Chiapas: seis años sin volver a casa
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Foto: Colección Rostros del Despojo.

Chiapas: seis años sin volver a casa

Las disputas territoriales en Chiapas tienen a la familia López Girón desplazada de su hogar desde hace seis años. Con el padre desaparecido y una nieta muerta, el episodio violento ocurrido el 4 de diciembre de 2011 en Banavil, Tenejapa, aún no ha sido esclarecido y desde ese día no han vuelto a pasar una noche a sus casas.
Foto: Colección Rostros del Despojo.
Por Rodrigo Soberanes
21 de diciembre, 2017
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De la vida que llevaba la familia López Girón en su comunidad de origen, queda solo un mural donde pintaron su día a día. Ahora, desde hace seis años ya, viven en una marginal colonia de personas desplazadas en San Cristóbal de las Casas. No está con ellos el papá porque fue golpeado brutalmente y desaparecido en 4 de diciembre de 2011.

Era la hora del desayuno en la comunidad tseltal de Banavil, municipio de Tenejapa, en Los Altos de Chiapas. Unas 50 personas armadas rodearon la casa de los López Girón y 11 de ellas entraron a sacar al campesino Alonso López Luna y ahí mismo, en el patio donde la familia seca su café y maíz, es donde lo vieron por última vez. Estaba inconsciente en medio de decenas de personas que lo golpeaban brutalmente.

De acuerdo con un comunicado emitido en 2015 por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), que ha dado seguimiento al caso desde el inicio, los agresores son paramilitares que militan en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y los agredidos son “simpatizantes” del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Entre unos y otros había una disputa territorial.

“Primero entraron tres mujeres a nuestra cocina cuando estábamos desayunando, luego entraron los hombres con armas de fuego, otros con palos”, narró desde el refugio de la familia y al lado de un fogón que calentaba pies y manos, Petrona López Girón, hija de Alonso.

“A mi esposo lo sacaron arrastrando de la cocina. Lo empezaron a golpear, también a mi me pegaron en la cabeza”, contó desde el mismo cuartito, rodeada de hijos y nietos, Antonia Girón López, esposa de Alonso.

El escándalo alertó a uno de los hijos de Antonia y Alonso, Lorenzo López Girón, quien llegó al patio armado con un garrote para tratar de ayudar a su padre. “Intenté entrar al patio donde estaba tirado, le estaban echando palos y patadas y golpes con la culata de su rifle. Yo lo vi a mi papá que ya no se movía”, recordó Lorenzo.

Ahí Lorenzo fue recibido con dos balazos calibre .22 cerca del hombro derecho y uno más en la ingle. Aún tiene esas balas alojadas en su cuerpo. Momentos antes de perder el conocimiento -dijo- alcanzó a reconocer plenamente a sus agresores, los mismos que se llevaron a su padre. Uno de ellos es Alonso López Ramírez, un líder comunal señalado de ejercer el paramilitarismo, actualmente preso.

Durante la revuelta también fue alcanzado por los tiros un hombre llamado Pedro Méndez López, que cayó muerto ahí mismo. Es un hecho que más tarde causó problemas a la familia López Girón.

De acuerdo con los testimonios de la familia y de su abogado defensor, Jaime Narváez, la turba se llevó a Alonso a la escuela de la comunidad, a unos metros. No saben si estaba vivo o muerto porque antes de poder comprobarlo se resguardaron en el bosque y cuando pasó el peligro se fueron a buscar a Lorenzo, quien había sido trasladado en ambulancia al Hospital de las Culturas, en San Cristóbal de las Casas.

La Fiscalía de Chiapas pidió la detención de Francisco Santiz López Base, un vecino de Tenejapa que no estaba presente durante los hechos (estaba en su tienda en otra comunidad, según el abogado Jaime Narváez), pero es Base de Apoyo del EZLN. Él fue liberado un año y un mes después.

Según el expediente 77/2010, la fiscalía también acusó al propio Alonso López Luna de cometer agresiones el día en que decenas de personas armadas lo sacaron de su cocina, lo dejaron desnudo e inconsciente (su muerte no es oficial) y lo desaparecieron. Por esa acusación hay una orden de aprehensión en su contra.

Parte del mural realizado por la familia desplazada que representa su vida en Banavil. Foto: cortesía Frayba.

De Benavil, Tenejapa, a tierra de nadie

Así, el 4 de diciembre de 2011 es la misma fecha en que comenzó el desplazamiento forzado de la familia López Girón completa, integrada en ese entonces por 13 personas (ahora son 21). Se consiguieron predios donde levantar sus casas en una colonia estigmatizada por la delincuencia, ubicada en las afueras de San Cristóbal de las Casas.

Es una colonia donde, desde 1994 cuando estalló el conflicto armado entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Estado mexicano, comenzó el establecimiento de familias desplazadas. Muchas otras familias que viven ahí, según los López Girón, profesan algún tipo de fe evangélica y salieron expulsadas del vecino municipio de San Juan Chamula por presiones de feligreses de la Iglesia Católica.

La familia López Girón en la casa donde están obligados a vivir. Foto: Colección Rostros del Despojo.

Cuando los López Girón se establecieron ahí, Lorenzo siguió cinco días en el hospital hasta recuperarse y después fue llevado preso acusado de la muerte de Pedro Méndez López. Dos meses con tres semanas después quedó libre y se unió su familia en una pequeña e improvisada casa.

Hasta hoy no saben dónde está Alonso López Luna. El episodio violento ocurrido ese día el 4 de diciembre de 2011 en Banavil aún no ha sido esclarecido y desde ese día no han vuelto a pasar una noche a sus casas.

En su etapa de desplazados, describen una vida donde se enfrentaron a la barrera del idioma y a tener que adaptarse a un sistema económico en donde todo hay que comprarlo y, para conseguir dinero, es necesario tener un empleador. También hablaron de grandes esfuerzos para tener cosas tan básicas como ollas para cocinar.

No todos lograron sobrevivir: el 23 de febrero de 2015 el Frayba anunció la muerte a los 11 años de edad de Antonia López Méndez, una de las hijas de Lorenzo López. Antonia sufrió un edema cerebral, según el parte médico. La familia dice que “murió de tristeza”.

Antonia Girón, en el pequeño patio de su casa en San Cristóbal de las Casas. Foto: Colección Rostros del Despojo.

“Consideramos que las pésimas o nulas condiciones de salud, alimentación, educación, han traído como consecuencia, hechos tan lamentables como la muerte de la menor Antonia López Méndez. El gobierno del Estado, no ha cumplido con su deber de garantizar tales derechos”, señaló el Frayba en su comunicado.

La Organización de las Naciones Unidas realizó un estudio en 2011 con el Centro de Documentación sobre el Desplazamiento Forzado Interno en México donde estimaban que más de 30 mil personas vivían desplazadas en Chiapas. En meses recientes, el conflicto territorial entre dos municipios (Chenalhó y Chalchihuitán), donde operan grupos armados, desplazó a otras 4 mil personas según la ONU, pero según cálculos de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas son más de 5 mil.

Como en el caso de Banavil, el desplazamiento forzado en Chenalhó y Chalchihuitán también trajo muerte. Las brigadas médicas de organizaciones sociales Salud y Desarrollo Comunitario y Casa de la Mujer Ixim Antsetic ha constatado el fallecimiento de 10 personas en Chalchihuitán por motivos relacionados directamente a su condición de desplazados y, no obstante que el conflicto territorial fue resuelto por el Tribunal Agrario, la violencia y la crisis humanitaria siguen vigentes.

En Chenalhó y Chalchihuitán existieron avisos previos sobre el posible brote de la violencia y la policía preventiva no evitó que ocurriera. En el caso Banavil hubo siete denuncias previas al hecho, según Jaime Narváez.

“Nosotros veníamos denunciando ante la Fiscalía Especializada de Justicia Indígena pero las autoridades no hicieron nada. Antes de 2011 habían denuncias de agresiones contra mi familia, incluyendo amenazas de muerte, tala de árboles, despojo”, contó Lorenzo López.

Una de esas demandas previas -explicó el abogado- era un acta administrativa donde se denuncia que la escuela primaria de la comunidad le prohibió la entrada a los niños de la familia López Girón por presión del grupo paramilitar. La niña Antonia, hermanos y primos no podían ir a la escuela.

El descanso de Antonia

La vuelta a casa de Antonia, ya sin vida, también estuvo manchada por la violencia latente. Las autoridades de Tenejapa dijeron que no podían garantizar la seguridad de la familia que habría de volver a casa para sepultar a la niña ahí, de acuerdo con sus usos y costumbres.

Antes de llevar el cuerpo, la familia pidió medidas precautorias a las autoridades de Tenejapa. El secretario municipal, José Alfredo Girón Luna, recomendó que Antonia no fuera sepultada en Banavil porque ahí hay personas con órdenes de aprehensión derivadas del ataque y la desaparición de Alonso que podrían causar “problemas”.

Momento de oración frente a la tumba de la niña Antonia López, fallecida en 2015. Foto: Miguel López Girón.

La familia regresó a Banavil para sepultar a Antonia con la compañía de una comitiva de observadores extranjeros y defensores de derechos humanos y varias organizaciones. El sepelio se realizó en el jardín de la casa de los López Girón.

“No hay garantías de que les van a respetar su integridad porque la gente (paramilitares) sigue operando”, dijo el abogado Jaime Narváez.

Por eso, desde el sepelio de Antonia, la familia vuelve a casa sin medidas cautelares del gobierno para conmemorar la muerte de la menor y también consiguieron que la comunidad les permita ir cada dos de noviembre, Día de Muertos, para honrar a sus difuntos. Y así lo hacen, van durante el día y vuelven a su refugio de San Cristóbal.

Ritual de oración realizado en el día de Todos Santos. Foto: Miguel López Girón.

Son horas que se van rápido, son momentos en que se recrea el mural donde está la milpa, el nacimiento de agua, la cosecha, el molino, el fogón, las tortillas, las noches estrelladas y los árboles. Al volver a Banavil los niños cambian de actitud, se alegran. Mujeres y hombres recorren los parajes que están cerca de su casa, hacen jornada de trabajo, cosechan maíz, cocinan y comparten con invitados.

Antonia Girón trabajando la cosecha de maíz en uno de los retornos a su casa. Foto: Miguel López Girón.

Lorenzo López Girón trabajando en su terreno durante un día de retorno. Foto: Miguel López Girón.

La señora Antonia López no se ha resignado a quedarse en la colonia, donde no puede sembrar maíz. Piensa que entre la turba de 50 personas que irrumpió en su casa hace seis años debe haber alguien que sepa a dónde está Alonso López Luna.

“No voy descansar de buscar. Seguiré buscando a mi esposo porque es parte de mi vida. Que me diga el señor Alonso López Ramírez, él sabe dónde está, donde lo tiene porque el es el que lo llevó de nuestra casa”, exigió la mujer de origen tzeltal.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Coronavirus en México: los pueblos que se niegan a vacunarse contra COVID

En muchas aldeas remotas del estado sureño de Chiapas las tasas de vacunación son de apenas el 2%.
21 de julio, 2021
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En noviembre de 2019, Pascuala Vázquez Aguilar tuvo un extraño sueño sobre su aldea Coquiltéel, enclavada entre los árboles en las montañas del sur de México.

Una plaga había llegado al pueblo y todos tenían que correr hacia el bosque. Se escondían en una choza cobijada por robles.

“La plaga no podía alcanzarnos allí”, dice Pascuala. “Eso es lo que vi en mi sueño”.

Unos meses después, la pandemia se apoderó de México y miles de personas morían cada semana. Pero Coquiltéel, y muchos otros pueblos indígenas pequeños del suereño estado de Chiapas, resultaron relativamente ilesos.

Aunque esto ha sido una bendición para sus pobladores, también presenta un problema.

Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 a julio, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

En Coquiltéel y en muchas aldeas remotas del estado, probablemente se acerca apenas al 2%.

La semana pasada, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador comentó la baja tasa de vacunación en Chiapas y dijo que el gobierno debe hacer más esfuerzos para enfrentar esta situación.

“La gente no confía en el gobierno”

Pascuala es funcionaria de salud para 364 comunidades de la zona y recibió su vacuna.

Suele visitar el pueblo y los alrededores, y le preocupa traer la covid-19 de regreso a su familia y amigos que, como la mayoría de sus vecinos, no están vacunados.

Los miembros de estas comunidades están influenciados por las mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

Pascuala ha visto mensajes que dicen que la vacuna matará a la gente en dos años, que es un complot del gobierno para reducir a la población o que es una señal del diablo que maldice a quien la recibe.

Profesores son vacunados en Chiapa

AFP
Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 hasta el momento, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

Este tipo de desinformación se está difundiendo por todas partes, pero en pueblos como Coquiltéel puede ser particularmente preocupante.

“La gente no confía en el gobierno. No ven que haga nada bueno, solo ven mucha corrupción”, dice Pascuala.

El municipio de Chilón, donde se encuentra la aldea de Coquiltéel, está compuesto predominantemente por indígenas descendientes de la civilización maya.

En Chiapas se hablan más de 12 idiomas tradicionales oficiales. El primer idioma en Coquiltéel es el tzeltal y solo algunas personas hablan español.

La comunidad indígena de esta parte de México tiene una larga historia de resistencia a las autoridades centrales, que culminó con el levantamiento zapatista de 1994.

“El gobierno no consulta a la gente sobre cómo quiere ser ayudada”, dice Pascuala. “La mayoría no cree que la covid-19 exista”.

Este no es solo un problema en México o en América Latina, está sucediendo en todo el mundo.

En el norte de Nigeria, a principios de la década de 2000 y más tarde en algunas zonas de Pakistán, la desconfianza en las autoridades hizo que parte de la población boicoteara la vacuna contra la polio.

Algunas de estas comunidades creían que la vacuna había sido enviada por Estados Unidos como parte de la llamada “guerra contra el terrorismo”, para causar infertilidad y reducir su población musulmana.

“Hay un terreno fértil para los rumores y la desinformación donde ya existe una falta de confianza en las autoridades y tal vez incluso en la ciencia”, dice Lisa Menning, científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investiga las barreras para la vacunación.

“Hay brechas de información y quizás campañas de comunicación mal diseñadas que históricamente se han dirigido a estas comunidades”, agrega.

Medicina herbal

Nicolasa Guzmán García pasa gran parte de su día en Coquiltéel cuidando a sus gallinas y cultivando vegetales para su familia. Ella cree que la covid-19 es real, pero no siente la necesidad de vacunarse.

“No salgo mucho de mi casa. No viajo a la ciudad, estoy enfocada en cuidar de mis animales”, dice.

La mujer cree que su estilo de vida tradicional protege a la comunidad, pues esta come alimentos frescos y saludables, toma aire fresco y hace ejercicio.

Y como muchas comunidades indígenas en América Latina, los tzeltales practican una mezcla de catolicismo y su antigua religión espiritual.

Mujer con síntomas de covid

AFP
Los miembros de estas comunidades están influenciados por mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

“No puedo decir si esta vacuna es buena o mala, porque no sé cómo se hizo, quién la hizo y qué contiene”, dice Nicolasa.

“Yo misma preparo mi medicina tradicional, tengo más confianza en ella”.

Su medicina es una mezcla de tabaco seco, alcohol casero y ajo que ayuda a los problemas respiratorios, y una especie de bebida hecha con flores de caléndula mexicana o agua de la planta de ruda para la fiebre.

El médico Gerardo González Figueroa ha tratado a las comunidades indígenas en Chiapas durante 15 años y dice que la confianza en la medicina herbal no es solo una tradición sino una necesidad, porque las instalaciones médicas a menudo están demasiado lejos.

Para él, si bien hay algunos la dieta tradicional pro, el estilo de vida y las prácticas curativas, lo extremadamente preocupante son las bajas tasas de vacunación.

“No creo que los esfuerzos del gobierno mexicano hayan sido lo suficientes para involucrar a toda la sociedad”, dice.

“Estas instituciones han estado actuando de manera paternalista. Es como ‘ve y ponte las vacunas'”.

Una persona aplica gel a pobladores

AFP

El gobierno federal ha dicho que su programa de vacunación es un éxito, con una disminución de la mortalidad del 80% en medio de la tercera ola de covid-19 que se extiende por las áreas urbanas más densamente pobladas de México.

¿Cómo aumentar las tasas vacunación?

Pascuala cree que las autoridades se rindieron con demasiada facilidad cuando vieron que la gente de estos pueblos rechazaba vacunarse.

“Es un falso binario pensar en la oferta y la demanda como cosas separadas”, dice Lisa Menning, de la OMS.

La científica explica que, en marzo, algunas encuestas hechas en Estados Unidos reflejaban que las comunidades de color también dudaban en vacunarse, hasta que las autoridades hicieron un gran esfuerzo para que la inoculación fuera accesible.

Ahora, las tasas de vacunación en estas comunidades son mucho más altas.

“Tener un acceso fácil, conveniente y realmente asequible a buenos servicios, donde haya un trabajador de salud que esté realmente bien capacitado y sea capaz de responder a cualquier inquietud y responda de una manera muy cariñosa y respetuosa, eso es lo que marca la diferencia”, afirma.

Vacuna contra la covid

Getty Images

“Lo que funciona mejor es escuchar a las comunidades, asociarse con ellas, trabajar con ellas”, agrega.

Coquiltéel es una de los millones de pequeñas comunidades rurales de todo el mundo en las que esto es muy deficiente.

Por ahora, todo lo que puede hacer Pascuala es seguir intentando convencer a la gente de que se vacune y está centrando sus esfuerzos en los que deben salir de sus pueblos, como los camioneros.

Pero hasta que todos estén vacunados, solo le queda confiar en otros poderes.

“Gracias a Dios vivimos en una comunidad donde todavía hay árboles y donde el aire todavía está limpio”, dice.

“Creo que de alguna manera, la Madre Tierra nos está protegiendo”.


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