En riesgo, colonias chinamperas asentadas en Xochimilco; sismo agravó hundimientos
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En riesgo, colonias chinamperas asentadas en Xochimilco; sismo agravó hundimientos

Hay colonias chinamperas en la demarcación que presentan grietas hasta de 5 metros. Esto se debe a fracturas en el terreno y la extracción de agua, pero se acrecentó con los sismos de septiembre.
Cuartoscuro
Por Francisco Sandoval Alarcón
6 de noviembre, 2017
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Un tercio de la Delegación Xochimilco presenta problemas de hundimiento y agrietamiento del terreno, que se agravaron con los sismos del pasado 7 y 19 de septiembre, informó José Felipe García Martín del Campo, director general de Protección Civil de la demarcación.

“Estos hundimientos se encuentran en la zona lacustre (de lagos) de Xochimilco que van desde la cabecera delegacional hasta los pueblos de San Gregorio Atlapulco, Tulyehualco, Santa María Nativitas, Santa Cruz Acalpixca y los barrios del centro”.

En San Gregorio Atlapulco, por ejemplo, hay colonias chinamperas que reportan grietas de hasta cinco metros de largo.

De acuerdo con un estudio geotécnico realizado por ingenieros geotécnistas y geológos de la UNAM y la UAM, en poder de Animal Político, desde antes de los sismos de septiembre la delegación Xochimilco presentaba este tipo de problemas, principalmente por fracturas en el terreno y la extracción de agua.

“Particularmente en Xochimilco se considera que aspectos centrales en el fenómeno de agrietamiento/fracturamiento son: la variación en la compresibilidad de los sedimentos (deformaciones diferenciales) y la extracción del agua subterránea que subyace a las secuencias lacustres”.

De acuerdo con los especialistas, el estudio concurre en la tesis de que “el fracturamiento” no es un fenómeno que se haya presentado al azar, “sino que depende de las propiedades geotécnicas, geológicas y geohidrológicas” de la zona y a otro tipo de acciones inducidas por el hombre.

El objetivo principal del estudio, es auxiliar a la población en la determinación preliminar de los daños, además de establecer las condiciones geo-ambientales y su interacción con instalaciones, edificaciones y vías de comunicación, indispensables en la elaboración de planes de reconstrucción en la zona.

Más de 4,000 viviendas a evaluación

A poco menos de dos meses del sismo del pasado 7 de septiembre y a casi mes y medio del ocurrido el 19, las autoridades en Xochimilco reconocen que no existe un censo que muestre el número total de familias y viviendas afectadas.

En entrevista con Animal Político, José Felipe García, director general de Protección Civil en la demarcación, reconoció “únicamente se ha levantado un censo por los daños… a través de la plataforma salvatucasa.mx la cual ha arrojado que 4,700 viviendas de Xochimilco requieren de evaluación”.

Explicó que gran parte de estas viviendas sufrieron daños por alguna de las siguientes situaciones: problemas geotécnicos que tiene la zona o por el incumplimiento del reglamento de construcción.

Cuestionado sobre las alternativas que brindarán a las personas afectadas por hundimientos y sismos, dijo que por el momento “se están evaluando las visitas por colonias y pueblos, para determinar cuáles serán las alternativas”.

Las recomendaciones

Como parte del estudio geotécnico, los especialistas de la UNAM y la UAM recomendaron una serie de medidas “inmediatas” y a “mediano plazo”, con el fin de reducir la vulnerabilidad de la zona, calificar el riesgo y establecer correctas políticas de prevención.

Reconocido el nivel de peligro geológico –el natural y el inducido se plantean- los especialistas plantean de manera inmediata:

  • Detener los trabajos de relleno de grietas, en tanto no se cuenta con una adecuada evaluación científica de las geocondiciones de las zonas afectadas.
  • Dar a conocer los criterios de atención a fugas en tuberías de conducción de agua. La reparación de fugas y sustitución de tramos fallados deben responder a una evaluación que minimice zona de contacto frágiles.
  • Generar una base de datos de las zonas cercanas/sobre las líneas-fracturas del CENAPRED y de los sitios con manifestaciones fuera de las regiones con fallamiento reconocido.
  • Realizar un recorrido con profesionales estructuristas para etiquetar el riesgo de las edificaciones. Dada la fragilidad social en la zona, la determinación de los niveles de riesgo debe acompañarse de soluciones sociales claras y adecuadas para las personas afectadas.

En el caso de las acciones a mediano plazo recomiendan:

  • Generar un programa de caracterización geotécnica, que derive en una zonificación detallada, de las secuencias lacustres de la zona para poder encontrar la relación entre sus condiciones de formación y su comportamiento mecánico.
  • Construir mapas de vulnerabilidad respecto al fracturamiento.
  • Estructurar un programa de revisión del estado de los ductos que conducen líquidos, desde la inspección in situ de las líneas hasta la identificación de los tramos que no cumplen la NOM (interacción con otras instalaciones subterráneas), incluso la identificación de los tramos en los que, por los materiales –estratificación-, se recomienden otros arreglos.
  • Integrar los estudios y discutir las metodologías de análisis para disminuir la incertidumbre de los planteamientos espaciales y de las predicciones de zonas de peligro así como el tipo de movimientos y su grado de activación dependiendo de la intensidad de los agentes detonantes.
  • Generar las pautas para las modificaciones a las actuales prácticas constructivas.
  • Replantear los usos de suelo, se propone el uso de un índice de impacto para otorgar/negar permisos de construcción o para incentivar desarrollos resilientes y sustentables.
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Así lucha el COVID contra las vacunas para intentar escapar de ellas

El virus lucha constantemente contra las vacunas para intentar escapar de ellas. Sin embargo, nuestros linfocitos B productores de anticuerpos también pueden “mutar” para hacerle frente.
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20 de julio, 2021
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Las variantes de SARS-CoV-2 y su contagiosidad están causando una gran atención mediática en las últimas semanas.

A medida que ha ido pasando el tiempo, el virus ha ido cambiando. Ha introducido mutaciones puntuales en su secuencia génica, muchas de las cuales se traducen en cambios de aminoácidos de sus proteínas.

Con estos cambios, el virus adquiere ventajas evolutivas en el proceso de adaptación a nuestras células y organismos, que son el medio en el que se replica.

Este proceso de adaptación no implica necesariamente una mayor virulencia, pero si avances en mejorar la unión al receptor, una optimización de su replicación, la producción más efectiva de partículas virales y su transmisión, la modulación de la patología o, eventualmente, el escape parcial de alguno de los mecanismos inmunes.

Cuando no teníamos vacunas, el virus campaba a sus anchas

Uno de los mecanismos inmunes más importantes frente a la infección es la producción de anticuerpos por parte de los linfocitos B y su capacidad de reconocer y neutralizar al virus.

Hasta el comienzo de la campaña de vacunación, cada vez que el SARS-CoV-2 infectaba a alguien, se encontraba con el reto de superar las distintas barreras del hospedador infectado.

Pero si el individuo no había contagiado previamente, había pocas posibilidades de que el virus se encontrase con algún anticuerpo que le reconociese.

De esta forma, en cada infección, las mutaciones que el virus pudiera generar iban a ser seleccionadas e incorporadas en las nuevas partículas virales en la medida en la que supusieran ventajas evolutivas independientes del escape de los anticuerpos.

Pero cuando se encuentra con personas vacunadas, el escenario cambia.

Un trabajador sanitario muestra ampollas que contienen la vacuna Sinovac contra la Covid-19 hecha por Biopharma en Indonesia el 22 de junio de 2021.
EPA

Sin vacunas el virus campaba a sus anchas

Un obstáculo en el camino: las vacunas

La evolución en general, y la de los virus en particular, está determinada por las condiciones reproductivas en un determinado medio.

En virología existe un concepto denominado “viral fitness”, que podría ser traducido como aptitud viral, que determina la selección de aquellas partículas virales que introducen cambios para replicarse y transmitirse de forma más efectiva.

En otras palabras, se seleccionan virus más aptos al contexto de infección con el que se van encontrando.

Cuando el virus se encuentra a más personas con inmunidad, se ve obligado a enfrentarse a las defensas con las que antes no se encontraba, además de tener que competir entre sí con otras variantes.

De esta forma, las variantes que “ganarán” serán aquellas que tengan una ventaja sobre variantes previas, no preparadas para ese nuevo escenario inmune.

Por tanto, las variantes que escapen del efecto de las vacunas serían, en teoría, las que se impondrían sobre otras. En este escenario, las vacunas dejarían de funcionar a medio o largo plazo.

Fortaleza de las vacunas

Esta situación, que pudiera parecer descorazonadora en cuanto al papel de las vacunas en la pandemia, esconde un paradigma que juega en contra del virus.

Ya conocemos la capacidad de los anticuerpos neutralizantes de bloquear la unión de la proteína S del virus a la célula hospedadora. Al prevenir esta unión, el virus no nos llega a infectar.

Para escapar de esto, una estrategia que podría utilizar una nueva variante del virus sería cambiar la región de esta proteína S donde se unen estos anticuerpos para así no ser neutralizada.

Sin embargo, estos cambios que parecieran una ventaja para el virus suponen también un coste.

Al situarse los cambios en la misma zona empleada por la proteína S para unirse al receptor celular, podría empeorar su unión al receptor y reducir, a su vez, su capacidad infectiva.

Los virus tratan de solventar este paradigma de “lo que se gana por lo que se pierde” con mutaciones que afecten mínimamente a su capacidad infectiva y replicativa y que, al mismo tiempo, sean capaces de evadir parcialmente las defensas del organismo.

Como resultado de esta continua adaptación, el virus cambia parcialmente algunas de sus proteínas más inmunogénicas, como la proteína S, en un proceso denominado deriva antigénica.

Los virus de la gripe son uno de los más estudiados en cuanto al proceso de deriva antigénica.

Esta es la fuerza responsable de la aparición de nuevas cepas que circulan cada año y que obligan a reformular la estrategia vacunal frente a la gripe.

Pero a pesar de estos cambios, las nuevas cepas gripales no evaden completamente la capacidad de luchar frente a la infección de una persona inmunizada peviamente.

¿Y si nuestros anticuerpos se adaptasen a las nuevas mutaciones?

La adaptación a las condiciones cambiantes no solamente ocurre en el lado del virus.

Nuestros linfocitos B productores de anticuerpos pueden sufrir también un proceso de adaptación denominado hipermutación somática, que se deteriora con la edad.

De esta forma, los linfocitos B productores de anticuerpos frente al virus también pueden “mutar” para mejorar la capacidad de unirse a las proteínas del virus y neutralizarlos.

Esta mejora de los anticuerpos permitiría adaptarse a los cambios de las variantes.

El escenario cambiante de la lucha entre virus y hospedador se juega a dos bandas. El virus tiene que evolucionar y adaptarse continuamente a la situación inmune cambiante o, de lo contrario, extinguirse.

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Quizás esta continua adaptación recuerde a situación en la novela de Lewis Carroll “Alicia a través del espejo”, donde los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible, solo para permanecer donde están.

Justamente por eso, la continua evolución de los virus en condiciones cambiantes se denomina (debido a su similitud), “efecto de la Reina Roja”. Es decir, cambiar para tratar seguir en el mismo sitio.

*Estanislao Nistal Villán, es virólogo y profesor de microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo. Este artículo apareció originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión orginal aquí.


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