Cómo nos afecta y por qué es tan común mentir y decir la verdad al mismo tiempo
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Cómo nos afecta y por qué es tan común mentir y decir la verdad al mismo tiempo

No es un secreto que hay políticos que mienten. Pero piensa en esto: también pueden hacerlo al decir la verdad. ¿Confundido?
BBC Mundo
Por Melissa Hogenboom / BBC Mundo
5 de diciembre, 2017
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No es un secreto que hay políticos que mienten. Pero piensa en esto: también pueden hacerlo al decir la verdad. ¿Confundido?

Esa idea puede quedar más clara cuando te das cuenta de que probablemente todos lo hemos hecho.

Un ejemplo clásico es el de cuando nuestras madres nos preguntaban si habíamos hecho la tarea escolar y le respondías que habías hecho un trabajo para la clase de literatura.

Eso podía ser verdad, pero no responde a la pregunta. Ese trabajo podías haberlo hecho hacía mucho tiempo y tu madre haber sido engañada con una afirmación verdadera. Tal vez no habías empezado a hacer nada.

Engañar “diciendo la verdad” es algo omnipresente en la sociedad actual. Mentimos todo el tiempo, incluso pese al hecho de que supone un esfuerzo mental mucho mayor que decir la verdad.

Hombre con nariz de PinochoGETTY IMAGES
Es común engañar diciendo la verdad.

El presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, dijo una vez que “nadie tiene una memoria tan grande como para ser un buen mentiroso”.

En 1996, la investigadora Bella DePaulo incluso lo cuantificó.

Encontró que mentimos una o dos veces al día y lo descubrió pidiéndole a un grupo de personas que anotara cada vez que lo hacía, durante una semana, incluso cuando era con buenas intenciones.

De los 147 encuestados en su estudio original, sólo siete dijeron que no habían mentido (y claro, imaginamos que decían la verdad).

Muchas de la mentiras eran bastante inocentes y hasta amables, como: “Le dije que estaba muy guapa aunque pensé que se veía fatal”.

Everett Collection Inc/AlamyALAMY
La mayoría de nosotros mentimos al menos una vez al día. Foto Everett Collection Inc/Alamy

Algunas eran para evitar situaciones embarazosas, como hacer como si el marido no había sido despedido.

DePaulo, psicóloga de la Universidad de Santa Bárbara, en California (EE.UU.), señaló que en realidad los encuestados en su estudio no eran conscientes de cuántas mentiras decían, en parte porque muchas eran “tan habituales y de esperar que ni las notaban”.

Es cuando las personas usan las mentiras para manipular o para engañar cuando resultan más preocupantes.

Y eso es algo más habitual de lo que pensamos.

Cuando Todd Rogers y sus compañeros se pusieron a estudiar cómo los políticos esquivan preguntas incómodas durante un debate, que se dieron cuenta de qué había detrás.

Al decir otro hecho verdadero, podían salir del paso sin responder a la pregunta. Incluso conseguían sugerir que algo era verdad cuando no lo era.

Según Rogers, sociólogo de la Universidad de Harvard, los políticos hacen eso todo el tiempo. Es por eso que se propuso estudiar ese comportamiento.

mentirasALAMY
La verdad no es siempre lo que parece.

Y descubrió que tergiversar era una estrategia de negociación muy común.

Más de la mitad de los 184 ejecutivos que encuestó para su estudio admitieron que era algo que hacían.

La investigación también concluyó que la persona que estaba tergiversando pensaba que era un comportamiento más ético que mentir.

Los individuos que habían sido manipulados, por el contrario, no distinguían entre una mentira y una manipulación de la verdad.

“Probablemente conduce a demasiada tergiversación, pues los comunicadores piensan que es de alguna manera ético mientras los receptores creen que es pura mentira”, afirma Rogers.

También es difícil señalar un dato engañoso cuando lo oímos ya que lo cierto es que suena real.

Por ejemplo, durante la campaña electoral que condujo a la victoria de Donald Trump en las presidenciales de Estados Unidos, el magnate acudió en ocasiones a esta táctica de esquivar las preguntas con medias verdades.

En los debates, cuando le preguntaron por una demanda por discriminación en sus primeros proyectos inmobiliarios, insistió en que su empresa nunca “admitió culpabilidad”.

Y aunque eso fuera cierto, una investigación del diario The New York Times señaló que la empresa sí que discriminó por motivos raciales.

Pero además, aunque sí que seamos capaces de señalar las verdades engañosas,las convenciones sociales pueden impedir que las pongamos en cuestión si son o no una manera de falsear los hechos.

Un ejemplo fue la entrevista del reconocido periodista británico Jeremy Paxman al político Michael Howard en septiembre de 2007.

trumpGETTY IMAGES
Los políticos son expertos en manipular la verdad.

Paxman le preguntó insistentemente si había “amenazado con desautorizar” al encargado de prisiones de entonces. Howard, por su parte, continuó evitando la pregunta poniendo sobre la mesa otros hechos.

El intercambio resulta hasta incómodo de ver. No son muchos los que están dispuestos a desafiar a alguien en esos términos.

Y si estas estrategias de manipulación son práctica común para los políticos, también lo es para el resto de las personas.

Un ejemplo es el del agente inmobiliario que le dice a un potencial comprador que ya le han escrito por una propiedad que ha despertado poco interés cuando se le pregunta si ha recibido otras ofertas.

O el vendedor de autos usados que dice que el vehículo arranca sin problemas incluso en una fría mañana de invierno sin revelar que se había roto la semana anterior.

Ambos están diciendo hechos ciertos, pero enmascaran la verdad de una casa y un auto poco interesantes.

Tergiversar es útil

Pero usar verdades para engañar es seguramente tan habitual porque resulta una herramienta útil.

Y es que, según Rogers, tener objetivos que compiten entre sí. “Queremos conseguir nuestro propósito, como vender la casa o el auto, pero también queremos que se nos vea como una persona ética y honesta”.

Rogers afirma que estos dos propósitos están en tensión y la gente cree que es menos censurable usar verdades para engañar que directamente mentir.

Los problemas que provoca esta manera de pensar son obvios en la sociedad actual. El público está claramente harto de que le mientan y la confianza en los políticos está bajo mínimos.

Una encuesta de 2016 señaló que la confianza de los británicos en los políticos era menor que en agentes inmobiliarios, banqueros y periodistas.

Y pese al hecho de que ahora esperamos que sean frecuentes las mentiras de los que detentan posiciones de poder, sigue siendo un reto detectarlas en tiempo real, especialmente cuando se usa una verdad para manipular.

bbc
Tergiversar los hechos es una estrategia común de negociación.

El psicólogo Robert Feldman, autor de “El mentiroso en tu vida”, lo considera preocupante tanto a nivel personal como general.

“Cuando nos miente alguien con poder, arruina nuestra confianza en las instituciones políticas, hace que la población se vuelva muy cínica acerca de sus motivaciones reales”, afirma Feldman.

Mentir puede y de hecho sirve para tortuosos propósitos sociales. Puede ayudar a alguien a pintar un panorama mejor que la verdad o servir a un político a esquivar una pregunta incómoda.

“No es ético y empeora la democracia. Pero es como funciona el ser humano”, considera Rogers.

Desafortunadamente, la prevalencia de las mentiras puede ser consecuencia de la manera en que nos han educado.

Las mentiras juegan un papel importante en nuestras interacciones sociales cuando somos jóvenes.

A los niños se les cuentan leyendas sobre los dientes de leche o Papa Noel, y les animamos a ser mostrarse agradecidos ante ofrecimientos o regalos no deseados.

“Los niños reciben mensajes contradictorios”, dice Feldman.

“Al final, lo que aprenden es que aunque la honestidad sea la mejor política, también hay momentos en que es necesario mentir”.

Así que la próxima vez que escuches un hecho que parece extraño o alguien evitando una pregunta, que sepas que lo que crees que es la verdad puede ser engañosa.

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Rusia y Ucrania: la creciente angustia en el refugio de los últimos civiles y militares en Mariúpol

Uno de los últimos combatientes ucranianos que quedan defendiendo la sitiada ciudad de Mariúpol, dijo a la BBC que las condiciones dentro del refugio son extremas pero que no se rendirán.
22 de abril, 2022
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Uno de los últimos combatientes ucranianos que resisten la toma de Mariúpol dijo a la BBC que el exterior de la sitiada siderúrgica donde están atrincherados está en gran parte destruido y que los civiles están atrapados bajo los edificios colapsados.

El capitán Svyatoslav Palamar, que milita en el polémico regimiento nacionalista Azov, afirmó desde la planta de Azovstal -la única parte de Mariúpol que no está bajo control de las fuerzas rusas- que los defensores habían repelido una oleada de ataques.

“Siempre he dicho que mientras estemos aquí, Mairúpol seguirá bajo control de Ucrania”, declaró.

Con anterioridad, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, canceló el planeado asalto a la siderúrgica -que es un laberinto de túneles y talleres- y en cambio exigió a sus tropas cercarla completamente.

“Bloqueen esta zona industrial para que no escape ni una mosca”, ordenó el mandatario.

Gran parte de Mariúpol ha quedado destruida tras semanas de intensos bombardeos rusos y combates calle a calle. La toma de control del puerto sobre el mar de Azov es un objetivo clave de la guerra de Rusia y liberaría más tropas para la ofensiva de Moscú en la oriental región de Donbás.

El capitán Palamar contó que los rusos habían disparado contra la planta metalúrgica desde buques de guerra y lanzado bombas “rompebúnkeres”.

La BBC no ha podido verificar ninguno de los detalles de esa declaración. Sin embargo, coincide con los testimonios dados a comienzos de semana por un comandante de la marina ucraniana que también está dentro de la siderúrgica, quien dijo que los combatientes estaban superados en número y quedándose sin provisiones.

“Todos los edificios en el territorio de Azovstal están prácticamente destruidos. Lanzaron bombas pesadas, bombas rompebúnkeres que causan gran destrucción. Tenemos a heridos y muertos dentro de los búnkeres. Algunos civiles están atrapados debajo de los edificios colapsados”, aseguró Palamar.

El regimiento de Azov fue un grupo neonazi de extrema derecha que luego se incorporó a la Guardia Nacional de Ucrania. Sus combatientes, al lado de la brigada de la marina, guardias fronterizos y policías, son de los últimos defensores ucranianos que quedan en la ciudad.

Imagen aérea de la siderúrgica de Azovstal

Getty Images
Rusia no ha podido tomar control de la siderúrgica de Azovstal.

Cuando se le preguntó cuántos defensores ucranianos quedaban en Mariúpol, el capitán Palamar simplemente respondió “suficientes para repeler ataques”.

Explicó que los civiles estaban un sitios alejados de los combatientes, en sótanos que contienen entre 80 y 100 personas cada uno. Sin embargo, no estaba claro cuántos civiles en total había pues algunos de los edificios están destruidos y los combatientes no podían llegar hasta ellos debido al fuego de artillería.

Las entradas de algunos de los búnkeres están bloqueadas por voluminosas placas de concreto que solo se podrían remover con maquinaria pesada, detalló.

“Nos mantenemos en contacto con los civiles que se quedan en sitios donde podemos llegar. Sabemos que hay niños pequeños, hasta de tres meses de edad”, dijo.

El capitán exhortó a que a los civiles se les dé salvoconducto para evacuar la siderúrgica y pidió que un tercer país o un ente internacional actuara como garante de su seguridad.

“Estas personas ya han pasado por mucho, por crímenes de guerra. No confían en los rusos y están asustadas”, manifestó, añadiendo que temían ser torturadas y asesinadas a manos de las tropas rusas o deportadas a Rusia a través de los llamados campamentos de filtración.

Los civiles ancianos dentro de la siderúrgica necesitaban medicamentos, mientras que también había unos 500 combatientes gravemente heridos que no estaban recibiendo la atención debida -incluyendo cirugías serias como amputaciones.

“Después de 52 días de bloqueo y fuertes combates, nos estamos quedando sin medicamentos. Y también hay cadáveres expuestos de nuestros combatientes que necesitan ser enterrados con dignidad en territorio controlado por Ucrania”, aseveró.

Mapas de Mariúpol

BBC

Palamar dijo que los defensores ucranianos también querían asegurar su propia evacuación, de ser posible -pero que la rendición está descartada.

“En cuanto a la rendición, a cambio del salvoconducto de nuestros civiles, creo que todos sabemos con quién estamos tratando. Definitivamente sabemos que toda garantía, toda declaración de la Federación Rusa no vale nada”.

Manifestó que muchos de los defensores de Azovstal vinieron de Crimea, que Rusia anexó en 2014, así como de las orientales regiones de Dontesk y Luhansk. Él mismo se casó allí y su hijo también nació allí.

“Fui testigo de cómo esta ciudad se desarrollaba. Cómo esta ciudad se convirtió en la perla de Azov, y también es mi ciudad natal”, declaró.

“Rusia no está renovando ni reconstruyendo nada. Su meta es destruir y aterrorizar. Si caemos, esta horda seguirá adelante y todo el mundo civilizado estará en peligro”.

Ucrania ha acusado a las fuerzas rusas de bombardear los refugios civiles y de usar armas prohibidas o restringidas por la ley internacional -incluyendo bombas de fósforo y de racimo– en los ataques contra Azovstal.

Tanto Ucrania como Estados Unidos y Reino Unido han anunciado investigaciones sobre posible uso de armas químicas en Mariúpol, algo que Rusia ha negado. La BBC no pudo confirmar esas acusaciones independientemente.


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