Si se acaba el mundo, me voy a Mérida: cómo se vive en la ciudad más pacífica de México
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Si se acaba el mundo, me voy a Mérida: cómo se vive en la ciudad más pacífica de México

La tranquilidad aún se respira en Mérida, la capital de Yucatán, donde el ritmo de vida parece ir en sentido contrario al resto de México.
BBC Mundo
Por Alberto Nájar / BBC Mundo
4 de noviembre, 2017
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Medianoche. Alejandro Ruiz camina tranquilamente con su perro Toby por Paseo Montejo, la avenida emblemática de Mérida.

En muchas partes de México, azotado por una creciente ola de violencia, pasear a la mascota a esa hora es un acto riesgoso.

Pero aquí, en la capital del estado de Yucatán, es normal. De hecho, el joven de 25 años dice que es casi el único momento en que puede hacerlo porque sale tarde de su oficina. “Y además aprovecho para tomar el fresco”, le dice sonriente a BBC Mundo.

— ¿No tienes miedo a un asalto?

— No mucho. Nunca nos ha pasado nada, aunque siempre hay que tener precauciones. Pero todo es muy tranquilo, aquí no hay tanto delincuente como en otros lados.

Es la vida en Mérida, la Ciudad Blanca como se la conoce, ubicada en el sureste del país y que parece caminar en sentido contrario al resto de México.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) reveló días atrás que el 76% de los mexicanos vive con miedo a la delincuencia en sus ciudades. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública señala que en Mérida la tendencia es distinta al resto del país.

El 72% de los yucatecos cree que su estado es seguro, la cifra más alta del país. Y contrario a otros lugares el número de delitos bajó 8,2% este año.

Diarios en Mérida
Mientras en el balneario de Cancún, a dos horas de distancia de Mérida, la noticia principal fue el asesinato de un vendedor de tacos y un ataque armado al canal 10 de televisión, en la Ciudad Blanca lo más destacado en los diarios fue el caos vehicular en el centro.

Algo que se nota en los medios locales. Durante los días que BBC Mundo visitó Mérida, en Cancún, a dos horas de distancia, la noticia principal fue el asesinato de un vendedor de tacos y un ataque armado al canal 10 de televisión. En la Ciudad Blanca lo más destacado en los diarios fue el caos vehicular en el centro.

Por eso el tranquilo paseo de Alejandro y Toby. Eso sí, no quiere que se le tomen fotos. “Es que estoy muy fachoso (desarreglado)”, bromea. Pero luego confiesa. “Todavía es un paraíso pero hay que cuidarlo. Vivimos muy tranquilos, pero mejor no arriesgarse“.

Tamales mexicanos… en México

¿De veras Mérida es un paraíso? Comparado con lugares donde frecuentemente hay “narcobloqueos”, enfrentamientos entre sicarios y militares o masacres, puede ser que sí lo sea. Pero lo cierto es que la ciudad, como el resto de Yucatán, tiene una historia particular que puede resumirse en una vieja frase que muchos usan todavía: “Si se acaba el mundo, me voy a Mérida”.

La broma refleja la histórica relación de la ciudad con el resto de los mexicanos. Durante mucho tiempo la región permaneció virtualmente aislada del país. La zona desarrolló sus propias costumbres y un ritmo de vida que aún se mantiene.

Se nota. Todavía hasta los años 90 era complicado conseguir algunos de los productos que se anunciaban en televisión, comunes en todos los estados.

Incluso ahora prevalecen diferencias. Por ejemplo en los tamales, un guiso elaborado con masa de maíz cocinada al vapor. Los originarios de Yucatán se preparan rellenos con carne de cerdo, pollo o xpelón, una variedad local de frijol, y se envuelven en hojas de plátano o almendro.

Pero en los últimos años empezaron a venderse los que se elaboran en la mayoría de los estados que son rellenos de carne, rajas de chile poblano o mole, y envueltos en hoja de maíz. A éstos en Mérida les llaman “tamales mexicanos”. Aquí pocos los consumen.

Los habitantes de Mérida están acostumbrados a la vida pacífica.YURI CORTÉZ/AFP
Los habitantes de Mérida están acostumbrados a la vida pacífica.

Otra diferencia son las tortas, pan relleno de alimentos diversos. Las locales, de cochinita pibil o lechón al horno, son distintas a las conocidas como “estilo México” que pueden ser de jamón, queso, chorizo, milanesa, o huevo frito, por ejemplo.

En Mérida la vida es otra.

“Aquí todavía puedes dejar la puerta abierta de tu casa y no se pierde nada, pero es porque todos nos cuidamos”, le dice a BBC Mundo Gloria Menéndez, empleada en una tienda de ropa, “en mi barrio todos estamos muy pendientes. Ya ve lo que pasa en Cancún, es un horror”.

La situación de esta ciudad de 1.5 millones de habitantes es distinta a la de estados y ciudades vecinas. Para algunos meridanos (el gentilicio que usan los habitantes de Mérida), la situación de sus vecinos es un ejemplo de lo que no quieren ser.

“Somos muy chismosos”

Una arraigada costumbre de los meridanos es comentar todas las novedades de su barrio entre los vecinos. “Somos muy chismosos”, dice un líder empresarial. “Pero no menciones que lo dije yo”.

La tradición es útil, sobre todo en estos años cuando a la ciudad han llegado miles de personas que huyen de la violencia en sus estados.El alcalde Mauricio Vila reconoce que se benefician de la fluida comunicación de los meridanos.

Cuando detectan movimiento de personas o vehículos extraños en su colonia casi siempre lo comentan a la policía. Algo que no es común en el resto del país, donde prevalece el recelo hacia las autoridades.

No aquí. El 74% de los habitantes de Mérida, según el INEGI, confía en las corporaciones policíacas, una cifra mayor al promedio nacional que es de 56%.

Así, la costumbre de platicar todas las novedades se convirtió en un arma contra la inseguridad.

Según especialistas, una de las razones por las que grupos de delincuencia organizada controlan comunidades en México es porque los vecinos toleran su presencia desde el primer momento. Luego los aceptan como parte de su entorno. Eso no parece ocurrir en la sociedad de Mérida donde los forasteros provocan suspicacias. Una capa más al blindaje social.

“Los delincuentes piensan: ¿dónde no me agarran o dónde hay más posibilidades de que el delito no tenga consecuencias para operar?”, le dice a BBC Mundo Abraham Daguer, presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) local.

“Aquí es más tranquilo”

Y ese lugar no parece ser la Ciudad Blanca, dice el presidente de Canaco. En los últimos años, a la tradicional suspicacia hacia los forasteros se suma el temor de que entre ellos haya delincuentes.

Mérida
La violencia en otras partes del país es tema de conversación en los cafés de los portales en la Plaza Grande, como se llama al zócalo principal de la Ciudad Blanca.

Muchos están convencidos de que los actos de violencia son culpa de los recién llegados.

Entre quienes creen la hipótesis se encuentra Jorge Álvarez Rendón, uno de los cronistas de Mérida. “Aquí la gente es muy tranquila, es difícil que se le caliente la sangre”, asegura a BBC Mundo.

“Por eso aquí hay muy pocos actos de violencia, pero han aumentado por la llegada de gente de otros lugares donde por tradición son más conflictivos. Hay algún que otro delito, pero no con la frecuencia de otros lados donde ocurren matanzas, decapitaciones, masacres, mutilaciones. No, aquí es más tranquilo”.

De hecho, los delitos más frecuentes en la Ciudad Blanca son los robos sin violencia. También se vende droga, sobre todo marihuana, aunque de acuerdo con la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) es una distribución a pequeña escala, conocida como narcomenudeo.

Los delitos de alto impacto son aún menores. La tasa de homicidios es de 2.4 por cada 100.000 habitantes. En estados como Colima, en el oeste del país, la cifra es de 84 por cada 100.000 mexicanos.

Por eso, cuando ocurre un crimen grave, hay escándalo.

Plaza de Mérida
“Nunca nos han robado, aunque tengamos muchos clientes y nos descuidemos la gente aquí en Mérida es muy honesta, somos personas muy tranquilas”, asegura Manuel Contreras.

En la ciudad aún es tema de conversación un feminicidio ocurrido en junio en un centro comercial.

Antonio Méndez, vendedor de billetes de lotería en la Plaza Grande, como se conoce al zócalo principal, sigue muy enojado. “La acuchilló enfrente de todos. Ese hombre no es de aquí, seguro”, afirma a BBC Mundo.

En lo que va de 2017 han ocurrido cinco feminicidios, lo que motivó que organizaciones civiles solicitaran al gobierno federal que emita una alerta de género al gobierno federal. Es una medida que provee recursos y estrategias extraordinarias para combatir la violencia contra mujeres. El gobierno de Yucatán aceptó en poco tiempo la solicitud de la sociedad civil.

Algo que no ha ocurrido en otros lugares con un problema mayor de feminicidios, como el Estado de México donde la estrategia se aplicó tres años después de solicitada. La decisión final sobre la alerta de género corresponde a la Secretaría de Gobernación.

Calor y más calor

En Mérida, dicen sus vecinos, sólo hay dos estaciones en el año: la temporada de calor y la de mucho calor.

Eso define sus costumbres. En los días cálidos, entre marzo y agosto, no se recomienda caminar en las calles entre las 11:00 y las 16:00, por el riesgo de deshidratación.

En todo caso existen tradiciones que aún se mantienen. Las largas sobremesas es una costumbre que muchos, sobre todo personas maduras, todavía conservan. Como dormir una siesta después de la comida y luego tomar un segundo baño, para sacudirse el calor que en primavera supera los 40 grados Celsius.

Jorge Álvarez Rendón
Jorge Álvarez Rendón, cronista de la ciudad, dice que la la gente en Mérida “es muy serena, siempre tiende a la concordia, al acuerdo, no es proclive a la violencia”.

Y después de las seis de la tarde, cuando empieza a soplar la brisa de la playa cercana, es el mejor momento para pasear. Las plazas, jardines y calles que permanecieron semivacías el resto de la jornada se llenan de gente.

En muchos barrios se conserva la costumbre de sentarse en la puerta de casa y conversar con los vecinos, antes de la merienda. Con este ritmo de vida muchos ven lejana la violencia que crece en el resto del país, como un episodio de los noticieros de televisión.

Segura, por ahora

En estas condiciones, con una sociedad que cree en la policía y acostumbrada a denunciar los delitos, ¿gobernar la Ciudad Blanca es más sencillo que en otras poblaciones del país?

“Cuando me reúno con otros alcaldes les pregunto cuánto tiempo dedican al tema de seguridad”, le dice a BBC Mundo Mauricio Vila, presidente municipal de Mérida, “y me dicen que el 90% de su tiempo. Aquí es al revés, nos da tiempo de dedicarnos a otras cosas”.

Alvalde Mauricio Vila
“Cuando me reúno con otros alcaldes les pregunto cuánto tiempo dedican al tema de seguridad”, dice Mauricio Vila, presidente municipal de Mérida, “y me dicen que el 90% de su tiempo. Aquí es al revés, nos da tiempo de dedicarnos a otras cosas”.

Ciertamente no es sólo una cuestión de agenda. Este año el gobierno de Mérida aumentó el sueldo de los policías. El más bajo es de 12 mil pesos al mes. El promedio nacional de los agentes municipales es de 8 mil 700 pesos.

Con todos estos elementos, ¿está a salvo Mérida de la violencia creciente de México?

Por lo pronto sí, coinciden empresarios, académicos y funcionarios. Aunque otros no son tan optimistas. La violencia, subraya el activista Jesús Solís, está muy cerca de la Ciudad Blanca. Y no se ve forma, por ahora, de mantenerla lejos por siempre.

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Cuartoscuro

Aumentan los hospitalizados por COVID: ahora son menores de 50 sin vacuna

En un mes, la ocupación hospitalaria por COVID en camas generales en todo el país pasó de 17 a 34%, y en camas para ventilador, de 14% a 27%. El subsecretario López-Gatell reconoció que los afectados son jóvenes.
Cuartoscuro
21 de julio, 2021
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La tercera ola de la pandemia comienza a llenar los hospitales. Algunos ya están saturados y otros han tenido que designar otra vez áreas para tratar a los pacientes COVID, pero esta vez la diferencia es que quienes están llenando las camas son pacientes jóvenes.

“Los pacientes que llegan son más jóvenes que en las olas pasadas, de menos de 50, y por lo que nos dicen, los síntomas parecen estar desarrollándolos más rápido después del contagio, o eso refieren”, cuenta la médica residente del Hospital General de México. 

El subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, confirmó este martes 20 de julio, durante la conferencia matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, que “la mayoría de las personas que están hospitalizadas por COVID en este momento son ya personas menores a 52 años y la enorme mayoría son personas que no fueron vacunadas, más del 97%”.

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De acuerdo con información de la RedIRAG, donde los hospitales reportan su nivel de ocupación y que se toma como un importante indicador para el Semáforo de Riesgo COVID, este 20 de julio hay ya 140 unidades médicas con 70% o más de ocupación en camas de hospitalización general y 73 con ese mismo nivel de saturación en camas con ventilador. 

Hace un mes eran solo 63 las unidades médicas con 70% o más de ocupación en camas de hospitalización general y 22 con ese nivel en camas con ventilador. 

Una médica que está haciendo su residencia en el Hospital General de México y a quien llamaremos Emma, porque pide no poner su nombre real, cuenta que los ingresos por COVID en efecto se han incrementado. 

Todavía en junio, dice, la única área donde se recibían pacientes afectados con esta enfermedad era en urgencias generales, ahora ya se han vuelto a reconvertir áreas para recibirlos, como dos pisos de la torre de cardioneumología y la torre quirúrgica, donde hay mínimo 60 pacientes. Mientras que en el triage llegan al día por lo menos 15 personas con sospecha de COVID.

El Hospital General de México es, de hecho, uno de los que aparecen en la RedIRAG con 100% de ocupación en camas con ventilador, junto con otros ubicados en la Ciudad de México, como los Hospitales Generales de Zona #27 del IMSS, conocido como Tlatelolco, y el #1, conocido como McGregor, lo mismo que La Raza y el Primero de Octubre, este último del ISSSTE. 

Aunque la Red IRAG no los muestra entre los hospitales saturados, en la plataforma de hospitales COVID-19 de la Ciudad de México, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) y el Hospital Gea González también aparecen como saturados. 

En otros hospitales que ya se habían desconvertido y no estaban ya recibiendo pacientes COVID, como el Hospital Belisario Domínguez, de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa), el personal teme que en dos semanas más tendrán que volver a reconvertirse para recibir a los afectados por el coronavirus. 

Un médico del área de terapia intensiva de ese hospital dice que esperan la tercera ola en esta institución con un personal ya agotado y muchos con el estrés post traumático que les dejó las dos olas pasadas. 

Lee más: Así lucha el COVID contra las vacunas para intentar escapar de ellas

En estados donde los contagios de COVID han estado subiendo, como en el caso de Guerrero, donde los casos activos casi se han sextuplicado, los hospitales ya empiezan también a sentir la presión. El Hospital de Tlapa aparece ya en la RedIRAG con 86% de ocupación en camas generales. 

Un enfermero de ese hospital dice que tienen diez pacientes hospitalizados en área COVID y solo tienen libres cinco camas más. Hace mes y medio no había en este hospital un solo paciente ingresado por coronavirus, así se mantuvo la institución por un mes, pero hace dos semanas empezaron a ingresar. Ahora el personal teme llegar otra vez a la saturación. 

Los pacientes que están ingresando a este hospital también son más jóvenes que los afectados en las olas pasadas. “De 45 para abajo la mayoría, adultos mayores solo tenemos dos, sin vacuna”, dice el enfermero. 

Ese es otro punto sobre el que alerta el integrante del personal de salud: “acá en la zona de Tlapa, en la Montaña de Guerrero, de cada diez adultos mayores, unos tres no han querido vacunarse y están en riesgo ahora que están creciendo los contagios”. 

Pese a esto, el estado se mantiene todavía en verde, en el Semáforo de Riesgo COVID. Aunque la federación no dio a conocer el semáforo que regirá durante estas dos semanas y solo informó, en un breve comunicado, que se estaba trabajando en nuevos lineamientos, varios gobernadores, como el de Estado de México, Sinaloa e Hidalgo eligieron elevar el nivel de alerta. 

Pero en Guerrero eso no sucedió. Cuando un reportero le preguntó al gobernador, Héctor Astudillo, sobre la ocupación hospitalaria y el color del semáforo, el mandatario hizo que el secretario de Salud le describiera el nivel de ocupación en los hospitales, que a decir de ellos no rebasa el 50% y luego soltó “creo que con los datos podrías dar por contestada tu pregunta”. El estado se quedó en verde. 

Eso sí, aunque hay hospitales que están llenos, solo Baja California Sur reporta una ocupación hospitalaria en camas para ventilador de más de 50% (su saturación es de 54.34%). Las demás están a menos de la mitad de su capacidad a nivel entidad. La Ciudad de México tiene 47.56; Yucatán, 46.66%; Sinaloa, 43.49% y Colima, 42.22. 

En tanto en camas generales, las cinco entidades con mayor porcentaje de ocupación son: Ciudad de México, 59.42; Sinaloa, 59.03%; Nayarit, 58.50; Baja California Sur 57.50 e Hidalgo, con 53.04.

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