Lo que se sabe del responsable del tiroteo en una iglesia en Texas, que dejó 26 muertos
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AFP

Lo que se sabe del responsable del tiroteo en una iglesia en Texas, que dejó 26 muertos

La policía lo identificó solamente como "un hombre blanco y joven", pero varios medios estadounidenses lo nombraron como Devin Patrick Kelley, de 26 años.
AFP
Por BBC Mundo
6 de noviembre, 2017
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Poco a poco comienzan a conocerse algunos datos del hombre que llevó a cabo un tiroteo en una iglesia en la localidad de Sutherland Springs, en Estados Unidos.

El ataque, que ocurrió en la Primera Iglesia Bautista, a 45 kilómetros de la ciudad de San Antonio, dejó 26 personas muertas y más de 20 heridas, según confirmó el gobernador del estado de Texas, Greg Abbott.

Según las autoridades el atacante usó un rifle de asalto Ruger AR-15, vestía de negro y llevaba puesto un chaleco antibalas.

Se dijo que uno de los asistentes en el templo, que estaba armado, le disparó y lo hirió. El atacante escapó en su vehículo y se estrelló unos cuantos kilómetros más adelante.

Sutherland Springs
El ataque ocurrió en una iglesia en la localidad de Sutherland Springs, cerca de San Antonio, Texas.

Posteriormente fue encontrado muerto dentro del vehículo, donde había más armas, pero no se sabe si fue abatido o si se suicidó.

“Blanco y joven”

La policía lo identificó solamente como “un hombre blanco y joven”, pero varios medios estadounidenses lo nombraron como Devin Patrick Kelley, de 26 años.

Kelley fue miembro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Desde 2010 sirvió en el departamento de preparación logística en la Base de la Fuerza Aérea Holloman, en Nuevo México.

Dos años después fue juzgado en una corte marcial por agredir a su esposa y a su hijo, y sentenciado a un año en prisión militar. En 2014 fue expulsado de las Fueras Armadas por “mala conducta”

Sutherland Springs
El ataque en Sutherland Springs surge un mes después de que un hombre armado mató a 58 personas en un concierto en Las Vegas.

No se sabe qué fue lo que motivó el ataque ni cómo adquirió el arma utilizada.

La cadena CNN dijo que el hombre omitió mencionar que tenía antecedentes penales cuando compró el rifle en una tienda.

“No creemos que tuviera alguna conexión con esta iglesia”, dijo el alguacil del condado de Wilson, Joe Tackitt, a CNN. Otros medios reportaron que tenía vínculos con la iglesia a través de algunos miembros de su familia.

Según fuentes policiales anónimas citadas por el diario The New York Times, Kelley vivía en la casa de sus padres en New Braunfels, 56 kilómetros al norte de Sutherland Springs.

Su página de Facebook fue eliminada tras el incidente, pero en su foto de perfil se lo podía ver con dos niños. También aparecía una foto de un rifle de asalto y una cita de Mark Twain: “No temo la muerte. He estado muerto por millones y millones de años antes de nacer y no he sufrido ningún inconveniente por ello”.

Su perfil en la red LinkedIn sigue visible. Allí menciona que le interesan el bienestar animal, las artes y la cultura, los niños y los derechos civiles. Y se describe a sí mismo como una “persona dedicada que trabaja duro”.

El hecho surge un mes después de que un hombre armado mató a 58 personas en un concierto en Las Vegas, en el ataque más letal en la historia de Estados Unidos.

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Política de radiocomunicación desde y con los Estados

Los Estados quieren también modernizar sus comunicaciones según sus necesidades específicas.
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Por Ricardo Corral Luna
25 de febrero, 2021
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“No me fío de un Estado que pretende saber lo que me conviene mejor que yo misma” (‘Corpus Delicti’, Juli Zeh)

La red de comunicaciones para seguridad pública en México está hoy en una encrucijada histórica: consolidarse o pulverizarse hasta desaparecer.

Los gobiernos estatales, principales propietarios y operadores de la red nacional actual, deciden en estos días si destinarán recursos federales a su mantenimiento y operación, o bien, si comprarán equipos y pedazos de red en tecnologías de banda angosta diferentes.

Desafortunadamente lo hacen en un marco de incertidumbre y de señales cruzadas que poco les ayudan. 

Desprovistos de una política nacional compartida que los involucre y una hoja de ruta que articule sus esfuerzos, los Estados están a la deriva, atrapados entre argumentos encontrados, presiones comerciales contrapuestas y señales informales de la autoridad rectora respecto del rumbo a seguir.

En general, todos reconocen que la red debe evolucionar, modernizarse, pero con drásticas diferencias y ninguna definición oficial respecto de cuál es la solución, qué camino tomar, cómo hacerlo, con quienes, en qué tiempos y con qué recursos.  

En la indefinición los gobiernos estatales enfrentan señales divergentes. Por un lado, la federación promueve la adquisición de equipos y tecnologías distintas a la Red nacional existente. Por otro, los invita a sumarse voluntariamente a una red nueva que planea crear solo con instituciones federales, sin contar aún con las definiciones, reglas y lineamientos técnicos indispensables. Por otro, la normatividad vigente obliga a los estados a mantener, operar y consolidar la Red actual. Y por otro, las condiciones y necesidades de cada Estado son distintas y encuentran poca receptividad para atenderlas.

La migración tecnológica de una red nacional no puede darse de manera casuística, Estado por Estado, desarticulada y a voluntad de cada quien. Las redes nacionales no se construyen a pedazos con la esperanza de que algún día se conecten. Requiere de un plan rector sustentado técnica, operativa y económicamente.

En ese sentido apuntan los resultados del “Estudio prospectivo” presentado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública en 2018, pero la estrategia sigue sin materializarse.

La política de dejar cada entidad a su suerte llevará a que los Estados tomen por rumbos divergentes contribuyendo a una mayor pulverización de las radiocomunicaciones y eventualmente a la desaparición de la única red nacional que tenemos, mejorable sin duda, pero necesaria.

Los Estados quieren también modernizar sus comunicaciones, pero entienden de las complejidades y repercusiones operativas y financieras de una migración tecnológica como la que se les propone, sin bases transparentes ni acuerdo nacional.

Saben que migrar de una red de banda angosta a otra de banda angosta no es una solución durable ni pertinente en el corto plazo.

Saben que las funcionalidades de los equipos de banda angosta que ya tienen y los de otra tecnología son prácticamente iguales, por lo que tiene poco sentido cambiarse.

Saben que para contar con video y datos como los que usamos en los teléfonos celulares se requiere de soluciones de banda ancha y que para ello deben moverse primero a tecnología IP, sin que sea indispensable cambiar de compañía o protocolo de comunicación. 

Saben también que reemplazar sus sistemas generará dobles y triples coberturas, requiriendo incluso que sus policías traigan dos o más radios para un mismo trabajo.

Saben que la inversión en una nueva red impedirá mantener y operar adecuadamente la que ya tienen. 

Saben que no podrán financiar una nueva red que reemplace rápidamente a la actual, por lo que seguirán dependiendo de ésta por varios años y en consecuencia no pueden abandonarla. 

Saben que sus recursos alcanzarían apenas para unos cuantos equipos y una fracción de la cobertura que requieren, lo que operaría como un parche que además sería incompatible con su propia red actual. 

Saben de las apreturas presupuestales 2021 y se preguntan si no es mejor consolidar lo que ya tienen a dar un salto que impondrá costos prácticamente imposibles de financiar.

Los Estados saben, y deben jugar un papel central en la definición de la política de Estado. Cada realidad es importante y todas deben caber en la arquitectura de la estrategia nacional.  Para algunos es posible sea viable moverse de una red de banda angosta a otra. Para la mayoría, como lo dijo el “Estudio prospectivo” desde 2018, el paso a la modernización está en consolidar su red actual en IP y moverse en un plan de convergencia hacia banda ancha. 

Promover una migración consensuada permitirá avanzar hacia la deseada modernización de las comunicaciones de misión crítica. Ello fortalecerá al Sistema Nacional con integrantes más comprometidos con la coordinación y unidad nacional; facilitará la confección y aprobación de la indispensable política de Estado y ayudará al país en conjunto a sortear de manera más eficiente los apremios de las crisis que nos aquejan.

 

El autor es experto y consultor en seguridad pública. Actualmente es director del Centro de Consultoría en Administración Pública. Antes fue secretario ejecutivo adjunto del Sistema Nacional de Seguridad Pública y Titular del Centro Nacional de Información.

 

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