Sin casa, sin dinero y sin poder trabajar: secuelas de la crisis sanitaria en Chiapas
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Cortesía Nicolás Gómez.

Sin casa, sin dinero y sin poder trabajar: secuelas de la crisis sanitaria en Chiapas

Una mujer tzotzil fue desalojada con sus hijos por la deuda que adquirió para pagar la cirugía de uno de ellos. El Seguro Popular no cubre su enfermedad y no puede trabajar por cuidar de él. Su caso ilustra la grave situación del sector salud en el estado más pobre del país
Cortesía Nicolás Gómez.
Por Claudia Altamirano @claualtamirano
27 de diciembre, 2017
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El accidente que tuvo Israel en una motocicleta en marzo pasado, resultó ser necesario. Cuando el niño de 11 años de edad fue revisado buscando lesiones derivadas de la caída, los estudios revelaron un problema mayor: en su cabeza se alojaba un tumor que fue diagnosticado más tarde como benigno y removido en un hospital a casi 70 kilómetros de Ichilho, su comunidad en el sureño estado de Chiapas. Pero su problema no acabó ahí: debe seguir un tratamiento de tres años, con medicamento que no le da el sector público y monitoreo con equipos que están en el hospital más cercano, pero no sirven.

Es por ello que su madre, Angelina, debe llevarlo a la Ciudad de México cada tres meses para practicarle estudios en el Instituto de Neurología de la Secretaría de Salud federal. Cada viaje redondo le cuesta unos cuatro mil pesos, adicionales a  los cuatro mil mensuales que paga por los medicamentos de Israel, ya que el Seguro Popular –la única cobertura médica con que cuentan- no incluye ese padecimiento y en el hospital de San Cristóbal de las Casas el tomógrafo lleva dos años descompuesto. Estos gastos se costean con donaciones de la comunidad, incluidos enfermeros de ese hospital, que han denunciado durante cuatro años la precaria situación de los centros sanitarios de la zona de los Altos de Chiapas y de todo el estado, el más pobre del país según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

“El hospital que debería cubrir la atención a los 18 municipios de estos 600 mil habitantes, tiene un desabasto total en cuanto a equipo, material, medicamentos, insumos, hasta las jeringas las tienen que comprar los familiares. El problema serio es la gran corrupción que se está dando en la secretaría de Salud de Chiapas, y el Seguro Popular que no garantiza el derecho a la salud de la población”, denuncia el enfermero Nicolás Gómez, quien apoya a la familia de Israel con la recaudación de fondos para su tratamiento. “No hay vacunas, no hay medicamentos, incluso los cirujanos ya anunciaron que van a suspender las cirugías en la región porque no hay anestesia”, dijo Gómez a Animal Político.

Los anaqueles de la farmacia se encuentran vacíos. Cortesía Nicolás Gómez.

Ante estas carencias y la limitada cobertura del Seguro Popular, Angelina pidió un préstamo de 80 mil pesos para el diagnóstico y la cirugía de Israel, de los que ahora debe también los intereses y su acreedor decidió desalojarla de su propia casa hasta que le pague: la mujer vivió en la calle con sus dos hijos hasta que un tío le ofreció alojamiento temporal. El padre de Israel no hace ninguna aportación al gasto familiar, emigró presuntamente para buscar mejores oportunidades pero nunca volvió; ella solía obtener ingresos de la venta de artesanías, pero ahora debe cuidar permanentemente a Israel porque tras la cirugía perdió la vista del ojo izquierdo y la movilidad de un brazo. “Estoy triste porque no tengo nada”, admite Angelina en entrevista telefónica.

El caso de Israel es un botón de muestra de la grave crisis sanitaria que vive el estado de Chiapas, entidad con 77% de la población en pobreza y que en 2016 ocupó el cuarto lugar en recursos mal manejados del Seguro Popular, con 618 millones de pesos malversados, según la Auditoría Superior de la Federación. Esta emergencia ha sido denunciada por el personal de salud, quien recibe diariamente las quejas –algunas incluso agresivas- de la población que no recibe atención ante la falta de recursos materiales y humanos. Ellos enviaron oficios a la Secretaría de Salud y el Ejecutivo estatales exigiendo su inmediata atención para este grave desabasto, sin que hasta el momento la hayan recibido. Animal Político solicitó su versión a la secretaría de Salud estatal pero tampoco obtuvo respuesta.

Oficios enviados donde solicitan atender el desabasto de medicina. Cortesía Nicolás Gómez.

Angelina y los pequeños Israel y Marcelino viven en la comunidad de Ichilho, del municipio de Chamula, considerado por el Instituto de Estadística (Inegi) de ‘muy alta marginación’ y ‘alto rezago social’. La ciudad más cercana es San Cristóbal de las Casas, a 40 kilómetros, pero sus 385 habitantes –todos indígenas- deben viajar por lo menos a la capital del estado para recibir atención médica, pues el desabasto en el hospital de las Culturas de San Cristóbal es absoluto. Esta familia es beneficiaria del programa Prospera, con el que recibe 950 pesos cada bimestre. “En Chiapas no tenemos hospital de especialización, de tercer nivel, aunque el gobierno dice que ha invertido. Muchos se quedan en el camino o ni siquiera van porque la única opción es ir hasta la ciudad de México y no todos pueden costearlo”, lamenta Nicolás Gómez.

La secretaría de Hacienda de Chiapas reporta en su informe de gestión del primer semestre de 2017 que invirtió en el sector salud 196 millones de pesos, destinados entre otras obras a la construcción del hospital general de Tapachula y la terminación del edificio principal y equipamiento del hospital general de Yajalón, inaugurado en mayo pasado por el secretario de Salud, José Narro. Sin embargo, al menos 31 hospitales del estado permanecen cerrados tras su inauguración formal, incluido el de Yajalón, donde Animal Político pudo constatar que ni el personal ni los equipos ostentados en el acto protocolario se quedaron ahí: sólo sirvieron para la fotografía del gobernador con el secretario.

“Manuel Velasco aplica su política de austeridad y hoy está desmantelando el sistema de salud en Chiapas, en todos los sectores. Desde el primer nivel de atención como en el caso de Israel, que no tuvo atención oportuna en su comunidad; no hay médicos, y si hay no tenemos con qué trabajar, los hospitales no se dan abasto. Inauguran semanas nacionales de Salud y no tenemos vacunas ni sueros orales. El gobierno está aplicando una política que está matando a la gente”, denuncia el enfermero Gómez en referencia al gobernador del estado.

En marzo próximo, el Instituto de Neurología en CDMX practicará una nueva resonancia magnética a Israel para asegurarse de que el tumor no haya resurgido en su cráneo, esta vez sin costo dada su condición socioeconómica. Sin embargo, los gastos del viaje deben seguirlos costeando Angelina y los voluntarios que la ayudan, así como los medicamentos.

Cobertura relativa

El cáncer más frecuente en los niños es la leucemia linfoblástica aguda, seguida de los tumores cerebrales como el de Israel y en último lugar, los linfomas, de acuerdo con la Secretaría de Salud federal. En este contexto, la Comisión Nacional de Protección Social en Salud (CNPSS) -a la que pertenece el Seguro Popular- asegura que de enero de 2013 a diciembre de 2015 financió 5 mil 167 tratamientos de cáncer en menores sin seguridad social.

“Todas las niñas y los niños mexicanos -menores de 18 años- afiliados a ese servicio tienen garantizada la cobertura total contra cualquier tipo de cáncer, mientras que los mayores de edad reciben una cobertura de inversión por medio del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos”, explica un comunicado de la Comisión. Aunque el Seguro Popular contempla la protección de cáncer infantil sin especificar tipos, cuando el tratamiento implica muy altos costos (generalmente por cirugías), se recurre para costearlos al Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, que cubre 61 intervenciones ordenadas en nueve grupos de enfermedades, incluidos los tumores cerebrales en menores de 18 años, pero en esa lista no figura el tumor que tuvo Israel: craneofaringioma.

“Nosotros consideramos que el gran fraude a nivel nacional es el Seguro Popular, porque nos limita en un paquete de atención que no cubre los medicamentos de Israel, nosotros le solicitamos al gobierno del Estado y al federal que se le surta de manera mensual el medicamento, que son los gastos que no puede solventar Angelina porque no tiene otro ingreso. Israel es el rostro de la falta de atención que hay en las comunidades indígenas, afortunadamente se nos dio la oportunidad de acompañarlo pero mucha gente se nos está quedando en el camino”, lamenta Gómez, quien desde hace varios años realiza acompañamiento a pacientes indígenas y/o de bajos recursos.

Este grupo no es menor: de los 53 millones 484 mil 908 de personas afiliadas al Seguro Popular en México, 24% es población indígena, es decir, 12 millones 967 mil 333 personas. En Chiapas son 5 millones 217 mil 908 personas, según cifras del Sistema de Protección Social en Salud.

Organizaciones como el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas han documentado la crónica crisis del sistema de salud chiapaneco, calificándola como el reflejo de la crisis general que se vive en el estado, “la cual está imbricada entre la violencia y la muerte, la afianzada corrupción en toda la estructura del estado y la falta de interés que tiene el gobierno de Manuel Velasco Coello para resolver los problemas estructurales del estado: pobreza, educación, justicia, salud, entre otras que mantiene a Chiapas en la deriva y entre las entidades más rezagadas del país”.

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Lucie Vildnerova

'Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia'

Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena. Y se quedó a gusto porque, según dice, encontró familia en un pequeño pueblo de la costa caribeña del país.
Lucie Vildnerova
4 de enero, 2021
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Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

A diferencia de cientos de extranjeros que volvieron a su país, elladecidió quedarse en un país cuya naturaleza enamora con facilidad.

Su relato, presentado en este texto que resultó de una conversación con BBC Mundo, es prueba de que el virus, además de trágico, abrió la puerta para muchas experiencias e historias positivas.


En agosto de 2020, cuando en Colombia anunciaron el fin de la cuarentena estricta, nosotras ya nos queríamos quedar donde estábamos. No queríamos que nada cambiara.

Mis amigos turistas y yo, que vinimos a América Latina a viajar antes de que empezara la pandemia, encontramos en Palomino, en la Costa Atlántica colombiana, un hogar.

Palomino es un pequeño pueblo muy cerca de una hermosa playa llena de palmeras que se prolonga por varios kilómetros.

En marzo, apenas empezó todo, yo no quise irme a Polonia, como hicieron algunos de mis compañeros, porque tenía la esperanza de que pronto podría seguir viajando.

Pero luego pasaron dos semanas y prolongaron la cuarentena. Y dos más. Y más. Y así hasta que nos quedamos ocho meses en un pueblo al lado de la playa sin poder nadar en el mar.

Estábamos en un hostal y todos los restaurantes y bares estaban cerrados. No había nada para hacer.

Con el tiempo se fueron yendo los turistas y solo quedamos algunos pocos. Pero con los días fuimos conformando una familia de unas quince personas con una relación muy íntima con los dueños de los hostales donde estábamos.

Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia.

Atrapada a gusto en Colombia

En 2019, decidí tomarme un año sabático porque me aburrí de Polonia, donde además tengo un apartamento que genera renta y me permite viajar tranquila.

Estuve en México y Cuba. Luego tenía el plan de viajar dos meses por Colombia, un país que recomiendan mucho para el turismo. Me quedé 10 meses y sigo contando.

Cuando viajas conoces muchas personas, pero normalmente los ves máximo una semana. Pero cuando vives con alguien seis meses, se genera una relación única.

Turistas en Palomino

Joanna Zdanowska
Los turistas que se quedaron en Palomino toda la cuarentena se convirtieron en miembros y colaboradores de la comunidad.

Porque ninguno trabajaba, entonces pasábamos todos el día juntos. Nos sentimos como en vacaciones permanentes.

Cada día había actividades con la gente local para apoyarnos unos a otros. Nos cocinaban. Algunos trabajaban para los hostales, otros aprendieron a surfear, había una chica que empezó a dar clases de español por internet.

En la casa donde yo me quedé, por ejemplo, había una familia de venezolanos con dos niños que descubrieron que nosotras las tratábamos mejor que sus padres. Entonces pasaban el día con nosotras. Yo les compré libros y les leía cuentos. Les mostraba videos en YouTube. Ahora los niños dicen que nosotras somos sus madres. Eso te rompe el corazón.

Lo que aprendí

Lo mejor de haberme quedado tanto tiempo aquí fue que pude conocer bien a la gente del pueblo, una experiencia que no tiene nada que ver con uno ve en el sector turismo.

Una de las experiencias más extraordinarias que tuve fue cuando fui a un pueblo de arhuacos, un grupo de indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta y han tenido muy poco contacto con culturas occidentales.

Tuvimos que salir a las 4 de la mañana. Nos dijeron que eran 8 horas caminando pero cuando levábamos 9 horas aún no llegábamos. Pensamos que este lugar no existía. A las 10 horas finalmente llegamos, sin poder hablar del cansancio. Y nos quedamos ahí con nuestras hamacas.

Nos dieron su casa más grande. Nos quedamos tres días.

Joanna Zdanowska

Joanna Zdanowska
Joanna dice que los tres días que estuvo en un pequeña villa de indígenas le cambió su forma de pensar.

Esta experiencia cambió mi pensamiento, descubrimos algo que puede ser obvio pero nunca lo habíamos vivido: que no necesitamos nada para ser feliz.

Nos cobraban 50 dólares por cada uno de nosotros cinco. Cuando vimos las condiciones en las que viven los indígenas, decidimos no negociar nada, porque duermen en el suelo, cocinan en el fuego, no hay electricidad, ni gas, todo es muy básico; comen solo cosas que tienen ahí en su finca: yuca, plátano, arroz.

Son cosas muy básicas que me enseñaron mucho y me dieron ganas de seguir viajando, y quizá buscar aprovechar mi experiencia de 14 años en la televisión polaca en alguno de estos países. Creo que es buen momento para vender producciones que ya están listas y no necesitan más que subtítulos o doblaje.

Palomino

Joanna Zdanowska
Palomino es uno de los tantos paraísos de Colombia.

Con mi familia no necesito tener contacto físico. Lo único que me hace falta es ver al hijo de mi hermana, que solo vi cuando tenía un año. Pero hablamos mucho.

Y ahora la situación en Polonia es muy fuerte: en coronavirus Colombia y Polonia son países vecinos. Pero, además, ahora el gobierno en mi país es muy conversador y tengo la impresión de que estamos como hace 30 años: no aceptan la sociedad LGTBI, el aborto es tema de guerra, millones de personas están en la calle protestando.

Además allá es invierno. Y no es que me haya acostumbrado al clima de acá. Cuando hace 38 grados me molesta. Pero estar solo en chancletas y vestido corto en lugar de cinco kilos de ropa te relaja. Y eso me gusta de Palomino.


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https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

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