¿Por qué en estas frías fechas nos da más hambre?
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¿Por qué en estas frías fechas nos da más hambre?

Al gastar energía para mantener el calor corporal y haber una demanda extra de energía aumenta el hambre, pero hay que tener cuidado para no dar rienda suelta a los antojos pensando en que el frío compensará esa ingesta.
Cuartoscuro
Por Notimex
31 de diciembre, 2017
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La nostalgia, las bajas temperaturas y hasta la historia genética particular hacen que en invierno se tenga una mayor necesidad de consumir alimentos y más hambre, que de no llevar un control, el riesgo de subir de peso es inminente.

Así como en la temporada de verano la temperatura corporal aumenta, en la invernal el frío provoca un descenso y para recuperarla, el organismo pide más calorías que se manifiesta en antojos de alimentos dulces y con grasa.

Basta con que el cuerpo esté dos o tres grados por debajo de los 36 grados a los que normalmente se encuentra para que el antojo aparezca, aun cuando en un país con altos índices de sobrepeso y obesidad la mayoría de las personas tienen suficientes reservas para hacer frente a esta condición.

Tener una temperatura adecuada es importante para el buen funcionamiento del cuerpo, e igual que cuando hace calor usamos el sudor para bajar la temperatura, cuando tenemos frío tenemos mecanismos para subirla que utilizan energía y, por lo tanto, aumenta nuestra necesidad de calorías, indicó la nutrióloga Ana María González.

“El frío no aumenta nuestra demanda de energía, sino el descenso en la temperatura de nuestro cuerpo, ya que el cuerpo produce calor a través de los temblores en los músculos al titiritar, la necesidad de movernos constantemente y lo que se conoce como ‘efecto térmico de los alimentos’, que se da después de comer”, señaló.

Señaló que todas estas calorías extras que se gastan para mantenerse calentitos, se compensan no sólo con el aumento en la sensación de hambre, sino también con el antojo por comidas y bebidas calientes, muy dulces o con alto contenido de grasas.

Incluso, apuntó, existe la teoría de que hay una memoria genética que lleva a aumentar las reservas de energía en la temporada de bajas temperaturas.

Al gastar energía para mantener el calor corporal y haber una demanda extra de energía aumenta el hambre, pero hay que tener cuidado para no dar rienda suelta a los antojos pensando en que el frío compensará esa ingesta.

Beatriz Cuyás, del Colegio Mexicano de Nutriólogos, dijo que arropándonos bien y haciendo ejercicio se puede elevar la temperatura corporal sin necesidad de consumir altas cantidades de alimentos que, aunados a las cenas de Navidad y Fin de Año con la familia, los amigos y compañeros de trabajo llevan a una ganancia de peso.

Es posible complacer los antojos sin llenarte de calorías con pequeñas cantidades o sustituyendo calorías.

“En México tenemos un gusto por el dulce y lo que más se antoja en invierno son bebidas calientes, se puede preparar un chocolate sin azúcar y utilizando un edulcorante no calórico. Si vamos a tomar chocolate con una taza pequeña es suficiente, sin necesidad de tomarnos medio litro”, destacó.

Indicó que algunas personas en lugares con mucho frío pueden presentar una condición conocida como “desorden emocional estacional” que aumenta su antojo por comer más, especialmente alimentos ricos en carbohidratos, y a mantenerse más sedentarios de lo habitual.

Cuando hay bajas temperaturas no se antoja hacer ejercicio, sin embargo, esta época puede utilizarse a nuestro favor para incluso bajar de peso, aseguró.

Agregó que el movimiento de los músculos es lo que más calor da, y si hiciéramos más ejercicio que el resto del año, podríamos mantener la temperatura corporal mientras se queman muchas calorías.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

año nuevo

Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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