Policías turísticos de Acapulco torturaron y desaparecieron a un indigente: Derechos Humanos
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Policía Turística Acapulco

Policías turísticos de Acapulco torturaron y desaparecieron a un indigente: Derechos Humanos

Luego de analizar las seis averiguaciones previas vinculadas con estos hechos, y de realizar su propia investigación, con consultas a testigos e involucrados, la CNDH concluyó que el "Pelón" debe ser considerado como víctima de desaparición forzada.
Foto: Policía Turística Acapulco
Por Paris Martínez
29 de diciembre, 2017
Comparte

En abril de 2014, a través de redes sociales circuló un video que muestra a cuatro agentes de la Policía Turística de Acapulco (tres hombres y una mujer), cuando torturan a un indigente al que mantienen amordazado. Según la declaración de los policías implicados, se trataba de un castigo en contra de un supuesto abusador sexual de menores al que, sin embargo, nunca presentaron ante el Ministerio Público para que se hiciera justicia.

Del supuesto delito sexual cometido por el detenido no existe prueba alguna, salvo la confesión que el torturado balbucea durante el video, entre ruegos de que dejen de golpearlo, y nunca existió una víctima denunciante que lo señalara formalmente.

La persona torturada por los policías es, según las investigaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), un indigente que solía deambular por la playa, del que sólo se sabe su apodo, “Pelón”, y al que, luego de que fuera agredido por la policía de Acapulco, nunca más se le volvió a ver.

Aunque el video fue difundido en abril de 2014, los hechos en realidad ocurrieron el 14 diciembre de 2013, y a cuatro años de estos hechos, la CNDH concluyó que el “Pelón” no sólo fue torturado por los agentes municipales de Guerrero, sino que también fue víctima de desaparición forzada, después de que los abusos policíacos se hicieron públicos y se abrieron investigaciones en contra de los implicados.

La marca policíaca

Un día después de que el video de la tortura fuera difundido en Youtube, el 3 de abril de 2014, tres de los policías implicados dieron una entrevista al portal local informativo libertadguerrero.net, en la cual afirmaron haber actuado por órdenes del recién nombrado secretario de Seguridad Pública de Acapulco, Alfredo Álvarez Valenzuela, al que, además, señalaron como la persona que inició la sesión de tortura, junto con sus escoltas.

En dicha entrevista, los policías implicados no explicaron cómo fue detenido el “Pelón”, y sólo afirmaron que, luego de que el detenido fue torturado por el jefe de la policía municipal, dentro del módulo de vigilancia de un parque, éste le ordenó al supervisor Juan Carlos Alvarado Coronado que, junto con sus tres subordinados, continuaran la tortura, y que grabaran todo en video para que él pudiera constatar que cumplieron su indicación.

Luego, el 2 de enero de 2014, es decir dos semanas después de que estos hechos ocurrieran, el supervisor Juan Carlos Alvarado Coronado, aquel que había grabado y conservado el video de la sesión de tortura, desapareció. Según la denuncia de su esposa, dos hombres armados ingresaron a su casa y se lo llevaron por la fuerza. No fue hasta marzo de 2014 que su cuerpo fue hallado en una fosa clandestina ubicada en el poblado de El Salto, y un mes después, en abril, el video que él capturó con su teléfono se hizo público a través de Youtube. La pareja y los padres de este policía tuvieron que huir de sus domicilios.

En la primera versión de los hechos, rendida en entrevista periodística por los policías José Arturo Quezada Ramírez, Jéssica Brenda Hernández Jiménez y Fernando Vázquez Suástegui, un día después de la difusión del video, éstos reconocen haber participado en la sesión de tortura, pero nunca mencionan a la familia que supuestamente acusó al indigente de haber hecho tocamientos a una de sus integrantes, menor de edad.

La supuesta familia sólo fue incluida en la versión de los implicados, hasta una semana después, el 10 de abril, cuando éstos fueron presentados ante el Ministerio Público por cargos de tortura, privación ilegal de la libertad, abuso de autoridad y lesiones.

En esa segunda versión, rendida ante el MP, los tres policías implicados no sólo mencionan por primera vez a la familia, sino que señalaron a integrantes de dicha familia como los que iniciaron la sesión de tortura, y luego la continuaron los agentes.

Según esta segunda versión de los policías, la familia afectada no quiso presentar cargos contra el sujeto que supuestamente había abusado sexualmente de una de sus integrantes, con el argumento de que no deseaban salir en la prensa.

En los hechos, no obstante, no hay evidencias de que la familia afectada en verdad haya existido. Cabe destacar que en esta segunda versión de los hechos, los agentes implicados ya no mencionaron la presunta participación del jefe de la policía municipal en la agresión contra el detenido y, por el contrario, atribuyen directamente a su supervisor, Juan Carlos Alvarado Coronado (quien para entonces ya había sido hallado muerto), la orden de darle una “madriza” al “Pelón”, para luego, supuestamente, dejarlo en libertad.

Un día después de rendir esta declaración ante el MP, el 11 de abril, volvieron a su primera acusación: que la orden provino del secretario de Seguridad Pública, Alfredo Álvarez Valenzuela, y además aseguraron que después de los hechos, éste y sus escoltas los habían intimidado y golpeado, para que firmaran una confesión, en la que aseguraban que los hechos ocurrieron en octubre de 2013 (y no en diciembre), es decir, un mes antes de que Álvarez Valenzuela asumiera el mando de la policía municipal.

Un mes después de que el video de la sesión de tortura se difundiera, el 14 de mayo de 2014, Álvarez Valenzuela renunció al cargo.

Desaparición forzada

La búsqueda del “Pelón” inició en abril de 2014, tan pronto como se difundió el video, con el objetivo de que presentara denuncia formal en contra de los policías que lo torturaron, pero no hubo resultados positivos: se le buscó en las zonas en las que deambulaba, en hospitales privados y públicos, en instalaciones militares, en cárceles y centros de detención, en servicios forenses, en centros de rehabilitación para adictos, se envió su retrato a todas las fiscalías regionales del estado y a las otras 31 procuradurías de la República, sin lograr nada.

Comerciantes que lo veían frecuentemente, informaron que no volvieron a verlo, luego del ataque de la policía, en diciembre de 2013.

Sin embargo, para la Procuraduría de Guerrero, el “Pelón” no desapareció el día en que fue detenido y torturado (en diciembre de 2013), sino el 2 de abril de 2014, es decir, hasta que se hicieron públicas las vejaciones a las que fue sometido meses antes, tal como señala la ficha de búsqueda que emitieron las autoridades.

Luego, el Ministerio Público se tomó dos meses más, hasta junio de 2014, para iniciar formalmente una averiguación previa por el delito de desaparición forzada, y para solicitar una orden de captura contra el exjefe de la Policía Municipal y los tres policías involucrados.

Finalmente, el juez que llevó el caso determinó que en contra de Alfredo Álvarez Valenzuela, exjefe de la Policía de Acapulco, no había pruebas para ejercer la acción penal y lo dejó en libertad, mientras que los otros tres policías sólo quedaron sujetos a proceso por abuso de autoridad (libres, sólo con la obligación de acudir a firmar una vez por semana el libro de control), y quedaron absueltos del delito de desaparición forzada.

Hasta octubre de 2017, este proceso seguía su lento curso, sin haber llegado a una determinación sobre la inocencia o culpabilidad de los ex policías que, en el video de la sesión de tortura, ríen mientras se turnan para golpear e insultar al detenido.

Aunque la policía municipal había iniciado un proceso administrativo en contra de los cuatro involucrados, éste quedó cancelado en mayo de 2014, sin que se les fincaran responsabilidades, pues fueron separados de la corporación.

Finalmente, el 12 de enero de 2016, la antigua Procuraduría de Guerrero, ahora Fiscalía General, envió al archivo la averiguación previa por la desaparición forzada del “Pelón”, bajo el argumento de que no existen pistas que permitan continuar la investigación.

Para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, por el contrario, existen evidencias suficientes “que permiten acreditar la probable desaparición forzada de la víctima (el “Pelón”), así como violaciones a los derechos humanos a la libertad, seguridad jurídica, así como seguridad e integridad, por la detención arbitraria y actos de tortura en agravio de la víctima, atribuibles a AR1, AR2, AR3, AR4 y AR5″, que es como la CNDH identificó al ex jefe de la policía municipal Alfredo Álvarez Valenzuela, y a los ex agentes José Arturo Quezada Ramírez, Jéssica Brenda Hernández Jiménez, Fernando Vázquez Suástegui y a Juan Carlos Alvarado Coronado (ya fallecido).

Luego de analizar las seis averiguaciones previas vinculadas con estos hechos, y de realizar su propia investigación de campo, con consultas a testigos e involucrados, la CNDH concluyó que el “Pelón” debe ser considerado como víctima de desaparición forzada, ya que su caso reúne tres de las características de este delito.

En primera instancia, una desaparición empieza por una detención o privación ilegal de la libertad, misma que en el caso del “Pelón” está totalmente acreditada.

En segundo lugar, se considera que un caso de desaparición forzada es perpetrado por agentes del Estado que detienen o privan ilegalmente de la libertad a una persona, lo cual, nuevamente, está comprobado en el caso del “Pelón”.

Por último, se considera que un caso de privación ilegal de la libertad se convierte en desaparición forzada cuando las autoridades perpetradoras suprimen toda información sobre la suerte o el paradero de la persona ilegalmente detenida, con lo que la víctima queda privada de la protección de la ley, así como del ejercicio de sus derechos y garantías procesales. Y esto es lo que ocurrió con el “Pelón”.

Por todo ello, la CNDH exigió a la Fiscalía General del Estado de Guerrero retome la búsqueda del “Pelón”, hasta dar con su paradero.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Getty Images

'Los mexicanos sueñan con ser como Finlandia, pero sin pagar impuestos como los finlandeses'

Un estudio que indaga en la percepción de los mexicanos sobre la desigualdad, muestra una paradoja entre sus aspiraciones y lo que están dispuestos a contribuir personalmente para transformar la sociedad, dicen los autores.
Getty Images
24 de mayo, 2021
Comparte
Monedas mexicanas

Getty Images
Los mexicanos aspiran a vivir en un país con menos desigualdad social, dicen los investigadores, pero no conectan esa aspiración con el sistema impositivo.

Habla como mexicana porque ha vivido más de una década en ese país, pero no lo es.

Nació en Dinamarca, creció en distintos países europeos e hizo su doctorado en la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Alice Krozer conoce de la intersección entre América Latina y Europa y se ha especializado en estudios sobre desigualdad, elites y percepciones sociales.

Precisamente de esos temas trata la investigación hecha junto a Raymundo Campos-Vazquez, Aurora Ramírez-Álvarez, Rodolfo de la Torre y Roberto-Velez-Grajales. El foco estuvo puesto en las percepciones de los mexicanos.

“La gente quiere menos desigualdad, pero no quiere pagar más impuestos”, dice la investigadora del Colegio de México. “Es una especie de paradoja entre lo que te gustaría y lo que estás dispuesto a sacrificar“.

Es cierto que en México existe una imagen negativa de los impuestos porque muchas personas creen que al final de cuentas los beneficios no llegan a los sectores más vulnerables, apunta.

Pero cuando se les preguntó sobre un escenario hipotético en relación a cuánto estarían dispuestos a contribuir para acabar con la pobreza y la desigualdad -sin mencionar el tema impositivo- la respuesta no fue muy generosa, especialmente en los sectores más ricos de la población.


Ustedes hicieron un estudio de cómo los mexicanos perciben la desigualdad y la movilidad social en su país. ¿Cuáles fueron las principales conclusiones de la investigación?

Una de las conclusiones es que la gente sí sabe que hay mucha desigualdad en México. Esa percepción es bastante cercana a las mediciones. Y lo mismo sobre la pobreza.

Pero la gente tiene una idea muy diferente sobre lo que es la riqueza y lo que es la movilidad social. En la riqueza sobreestiman cuánta gente rica realmente existe.

Alice Krozer

Alice Krozer
Alice Krozer sostiene que los mexicanos creen que hay mucha más movilidad social de la que existe.

En cuanto a la movilidad social, la gente cree que es mucho mayor. Piensan que un 30% de los que nacen pobres van a llegar a ser ricos. Y eso no es así. De 100 personas que nacen en la pobreza, solo dos personas logran llegar al sector de ingresos más altos. Es una discrepancia enorme entre la percepción y la realidad.

La otra conclusión importante es que la gente no asocia el sistema de impuestos con la redistribución. La gente quiere menos desigualdad, pero no quiere pagar más impuestos. No hacen una conexión entre las dos cosas. No piensan que los impuestos pueden ser una medida redistributiva.

El estudio indica que los mexicanos estarían dispuestos a contribuir con un 10% de sus ingresos para disminuir la desigualdad y la pobreza. ¿Cómo varía según el estrato social al que le hicieron la pregunta?

Hay una pregunta que dice: si te diera un ingreso de mil pesos y te dijera que con una vara mágica voy a hacer desaparecer la pobreza y la desigualdad, ¿cuánto estarías dispuesto a dar de esos mil pesos?

Mexicanos

Getty Images
De 100 mexicanos que viven en la pobreza, solo dos llegan a los sectores más altos de ingresos, explica Krozer.

En México los más pobres dijeron que estarían dispuestos a contribuir con un 15%, mientras que las personas con más riqueza dijeron que darían un 7,5% en promedio. Eso nos quiere decir que a los que tienen ingresos más altos les preocupa menos el problema.

¿Por qué les preocupa menos el problema?

Puede ser por razones personales en el sentido que no están conscientes del sufrimiento que provoca la desigualdad, aunque también puede tener que ver con ideales éticos. Pero esa pregunta específica no fue parte del estudio.

Cuando preguntaron sobre la disposición a contribuir en este escenario hipotético, no preguntaron por cuánto estaban dispuestos a pagar en impuestos…

No, fueron preguntas separadas.

Cuando preguntaron específicamente por pagar más impuestos para disminuir la desigualdad y la pobreza… ¿detectaron que algunos no quieren pagar más impuestos porque no creen que son eficientes, es decir, porque los recursos no llegan realmente a los más vulnerables?

Las personas con altos ingresos solían decir, yo pago muchos impuestos, no voy a pagar más. Les preguntamos cuánto cree usted que paga ahora de impuestos a la renta.

Y todos, sin importar el nivel socioeconómico, respondieron 40%. Eso es muy por arriba de lo que se paga hoy en México.

¿Y cuánto se paga de impuestos a la renta en México?

Depende, pero en promedio un 22%. Pero todos piensan que pagan 40%. Después les preguntamos cuánto desearían pagar. Y todos contestaron alrededor del 22%, que es lo que se paga en la realidad. Esa es la ironía.

Mexicanos

Getty Images
La gente de todos los grupos socioeconómicos cree que paga un 40% de impuesto a la renta y eso no es así, dice la investigadora.

Después les preguntamos cuál sería su tasa de impuesto ideal para las personas ricas, para las que tienen un ingreso medio y para las personas pobres. La mayoría dijo que su tasa ideal para los pobres sería como un 14%, para los sectores medios un 22%.

Pero para los ricos, las personas con menos ingresos dijeron que deberían pagar más, mientras que las personas más ricas dijeron que ellos deberían pagar menos.

¿Cuánto pagan los más ricos?

Nominalmente deberían de pagar cerca de un 35%, pero en la realidad solo pagan 18%

¿Por qué?

Hay varios factores que incluyen evasión, elusión, exenciones…

¿Cómo se define una persona rica en México?

No existe una categoría de rico como tal. Comúnmente en los estudios económicos se usa, por ejemplo, la medición del 1%. En México el 1% con mayores ingresos gana cerca de 150.000 pesos mensuales.

¿Y en el otro extremo?

En México cerca de la mitad de la población vive en la pobreza. Y si a eso le sumamos la población con vulnerabilidades, llegamos a un 80%. Es decir, hay muy poco margen para tener un ingreso medio.

Mexicana tejiendo

Getty Images
Cerca de la mitad de los mexicanos vive en la pobreza.

Y en ese nivel de pobrez, aún no está incluido el efecto de la pandemia.

En general, ¿podemos decir que los mexicanos quisieran tener menos desigualdad, pero no están dispuestos a pagar más impuestos?

Sí. Lo que muestra el estudio es que la gente no hace la conexión entre desigualdad y el pago de impuestos. En México hay una imagen muy negativa de los impuestos.

Pero eso tendrá algún sustento real, dados los niveles de corrupción que históricamente han existido en el país…

Esa mala imagen no es casual. Por muchas décadas ha sido muy mal visto el pago de impuestos. Eso tiene que ver con cuestiones ideológicas y con cuestiones prácticas.

Auto rojo

Getty Images
Según Krozer México es uno de los países más desiguales del mundo.

La gente se pregunta qué tanto ayuda el pago de impuestos a los más pobres, o qué tanto ayudan los impuestos si no hay un buen sistema gratuito de salud pública o educacional.

En el estudio usted dice que el pago de impuestos es la mejor herramienta para disminuir la desigualdad. Pero si la gente desconfía y no ve los beneficios sociales de pagar impuestos, quizás se justifica esa idea negativa. ¿Cuál es su opinión?

Seguramente una parte importante de los impuestos va a lugares donde no deberían ir, llámese ineficiencia, corrupción, o lo que sea. Pero yo creo que no por eso hay que tener una idea negativa de los impuestos.

También está la visión de que el Estado no debería intervenir en los temas de redistribución. Hay una visión conservadora de tener un Estado pequeño.

En países escandinavos, por ejemplo, se paga tres o cuatro veces más de lo que se paga en impuestos acá. Ellos también se quejan de los impuestos, pero a un nivel muy distinto. Dicen no quiero pagar 48% de mis ingresos, prefiero pagar 40% o 45%.

Pero en México y en Latinoamérica en general no están tan claros los beneficios del sistema tributario

Es que entre las personas con más riqueza, hay muchos que no están de acuerdo con que la salud y la educación deberían ser para todos. Más allá de que no se vean los beneficios, hay una idea sobre el rol del Estado.

Ustedes midieron la desigualdad usando el Índice de Gini y descubrieron que a los mexicanos les gustaría tener una desigualdad como la de Finlandia…

Les mostramos escenarios sobre desigualdad y les preguntamos cuál sería la situación ideal. México tiene un Gini de 0,5. Ellos contestaron que sería ideal un Gini de 0,3 o de 0,20, como el de Finlandia. Obviamente no les preguntamos sobre el Gini, pero les mostramos unas gráficas para que eligieran el sistema ideal.

Finlandeses

Getty Images
En las encuestas los mexicanos expresaron su deseo de tener un nivel desigualdad que es equivalente al que existe en Finlandia.

Cerca de la mitad de los encuestados dijo que le gustaría tener una desigualdad equivalente a la de Finlandia, es decir, un 0,2. Eso nos dice que la gente no quiere vivir en un país tan desigual. La gente sí quiere una sociedad más igualitaria. Y los países escandinavos suelen ser como una utopía.

Obviamente las cosas no funcionan perfectas en esos países. Yo he crecido en Dinamarca y sé que tampoco las cosas son ideales ahí. Aunque lo que quieren los mexicanos, a lo que aspiran, es a tener una sociedad más justa, con mayores oportunidades.

Pero sin pagar más impuestos…

Es que los mexicanos sueñan con ser como Finlandia, pero sin pagar impuestos como los finlandeses.

La idea de querer ser como un país escandinavo, en cuanto a tener menos desigualdad, termina ahí.

Ser un país escandinavo implica pagar cerca de la mitad de tus ingresos en impuestos en los tramos más altos.

La tasa mínima del impuesto a la renta, por ejemplo en Dinamarca, empieza en un 36%. Y eso es equivalente a la tasa máxima en México.

Después de esta investigación, ¿qué sensación le queda más allá de lo académico?

Me quedaron muchas más preguntas. Entonces conseguimos más financiamiento y ahora estamos a punto de salir al terreno para seguir investigando estos temas.

Helsinki, Finlandia

Getty Images
“Ser un país escandinavo implica pagar cerca de la mitad de tus ingresos en impuestos en los tramos más altos”, dice Krozer.

Y me quedé pensando cómo se puede convencer a la gente de que es buena idea pagar más impuestos, o al menos tener un sistema impositivo más progresivo para disminuir la desigualdad.

Urge hacer algo sobre este tema. Con la pandemia, ahora más que nunca se necesitan más ingresos. Y como México es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo y con menor movilidad social, es importante hacer algo.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=6DFi–xSEqg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.