus padres y sus abuelos fueron todos comerciantes en Tepito. Alejandra nació y creció en el barrio pero sólo estudió hasta secundaria porque su escuela estaba lejos, tenía que tomar camiones donde todos los días sufría acoso sexual, y en la colonia no había preparatoria así que se dedicó a trabajar. “Yo trabajé de intendencia y los doctores, las enfermeras, no me creían que era de aquí, pero mis papás me enseñaron a respetar. Eso les enseñé yo a mis hijos. Sí soy orgullosa de ser de aquí pero mis padres me dieron una educación”, dice la madre de Adrián, quien se alegra de haber recibido esa educación porque ha constatado los efectos de no tenerla.

“Tuve compañeros aquí en la prepa que eran otra onda.. Uno era mi amigo y era muy rebelde, no era muy sensato en lo que hacía, pero era mi amigo”, cuenta Adrián. “Ahorita está estudiando Derecho, ya no me tocó ese cambio pero me siento bien por él. Luego cuando yo no traía dinero él me invitaba una gordita o algo… Éramos tres amigos y ellos me protegían porque era como si fuera el hermano chico”.

En 2014 la UNAM llevó a cabo el Segundo Encuentro Internacional de Alumnos Sobresalientes, al que no había sido invitada la “prepa Tepito”, pero ellos se enteraron y buscaron la forma de anotarse. Ese evento fue decisivo en la vida de Adrián, quien ya tenía el ejemplo de trabajo arduo de sus padres. Pero en los conferencistas que fueron al Encuentro halló la inspiración que lo impulsó a empezar un camino de crecimiento continuo. “Yo no quiero hacer siempre lo mismo que mis papás, no es que esté mal pero yo quiero otras cosas, quiero ir a Canadá a especializarme, o a Alemania porque ahí están muy avanzados en Mecatrónica y Sistemas”, confiesa.

El exalumno de la preparatoria pide a la sociedad romper el prejuicio. Que no crean que todos en Tepito son delincuentes, que crean en los jóvenes porque muchos sí quieren crecer y hacer algo diferente. “No todos somos así”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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La matanza de Tlatelolco: qué pasó el 2 de octubre de 1968 en México

Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.
2 de octubre, 2020
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La historia que derivó en una masacre empezó con una pelea de estudiantes en el centro de Ciudad de México.

El grupo antimotines de la policía capitalina, conocido como Cuerpo de Granaderos, intervino para calmar la riña. Pero lo hizo de manera brutal.

Golpeó a decenas de estudiantes y testigos de la pelea. Persiguió a los jóvenes hasta las escuelas donde buscaron refugio y también allí agredió a alumnos y profesores que impartían clase.

Era el 23 de julio de 1968. En esa época la policía mexicana tenía fama de cometer abusos, pero la agresión a los estudiantes fue excesiva.

Cuatro días después, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN) organizaron una marcha contra la violencia policial.

Pero la caminata, a la que se sumaron miembros del Partido Comunista Mexicano, fue reprimida por los granaderos.

A partir de ese momento empezó un movimiento estudiantil que en pocas semanas creció rápidamente. La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

Las autoridades reportaron autobuses quemados y el estallido de artefactos explosivos. Decenas de jóvenes fueron detenidos y en el Zócalo, la plaza central del país, se desplegaron tanquetas y decenas de militares.

Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

Colección Justina Lori
Cientos de estudiantes fueron detenidos tras la masacre de Tlatelolco en 1968.

El Ejército ocupó las instalaciones de la UNAM y el IPN, pero no logró contener el movimiento agrupado en el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

El rector de la Universidad Nacional, Javier Barros Sierra, renunció en protesta por la invasión a la autonomía universitaria.

El movimiento sólo fue contenido hasta la tarde del 2 de octubre. Ese día se había convocado una nueva marcha de protesta que partiría de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Cientos de soldados rodearon el sitio. Cuando los estudiantes anunciaban que se cancelaba la caminata para evitar violencia, inició una balacera contra la multitud.

Cincuenta años después, aún no está claro dónde empezaron los disparos. Tampoco se sabe realmente cuántas personas murieron o fueron heridas.

Pero el ataque se convirtió en un parteaguas en la historia del país. Desde el 2 de octubre de 1968 México fue otro, social y políticamente distinto al del día anterior.

La década anterior

Plaza de las tres culturas

Getty Images
La masacre tuvo lugar en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México

Esta es la historia que se recuerda cada año durante el aniversario de la masacre.

Pero se habla poco del entorno social y político que había en el país por esos años, que motivó el acelerado crecimiento del movimiento estudiantil de 1968.

Un momento que explica también la fuerte reacción del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Desde los años 50 y en la siguiente década, en el país se registró una serie de movimiento de médicos, ferrocarrileros, electricistas, campesinos y estudiantes.

En todos los casos, las protestas fueron disueltas por policías y militares.

Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como "alegre, creativo".

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Los sobrevivientes de la masacre recuerdan al movimiento estudiantil como “alegre, creativo”.

Las movilizaciones estudiantiles de 1968 fueron consecuencia de ese largo proceso, explica Gilberto Guevara Niebla, uno de los fundadores del CNH.

“El movimiento de 68 no se comprendería si no se considera que en esa época existía un régimen autoritario y represivo”, le dice a BBC Mundo.

“Sobre todo en los años 60 hubo una sucesión de intervenciones militares en las universidades, que fue creando un ambiente de descontento y de malestar entre la juventud”.

Ese 1956, por ejemplo, los estudiantes del IPN protagonizaron una huelga que terminó con la ocupación militar de sus instalaciones. La vigilancia de los soldados permaneció durante un año.

Otro caso fue la huelga de 1963 en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, también disuelta por el Ejército.

Tlateloco

Colección Justina Lori
El rector de la UNAM en 1968, Javier Barrios Sierra.

Dos años más tarde, hubo una serie de paros y marchas de médicos y enfermeras en demanda de mejor salario. A las protestas se sumaron también estudiantes de la carrera de medicina.

Esos acontecimientos estaban muy presentes en el ánimo de los estudiantes en 1968, recuerda Rolando Cordera quien fue consejero por la Escuela de Economía ante el CNH.

Tlateloco

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
La UNAM, el IPN y otras universidades del país se declararon en huelga.

“En algunos que se convirtieron en dirigentes de la movilización existía algún tipo de memoria”, le dice a BBC Mundo.

“Antes de nosotros hubo otros mexicanos que habían reclamado más o menos lo mismo: cumplimiento de la ley, respeto a los derechos y la Constitución”.

“Vivíamos un mar de estímulos”

Pero el enojo por las intervenciones militares y la decisión de las autoridades para disolver las protestas son una parte de la historia tras el movimiento de 1968.

Ese año en Europa ocurrió una serie de protestas estudiantiles, sobre todo en Francia. Un elemento que influyó en México, pero su impacto fue menor a lo que sucedía en Estados Unidos, recuerda Guevara Niebla.

En ese país había una intensa oleada de protestas contra la guerra en Vietnam, la lucha por los derechos civiles de algunas minorías así como un creciente proceso de liberalización sexual y feminismo.

“Coincidieron muchos factores”, recuerda el fundador del CNH. “A través de la televisión sabíamos lo que ocurría en Estados Unidos y con los jóvenes de Francia”.

Manifestación de estudiantes en julio de 1968.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
“Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”, dijo Rolando Cordera.

“Los estudiantes de México vivíamos en un mar de estímulos que jugaron un papel decisivo para explicar la revuelta estudiantil”.

Rolando Cordera recuerda. “Los estudiantes del 68 en México se unieron a un reclamo internacional frente al orden existente en aquel tiempo”.

“En el caso nuestro era un orden muy autoritario, que no respetaba las movilizaciones de reclamo social”.

Con tal escenario el movimiento estudiantil creció en poco tiempo. A las primeras manifestaciones, en julio de ese año, acudieron cientos de jóvenes.

Al paso de los meses aumentó el número de asistentes. En la llamada Marcha del Silencio, el 13 de septiembre, participaron más de 150.000 personas.

Tlatelolco

Getty Images
La matanza fue un parteaguas en la historia de México.

No todos eran estudiantes. El movimiento logró el respaldo de sindicatos, grupos de vecinos y hasta amas de casa. Las protestas se extendieron por varias ciudades del país.

Las demandas del CNH también cambiaron. Al inicio era la disolución del cuerpo de granaderos, eliminar de las leyes el delito de disolución social y castigo a los responsables de agredir estudiantes.

Luego el pliego petitorio incluyó la liberación de todos los presos políticos, y un diálogo público y abierto del Consejo Nacional con el gobierno federal.

Juegos Olímpicos

Más allá de la creciente inconformidad, ¿por qué ocurrió la masacre en Tlatelolco?

Hubo varios elementos, coinciden algunos historiadores. Ese 1968 México era sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, programada para empezar el 12 de octubre de ese año.

Semanas antes del evento llegaron periodistas enviados por medios internacionales. Además sería la primera vez que los Juegos Olímpicos se transmitirían por satélite a todo el mundo.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM
Las protestas estudiantiles comenzaron a intensificarse conforme se aproximaban los Juegos Olímpicos y esa no era la imagen que el gobierno de México quería proyectar.

Para ese momento, las protestas estudiantiles eran más intensas. Muchos periodistas empezaron a cubrir las movilizaciones.

No era la imagen de país que pretendía enviar el gobierno de Díaz Ordaz. Además, el presidente estaba convencido que los estudiantes formaban parte de una especie de conjura comunista en contra de los juegos.

La decisión fue enviar un mensaje contundente para terminar con la rebeldía de varios años, señala Guevara Niebla.

“Después de 1968, Díaz Ordaz declaró que al enfrentar el conflicto se habían agotado los recursos políticos y se tuvo que acudir a la fuerza”, recuerda.

“Lo que se quería era destruir de un solo golpe el movimiento estudiantil para dar paso a las Olimpiadas. La represión tuvo lugar diez días antes de que empezaran, estaban obligados a sofocar las protestas, pero lo hicieron de una manera brutal”.

Soldados en la UNAM.

Portal 68. Archivo Histórico. UNAM.
La represión fue brutal.

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