El narcomenudeo crece en México; Chihuahua lidera el delito, aunque Edomex esconde casos
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El narcomenudeo crece en México; Chihuahua lidera el delito, aunque Edomex esconde casos

Delitos como los robos, el secuestro o hechos de corrupción de funcionarios también registran un incremento; la incidencia delictiva total creció 12.6%. No fueron presentados los datos sobre feminicidio.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel
27 de diciembre, 2017
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El narcomenudeo crece en el país. Datos oficiales sobre la incidencia de este delito arrojan que en 2017 las denuncias por distribución de drogas al menudeo ascendieron más de 15%. Chihuahua  y Baja California, estados fronterizos con Estados Unidos, lideran en la tasa de incidencia. El Estado de México, en cambio, no reveló en el registro oficial su número de casos.

Las cifras anteriores forman parte del informe homologado de nuevos delitos que por primera vez revela el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La incidencia delictiva total en todo el país registra un crecimiento superior al 12% en 2017.

En el caso específico del narcomenudeo, las procuradurías y fiscalías del país (con excepción de la del Estado de México) reportaron de enero a noviembre de 2017 un total de 40 mil 172 carpetas de investigación.

Se trata, en promedio, de al menos 121 nuevas denuncias por narcomenudeo que se transforman en carpetas de investigación cada 24 horas en México.

Las averiguaciones abiertas por este delito equivalen a una tasa de 32.5 casos denuncias por cada cien mil habitantes.

Si lo comparamos con 2016, donde la tasa fue de 28.2 casos por cien mil habitantes, equivale a un incremento en la incidencia del narcomenudeo de 15.2%.

La estadística muestra que este repunte en el delito de narcomenudeo se da luego de que se había logrado reducir la tasa de este delito de 29.5 casos en 2015, a 28.2 caso en 2016. El nivel de incidencia en 2017 supera al de los dos años anteriores. En cuanto a años previos a 2014, no hay información disponible.

Hay 12 estados que en 2017 están por encima de la tasa nacional del delito de narcomenudeo. La mayor incidencia y por mucho es la de Chihuahua, con un promedio de 196.6  denuncias, casi seis veces superior al promedio en el país.

Esta tasa de narcomenudeo es resultado de la siete mil 437 carpetas de investigación por narcomenudeo iniciadas en lo que va de este año en Chihuahua, y que representan casi el 18%,de todos los casos registrados oficialmente en México.

El segundo lugar en incidencia de narcomenudeo corresponde  Baja California, cuya tasa es de 145.8 denuncias, es decir, cuadruplica a la tasa promedio nacional. En Baja California se han iniciado en 2017 cinco mil 227 denuncias por narcomenudeo.

En tercer sitio está Colima, con una tasa en 2017 de 117 denuncias por cada cien mil habitantes. Cabe recordar que Colima es además la entidad con la mayor tasa de homicidios violentos del país. Después está Coahuila, cuyos casos reportados representan una tasa de 101.3 denuncias, y Guanajuato con un registro casi idéntico: 101.2 casos.

Los otros estados que reportan una tasa de narcomenudeo arriba del nivel nacional son Baja California Sur, Aguascalientes, Nuevo León, Durango, Querétaro, Michoacán y Morelos.

El caso contrario es el de Tabasco, donde solo se reportan este año 35 carpetas de investigación iniciadas por narcomenudeo, que equivale a una tasa de 1.4 casos, la más baja del país. Un poco arriba está Veracruz con una tasa de solo dos casos, y Tlaxcala con 3.2

En sentido estricto el Estado de México sería la entidad con la tasa más baja de narcomenudeo, pues aparece con cero casos en 2017. Sin embargo, de acuerdo con autoridades federales consultadas por este medio, dicho reporte no es creíble y ya se realiza un proceso de revisión con la entidad para conocer la situación de los casos de narcomenudeo registrados en dicho estado.

El incremento en la actividad del narcomenudeo que refleja el número de carpetas de investigación iniciadas por este delito contrasta con la caída en los decomisos de droga que reportó la Secretaría de la Defensa Nacional, en los últimos dos años.

Deterioro general de la seguridad

La estadística oficial de incidencia delictiva revelada el viernes pasado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestra un deterioro general de las condiciones de seguridad en el país.

De acuerdo con el reporte, de enero a noviembre se reportaron en el país un millón 676 mil 982 carpetas de investigación por algún delito que, en comparación con 2016, representa un alza del 12.6% en la incidencia delictiva en el país.

Estas cifras equivalen a que, en 2017, cada hora en el país se denuncian por lo menos 211 nuevos ilícitos cometidos en México. Esto sin tomar en cuenta, obviamente, los delitos que se registran pero que las personas no reportan ante el Ministerio Público

Entre los delitos que han subido, además del de narcomenudeo, se encuentra el del homicidio doloso que, como se publicó el pasado 24 de diciembre, hoy se encuentra en niveles récord al menos durante los últimos 20 años en México.

También los robos en general han sufrido un incremento del 19.2%, pues se pasó de 553 mil 736 casos denunciados de enero a noviembre de 2016, a 660 mil 67 casos reportados en el mismo lapso de este año.

Resulta particularmente preocupante que la mayor alza se ubica en los casos de robos con violencia los cuales registran un ijncremento de casi 24 por ciento en 2017.  El incremento equivale a 40 mil robos con violencia más este año.

En cuanto a los secuestros, se trata de un delito con un ligero repunte del 3.6% en 2017, y que rompe una racha de descenso que se había logrado alcanzar en los últimos tres años.

La corrupción por lo menos a nivel estatal también va en incremento. Mientras que en 2016 se registraron 12 mil 301 averiguaciones por delitos cometidos por servidores públicos, en 2017 la cifra asciende a 13 mil 273, lo que representa un incremento en este ilícito del 7.9%.

Hasta los delitos ambientales subieron. En 2016 se iniciaron mil 205 averiguaciones por ilícitos contra el medio ambiente, mientras que este año van mil 601. Es un incremento en la incidencia el 32.8%.

¿Y los feminicidios?

El pasado 22 de diciembre la Secretaría de Gobernación organizó un taller con distintos representantes medios de comunicación, relacionado con la nueva metodología para los reportes mensuales de incidencia delictiva. Ahí se explicó que uno de los nuevos ilícitos del que se revelaría información sería el de los feminicidios, y se adelantó una cifra aproximada de mil 500 casos registrados entre enero de 2015 y noviembre de 2017.

Sin embargo, cuando el reporte se hizo público ese mismo día, se omitió toda la información relacionada con feminicidio. No se transparentaron ni el número de denuncias ni el número de víctimas.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública informó que dicha determinación obedecía al Acuerdo 04/XLII/17, por el que se ordenaba crear una plataforma homologada para informar las bases de datos de violencia de género. Añadió que dicha plataforma se presentará el 20 de enero de 2017, y ahí se incluirán los datos de feminicidios, entre otros.

El Observatorio Nacional Ciudadano, organización de la sociedad civil que ha colaborado con el gobierno federal en el diseño de la nueva metodología, acusó que la decisión de última hora de no revelar los datos de feminicidio era un intento de las autoridades de “ocultar y postergar” las estadísticas de este grave delito.

“Pareciera que la federación quiere proteger a los estados que no registran, combaten ni reconocen dicho ilícito (…) el cambio de último momento en relación con la decisión de la publicación de dichas estadísticas inevitablemente invita a que se cuestione si ello se realizó para darle tiempo a las procuradurías y fiscalías generales de corregir sus datos”, dijo la organización en un comunicado.

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¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
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Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

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Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


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