El retorno de la derecha al poder en Chile: Piñera gana la elección presidencial
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El retorno de la derecha al poder en Chile: Piñera gana la elección presidencial

Será la segunda vez que la socialista Michelle Bachelet le traspase la banda presidencial al magnate Piñera, quien ya gobernó Chile entre 2010 y 2014.
AFP
Por Paulina ABRAMOVICH / Ana FERNANDEZ (AFP)
17 de diciembre, 2017
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El derechista Sebastián Piñera es el vencedor de la segunda vuelta contra el oficialista Alejandro Guillier en Chile, lo que supone el retorno de la derecha al gobierno por segunda vez en medio siglo y un cambio en el mapa político de América Latina.

Con el 98.44% de las mesas escrutadas, Piñera obtenía el 54.57% de los votos, frente al 45.43% del senador independiente por Antofagasta (norte).

Esta será la segunda vez que la socialista Michelle Bachelet le traspase la banda presidencial al magnate, quien ya gobernó Chile entre 2010 y 2014.

Guillier felicitó a Piñera y reconoció que “hemos sufrido una derrota dura” aunque aseguró, “seguiremos trabajando por el Chile que queremos”.

Para el candidato de la Nueva Mayoría oficialista, la derrota ha sido “más profunda” de lo esperado y llamó a la centro izquierda a “defender” las reformas sociales impulsadas por la socialista Michelle Bachelet.

En los alrededores del hotel del centro de Santiago, donde el comando de Piñera aguardaba los resultados, se agolpaban los seguidores eufóricos.

“Es una victoria mayor a la esperada”, dijo el senador Juan Antonio Coloma, de Chile Vamos, el movimiento de derecha que apoya al exitoso empresario, con una fortuna de 2,700 millones de dólares, según Forbes.

Se estimaba un resultado más estrecho entre Piñera y Guillier, un periodista que saltó a la política hace cuatro años, después de décadas como exitoso comunicador.

“Es sorpresivo, pero las posibilidades de Alejandro Guillier dependían de la participación, y por los preliminares habrían votado menos”, dijo a AFP el politólogo Marcello Mella de la Universidad de Santiago.

En la primera vuelta, el 19 de noviembre, Piñera, de 68 años, obtuvo el 36.6% de los votos (muchos menos de los esperados), frente al 22% del experiodista que llegó a la política hace cuatro años. Sorpresivamente, solo dos puntos porcentuales más que Beatriz Sánchez, la candidata del Frente Amplio (izquierda radical).

El nuevo presidente, que asumirá el próximo 11 de marzo, sacó unos 200,000 votos más que en 2009, en su primera elección, según datos preliminares.

Habrían votado casi siete millones de chilenos, de los 14.3 millones convocados a votar en estos decisivos comicios, en mismo rango que la primera vuelta.

Al no haber encuestas recientes, los chilenos votaron sin un claro favorito.

Giro a la derecha

Al igual que en países como Argentina, Perú o Brasil, los chilenos han dado un giro a la derecha. Las elecciones de noviembre se habían convertido en un plebiscito a las reformas emprendidas por la socialista Bachelet, la última mujer que todavía gobierna en Latinoamérica.

Aunque los dos candidatos proponían dos tipos de país, en las últimas semanas sus programas se habían ido acercando en asuntos como educación gratuita y la reforma de las pensiones.

Aunque el movimiento Chile Vamos del presidente electo fue la fuerza más votada en las elecciones legislativas de noviembre, Piñera no tendrá mayoría para gobernar y tendrá que pactar con otras fuerzas para sacar adelante cualquier reforma.

Tras unos años de ralentización, Piñera encontrará una economía en pleno crecimiento gracias principalmente a la recuperación del precio del cobre, del que Chile es el principal productor mundial.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) prevé un crecimiento del PIB de 2.8% para 2018, después del 1.4% que vaticina para 2017, el más bajo en ocho años.

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Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
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La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


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