Parteras: atienden necesidades y derechos que se han vuelto invisibles para los servicios de salud
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Cortesía partera Mirna Amaya.

Parteras: atienden necesidades y derechos que se han vuelto invisibles para los servicios de salud

En tan sólo una década se incrementó 89 % el número de nacimientos en zonas urbanas por intermediación de una partera en lugar de un hospital, ante las recurrentes denuncias de violencia obstétrica a la que son sometidas las mujeres durante el embarazo y el parto.
Cortesía partera Mirna Amaya.
Por Por Gabriela Rivera
26 de diciembre, 2017
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Iris tuvo a su primer bebé hace tres años en un hospital del sistema público de salud y supo que no quería volver a tener esa experiencia en el parto siguiente. Para su segundo embarazo acudió con una partera profesional, quien la atendió en su casa y le permitió elegir cómo quería que el recién nacido llegara al mundo.

“En el hospital eres una paciente más, no te tratan como nada especial, a pesar de que estás pariendo un bebé y es un momento especial. En el hospital todo eso pasa desapercibido, lo ven como una dolencia, como si estuvieran lidiando con una enfermedad”, cuenta la joven de 29 años.

Iris tuvo una mala experiencia con su primer parto en el sector público y buscó otra opción.

Ante la mala experiencia que han tenido o que han escuchado de amigas y conocidas, cientos de mujeres de las grandes urbes del país están cambiando la atención medica de un ginecólogo por el de una partera profesional.

Datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) revelan que el número de mujeres que toman esta decisión va en aumento. Mientras en 2010 solo 572 nacimientos urbanos ocurrían en casa y eran atendidos por una partera, en 2016 fueron 5,493, es decir, un incremento de 89 % en tan solo una década.

Los estados donde más incrementos hubo fue en Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Puebla, Tabasco, Yucatán y el Estado de México, donde los nacimientos de este tipo superan los 100 casos en un año y en los que hace siete años apenas había una veintena de alumbramientos en casa y con una partera.

Eugenia Lira, del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, asegura que las mujeres jóvenes y profesionistas que viven en las grandes ciudades están más informadas, preguntan, investigan sobre el parto humanizado, la lactancia, el apego al recién nacido y la crianza del bebé, antes de tomar la decisión de cómo tener a su bebé.

“En el primer parto me aventé 20 horas y me decían que ya me apurara. Como te tardas, te quieren hacer cesárea o ponerte oxitocina. Yo ya llevaba muchas horas y me hicieron una episiotomía para acelerar el trabajo de parto.

“El segundo parto fue distinto porque hasta el último momento yo estaba en mi casa doblando ropa y estuve tranquila. Cuando empezó el trabajo real tardé cuatro horas, pero fue sin presión, en mi casa, en la tina y todo tranquilo”, recuerda Iris sobre sus dos experiencias.

Silvia también tuvo la oportunidad de atenderse en tres lugares distintos y darse cuenta de las diferencias que existen entre uno y otro.

“Yo iba al IMSS por cuestiones laborales y había ido con una ginecóloga privada que me recomendó una amiga, pero me comentaron de la plática en Luna Maya (una casa de parteras) y decidí cambiar mi plan en la semana 34.

Silvia cambió al sector público y los médicos privados por las parteras.

“No tuve algo como una mala experiencia, pero en el IMSS nunca me mandaron a hacer estudios y a cada rato me cambiaban a la doctora. Y con la doctora particular, lo que no me gustó fue que se portaba renuente al parto en agua y luego a las parteras, aunque yo quería que ella estuviera en el momento del parto”, recuerda Silvia.

Estas mujeres, con estudios universitarios y mayores ingresos, acuden a las parteras profesionales: aquellas mujeres con conocimientos de partería así como una formación médica que les permite atenderlas durante todo el embarazo y al momento del alumbramiento. Estas mujeres pueden tener una formación en el extranjero o ser enfermeras que ahora se avocan a una atención más personalizada para las embarazadas que desean un parto humanizado.

No más violencia obstétrica

Las mujeres saben, por experiencia propia o de otras conocidas, la violencia obstétrica que enfrentan las embarazadas en las instituciones de salud, ya sean públicas o privadas.

La violencia puede ir desde regaños y pocas explicaciones por parte del médico durante las consultas, cambios constantes de médicos y largas horas de espera para una atención de urgencia hasta los tactos innecesarios, la objetivación de la mujer en las revisiones con los médicos internos, la desesperación porque nazca el bebé, el uso de anestesia, medicamentos u otras hormonas, amenazas de cesáreas y la (muchas veces) nula decisión de cómo parir.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 señala que 33.4 % de las mujeres de entre 15 y 49 años que tuvieron un parto fueron víctimas de violencia obstétrica. Además a 10.3 % de las 3.7 millones de mujeres a las que se les hizo una cesárea no se les informó la razón y a 9.3 % de ellas no se les pidió autorización para realizarla.

Estas historias llevan a mujeres a preferir una partera, pues se niegan a sufrir una práctica que traumatice lo que califican como uno de los momentos más importantes y bellos de sus vidas.

“Es claro que cada vez es mayor el número de mujeres, especialmente aquellas que se encuentran cursando un embarazo, que conocen sus derechos, se informan sobre los procedimientos innecesarios durante la atención de un parto y buscan alternativas que satisfagan sus necesidades y expectativas”, señala también el estudio La partería desde el punto de vista de las usuarias, capitulo ciudad de México, elaborado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Sureste) y Asesoría, Capacitación y Asistencia en Salud (ACASAC) con apoyo de la Fundación MacArthur.

Serafín Romero, vocal de Educación e Investigación del Colegio Mexicano de Especialistas en Ginecología y Obstetricia (COMEGO) reconoce que los servicios médicos están saturados y la atención no siempre es la mejor.

“La capacidad de salud está rebasada y la experiencia no es tan individualizada como se desea y como debe ser, pero esto es por la demanda que tenemos”, admite el médico en entrevista.

A pesar de que los médicos saben lo difícil que es atender a las mujeres embarazadas en estas condiciones, las situaciones de violencia se repiten en la ciudad y también en las zonas rurales e indígenas, donde las mujeres también se niegan a vivirlas en el parto.

Zonas rurales: presión para atender

María Elena vive en San Cristóbal de las Casas, la tercera ciudad más grande de Chiapas, que cuenta con servicios médicos hasta de tercer nivel para atender a la población, mismos que no fueron suficientes para atender el primer parto de la mujer de 30 años.

“Con mi primer bebé fui al doctor, allí llevé todo mi control, pero cuando llegó el momento del parto no me quisieron atender. Cuando llegué no había lugar y me mandaron a buscar otro doctor. Fui a buscarlo, pero era lo mismo. Y cuando llegas al otro hospital te piden tu pase y si no llevas te regresan al hospital anterior porque allí te tienen que atender. No es posible que te hagan eso. Y uno con los dolores de parto buscando un doctor”, recuerda María Elena.

Eso sucedió en una ciudad de casi 200 mil habitantes, pero en las zonas rurales o indígenas la situación es mucho peor.

“Los servicios de salud dicen todos a control prenatal, pero cuando las mujeres van les dicen ‘ven mañana porque ya es tarde’, ‘ven pasado porque hoy no vino el médico’, ‘no está la enfermera que te atienda’, por eso ya no van las mujeres, las clínicas no están tan cerca y hay que caminar una o dos hora para llegar al centro que te toca”, explica Sebastiana, partera tradicional y una de las impulsoras de esta práctica a nivel nacional.

A este problema se suman otros tantos de índole cultural, como el hecho de que los médicos no hablen la lengua indígena de las pacientes, lo que dificulta la comunicación y genera un rechazo por parte de las mujeres, quienes se sienten regañadas todo el tiempo, explica Graciela Freyermouth, encargada del estudio La partería desde el punto de vista de las usuarias a nivel nacional.

Además, los esposos no están de acuerdo en que un médico varón revise a su esposa; a las mujeres no les gusta que las revisen cada mes, y los médicos no entienden el uso de hierbas o beber pozol en el momento del parto.

Estas dificultades generan que todavía siete de cada 10 nacimientos en las comunidades rurales sean atendidos por parteras, asegura Sebastiana.

Las parteras rurales, a diferencia de las profesionales, trabajan únicamente en las comunidades donde viven y las aledañas, conocen el contexto cultural y adquirieron el don según la creencia: primero asistieron su propio parto y luego tuvieron un sueño en el que se les reveló que deben ayudar a otras mujeres a tener su bebé.

Sin embargo, el número de atenciones va a la baja, ya que las mujeres que reciben ayuda económica de programas como Prospera ahora tienen que acudir a las citas con el médico de la clínica más cercana. Sebastiana dice que los médicos se auxilian de las parteras para que las acerquen al sistema de salud.

Una vez que las llevan, los doctores ya no les permiten atender a sus pacientes, bajo el argumento de que si el bebé o la mujer mueren, será su responsabilidad. Este miedo provocó que muchas dejaran de atender partos, mientras que otras ven a sus pacientes a escondidas.

Médicos vs. Parteras

Si bien la atención personalizada es un punto a favor para las parteras, existe también una discusión sobre el conocimiento que tienen para atender una complicación en el embarazo o en el alumbramiento.

Y las dudas no solo asaltan a los médicos. Desde que supo que estaba embarazada, Rosa Palencia decidió que quería atenderse con una partera, pero ante el temor de que hubiera una complicación acudió con un médico, que con ultrasonidos y otros estudios le garantizó que todo iba bien y podía tener al bebé en las condiciones que había elegido.

La joven de 28 años recorrió el mismo camino en su segundo embarazo, aunque en esa ocasión no tuvo tanto apoyo del médico, que era su suegro y quería convencerla de que tuviera al bebé en el hospital.

Mirna Amaya, la partera que atendió sus dos embarazos, está de acuerdo en que busquen una segunda opción, aunque asegura que las parteras tienen la preparación para saber en qué momento hay que acudir al médico. Incluso, añade, muchas de ellas mantienen una relación estrecha y los doctores están al pendiente de cualquier complicación que se pueda presentar en ese momento.

Ante la alta demanda grupos numerosos de mujeres se preparan para ser parteras con Mirna Amaya.

Este punto, que es decisivo al momento de la atención, es uno de los que todavía se discute de ambos lados. El estudio del Observatorio de Mortalidad Materna en México y la Fundación MacArthur señala que aún debe valorarse la preparación de las parteras cuando hay un signo de alarma, ya que muchas los atienden con sus conocimientos e insumos sin considerar la vinculación con los servicios médicos, lo que a su vez ha provocado un conflicto con los doctores.

“Necesitamos que la partera tenga el conocimiento necesario para qué puede o no puede atender. De esta manera, las complicaciones van a ser menores y van a tener que identificar las áreas de riesgo antes de atender el parto. De esta manera, los médicos no recibirán una “complicación de la partera, sino una paciente con riesgo en el parto”, explica Serafín Romero, de la COMEGO.

Tanto las parteras como los médicos temen que las complicaciones deriven en una muerte materna, un problema que México aún no logra erradicar. Cifras del INEGI señalan que en 2016 se registraron 861 fallecimientos de este tipo, siendo Ciudad de México, el Edomex, Chiapas, Guerrero, Nuevo León, Veracruz y Puebla las entidades con más muertes.

Serafín Romero reconoce que México aún no llega a los estándares internacionales, pero se han conseguido logros importantes y uno de ellos es atender las complicaciones a tiempo con procedimientos como las cesáreas, que se practican en 45 de cada 100 nacimientos.

El doctor de la COMEGO justifica: “los países desarrollados tienen altos índices de cesárea, pero tienen bajo índice de mortalidad materna”.

A pesar de las diferentes visiones que tienen sobre la atención del parto, ambas partes coincidieron en que se requiere un trabajo de capacitación, profesionalización y vinculación entre médico, partera y la paciente.

“Hay que unir esfuerzos, la paciente debe estar educada para detectar su riesgo obstétrico y acudir con una partera capacitada o un médico, que a su vez deben tener la capacidad suficiente para atenderla”, añade Serafín Romero.

Por su parte, Sebastiana aseguró que las jóvenes que quieren ser parteras requieren una preparación profesional en las universidades interculturales y las escuelas de partería, que incluya los usos y costumbres, tradiciones, y la medicina indígena con temas de medicina y anatomía, algo que muchas desconocen.

Además, las parteras que no saben leer y escribir deben aprender estas habilidades, a fin de mejorar su atención y capacitarse mejor.

La partería se requiere en el país, pero la profesionalización de las mujeres que atienden a otras mujeres es esencial para preservar la tradición milenaria sin correr riesgos innecesarios.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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#YoSoyAnimal
Getty Images

Qué tan fuerte es tu apretón de manos y qué dice sobre tu estado de salud

La mano humana tiene muchas funciones, pero también puede ser un indicador de varias enfermedades comunes.
Getty Images
15 de noviembre, 2020
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La mano humana es extraordinaria.

No solo nos permite arrojar, agarrar o recoger cosas, sino que también es un indicativo de salud.

Evaluando la cantidad de fuerza que una persona puede generar con su agarre de manos, los investigadores pueden comprender la fuerza de una persona, conocer la velocidad a la que envejece e incluso diagnosticar ciertas afecciones de salud, como enfermedades cardíacas y cáncer.

La fuerza del agarre se puede medir usando un dinamómetro, con el cual la persona lo agarra de la misma forma que sostendrían un vaso, con el codo echado hacia un lado y colocado en ángulo recto.

Entonces se exprime el instrumento durante unos cinco segundos. La prueba se realiza en ambas manos, normalmente con tres apretones por mano, y entonces se mide la fuerza media.

Los hombres de entre 20 y 30 años poseen la mayor fuerza, mientras que las mujeres mayores de 75 tienen la menor.

Grupo de hombres y mujeres juntando sus manos.

Getty Images
Los hombre y mujeres de entre 20 y 29 años de edad son el grupo que mayor fuerza media posee en sus manos.

En las personas entre 20 y 29 años, el apretón medio es de 46 kilogramos de fuerza en hombres y 29 kilogramos en mujeres. Esta medida decrece hasta 39 y 23,5 kilogramos respectivamente cuando la persona alcanza entre 60 y 69 años de edad.

¿Qué significa tener menos fuerza en las manos?

Algunas investigaciones han mostrado que tener una fuerza de agarre menor que la media si se compara con el mismo género y rango de edad se asocia a un mayor riesgo de fallo cardiovascular. Una fuerza menor indica cambios perjudiciales en la estructura y funciones del corazón.

De forma similar, un apretón más débil puede predecir una muerte cardíaca, muerte por cualquier otra causa e ingresos en hospitales por un fallo en el corazón.

La fuerza de un apretón de manos también puede ser útil para predecir la supervivencia al cáncer. Aunque la supervivencia se base en otros factores como el tipo de cáncer y el tiempo de diagnóstico, un estudio afirma que sus pacientes tuvieron más posibilidades de superar cáncer de pulmón mientras más fuerte era su apretón.

Doctor revisando una placa de tórax.

Getty Images
Un estudio afirma que una mayor fuerza en la mano está asociada con mayor supervivencia al cáncer de pulmón.

Ser diagnosticado con cáncer colorrectal, de próstata o pulmón en hombres y mama o pulmón en mujeres está asociado con una reducción de cinco kilogramos de fuerza en la mano en las personas que tienen entre 60 y 69 años.

Este deterioro también se vinculó a un aumento en las posibilidades de morir con cáncer colorrectal en hombres y de mama en mujeres.

La obesidad también está asociada a un apretón más frágil en una etapa más adulta. La presencia de grasa alrededor de un músculo reduce su eficacia.

Un trabajo reciente mostró que las personas que desarrollan diabetes tipo 2 tienen un apretón de manos más débil. Probablemente, esto está causado por la presencia de grasa en los músculos, haciéndolos menos eficientes y consecuentemente provocando inactividad y empeoramiento muscular.

Persona pesándose en una báscula.

Getty Images
La obesidad también está asociada a una pérdida de fuerza en las manos.

La fuerza de la mano disminuye con la edad. Mientras el cuerpo pierde masa muscular cuando envejece, también pierde fuerza en su mano.

El envejecimiento provoca una disminución de la masa (y función) muscular, a un ritmo de 1% anual a partir de la mediana edad. Esto puede resultar en una pérdida de hasta el 50% de la masa muscular entre los 80 y los 90 años de edad.

Pero el envejecimiento progresa a diferentes ritmos en las personas.

Esto significa que la fuerza de agarre podría disminuir por los cambios relacionados con la edad en el sistema nervioso, donde las señales no viajan tan rápido, o por la pérdida de masa muscular en los brazos.

Otro estudio ha demostrado que la fuerza de agarre reducida en los adultos mayores se asocia con una función cognitiva más baja.

Pérdida muscular

La pérdida muscular ocurre en todo el cuerpo cuando desarrollamos ciertas dolencias de salud y envejecemos.

Sin embargo, la fuerza puede ser difícil de medir en varias zonas, de ahí que las manos sean tan importantes. Su habilidad para producir tanto movimientos refinados como potentes les hace ser un buen indicador general de salud.

Mujer haciendo ejercicio.

Getty Images
Una de las claves para el mantenimiento de la salud y de la fuerza muscular es hacer ejercicio.

Cuando enfermamos, incluyendo diabetes, corazón o cáncer, se reduce la habilidad de nuestros músculos de generar fuerza. También se deteriora la funcionalidad y movilidad de los mismos.

Esto resulta de una combinación de factores, como la reducción de la función del corazón de permitir movimientos prolongados, la pérdida de eficiencia y masa muscular y la fatiga.

Ciertas condiciones de salud también pueden causar fatiga, lo que nos hace menos propensos a movernos y hacer ejercicio, provocando un ciclo de mayor pérdida muscular y disminución de la fuerza.

El cáncer, en particular, puede limitar el funcionamiento de nuestro sistema digestivo, dificultando el consumo de alimentos y reduciendo el apetito.

Puño apretado.

Getty Images
¿Qué tan fuerte es tu apretón de manos?

Los alimentos que comemos, especialmente las proteínas, son importantes para mantener la masa muscular y la fuerza. Sin alimentos adecuados que nos den energía, el cuerpo debe aprovechar sus reservas internas para generarla.

Una de las principales formas en que lo hace es quemando el tejido que no se está utilizando, y el músculo es el combustible favorito para esta situación. La pérdida de masa corporal reduce las reservas naturales del cuerpo y, potencialmente, su capacidad para soportar enfermedades crónicas prolongadas.

Una de las claves para el mantenimiento de la salud y de la fuerza muscular es hacer ejercicio. Los músculos se descomponen si no se usan.

Por ejemplo, es bien sabido que hacer que los pacientes caminen después de una cirugía previene la pérdida de músculos y huesos y reduce la duración de la estadía en el hospital.

De cualquier manera, un fuerte apretón de manos puede ofrecer más información sobre ti de lo que piensas.

Adam Taylor es profesor de anatomía en la Universidad de Lancaster en Reino Unido.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Haga clic en este enlace para leer la nota original en inglés.


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