No solo son los homicidios: los robos con violencia aumentaron 38% en un año
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No solo son los homicidios: los robos con violencia aumentaron 38% en un año

De enero a octubre de 2017 fueron denunciados un millón 515 mil 74 delitos en las 32 procuradurías del país; los robos con violencia a negocios crecieron 62%; los asaltos con violencia en carretera 54%, y los atentados con armas de fuego 39%.
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Por Arturo Angel
23 de noviembre, 2017
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El homicidio doloso no es el único crimen al alza en México. Otros delitos violentos y de alto impacto presentan un incremento significativo este año. Entre ellos están los robos con violencia, que tan solo en un año han crecido en más de 50 mil casos, o los atentados con armas de fuego, que registran un alza de casi 2 mil casos respecto a lo registrado el año pasado.

Los datos actualizados del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) indican, de entrada, que de enero a octubre de 2017 se denunciaron un millón 515 mil 74 delitos en las 32 procuradurías del país.

Se trata, en promedio de 4 mil 208 delitos diarios, o lo que es lo mismo, 175 nuevos ilícitos cada hora.

Si se compara este registro con el del mismo lapso pero de 2016, cuando se contabilizaron un millón 341 mil 168 delitos, la incidencia delictiva general en todo el país ha repuntado 13%.

Este incremento de la inseguridad es impulsado por el repunte de los delitos de alto impacto o de mayor violencia. El caso más claro es el de los robos que se cometen con violencia.

De enero a octubre de 2016 se denunciaron en México 136 mil 295 robos con violencia, en sus distintas modalidades.

En este mismo lapso, pero en 2017, la cifra alcanza los 188 mil casos. Se trata de un incremento, tan solo de un año a otro, de más de 50 mil casos, o lo que es lo mismo, un crecimiento de casi el 38% de este delito.

Si nos vamos al desglose de las distintas modalidades de robo se aprecia que hay un deterioro muy importante, por el aumento en los robos a negocios con violencia en el país. Estos pasaron de 21 mil 18 casos en 2016, a 34 mil 108 en 2017, lo que representa un repunte de más de 62% en la incidencia de este delito.

Otro caso grave es el de los robos de vehículo con violencia que pasaron de 36 mil 814 casos denunciados en 2016 a 51 mil 904 en 2017, que equivale a un incremento del 41% de este tipo de robos.

Los asaltos con violencia a transeúntes se han incrementado 38.4% en México. Este delito avanzó de 39 mil 104 casos denunciados el año pasado a 54 mil 113 en lo que va de 2017.

En otra modalidad, los robos con violencia a transportistas, los casos en 2017 han crecido 28.8%.

Una modalidad de robo que la estadística oficial destaca de forma separada son los asaltos en carreteras, y aquí el balance también es negativo. Los casos pasaron de dos mil 499 denuncias en el periodo de enero a octubre de 2016, a tres mil 823 carpetas de investigación iniciadas por este delio en el mismo lapso de 2017. Esto equivale a un incremento del 52.9% en la incidencia de este delito.

Si tomamos en cuenta solo los robos que se cometen con violencia en carretera (3 de cada 4 casos), el incremento de dicha modalidad de atraco es de más del 54% en tan solo un año.

En el delito de robo con violencia (tomando en cuenta todas las modalidades), Tabasco es la entidad con la mayor incidencia de todas. Su tasa en lo que va de 2017 es de 366.2 atracos por cada cien mil habitantes. Para ponerlo en proporción, el promedio nacional es de 138.7 asaltos violentos por cada cien mil personas. Esto significa que Tabasco casi triplica ese nivel de incidencia delictiva.

La segunda entidad con la mayor tasa de robos con violencia es el Estado de México, con 290.7 casos por cien mil habitantes. Le sigue Baja California con una tasa de 281.3 casos por cien mil habitantes; Ciudad de México con 256 robos violentos; Morelos con una tasa de 251.1 casos, y Puebla con 192 atracos por cada cien mil persona.

Violencia armada

Otro indicador importante del deterioro de la seguridad pública en el país este año es el incremento de los intentos de homicidio con armas de fuego.

De enero a octubre de 2017 el balance es de seis mil 827 carpetas de investigación iniciadas por el delito de lesiones con armas de fuego. Se trata de casi dos mil casos más si lo comparamos con el mismo periodo 2016, donde el registro era de cuatro mil 915 casos. Esto equivale a un incremento de casi el 39% en este delito grave.

El crecimiento de los delitos que se cometen con armas de fuego es una realidad. Como se publicó esta semana, en lo que va de 2017 se han perpetrado 20 mil 878 homicidios dolosos en el país, lo que equivale a una tasa de 16.9 asesinatos por cada cien mil habitantes, un récord en las últimas dos décadas en México.

De ese total de homicidios, en 13 mil 842 casos el asesinato se cometió utilizando un arma de fuego. Esto significa que el 66.1% de los crímenes – casi 7 de cada 10 casos – se cometieron utilizando un arma de fuego.

La proliferación de la violencia armada es un tema en el que ha insistido en los últimos meses el jefe de gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera. El mandatario capitalino ha hecho un llamado reiterado al Congreso para que aprueben una iniciativa de reforma a la Ley de Armas de Fuego y explosivos con el objetivo de que se endurezcan las sanciones penales por portación de armas, y que se aun delito que amerite de forma automática la prisión preventiva.

Más focos rojos

La estadística oficial muestra que las extorsiones son otro delito grave en aumento. Partiendo de la base de que es un delito con alta cifra negra (casos que no se denuncian) los datos oficiales muestran que en lo que va de 2017 se han presentado cuatro mil 797 extorsiones reportadas ate el Ministerio Público, que representa un incremento del 12.4% en este delito, en comparación con 2016.

Un análisis sobre la problemática de la extorsión en el país hecho por el Observatorio Nacional Ciudadano muestra que aun cuando el nivel de este delito se encuentra por debajo de lo registrado en 2013 (año record en extorsiones), en 2017 las cinco regiones en que fue dividido el país como parte de la estrategia de seguridad registran una tasa de extorsión por encima de la media nacional.

Otro delito que muestra un retroceso es el de los ataques sexuales. Mientras que en los primeros 10 meses de 2016 el registro oficial fue de 14 mil 492 casos denunciados, para el mismo periodo de 2017 el balance es de 15 mil 958 carpetas de investigación. Esto representa un incremento del 10.2% de la incidencia delictiva de este ilícito en un periodo de apenas un año.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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