Ciclistas de BCS usan la transparencia para exigir la rehabilitación de una ciclovía
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Especial

Ciclistas de BCS usan la transparencia para exigir la rehabilitación de una ciclovía

Para no ser ignorados por las autoridades, colectivos ciclistas hicieron solicitudes de información y exigieron con esos datos que sea atendida la la ciclovía de Avenida Forjadores en La Paz.
Especial
Por Ernesto Aroche Aguilar
25 de diciembre, 2017
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Desde su construcción, hace varias décadas, la ciclovía de Avenida Forjadores en La Paz, Baja California Sur, no ha vuelto a ser atendida por las autoridades.

Esthela de Jesús Ponce Beltrán, priista que gobernó la capital estatal dijo que ella sí lo haría, es más, que incrementaría en 20 kilómetros las vialidades ciclistas en esa ciudad.

Lo dijo en 2011 cuando era candidata tricolor, y lo olvidó cuando comenzó a gobernar.

De la promesa sólo cumplió el 10%, y construyó una vía ciclista de corte turístico en el malecón de la ciudad. Solo 2 de los 20 kilómetros prometidos, y ahí dejó el asunto.

En ese olvido se quedó la vialidad ciclista de Forjadores, la más antigua del país, dicen los grupos de ciclistas sudcalifornianos, y que corre sobre una de las arterías principales de esa ciudad.

Con el cambio de administración, en 2015, el colectivo de ciclismo urbano Bcsicletos decidió aprovechar la coyuntura electoral, y comprometer a los candidatos a firmar una agenda de movilidad urbana, que incluía la recuperación de la vialidad.

Ahora es usada como estacionamiento, o como espacio para la venta informal, incluso está cruzada postes y pilares de puentes peatonales.

La elección la ganó el panista Armando Martínez Vega, pero tampoco cumplió con la promesa.

Volvió a dejar sin atender los 5 kilómetros lineales (o diez, si se considera que es de ida y vuelta) de la ciclopista, que lejos de ser una atracción para turistas está pensada para atender la movilidad de los ciudadanos, porque su largo recorrido cruza la ciudad.

Pero esta vez los colectivos ciclistas no estuvieron dispuestos a ser ignorados.

Comenzaron a hacer solicitudes de información para conocer los presupuestos destinado al rubro de movilidad, preguntaron por la inversión de la ciclopista del Malecón, usaron la ley de transparencia para obtener datos de gobierno y evidenciar las dos varas usadas en el tema.

El acceso a la información pública no sólo les permitió obtener información, también les sirvió de presión para ser escuchados. Hacer preguntas les abrió la puerta de las oficinas de gobierno.

En las respuestas que les entregaron, el ayuntamiento panista reconoció que, a pesar de las promesas, no tenían proyecto alguno para Forjadores, cuenta Jessica Garduño, directora de Bcsicletos.

Entre las solicitudes y la gestión lograron que el ayuntamiento pidiera el apoyo de la organización alemana de cooperación GIZ, que ya trabaja con el gobierno de La Paz, para que hiciera el proyecto ejecutivo. Lo que no han podido vencer, aún, es la falta de voluntad política para hacerlo realidad.

“Desde la Sociedad Civil llevamos casi 8 años pidiendo que se atienda la ciclovía de Forjadores, que fue, además, la primera que se hizo en el país, no es un asunto de ganarle espacio al auto, sino que el espacio ya está dado, solo es recuperarlo, porque está en muy malas condiciones”, cuenta vía telefónica Jessica.

El proyecto cuesta 70 millones de pesos pero el Cabildo no ha autorizado la obra, en cambio sí se aprobó una inversión de 200 millones para la ciclovía del malecón, “lo único que se ha hecho hasta el momento es asignarle recursos para limpiar la vialidad en noviembre pasado, incluso hubo regidores que se aparecieron por ahí para la foto” pero del proyecto nada, a pesar, dice Jessica, “que también se comprometieron con GIZ a conseguir el dinero si los alemanes hacían el proyecto ejecutivo”.

En un país que ya huele a elecciones Baja California Sur no es la excepción, “esta administración ya se acabó sin atender el asunto, intentamos que desde el Congreso se etiquetaran recursos, pero también ya van de salida”.

Y agrega: “Tenemos herramientas que nos facilitan la información y hacer presión, pero seguimos atados a la voluntad política de los funcionarios. Son casi dos años desde que empezamos a solicitar información, luego vinieron las pláticas con el gobierno, con los regidores, y todos promesas que sí, sí, pero hasta la fecha nada. Nosotros ya no queremos ir a hablar con el regidor o la regidora, a reuniones de dos horas para salir con las manos vacías, lo que queremos es que se pongan a trabajar”.

En una acción de protesta, los colectivos de ciclistas entregaron a funcionarios de gobierno y regidores 10 mil “armandólares”, para que iniciaran con los trabajos, “recursos hay, lo que no hay es voluntad”, dice Jessica.

El colectivo ciclista ha llegado hasta donde el uso de la ley de transparencia les ha permitido, el proyecto ejecutivo ya está terminado, ahora hace falta presión social para que los políticos cumplan con sus promesa.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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